Tarás Bulba cabalga de nuevo

Arthur Mulligan

En un ensayo publicado en 1952 — La dialéctica artificial. El Generalísimo Stalin y el arte del gobierno —, Isaiah Berlín cerraba a modo de moraleja con estos dos párrafos no exentos de negra mordacidad:

«Hubo una vez un hombre que aceptó un trabajo como camarero en un crucero. Le explicaron que, para evitar romper platos cuando el barco se balanceaba a causa del mal tiempo, no debía caminar en línea recta, sino desplazarse en zigzag: eso era lo que hacían los marineros expertos.

El hombre dijo que lo entendía. Como era de esperar, llegó el primer día de mala mar, el camarero perdió el equilibrio y enseguida se oyó el estrépito de los platos haciéndose añicos contra el suelo. Sigue leyendo