Sin igualdad no hay libertad

Julio Embid

Cuando era un adolescente de catorce años, mi tío Nano me regaló unas navidades la novela de ciencia ficción “Clones” del autor Michael Marshall Smith. Trataba de que, en el futuro, los ricos tienen unas granjas de cuerpos sedados en coma, donde guardan clones de sí mismos para poder operarse trasplantando los órganos que necesitan y desechando los restos en una trituradora. El protagonista, que es un expolicía degradado que trabaja de celador, se enamora de una mujer clonada y los libera huyendo de la ciudad como pueden. Años después se estrenó una película de temática similar llamada “La Isla”, dirigida por Michael Bay, donde a un grupo de clones de multimillonarios se les esconde en una instalación bajo tierra ya que se les hace creer que fuera la Tierra ha sido convertida en un infierno nuclear radioactivo. Una vez por semana, los clones, que tienen la mentalidad de adolescentes, juegan una ficticia lotería donde el que gana supuestamente viaja a una isla libre de males. En realidad, cuando eso sucede es porque van a ser operados para extraer sus órganos para sus dueños o para sacarles el hijo que está gestando para la mujer de la que fue clonada. Al final, los protagonistas, Ewan McGregor y Scarlett Johansson se escapan y exponen a la opinión pública que está pasando en las granjas de clones para indignación general, salvo de los clientes. En cualquiera de los dos casos, los clones carecen de derechos y son tratados únicamente como “repuestos médicos” porque total, no han sido concebidos para otro motivo. Sigue leyendo