Estar donde no toca

Julio Embid

Corría el año 2002 cuando un día de otoño mi compañero de piso y compañero de carrera me invitó a que fuéramos a ver una mani de la Falange contra la inmigración. En realidad, de una de las cinco o seis Falanges que se presentaban a las elecciones en Madrid y que competían por las siglas y por alcanzar el 1% de los votos. Yo, que en aquel entonces ya militaba en un partido de izquierdas, lo vi un poco raro. Primero porque mi compañero de piso era aún más de izquierdas que yo. Y no sabía muy bien por qué quería verla. Segundo porque era a media tarde en el centro de Madrid, muy cerca de la oficina donde años después trabajaría muchos años, en la Glorieta de Bilbao, y teníamos que desplazarnos de propio desde el sur para ir a verla. Evidentemente, ni compartíamos las ideas, ni nada por el estilo, pero con 19 años queríamos ver la extrema derecha de cerca, en su hábitat, libres, coreando sus mensajes. Servidor, que por aquel entonces había leído ya algunos libros sobre las diferentes extremas derechas, sabía distinguir entre fascistas, neonazis, nacional-populistas, nacional-bolcheviques, nostálgicos y casposos, pero no sabía muy bien qué me iba a encontrar dicha tarde. Total que allí nos fuimos. Sigue leyendo