Los intermediarios

Julio Embid 

Como muchos de ustedes saben, provengo de una comarca zaragozana llamada Comunidad de Calatayud. Esta zona del oeste de Aragón, además de por La Dolores, es conocida por su producción frutícula. Cuando uno va por fruterías de Madrid o Barcelona, encuentra siempre cajas de peras, de manzanas o de melocotones de esta zona. Y no sólo en España. Este verano se hizo viral una imagen de unas cajas de fruta de un pueblo de Calatayud donde se vendían cerezas rojas a 14,99 euros/kilo en una frutería de Dublín, en Irlanda. Rapidamente pregunté a un amigo agricultor a cuanto les habían pagado las cerezas este año y me dijo: -¿Esas? A 1,80 el kilo. La queja habitual de los agricultores del regadío es siempre la misma. Ellos labran, ellos sulfatan, ellos podan los árboles, ellos recojen la fruta y los beneficios siempre son para los intermediarios, que se llavan la diferencia entre lo que cobran los agricultores y lo que paga el consumidor final en la frutería de su barrio.  Sigue leyendo

Vuelta al cole

LBNL

Y vuelta a Debate Callejero. Imagino que la mayoría de ustedes habrán vuelto ayer de vacaciones o quizás lleven ya unos pocos días de vuelta, como es mi caso. Ojalá hayan disfrutado y hayan podido cargar las pilas porque el nuevo curso viene calentito. Por estos lares, la siembra y recogida de lacitos amarillos se intensifica a medida que se acerca la Diada, tanto como la batalla judicial en Bélgica, incluyendo traducciones falsificadas. De otra parte, el Gobierno parece estar decidido a avanzar en la exhumación del dictador, generando adhesiones incluso entre sus críticos de izquierdas y poniendo ante las cuerdas a la “derecha moderna y sin complejos” que pretende liderar Casado. En el exterior las cosas están todavía más calientes. Turquía está en caída libre, poniendo en riesgo a muchas divisas de economías en desarrollo; la de Irán está en ebullición, también por culpa la presión de Estados Unidos; Trump sigue intensificando la guerra comercial con China; la ofensiva sobre Iblid en Siria ya ha empezado y Arabia Saudí sigue bombardeando Yemen con escasos réditos. Ni siquiera hay paz dentro de la Unión Europea. Por un lado, estamos en plena recta final de las negociaciones para el Brexit y es perfectamente posible que, pese a que todos perderíamos, fracasen, en cuyo caso nos enfrentaríamos a un divorcio por las malas. Reino Unido perdería mucho más pero los demás también. Y encima tenemos el cisma a costa de la inmigración con el xenófobo Salvini tratando de liderar una alianza de acólitos ideológicos – el austríaco Kurz, el perenne Orban húngaro – que solo funciona contra Bruselas como enemigo común porque sus intereses particulares son encontrados. Sigue leyendo