Acoso y derribo

LBNL

Para los que aún recordamos las banderitas con aguilucho en las correas de los relojes de los compañeros del cole, el no a la Constitución de la Alianza Popular de Fraga y los llamamientos a mandar los tanques al País Vasco durante los peores años del terrorismo etarra, es una excelente noticia que la derecha haya abrazado el escudo constitucional, la legalidad democrática contra el desafío independentista de Puigdemont y defienda ahora la libertad a capa y espada, olvidando aquella estúpida coletilla franquista que le ponía el límite arbitrario del “libertinaje”. Sería una noticia todavía más estupenda si ello reflejara un cambio de mentalidad real. Lamentablemente no es así. Nuestra derecha simplemente ha aprendido que es más eficaz – y más elegante – tratar de secuestrar las ideas y valores más ilustradas y democráticos para perseguir sus objetivos, que siguen siendo los de siempre: España, una y mía. Traducido a aquí y ahora: cuanto peor, mejor para conseguir que caiga el Gobierno de rojos separatistas y traidores. Por supuesto, no me refiero a las críticas, totalmente legítimas y a veces completamente acertadas, a la acción de gobierno. No, me refiero a la escandalera permanente a cuenta de lo que sea, real o inventado, poniendo el grito en el cielo y vaticinando el fin del mundo apropiándose de la bandera de todos, de la Constitución de todos y, últimamente de la libertad, que tan poco hicieron para restablecer y que ahora pretenden hacer creer que estuviera en riesgo porque no gobiernan ellos. Sigue leyendo