El collar de la Reina

Arthur Mulligan

Aunque no lo echaba de menos, pensaba que había desaparecido como género. En el origen de mi antipatía por los espadachines están las trapezoidales vestimentas de los mosqueteros, sus botas con tacones imposibles hasta la cadera, sus sombreros emplumados, sus cabellos o pelucas acaracoladas, que por sí mismas constituían un horror para la vista, una falta de seriedad y predisposición para la aventura. Con esos tipos perdí al bueno de Alejandro Dumas por el camino. La furia creció en intensidad hasta el ridículo máximo, una Pimpinela Escarlata que coronaba el género.

Pues bien, cuando parecía que todo había terminado definitivamente aparece un culebrón con todos los ingredientes novelescos: un asunto que se quiere privado (amoríos espasmódicos) termina por cobrar relevancia pública mediante intrigas que afectan a la política de la época por la notoriedad de uno de sus integrantes. La importancia transvaginal del asunto -algo racial por lo visto – es señalada con alborozo por la abogada Marta Flor, íntima a su vez de un brillante fiscal que se esconde bajo el nombre de Ironman. Sigue leyendo

Conservadores

Arthur Mulligan

Muchas personas en la izquierda, singularmente en el mundo de Podemos, recelan del conservadurismo por ser algo que según ellos procede de una forma de pensar que se pierde en el origen de los tiempos: esa herencia perversa es un conglomerado de violencia, insolidaridad, sojuzgamiento e incapacidad de convivir de una manera que si no es cercana al cristianismo, cuando menos está muy lejos de ser decente o sensata, por utilizar una palabra siempre pendiente del sentido último que le adjudique el líder máximo. A pesar de lo que dicta su propia experiencia, consideran una ofensa para la sociedad la existencia de grupos conservadores, los cuales deberían haberse disuelto en unidades mayores de progreso o cuando menos existir de otro modo. En definitiva, molestan por la incomodidad de su sola presencia, en general resistente a los cambios que desnaturalizan las antiguas costumbres. Sigue leyendo

Nubes negras sobre Moncloa

Arthur Mulligan
 
En el extraordinario momento que vivimos, sin mediar elección voluntaria ni de permanencia, cegados con una luz inesperada por incómoda, consumidos en la incertidumbre frente a pantallas en las que una masa creciente de figurantes, muchos de ellos salidos de la nada y que nos abruman con especialistas solemnes en cada bloque de noticias, uno se pregunta de vez en cuando cómo ha sido posible llegar hasta aquí.
Son narraciones entretenidas que proceden de fuentes acreditadas e indiscutibles y que, en general, alimentan un miedo para entregarse a una obediencia paternalista y ciega cuyos límites confina un sistema de referencias a los que somos incapaces de oponer una sabia resistencia por su naturaleza. Es el incidente más duro, pero no el único de esta desgraciada sucesión que debemos encadenar a otros  momentos desde que Pedro Sánchez fue aupado al poder.

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Raíces de encina

Arthur Mulligan

En España se identifica la política como una actividad entre turbia y despreciable y en consecuencia, este descrédito primigenio y fundamental se desplaza hacia la clase política cuyos miembros ocupan de forma recurrente los puestos más bajos en la estima social de todas las profesiones. Los numerosos manifiestos aparecidos en los móviles con la habitual demagogia para que se bajen los sueldos o, más directamente dejen de cobrar durante el periodo de confinamiento, ha sido la última constatación de ese estado de ánimo. Se dice también que los ciudadanos desean que los políticos les dejen en paz y a la vez repiten aquello de que “tenemos los políticos que nos merecemos”. En este revoltijo se autoafirma una indolencia común y cierta desesperación cómplice por no poder cambiar nuestra naturaleza moral para abordar los asuntos públicos. Ya se sabe que todos defraudamos a hacienda, gritamos, relativizamos, respetamos hipócritamente ideas que no compartimos porque todos somos culpables y al enemigo, ni agua. En suma, todos queremos la paz pero al indiferente le ofrecemos la legalidad vigente. Sigue leyendo

Subiendo por las ramas de la izquierda

Arthur Mulligan

A la fecha en que esto escribo la gestión de la pandemia en España ha alcanzado un nivel de conflicto, un grado de desacuerdo, un marasmo de órdenes y contraórdenes que a nadie satisface y solo a trancas y barrancas se va haciendo posible con la ejemplar disciplina de un país confinado -en base a una dudosa legalidad gubernamental – más por ese tipo de hipnosis deslumbrante y temible que ejerce la cobra sobre la inquieta mangosta que por un sentido histórico de orden social. En lo inmediato, debemos destacar la urgencia de acertar con un control estadístico de la pandemia en nuestro país, algo que se revela imposible si seguimos cambiando cuatro veces de metodologías en la medición de las series (un clásico al utilizar la estrategia Tezanos para el CIS) absolutamente desprestigiadas para lo que se necesita el suministro masivo de test que una gestión sanitaria opaca, muy cara, desorganizada e ineficiente, impide con su contumacia habitual, agravando la crisis económica y el desempleo para hacernos cada día más pobres. Sigue leyendo

Melancolía

Arthur Mulligan

En los momentos que esto escribo el virus de esta pandemia tal y como nos advertían desde el gobierno ha desatado una furia nunca vista por nuestra generación y la abundancia de bromas y mensajes jocosos de los primeros momentos empieza a dar paso a una intensa preocupación, en la que tanto las familias felices como las desdichadas de la primera frase de Ana Karenina, se parecen en el temor a los efectos conocidos por la imprevisión y la incertidumbre que provoca en su ánimo la cifra de fallecidos diarios – aún expresadas en centenas – y la siniestra imágen de un Palacio del Hielo convertido en morgue de fortuna. Sigue leyendo

Imágenes

Arthur Mulligan

Siempre me ha gustado la ciudad de Barcelona
La primera vez llegué en barco desde Ibiza junto a unos compañeros de la universidad en donde, desde una acelerada adhesión que crecía a medida que nos poníamos morenos y solo por unos días castamente nudistas -a pesar de las alargadas sombras que proyectaban unos tricornios acharolados sobre la arena luminosa, o tal vez por eso mismo- soñábamos con vivir en Europa, que éramos daneses o más sofisticados hiperbóreos, y si la isla había sido nuestra costa azul a falta de otra edad, pasaportes y dinero, Barcelona habría de ser París y las calles de Gracia nuestros boulevares favoritos. Una auténtica revolución para la mirada. Sigue leyendo

Greta Thunberg

Arthur Mulligan

« ¿Cómo os atrevéis? ¡Vosotros, que habéis robado mis sueños y mi infancia!», dijo esta joven en la ONU con una entonación que recordaba vagamente a la  pequeña de “El Exorcista”, pero no sobre una cama ingrávida sino en un escenario reservado para los ensayos previos de la orquesta Apocalipsis. Sigue leyendo

Piketty

Arthur Mulligan

Thomas Piketty acaba de ver traducido su segundo libro al español después de que  «El Capital en el siglo XXI» se convirtiese en un best seller con unas ventas de más de 2,5 millones de ejemplares.

En las 663 páginas que ocupa su edición española se persigue ante todo suscitar  un debate a partir de un prolijo estudio numérico que cubre cerca de tres siglos, para exponer su tesis sobre la desigualdad y la relación íntima que mantiene con las pautas de los rendimientos crecientes del capital entre generaciones. Sigue leyendo