Recuerdos de un pasado cercano

Julio Embid

En 2001 marché a Madrid a estudiar Ciencias Políticas. De hecho entré en una residencia el día posterior al 11-S, el atentado de las Torres Gemelas. Un mes después el ejército estadounidense ordenado por el presidente George W.Bush invadía Afganistán como represalia. Le acompañaban en aquella cruzada los británicos, canadienses y australianos y después se sumarían la mayoría de países europeos. Lo cierto es que quien hizo el trabajo sucio fueron aquellos auxiliares señores de la guerra llamados Alianza del Norte que fueron los que hicieron las primeras operaciones terrestres contra Al-Qaeda y los Talibán. Aquel joven maño imberbe en Madrid acudió a las manifestaciones contra la Guerra de Afganistán, en parte por un inocente pacifismo, junto a un militante izquierdismo sumado a la curiosidad innata que tenemos los de provincias en la capital. Sigue leyendo

¿Por qué voy a ir a votar este domingo?

Julio Embid

Vamos a empezar por el principio para despejar dudas y que nadie se lleve a engaño: voy a votar al PSOE en las próximas elecciones. No es difícil adivinar el por qué: soy socialista (como también soy canoso, regordete o del Atleti) y creo en la libertad de prensa, la libertad individual, la justicia social, la descentralización autonómica, la defensa de las minorías perseguidas, el estado del bienestar y la redistribución de la renta a través de los impuestos y los servicios públicos, para que los ricos no sean cada vez más ricos, ni los pobres cada vez más pobres. Y creo que el PSOE es el partido más indicado para defender esas ideas, tal vez difusas, que al final se deben reflejar en leyes y en presupuestos. Pero estoy tan harto y tan agotado de la política como aquellos menos ideologizados. Sigue leyendo

Sin igualdad no hay libertad

Julio Embid

Cuando era un adolescente de catorce años, mi tío Nano me regaló unas navidades la novela de ciencia ficción “Clones” del autor Michael Marshall Smith. Trataba de que, en el futuro, los ricos tienen unas granjas de cuerpos sedados en coma, donde guardan clones de sí mismos para poder operarse trasplantando los órganos que necesitan y desechando los restos en una trituradora. El protagonista, que es un expolicía degradado que trabaja de celador, se enamora de una mujer clonada y los libera huyendo de la ciudad como pueden. Años después se estrenó una película de temática similar llamada “La Isla”, dirigida por Michael Bay, donde a un grupo de clones de multimillonarios se les esconde en una instalación bajo tierra ya que se les hace creer que fuera la Tierra ha sido convertida en un infierno nuclear radioactivo. Una vez por semana, los clones, que tienen la mentalidad de adolescentes, juegan una ficticia lotería donde el que gana supuestamente viaja a una isla libre de males. En realidad, cuando eso sucede es porque van a ser operados para extraer sus órganos para sus dueños o para sacarles el hijo que está gestando para la mujer de la que fue clonada. Al final, los protagonistas, Ewan McGregor y Scarlett Johansson se escapan y exponen a la opinión pública que está pasando en las granjas de clones para indignación general, salvo de los clientes. En cualquiera de los dos casos, los clones carecen de derechos y son tratados únicamente como “repuestos médicos” porque total, no han sido concebidos para otro motivo. Sigue leyendo

Somos demasiados

Julio Embid

En 2014 se estrenó la película británica “Pride” (Orgullo) que trataba sobre la campaña de apoyo de los colectivos LGTB a los mineros durante la huelga de 1984 en el Reino Unido. Básicamente fue una campaña organizada por el militante comunista gay norirlandés Mark Ashton en Gales, que entendió la necesidad de agrupar a las asociaciones LGTB en el movimiento obrero, porque en el fondo, compartían el mismo enemigo, las políticas conservadoras de Margaret Thatcher. La película. que es francamente divertida, parte de un desencuentro inicial de burlas e incomprensiones que termina con el congreso del Partido Laborista que, desde aquella huelga de 1984, incorpora los derechos de gays y lesbianas en su proyecto político. Sigue leyendo

We are going to Ibiza

Julio Embid

Imagina que eres el líder de un partido ultraderechista en un país con una infame lista de líderes ultraderechistas como por ejemplo Austria. Aprovechando la crisis de los refugiados y un desastroso gobierno de Gran Coalición de socialistas y populares, logras en octubre de 2017 auparte a la tercera posición a tan sólo 45.000 votos del sorpasso del histórico SPO con el 26% de los votos. Eres imprescindible para formar gobierno y el nuevo Primer Ministro (Canciller) austriaco decide llamarte para repartir los ministerios. Pides lo básico: Defensa, Interior y Servicios Sociales para tus camaradas y para tí, la Vicecancillería y el ministerio de Administraciones Públicas y Deporte.  Sigue leyendo

La partida de cinquillo

Julio Embid

 Cuando la chica ecuatoriana que ayudaba en casa de Piluca trajo el café y las pastas, nosotras ya habíamos comenzado con nuestra partida de cinquillo. Aquella partida iba a ser difícil con aquel caballo de espadas suelto sin ninguna espada que le acompañase. Pero a nosotras nos servía para pasar la tarde y conversar.  Sigue leyendo

Los sumisos

Julio Embid

Los que crecimos en una educación cristiana católica recordamos que, en la catequesis, o en las muy insulsas y descafeinadas clases de religión en EGB, se enseñaba la leyenda del “sacrificio de Isaac”. Quisiera recordársela a ustedes para hablar del tema que hoy querría tratar. En ella, el patriarca judío Abraham, de una tribu nómada de Oriente Medio, de la Edad Antigua, recibe una visión de Dios que le indica que debe acudir al Monte Sión (donde presuntamente siglos después se edificaría el Templo de Jerusalén) y allí sacrificar a su único hijo Isaac. Abraham temeroso de la voluntad de Dios, decide llevar a su hijo, construye un altar con leña y cuando va a asesinar a su hijo, se le aparece un ángel que le dice: Sigue leyendo

Tomates de Barbastro

Julio Embid

Cuando Abdul levantó la reja metálica de su frutería de Las Delicias como cada mañana, ya llevaba casi tres horas levantado. Después de rezar, ducharse y desayunar había acudido junto a su tío a Mercazaragoza a comprar género fresco, bueno y barato. Normalmente las fruterías del centro y de La Romareda se llevaban el género mejor y más caro, pero con un poco de labia y sabiendo regatear, se podía adquirir buen material a buen precio. Después, a cargar las cajas y bandejas en aquella vieja furgoneta roja que apenas podía arrancar y que semanalmente hacía ruidos raros. Sigue leyendo