Todo por pretender que te calienten el asiento

Carlos Hidalgo

Cuando Rubalcaba dimitió por unos desastrosos resultados electorales en las elecciones europeas que vieron nacer a Podemos, Susana Díaz quería ser la secretaria general del PSOE. Pero también quería jugar sobre seguro. Hacía relativamente poco que había ascendido a la presidencia de la Junta de Andalucía y dar el salto al panorama nacional le parecía precipitado. Y sabía que, si se presentaba Eduardo Madina, era bastante posible que ganara las primarias a la secretaría general y que le cerrara el paso para siempre. Por eso habló con un exconcejal y voluntarioso técnico de Ferraz llamado Pedro Sánchez para que se presentara en su nombre, cortase las alas a Madina y le calentara el asiento mientras ella terminaba de sentir que aseguraba Andalucía. Para ello no sólo puso toda la maquinaria de la federación andaluza del PSOE en marcha, sino que además se sacó de la manga a José Antonio Pérez Tapias, para disputar el voto más izquierdista a Madina. Hasta se sacó de esa misma manga 200 avales cuando al profesor granadino de filosofía no le llegaba para pasar el primer filtro.

No faltaron las presiones, el juego sucio, las acusaciones veladas a Madina y las promesas de todo tipo. Todas las promesas de cambio del vasco se tergiversaban como amenazas al statu quo del PSOE y se garantizaba que con Pedro liderando en nombre de Susana, las revoluciones quedaban pospuestas indefinidamente. Sigue leyendo

¿Hemos olvidado hacer las cosas?

Carlos Hidalgo

Hace ya unos meses que leí en la revista del MIT un artículo que despotricaba acerca del papel de Silicon Valley en la pandemia. Porque el caso es que ni las aplicaciones móviles, ni Google, ni Facebook, ni Apple, ni el blockchain nos han ayudado para nada con el virus. Eso sí, se han forrado más aún. Mientras tanto, los países del llamado mundo occidental han descubierto que no saben hacer mascarillas quirúrgicas, ni jeringuillas y hasta parece que ni vacunas.

Y las noticias económicas se dividen entre la crisis que está cuarteando nuestro tejido social, ya muy herido por la crisis de 2008, y los culebrones del mundo financiero. Pero es que el mundo financiero hace tiempo que apenas cumple su función de invertir en la economía real y se dedica a invertir en si mismo, inventando productos que valen dinero sólo porque varias personas se han puesto de acuerdo para decir que es así. Mientras, ese dinero imaginado succiona el dinero real y hasta los billones y millones que se inyectan para capear la crisis, desaparecen en la nada de complicados productos financieros y sirven para especular en deuda pública o para apostar porque una empresa se arruine, que se ve que es más rentable que sacarla adelante. Sigue leyendo

Iñaki, puedes descansar

Carlos Hidalgo

Hace un par de semanas recibimos todos con consternación y como gran noticia que Iñaki Gabilondo dejaba de comentar la actualidad en su sección habitual en el programa “Hoy Por Hoy”, de la Cadena SER. El veterano periodista confesaba su hartazgo del panorama político y se decía “empachado” del circo mediático montado por los gurús de la comunicación, que dan mucho envoltorio y poca sustancia, como una colonia cara.

Pero, tras los abundantes artículos sobre su hartazgo e innumerables manifestaciones de apoyo y solidaridad a Gabilondo, resulta que no se iba, que no se retiraba, sino que ahora tenía una sección aún más larga en las mañanas de la SER en la que se dedicaba a investigar asuntos de interés humano. Y las pocas veces que le he podido escuchar, he tenido la sensación de que nos quería relatar la invención de la pólvora. El otro día, sin más, trajo el testimonio de una chica que ha perdido su trabajo y todas sus perspectivas de futuro con la pandemia. Como si nadie hubiera estado haciendo eso, desde que empezó la crisis. La propia SER acumula numerosos testimonios, de multitud de personas de casi todas las edades y sectores económicos. Y es que, sin desmerecer en absoluto el enfoque de Iñaki y sus nobles intenciones, yo creo que hace tiempo que Iñaki Gabilondo no está en el mismo mundo que el resto de los seres humanos. Sigue leyendo

Exiliados

Carlos Hidalgo

Han causado no poco revuelo las declaraciones de Pablo Iglesias Turrión en las que dice que la situación del fugado Puigdemont y las de los exiliados republicanos son perfectamente comparables.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que Iglesias cree que estar en el Gobierno le renta menos de lo que le gustaría, por lo que siguiendo sus tácticas de propaganda se ha apresurado a montar escándalo para desviar la atención de otras cosas, como que la luz ha subido en máximos históricos con la tormenta Filomena, que el SEPE ha metido la pata con los ERTE y ahora hay un montón de trabajadores que no los han cobrado o a los que, directamente se les pide dinero que se les ha pagado de más. También que los ministerios que le son más queridos, como el suyo propio y el de Irene Montero, dan más que hablar por polémicas que por políticas que mejoren la vida de la gente. A falta de poder hablar de los resultados concretos de su acción en el Gobierno del cual es vicepresidente segundo, pues se dedica a hablar de cosas más etéreas, como la monarquía, que Endesa no le deja gobernar y de que habría que indultar a los independentistas catalanes. Una táctica que a él le parece muy inteligente, pero que suele resultar en polémicas que no le benefician, en excusas idiotas como que criticarle es ser cómplice de la ultraderecha y de las “cloacas” y el resto de los lloriqueos habituales. Y por supuesto, todas las torpezas se amplían por la incompetencia y bravuconería de Echenique y de sus matones en las redes sociales. Sigue leyendo

La libertad de expresión de Trump

Carlos Hidalgo

Corren ríos de tinta estos días acerca del desproporcionado poder de los magnates de Internet porque le han cerrado las cuentas de redes sociales a Donald Trump. Si me habéis leído antes, recordaréis que yo no les tengo especial cariño. De hecho, les comparo con malos de James Bond. Son arrogantes, megalómanos e irresponsables. Como Trump, pero con más dinero. Aunque Trump tiene pocos motivos para quejarse esta vez. La libertad de expresión del presidente no ha sido cortada porque tiene a su disposición la sala de prensa con más audiencia del mundo, que es la de Casa Blanca. Otra cosa es que a Trump le guste dar mensajes unidimensionales, a solas y sin que nadie le pueda replicar.

Las redes sociales son espacios privados y tienen derechos de admisión. Y por decisión de los legisladores estadounidenses (también del propio Trump), no están reguladas como medios de comunicación. Pero los medios, que son quienes siguen marcando la agenda, están a disposición de Trump. Algunos hasta demasiado, como las cadenas OANN, Sinclair o NewsMax, que han pasado de medios marginales a beneficiarse de la audiencia “trumpista” al abrazar las falsas teorías de la conspiración del millonario neoyorquino.

A Trump lo que le hubiera gustado es cerrar medios, como también han hecho los millonarios de Silicon Valley. Uno de ellos, un entusiasta trumpista llamado Peter Thiel, invirtió 8 millones de dólares en pleitos de cualquiera contra la revista de Internet Gawker. Así, iba pagando los gastos legales de unos y de otros, hasta que consiguió que un juez fallara a favor del exluchador de lucha libre Hulk Hogan. Y Gawker quebró. Poco tiempo después, Trump contrató al abogado de Thiel para sus propios pleitos. Y también declaró más de una vez su intención de modificar las leyes para que fuera más fácil condenar por libelos a los medios que no le gustaban, como la CNN, el New York Times, la NSBC, el Washington Post y más de una larga lista. Si no llegó a cambiar la legislación es porque su propia incompetencia a la hora de gobernar y su incapacidad para la planificación se lo impidió.

Que a Trump le expulsen de las redes por hacer llamamientos a la sedición siendo el presidente de los Estados Unidos, no es un atentado contra la libertad de expresión. Tampoco es censura. Y menos cuando se le dejó hacer y sus seguidores invadieron por la fuerza las cámaras legislativas estadounidenses, varios de ellos armados y con la intención de, por lo menos hacer prisioneros a los representantes electos de la ciudadanía.

Trump, si quiere, puede justificarse en la sala de prensa de la Casa Blanca, puede hacer más llamamientos a la sedición en una entrevista televisiva. Nadie se lo impide. Pero lo que no quiere es un periodista le reproche precisamente estar llamando a la insurrección armada. O que así conste en los titulares de la entrevista.

Con respecto a los amos de las redes… Yo soy de los que cree que Trump y sus lacayos deben hacer frente a las consecuencias legales de la sedición. Pero también los responsables de las redes sociales deben afrontar sus responsabilidades. Facebook, por sólo poner un ejemplo, ha sido caldo de cultivo para la manipulación política, un factor clave en temas como la votación del Brexit, el sitio desde donde se coordinó el exterminio de musulmanes en Myanmar o desde donde se usaron datos personales obtenidos sin permiso para manipular las elecciones de al menos tres países del África Subsahariana.

Pues lo ideal sería que cada uno cargara con lo suyo. Para quejarnos en las redes ya estamos los demás.

Reyes confinados

Carlos Hidalgo

¿Qué os han traído los Reyes Magos? De momento tenemos un año por estrenar, unas vacunas por poner y, lamentablemente, a las mismas personas al mando. Sin embargo, he de confesar que, pese a que 2020 ha sido mi peor año, como para mucha gente, estas fiestas han sido menos deprimentes de lo que pensaba.

Ahora nos queda una crisis económica con la que lidiar, una pandemia por pasar y una dura labor de reconstrucción. Pese a que no veamos de manera evidente a los muertos y a la destrucción, el impacto del maldito virus ha sido similar al de una guerra. No hay edificios destruidos, la lista de bajas no es pública y, aparte de los homenajes y misas que se hicieron al principio, las muertes siguen, pero el duelo ha cesado por el momento. Sigue leyendo

Encomendarse a la suerte

Carlos Hidalgo

Hace una semana que salió un estudio pagado por una plataforma de inversión. Entre otras cosas, se preguntaba a la gente cuál es el método por el cual creen que puede mejorar su situación económica.

En los últimos puestos aparece “invertir en una vivienda”, que es lo que de toda la vida se conoce como especular. Ya comenté que mientras el sueldo mayoritario ha descendido, no ha pasado lo mismo con el precio de los pisos y de los alquileres, habiendo subido estos últimos un 52% de 2015 a 2020. Y aunque el mercado de compra y alquiler está paralizado, pese a haber más oferta, expertos y propietarios mantienen su fe ciega en que los precios no bajarán, sino que seguirán subiendo y que no hay valor más seguro que el del ladrillo. Si esta opción aparece en los últimos puestos se debe, sobre todo, a que poca gente tiene en este momento la capacidad de “invertir” en una vivienda. Sigue leyendo

Colombo y la prensa

Carlos Hidalgo

Hoy voy a dejar un poco de lado la actualidad y voy a confesar mi amor incondicional por una serie de televisión. Pero no de las que se hace hoy en día, sino una cuya edad dorada se produjo antes de que yo naciera. Me refiero a la serie del Teniente Colombo. Ya de preadolescente, cuando empezaron a reponer los episodios en Telecinco, cogí un afecto casi instantáneo por ese detective desastrado, al que una testigo describe como “una cama sin hacer”, pero que era torpe, afable, buena gente y daba la lata incansablemente a criminales estirados, arrogantes y de clase alta.

Los creadores de la serie dicen que se inspiraron en el juez de instrucción Porfirio Petróvich, personaje de “Crimen y Castigo” que da la lata con afabilidad al asesino Raskólnikov, hasta que éste se entrega. Pero Colombo tiene algo más y es que es un funcionario de clase media-baja que, caso tras caso, derriba a gente poderosa que se cree por encima de la ley. El caso es que el particular inspector Colombo, aparte de servirme de cómo ejemplo para muchas cosas, me sirve también de modelo como periodista. Sigue leyendo

El bucle del desastre

Carlos Hidalgo

Imaginad esto: imaginad que no tuvierais trabajo, ni casa al principio de la crisis de la Covid 19, cuando empieza el confinamiento en marzo. Si durante el confinamiento no pudiste conseguir trabajo, después tampoco parece mucho más probable. Así, estás condenado o condenada a sobrevivir con el paro. El paro, por lo general, oscila entre 800 y 1070 euros. Y no es eterno. Mucha gente ha agotado el paro durante la pandemia, así que podemos pensar en la cantidad de gente sin ingresos que se suman, mes a mes, a las frías estadísticas.

Es verdad que ahora está el ingreso mínimo vital. Pero está tardando en ser concedido y muchas autonomías lo usan para no pagar sus propias rentas de inserción. En cualquier caso, por lo general, son cantidades muy inferiores a los 800 o los 900 euros, por lo que no ayudan a vivir. Sigue leyendo

Niños caprichosos

Carlos Hidalgo

Mientras escribo estas líneas aún se comenta la inauguración del llamado “Hospital de Pandemias”, un hospital inaugurado en tiempo récord, que ha costado el doble de lo prometido y no tiene sanitarios, quirófanos y parece que tampoco paredes. Pablo Casado, que tiene la costumbre de pasearse por la Comunidad de Madrid inaugurando cosas y pasando revista, como si fuera una especie de autoproclamado presidente suplente, ha preguntado con toda su inocencia lo de los quirófanos, para recibir la tímida respuesta del director de Salud de la Comunidad: “Bueno… tenemos salas donde se hacen curas”.

Nada de esto parecen ser críticas válidas para los simpatizantes de Ayuso y su gobierno en las redes, que obvian la falta de personal, que no se van a contratar médicos y que se van a hacer traslados forzosos de personal de otros hospitales y señalan, indignados, que la oposición de la Comunidad de Madrid hace de “correa de transmisión de los sindicatos”. Como si eso fuera malo de por sí. Sigue leyendo