¿Quién quiere terminar con Garzón?

Aitor Riveiro

La carrera del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón vive uno de sus momentos más delicados cuando la situación de España y la suya propia menos invita a ello. El magistrado que puso sobre la mesa los crímenes de estado, la financiación ilegal de partidos políticos, que ‘metió mano’ por primera vez y de forma contundente a los clanes gallegos de la droga, que dio el salto a la política para luego volver a la Audiencia, que encausó a Pinochet y a otros dictadores latinoamericanos, que puso cerco a HB y a lo que se denominó en su día “entorno de ETA”… En resumen, una persona que ha golpeado siempre a diestra y siniestra sin, como recordaba un editorial al respecto publicado por ‘Los Ángeles Times’ el pasado día 15, tener en cuenta la ideología.

¿Por qué ahora? La respuesta parece clara: porque ahora pueden. ¿Y por qué ahora pueden? Porque es un muñeco usado y manoseado por todos que ha cumplido sobradamente las distintas misiones que le han ido encomendando desde mediados de los 80. Un muñeco que sobra y que ya nada puede aportar a los intereses a los que, consciente y/o inconscientemente, ha servido.

La cuestión, no obstante, sobra. O, por lo menos, resulta intrascendente. Garzón ha rozado, cuando no rebasado, los límites en multitud de ocasiones, ha estrujado la ley, reinterpretado la norma a su antojo o servicio; probablemente con buenas intenciones (quizá no siempre), pero al fin y al cabo actuando como un déspota ilustrado que parecía saber en cada momento qué necesitaba el país y cómo podía él proveerlo, aunque fuera mediante mecanismos contrarios a derecho, muchos de los cuales hubieran sido cortados de raíz de no ser porque los momentos históricos y políticos influyen, por desgracia, en la Justicia.

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Internet se rebela

Aitor Riveiro

Zapatero defendió el pasado miércoles en el Congreso la futura Ley de Economía Sostenible (LES) cuyo anteproyecto aprobó el Consejo de Ministros en su última reunión. Un proyecto de ley que incluye un caballo de troya en forma de disposición final (documento en PDF) que ha podido suponer, tal y como declaró un diputado socialista, su finiquito.

Dicha disposición final primera sirve para modificar otras dos leyes, la de Servicios de la Sociedad de la Información (LSSI, de 2002), y la de Propiedad Intelectual, (LPI, refundida en 1996). La modificación de la primera supone que “la salvaguarda de los derechos de autor” se convierten en el quinto supuesto por el que una página ‘web’ puede ser bloqueada y clausurada; la de la segunda, que, en lo que respecta a ese apartado, será una “comisión” administrativa creada por el Ministerio de Cultura quien decidirá qué web se bloquea y cuál no.

Estas modificaciones suponen, de facto, eliminar la tutela judicial prevista en la Constitución Española, la cual recoge en su artículo 20.5 que “solo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial”.

El problema surge porque, hasta hoy, no existe en España ni una sola sentencia judicial que condene a ninguna página web o usuario por atentar contra los derechos de autor. Y no será porque los gestores de dichos derechos no lo han intentado en multitud de ocasiones: la SGAE, Promusicae, CEDRO y demás llevan años demandando a ‘webmaster’ sin conseguir que juez alguno les de la razón.

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El error Aguirre

Aitor Riveiro

El orgullo es lo que tiene, que obnubila las mentes y hace cometer errores estratégicos no forzados ya sea por precipitación, por ninguneo del rival, por sobrestimación de las fuerzas propias o por las tres cosas a la vez.

El mes de octubre de 2009 puede pasar a los anales de la política española como el que terminó con las aspiraciones de Esperanza Aguirre, quien pensaba que sus rivales directos, esto es el resto de barones y líderes de su propio partido, estarían demasiado ocupados con lo suyo y temerosos de su poder como para enfrentarse a cara descubierta con la ‘lideresa’.

Septiembre terminó con Mariano Rajoy y Francisco Camps inmersos en una guerra cuasi fratricida. El uno le debe al otro continuar al frente del PP y éste a aquél controlar el aparato del partido en Valencia como paso indispensable por si sus aspiraciones presidenciales no las colmaba la Generalitat. Gallardón, por su parte, tiene suficiente con bregarse con su formación en Madrid, donde los ‘aguirristas’ le amargan la vida cada vez que levanta la cabeza: sin el partido no eres nadie.

Aguirre creyó entonces que se abría de nuevo el hueco que se le había cerrado en 2008. Con Rajoy y Camps discutiendo sobre quién es o deja de ser el secretario general del PP valenciano, lanzándose comunicados contradictorios a la cabeza y arrebatándose mutuamente la legitimidad, la presidenta de Madrid lo vio claro: era el momento de asaltar las plantas altas de Génova.

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Todo o nada

Aitor Riveiro

El artículo de hoy debía tratar de la adjudicación a Río de Janeiro de los próximos Juegos Olímpicos de 2016 y de cómo lo que para muchos madrileños y españoles ha sido una derrota puede convertirse en una gran victoria para la capital y, sobre todo, para los que habitamos.

Sin embargo, la actualidad manda. Y el levantamiento de parte del sumario que instruye el Tribunal Superior de Justicia de Madrid eclipsa casi por completo cualquier otro asunto.

El juez Antonio Pedreira entregó ayer a las partes los más de 17.000 folios que la semana pasada ordenó desclasificar. No es el sumario completo, como según parece le gustaría a la siempre tranquila Esperanza Aguirre, pero suficiente para saber ante qué estamos realmente.
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Dime de qué presumes

Aitor Riveiro

Si de algo puede presumir José Luis Rodríguez Zapatero es de tener una facilidad pasmosa para meterse en berenjenales absurdos a cuenta de decisiones que unas veces nadie entiende y otras simplemente no se han tomado.

Este verano político que ahora termina (y que ha durado aproximadamente tres días y un rato gracias al PP y sus indemostradas e indemostrables escuchas ilegales, los editores lo agradecen) nos ha deparado ración doble de esta especialidad de todos y cada uno de los gobiernos de ZP, algunas de las cuales pasarán a las antologías.

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Recta final

Debateros de guardia

Mientras disfrutamos de las últimas tajadas de las estupendas sandías que hemos comprado con el dinero aportado por nuestros más fervientes seguidores, nos preparamos para afrontar la recta final de agosto y el temido inicio de septiembre.

Cerrado por vacaciones

Debateros de guardia

Un año más, Debate Callejero cierra por vacaciones. Desde hoy y hasta el 31 de agosto no se publicará un artículo diario. No obstante, permanecerán activos los comentarios y el retén de debateros de guardia que darán cumplida cuenta de la actualidad veraniega (se aceptan donativos para comprar sandía, pese al fracaso de la iniciativa el año pasado).

DC os desea unas felices y descansadas vacaciones y os esperamos a todos (y alguno más) en septiembre.

Previously, en España…

Aitor Riveiro

Como si del guión de una de esas series estadounidenses que han devuelto a la televisión a su edad dorada se tratara, el final de la ‘temporada’ política se ha convertido en un carrusel de acontecimientos e informaciones que, lejos de resolver el puzzle final, sólo logra enredarnos más en la trama y contar los días que faltan para que comience la segunda temporada: el golpe final es digno de JJ Abrams, creador, entre otras, de Perdidos, una de las mejores ficciones televisivas de la historia que, gracias a los programadores de TVE, en España sólo hemos podido disfrutar a través de la FOX, de pago, o de Internet, también de pago.

La primera parte del último capítulo de la temporada nos trajo un barómetro del CIS bien jugoso que ha valido para que todos y cada uno hagan su propia e interesada interpretación, como no podía ser de otra manera. Con todo, la encuesta aporta una serie de datos objetivos que son, en sí mismos, no sólo noticiosos sino bien interesantes.

En primer lugar, el PP se sitúa por delante del PSOE en intención de voto, algo que no ocurría desde antes de las elecciones de 2004 en las que los populares perdieron el gobierno. En concreto, los datos cocinados por el CIS dan al partido de Mariano Rajoy una estimación de voto del 40,2%, mientras el partido del presidente Zapatero se quedaría con el 39%.

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Ni lo sé, ni me importa

Aitor Riveiro

El martes los astros se alinearon y ocurrió algo impensable: estuve de acuerdo con una afirmación política de Mariano Rajoy. El líder del PP aseguró ante sus alcaldes y presidentes de diputación provincial[en un mensaje emitido por videoconferencia desde una suerte de ‘búnker’ en Génova para no tener que cruzarse en ningún instante con periodistas, y no es broma] que a los españoles “les da igual” si una determinada competencia corresponde a una entidad local, regional o estatal. “Lo que quieren los españoles es que les resuelvan en problema”, espetó Rajoy mientras la concurrencia, unas plantas más abajo, le jaleaba.

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Cambio de talante

Aitor Riveiro

Cuando el PSOE ganó las elecciones del 14 de marzo de 2004 comenzó una legislatura en la que prevaleció la valentía sobre el cálculo político. Podría decirse que, en algunos momentos de su primer mandato, Zapatero fue un temerario político.

La cosa se inició con la retirada incondicional de las tropas desplegadas en el sur de Irak. El presidente mantuvo así su promesa electoral, pese a que las circunstancias le hubieran permitido tomárselo con mucha más calma de lo que lo hizo, ya que la ONU tardó poco en dar validez a la ocupación, por lo que la guerra ilegal se convirtió en un protectorado legal. El pragmatismo y esa cosa que llaman ‘real politik’ quizá hubieran aconsejado otra cosa, y estoy seguro de que así se lo recomendaron muchos al flamante presidente, pero él se mantuvo en sus trece y llegó a aconsejar a otros países que siguieran su ejemplo.

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