La brecha

Alberto Penadés

La última estimación del CIS, el barómetro de abril publicado en mayo, sitúa la intención de voto en  estas cifras: 40,6 / 29,6 a favor del PP, en porcentajes de voto válido. La estimación de hace tres meses era  42,7 / 28,0. Una pequeña contracción de la distancia (desde casi 15 hasta 11 puntos). En noviembre la distancia entre los dos partidos fue de  tres millones y cerca de novecientos mil votos.  En números redondos, 16 puntos de diferencia en porcentaje de votos válidos, algo más de 10 puntos de diferencia, en porcentaje sobre el censo. Nunca se había abierto una brecha tan grande a favor del PP, y como se ha repetido con mucha razón, no por especial mérito suyo, ya que el PP, en términos absolutos a población constante -como porcentaje del censo electoral- se quedó justo por debajo del año 2000; mientras que la caída del PSOE fue de miedo.

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Algunos datos sobre la neutralidad de TVE

Alberto Penadés

Si debe o no existir televisión pública es debatible. Que si existe es mucho mejor para todos que no esté controlada por el gobierno, no se lo parece a nadie. Especialmente en un país con tan pocas garantías como este. Como ahora se ha podido leer a algún besugo diciendo que eso de la televisión pblica es de paises totalitarios, me parece conveniente comenzar por esta perogrullada.

A RTVE le queda(ba) sin duda mucho camino por andar, pero iba bien. Incluso bastante bien. En mayo de 2010, preguntados los ciudadanos por el canal de televisión más neutral a la hora de informar, el grupo más numeroso, un 28%, respondió que TVE. Un 25% no contesta a esa pregunta. El dato no parece espectacular, pero debe tenerse en cuenta que el  segundo canal con más menciones no llegaba a la mitad (12% para Antena3)  Es una pena que esa pregunta no se haya hecho nunca antes, aunque no es difícil explicarse por qué el CIS no la hizo nunca antes.

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La desigualdad a la vista (y al tacto, al gusto, y al olfato)

Alberto Penadés

Vaya por delante que si bien entiendo el placer que se siente al dar viento al rencor de clase, y en seguida daré ejemplo, en el fondo me resultan interesantes los dandis, los personajes de Fitzgerald y mucha gente fina. Además, creo que la sociedad de consumo es liberadora, y que venerar una marca comercial es menos dañino que venerar una reliquia religiosa o, si me apuran, una patria. Es una razón más de la afinidad de la miseria con las dictaduras. En España ha habido algunos ricos muy interesantes, mi último descubrimiento es el barcelonés Mauricio Wiesentahl, cuyos amenos libros de viajes y recuerdos recomiendo mucho. Es el tipo de persona que podía convencer a su padre de que por el precio de estudiar un año en París podía alquilarse un viejo palacio, con un sirviente, en Marrakech, ese mismo tiempo, y hacerlo (y dedicarse a cultivar el árabe, la música, la poesía y las artes amatorias). Envidio y, en cierto modo, encuentro admirables a aquellos miembros de la clase ociosa que dedican su tiempo a cultivar habilidades y gustos que son muy intensivos en eso mismo, sea la música, las lenguas o los viajes lentos.

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Cañas, obreros y estudiantes

Alberto Penadés 

En un mundo más sutil y cardenalicio, cabría pensar que el follón montado por la policía antidisturbios en Valencia es una estrategia medida.  Medida, por ejemplo, para enseñar el cuero ante lo que podría ser una vía importante de oposición en esta legislatura, la protesta pública. Nunca más el nunca más, no al no a la guerra, es lo que parecen tener claro las delegadas del gobierno (la de Madrid también ha advertido de lo que piensa de un Sol-II). Recuérdense los pavores que mostraban bastantes locutores de la derecha a propósito de aquellos llamados indignados,  que el fementido Rubalcaba se temía fuera capaz de encaminar hacia la una irritación más ideológica y más enfocada en ellos mismos.

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Filología política

Alberto Penadés

I. Por sus nombres (autoglosa)

Me proponía comenzar el texto jugando con las palabras para sugerir una ironía, convencido de que Alfredo (el nombre) era una de las muchas variaciones del tema «Federico» que, desde Fred hasta Eric, remiten al germano antiguo y a la paz (Friede, en alemán de hoy). Para mi sorpresa, he aprendido que Alf es, sin duda, Elfo, mientras que la segunda mitad apunta  a «consejo» (el moderno Rat). El aconsejado por los elfos me gusta, pero no me sirve.

Carme, ya se sabe, es de origen semítico y nos lleva a un jardí­n o a una viña (carmel). He leído que, al parecer, esa insidiosa n final que remata al nombre en castellano proviene de la confusión con la palabra latina carmen (plural carmina), que es canción o poesía. El original es Carmela, como en catalán. La Virgen del Carmen es, desde 1910, la patrona de la marina (de guerra) española, en perjuicio del viejo San Telmo, deformación paleta de San Elmo, el de los fuegos misteriosos, esta vez sin cultismo que la abrigue.

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Recortes y Universidades

Alberto Penadés

En el paquete de recortes previsto por el gobierno se incluyen, como todo el mundo ha leído 600 millones en ciencia. Es más o menos el triple de lo que se recorta en televisión. Si se cerrara Televisión Española los contribuyentes nos ahorraríamos unos 1200M, el doble de lo que se recorta en ciencia, y si se vende bien se puede hacer  bastante dinero (organizando una subasta inteligente,  y tal vez con un contrato de pagos diferidos a medio plazo).No va a pasar, porque el nuevo gobierno tiene poco o nada de liberal, entendiendo que un liberal pensaría en que el estado debe concentrarse en los bienes públicos y en asegurarse del progreso material e intelectual, mediante competencia o debate según el caso. Y por tanto debería invertir en conocimiento y no en lo que produce rentas.

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¿Incoherencia con un programa de izquierda?

Alberto Penadés

¿Le ha fallado la izquierda al PSOE? ¿Ha sido incoherente con su ideología por haber sido demasiado moderado?

Escribo esta nota, modestamente, al hilo de la sucesión de  dos afortunados artículos, de Belén Barreiro y de Ignacio Urquizu, aparecidos esta semana en el País con observaciones post-mortem sobre la legislatura y las elecciones, y que recomiendo a quien no los haya leído. En ambos se menciona, entre otras cosas, la importancia de la coherencia ideológica para el PSOE y, en al menos uno de ellos (Urquizu) se conecta con el castigo por la izquierda. Belén Barreiro prefiere incidir en algo de una importancia enorme: que las cohortes de edad son hoy una fuente de desigualdad y conflicto tan importante como las demás. (Las consecuencias de pensar en eso podrían llevar las cosas bastante lejos –esto es lo que hace del artículo algo verdaderamente nuevo- por lo que lo dejo para otra entrada)

Lo que más llama la atención del considerable revés electoral del gobierno es el hecho de que el PSOE ha defraudado a la mayoría de los suyos. Repasemos.  De acuerdo con la encuesta pre-electoral del CIS (habrá que esperar a la postelectoral para afinar) solo un 45% de antiguos votantes pensaba volver a votar al PSOE (86% el PP, 60% IU o CiU), incluyendo aquí algunos dudosos. Lo que es más significativo, solo al 51% de los antiguos votantes del PSOE le gustaría que volviera a ganar su partido, y nada menos que un 42% de antiguos votantes socialistas prefería que hubiera un cambio de gobierno.

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Lo que las encuestas dicen y lo que no dicen

Alberto Penadés

Lo primero, el dato: de acuerdo con el conjunto de las encuestas que se han publicado hasta ayer –unas 150- en los principales periódicos durante toda esta legislatura, además del CIS, un resultado probable es que el PP gane las elecciones con  el 46,5% del voto válido y que el PSOE las pierda con el 30,2%. Esa es la media a la que apuntan las predicciones (condicionada por su tendencia de cambio mensual; no dispongo de todos los datos semanales).  Un resultado que es muy cercano  al predicho por la encuesta pre-electoral del CIS (46,6% y 29,91%). Lo nunca visto. Es importante darse cuenta de que lo insólito es siempre un reto para los sondeos. La mayoría absoluta del PP en el año 2000 no se anticipó correctamente en las encuestas publicadas, y el CIS estimó entonces que la ventaja sería de cuatro puntos (fueron algo más de diez).

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¿Listas abiertas? ¿Voto de preferencia? Con mucho cuidado, por favor

Alberto Penadés

En la noche de los tiempos democráticos, hace unos cien años, las listas abiertas se inventaron como un reducto conservador para que los antiguos notables hicieran valer sus apellidos en la competición electoral. Los conservadores muchas veces fueron reacios a abandonar el sistema mayoritario, de voto nominal en distritos de un escaño (o de pocos escaños) incluso cuando tenían todas las de perder,  porque creían que competir con los partidos de masas en sus propios términos era todavía peor. Los partidos de masas, sobre todo socialistas, pero también católicos, cuando defendieron el voto de lista (casi siempre) solían preferir que fuera cerrada y bloqueada, para hacer prevalecer la marca de los partidos sobre los nombres de persona, la ideología sobre los favores, la organización sobre la clientela. Así sucedió en lugares tan dispares como Finlandia o Italia: en países como estos las listas abiertas  (que permiten votar a candidatos de distintos partidos) y el voto de preferencia  (que permite votar por candidatos dentro de la lista de un único partido) fueron compromisos institucionales en esa encrucijada.

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Política y tabú (una nota sobre el catalán en España)

 Alberto Penadés

En ciencia no puede haber dogmas ni tabúes, creo que todos coincidimos en eso. Hasta el enunciado más fundamental puede someterse a crítica o revisión (otra cosa es que sirva de algo, que la crítica sea ridícula, etc; pero nadie lo defenderá como intangible). Al pasar a la ciencia social es fácil encontrar tropiezos. Por ejemplo, la existencia del holocausto es un dogma para muchos, y está legalmente consagrado en Alemania, Israel, y no sé si algún sitio más, donde negarlo es delito. Si alguien se presenta y dice que como resultado de una investigación el número de asesinados fue el 10% de lo que se considera aceptado (de hecho, la cifra exacta funciona también como dogma), y que lo convierte en un fenómeno comparable a otros 27 casos documentados de matanzas de civiles en las guerras, esa persona será considerada un delincuente. Es un caso extremo, pero el simple hecho de que se denostara a un historiador sin demostrar sus errores o explicar sus mentiras, mostraría dogmatismo anticientífico. ¿No? 

Cuando se trata de cuestiones menos fáciles de definir que en el ejemplo, como a menudo es el caso en la sociología y la ciencia política, o mecanismos causales más intrincados, como típicamente sucede en la economía, el problema mayor no suele ser de dogmatismo, sino de inacabable discusión, de inseguridad en las conclusiones. Sin embargo, a veces algo escapa del tumulto, se adhiere tal vez a un interés político reconocible, quizá a un grupo bien situado, y observamos cómo se va convirtiendo en dogma. Se reconocerá, operativamente, por la estridencia de silbato con el que nos pitarán falta hasta nuestros mejores amigos, por el modo en que incluso quienes son capaces de las más hondas indagaciones y los más complejos análisis de datos dan por buena la evidencia más sospechosa o la generalización más vulgar. Los ejemplos que conozco mejor provienen de ciertos ámbitos en los que la coalición de intereses entre los especialistas en estudios de género y algunas organizaciones no gubernamentales (dos ámbitos donde los datos a veces se manejan con mucha alegría) proponen, a menudo con éxito, sus dogmas en el debate público: cierta visión de la violencia de género, el tráfico de personas, la explotación sexual… Puede que finalmente tengan razón, pero, por si acaso, a quien señala que sus argumentos son paracientíficos, homeopáticos, se le despacha con un pescozón.

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