Hace 75 años: algunas perplejidades sobre el sistema político de la República

Alberto Penadés

Comparando con otros casos de democracias fallidas en los años 30, en la España de entonces se daban algunos fenómenos que parecen singulares.

El primero y más llamativo es que los partidos oficialmente antidemocráticos y radicales (fascistas y comunistas) eran electoralmente insignificantes, y lo fueron hasta el último momento antes de la guerra, en claro contraste con los países europeos cuyas democracias sucumbieron.  La cruzada anticomunista se lanzó contra el que debía ser el partido comunista más ridículamente minúsculo del continente, así como las llamadas a la resistencia antifascista se hacían contra unas cuadrillas apenas capaces de llenar un teatro. Ciertamente, unos y otros se las arreglaron para cometer más de 300 asesinatos en el último semestre de la República democrática, antes del golpe/inicio de la guerra; pero si bien eso puede ser como cuatro veces peor que el peor semestre de “nuestra” transición, no estaba escrito que sus métodos terroristas no pudieran ser controlados.  En Weimar había más que un problema de orden  público, las milicias recibían el apoyo de los votantes; y, comparadas con el fascismo italiano, no ya la falange, sino las fuerzas combinadas de los partidos más extremistas, eran poco intimidantes.

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La depresión de los votantes socialistas vista desde una encuesta (o más sobre los trabajos de Rubalcaba)

Alberto Penadés

 He estado preguntándome en qué se diferencian los antiguos votantes del PSOE del resto, esos que tal vez se puedan recuperar, a tenor del optimismo -suponemos que de la voluntad- de la entrada de Lobisón del lunes. Me imagino que si pudiera encontrarse que les preocupan o que valoran cosas bien diferenciadas del ciudadano medio, cabría pensar en un mensaje especialmente dirigido a ellos; tal vez en una especie de “giro”.

 En un nivel de máxima generalidad, los votantes del PSOE apenas se diferencian en este momento de los votantes del PP en cuanto a sus preocupaciones (el paro, la economía, la clase política…), y se diferencian poco en cuanto a su valoración de la situación económica (e incluso política), aunque en esto hay una lógica tendencia exonerativa entre los votantes del PSOE (que no impide que el 73% piense que la situación económica es mala o muy mala, y, lo que es más preocupante, el 51% crea que la situación económica es ahora peor que hace un año). Podría ser que los votantes del PSOE que creen que las cosas van a peor lo digan por culpa de las políticas de austeridad, y los del PP a pesar de las mismas, por lo que serían muy distintos bajo las apariencias, pero me parece rebuscado.

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A favor de un Congreso y un nuevo líder socialista (con primarias, tal vez)

Alberto Penadés

De momento, el secretario general del PSOE ha decidido seguir en su puesto y no ha dado ninguna señal de cuándo piensa dejarlo. No antes de las próximas elecciones generales, al parecer. Ha renunciado a ser candidato, pero como eso lo hizo antes de estas pasadas elecciones, ni siquiera le sirve ahora como muestra de autocrítica. Ser candidato del PSOE, en todo caso, no es precisamente el título más valioso de que podía desprenderse, a la vista está. No esperábamos algo radical: dejar la presidencia del gobierno en manos de un ministro habría sido un experimento incierto de parlamentarismo, aunque habría sido algo relativamente normal en otras democracias menos presidencialistas. Pero muchos nos preguntamos qué virtudes pueden traer unas primarias a palo seco y si no se debe hacer (o también hacer)  un congreso extraordinario, adoptar un programa y elegir nuevo secretario.

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Cinco cuestiones sobre la prohibición de Bildu

Alberto Penadés

Aprovecho la tribuna para retomar el asunto del lunes y el oportuno artículo de Barañain (me disculpo con quien le parezca que abuso de la misma, por madrileña ausencia en ese día). Me gustaría proponer cinco cuestiones que creo que se combinan en la polémica.

Una primera cuestión –al menos en orden temporal- es la de si, como afirman las instancias del poder ejecutivo que han solicitado la impugnación, Bildu es una estrategia de ETA. A mí me ha soliviantado un poco este razonamiento, que calca el de quienes decían, y volverán a decir, que la victoria de Zapatero fue parte de la estrategia islamista. No veo la diferencia, por el lado de la acusación. Aunque toda por el lado de los acusados, pues los promotores de Bildu me parecen de una estulticia política considerable, o de un oportunismo realmente bajo en un paisaje muy llano.

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Asombros de la tercera España

Alberto Penadés

Hace unos días se recordaba en este blog algo relacionado con la épica de las guerras en la que participaron soldados españoles. Personalmente, cuando pienso en el periodo de los años 30 (y lo que sigue) lo que recuerdo es cuánta gente excepcional, pero normal y corriente, y gracias a dios nada épica, fue tragada por la historia y en todos los sentidos perdida para nosotros. Perdida, es importante ser consciente, pues hoy apenas sirven como ejemplos, en un puñado de casos notables, a los que no nos une continuidad institucional como sociedad ni como país.

La mayoría de los españoles, creo yo, y creían estas personas a las que admiro, aborrecían de los radicales que les llevaron a matarse. Mejor dicho, los despreciaban, pues si se los hubieran tomado más en serio tal vez habrían podido hacer algo más que huir, esconderse o morir.

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Gadafi y los demás. ¿Sic semper tyrannis?

Alberto Penadés

El artículo de hoy es un álbum visual que a mí me hace pensar, con perdón de lo sentencioso, que el dinero casi siempre doblega a la política, y ambos a la inteligencia.

La duda que siembran algunas de estas fotos es la de si en política el mal –el mal directo e intencionado- es inevitable; si el mal, no encontrándose casi nunca en estado puro, es sencillamente tolerable; si pudiendo, en fin, los malvados hacer el bien, el mal tal vez no sea identificable…

No tengo una respuesta que dar aquí. No obstante, me parece que durante estas semanas estamos contemplando cómo el progreso moral podría estar dando uno de sus raros pasos.

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Los mil millones de abajo, de Paul Collier

Alberto Penadés

 He aprovechado el domingo para terminar un libro de gran interés, aunque ya tiene un par de años, que me ha regalado un amigo y que quiero recomendarles. Trata del desarrollo económico (y político) de los países pobres y de lo que pueden hacer los países ricos: El club de la miseria, de Paul Collier (The Bottom Billion, en inglés). Su autor ha sido el director de investigación en el desarrollo del Banco Mundial y ahora dirige el Centro de Estudios de las Economías Africanas de la Universidad de Oxford. Por lo que se colige de la introducción, llegó a interesarse por la economía de África como joven marxista, algo que parece haber abandonado hace mucho. El libro presenta, en muchos sentidos, una moderada posición centrista entre los puntos de vista de la derecha que creen que la ayuda al desarrollo es sencillamente inútil y posiblemente nociva y el izquierdismo que encuentra en ello una especie de deber moral postcolonial, o una forma de sentirse mejor.  Sigue leyendo

Tié qué haber

Alberto Penadés 

En diciembre han vuelto a salir datos sobre la opinión de los españoles acerca de.el gasto y los ingresos del Estado (encuesta del CIS sobre Opinión Pública y Política Fiscal de 2010). Confirman tendencias anteriores que indican, a mi entender, que los españoles entienden que la fiscalidad está siendo, en tiempos de crisis, especialmente injusta con los peor situados en el mercado. Ya  vine con este tema el año pasado, siento repetir, pero me puede.

 Así como la percepción de los impuestos tiene un sentido de clase social muy claro y se ha agudizado con la crisis, y es un sentido contario al que se esperaría de un gobierno de izquierdas (las clases altas son las que están más satisfechas con el fisco), esa misma percepción parece perder tintes ideológicos. Ahora parece que derecha e izquierda piensan lo mismo, lo que a algunos les lleva a pensar en “convergencia” de opiniones frente a la crisis. Nada de eso es cierto, en mi opinión. Lo que sucede es que la izquierda y la derecha andan confundidas en esto, lo que no es una respuesta extraña de un gobierno de cuya cabeza salió esa frase de que “bajar impuestos es de izquierdas” (habría que encontrar a quien se la escribió, junto a la de “los valores de derechas cotizan en la bolsa, los de izquierda en el corazón”, que sospecho sea la misma persona). Puede que esa confusión venga precisamente del hecho de que una parte importante de la base social de la izquierda está bastante resentida con cómo funciona esto.

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¿Debe retirarse Zapatero? Y, en ese caso ¿cuándo?

Alberto Penadés

 Las respuestas creo que son sí y más bien pronto. La razón, según creo, es que el PP ofrece muchos flancos débiles y no levanta cabeza, al tiempo que, sin embargo, resulta inverosímil que el actual presidente del gobierno evite una sonada derrota, incluso con este PP. Lo aderezo con algunos datos de los barómetros políticos del CIS (el último es del mes de octubre).

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Si Alemania invade Dinamarca

Alberto Penadés 

Aprovecho las horas finales del día nacional para comentar algunos aspectos del interesantísimo libro de Ignacio Sánchez-Cuenca, Más democracia, menos liberalismo.  (Madrid: Katz, 2010), que recomiendo a todos los blogueros.

 El libro se organiza en cinco capítulos. El primero defiende una cierta concepción de  la democracia, y los otros cuatro sacan consecuencias: para la autodeterminación, para el significado de la representación, para el papel de las constituciones y para el lugar de los jueces en la política. A mi juicio el más profundo es el que dedica a la representación, en el que cuestiona muy eficazmente, a partir de su comprensión de la naturaleza de la ideología, muchas de las nociones de la moderna teoría positiva de la democracia. Los capítulos cuarto y quinto son muy agudos, y muy polémicos (el anterior me parece simplemente verdadero). Sin embargo, en esta nota quiero dedicar unas líneas a la autodeterminación, que es el que menos me convence. Siento ser tan parcial. Aunque ya aviso que es mi amigo y que lo admiro.

Antes, conviene decir que el libro defiende una concepción de la democracia que se distingue de la noción minimalista habitual en ciencia política,  pero que evita ser tan maximalista como para envolver conceptos tradicionales de la teoría normativa que, como la “voluntad general”, tienen un referente empírico y un sentido lógico dudosos. El creciente peso real de las instituciones contramayoritarias en la historia de las democracias recientes, que en el libro se hace correr parejo al adelgazamiento del concepto mismo de democracia en la teoría política, es indicativo de que el ejercicio tiene interés práctico además de teórico. La noción de autogobierno  tiene un papel importante en la argumentación, pues con ella se pretende rebasar la caracterización de la democracia más bien procedimental, basada en la igualdad de derechos, y más bien “liberal”.

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