La Transición reinventada

Juanjo Cáceres

La justicia argentina sentó el pasado 3 de septiembre ante un tribunal al exministro Rodolfo Martín Villa en calidad de investigado por crímenes de lesa humanidad. El objetivo de la magistrada Servini era determinar su relación con doce muertes causadas por las fuerzas del orden franquistas entre 1976 y 1978. El hecho no pasó desapercibido para la prensa nacional, ni para amplios sectores de la ciudadanía, que celebraron con felicidad el que por fin un franquista se sentara en el banquillo.

Vaya por delante que es evidente que España sigue en deuda con las víctimas del Franquismo y que hay que seguir reclamando justicia y reparación mientras no se excaven las fosas, se identifique a las personas desaparecidas, se eliminen o reinterpreten los elementos de exaltación del Franquismo presentes todavía en el espacio público o se anulen los juicios de los tribunales franquistas. También lo es que, una vez muerto Franco, el franquismo siguió vivo en eso que denominamos Transición y que la llegada de la democracia se fraguó también sobre la muerte y el sufrimiento de muchos luchadores y luchadoras antifranquistas, de los cuales también hay que hacer memoria y para los que hay que exigir reparación. Aceptado todo eso y subrayando que es mucho lo que queda por hacer, la imputación de Martín Villa por la justicia argentina por un delito de esas características me inquieta desde un punto de vista jurídico, político e histórico. Sigue leyendo