Recuento

Arthur Mulligan

En su primera ola la epidemia de COVID 19 se reveló como una sorpresa violenta y universal que confinó a más de la mitad de los 7.700 millones de habitantes del planeta en 170 países y, a pesar de los 8 billones de dólares movilizados por los Estados y los Bancos centrales, con toda seguridad no se evitará la quiebra de empresas que a su vez repercutirá en el balance de los bancos.

Entonces, el parón de la economía real será responsable de la crisis financiera, al revés que en 2008. Probablemente como sucede en todas las crisis mayores, los países que objetivamente se encuentren en mejor posición a la salida de ésta -hoy por hoy impredecible- serán naciones como Corea del Sur, Taiwán, Alemania o Suecia, naciones que tienen en común finanzas públicas saneadas, una industria potente e inversiones elevadas en nuevas tecnologías, dentro de un marco de instituciones políticas legítimas que favorecen una fuerte cohesión social.

Comparten también el principio de que sus ingresos no pueden desconectarse del trabajo durante mucho tiempo, ni ser garantizados por el Estado y, mucho menos, que el dinero público sea ilimitado y gratuito. Sigue leyendo