Quizá a la próxima

Meritxell Nebot

No sé cómo no me había dado cuenta antes. Tantos días dándole vueltas al asunto y resulta que la respuesta estaba justo ahí, pero no podía verla. Quizá sea porque andaba yo absorta leyendo, contrastando, tratando de comprender cada debate estéril que se iniciaba a mi alrededor presa de ese defectillo que padecemos algunas mortales que es el informarse antes de hablar. O quizá sea porque no quería verla, sin más. A veces las cosas son tan evidentes que las descartamos por simples cuando después resultan ser de una certeza aplastante.

Siempre me ha fascinado nuestra especie: Ahí, erguiditos mirando por encima del hombro a los demás compañeros del reino animal, con las manos libres para crear, con esos cerebros tuneados al milímetro preparados para las más complejas empresas. No dejan de sorprenderme la cantidad de cosas que podemos emprender y destruir en cuestión de semanas sin siquiera despeinarnos. Me atrae irresistiblemente el curioso comportamiento humano capaz de las más brillantes obras y las respuestas más idiotas a la vez. Pero sobre todo me alucina la capacidad que tenemos para complicarnos las cosas las unas a las otras y para repetir una y otra vez los mismos errores como si no los hubiéramos vivido nunca antes. Y no es que no considere que la duda, o la confusión sean características inherentes a nuestra condición, que lo son. No es eso. Sigue leyendo