Biden, bájate los pantalones

LBNL

La guerra de Ucrania es un horror, para los ucranianos en primer lugar, pero también para el resto del mundo. Porque la inflación está desatada, las previsiones de crecimiento económico post COVID se reducen drásticamente, las dificultades de abastecimiento son patentes – un año de espera para comprar un coche nuevo… – y el hambre es una amenaza concreta en grandes zonas del mundo, tanto por la imposibilidad ucraniana de exportar trigo como por las restricciones a la exportación de fertilizantes rusos y bielorrusos, en parte impuestas por las sanciones, en parte voluntarias. Pero es una falacia pensar que un alto el fuego en Ucrania lo resolvería todo. Una falacia total.

En primer lugar, porque los problemas económicos son preexistentes a la invasión de Putin. Fue el COVID quien estranguló las cadenas de suministro globales y sigue limitando la capacidad exportadora china. Y fue la lucha contra el cambio climático la que hizo subir drásticamente el precio del gas al prescindir del carbón, sustancialmente al hacerlo China, cuyas ciudades se ahogaban por la contaminación. En segundo lugar, porque forzar a Ucrania a pactar con Putin es pan para hoy y hambre para mañana. Putin no es un occidental racional que se rija por nuestros criterios y valores. Me da igual si para él prima más el nacionalismo y la recuperación del imperio ruso o si lo que manda es el mantenimiento del poder y la pasta. Lo que está claro es que ha apostado todo al negro en la ruleta y no tiene vuelta atrás. Lo cual es lo más preocupante porque tiene el arsenal nuclear detrás. Sigue leyendo