Los panes, los peces y la libertad

Julio Embid

Hace unas semanas asistí a un espectáculo de magia en un teatro de Aragón. Todos con las mascarillas puestas y con un aforo de un tercio con butacas y distancia de seguridad entre desconocidos. Porque la cultura es segura, hay que seguir asistiendo a actividades mientras se pueda. En dicho espectáculo el ilusionista sacó al escenario a una niña maña que no tendría los diez años cumplidos. Quizá tuviera ocho o nueve. En el espectáculo, la niña tenía que escoger entre dos barras de pan, desmenuzarlas para que no hubiera trampa ni cartón y el mago le preguntó ¿conoces la leyenda de los panes y los peces? La niña dijo que no ante la carcajada de los adultos y la abuelada en general. Sí, mira, eso de que un señor llamado Jesús cogió un pan y un pez y los convirtió en varios. La niña le miraba con extrañeza, con cara de no tener ni idea. Así, el truco donde el mago metía un trozo de pan en un vaso de agua y se convertía en pez no tenía gracia alguna.

Probablemente ninguno de los asistentes nacidos en los años 80 del siglo pasado como es mi caso desconociera la “leyenda de los panes y los peces”. En mi época casi todos éramos bautizados, íbamos a clase de Religión (de mi clase solo hacían Ética dos: un niño de padres militantes comunistas y una niña de padres testigos de Jehová), en mi pueblo íbamos a catequesis a la casa del cura los sábados por la mañana a pelarnos de frío en invierno con los abrigos y las bufandas puestos y hacíamos la Primera Comunión. Y después ya, si te he visto no me acuerdo. Ya en el instituto había tanta gente que iba a Alternativa a la Religión como a Religión. Yo uno de ellos, que aprovechaba esas horas para acabar los tediosos ejercicios a lápiz de Dibujo Técnico. Sigue leyendo

Economía real

Julio Embid

El domingo fui a un centro comercial a mirar y comprar cosas. Soy de esos afortunados de clase media-alta que libran los sábados y domingos, que el fin de semana se dedica a gastar en bienes y servicios lo que le ingresan a primeros de mes en la nómina por el trabajo que realiza de lunes a viernes. Y no me quejo en absoluto. Otras personas por el contrario trabajan los fines de semana o a turnos para que una parte de la sociedad disfrute durante dos días. Soy de esas personas que está a favor de los horarios amplios (muchos días hacemos la compra de la cena en un hipermercado pasadas las 21:30 de la noche) y de la apertura de establecimientos los fines de semana. La izquierda verdadera te dice que no, que los fines de semana nada, que si los centros comerciales están matando al pequeño comercio y que si es mejor todo cerrado y a pasear por el bosque. La verdad es que yo creo que es casi como ponerle puertas al bosque (o al Amazon), ya que a través de internet uno puede comprar cualquier cosa a cualquier hora del día en cualquier lugar del mundo. Y que, desde luego, el pequeño comercio tampoco vota a la izquierda verdadera. Sigue leyendo

Biden y sus magdalenas

Julio Embid

¿Joe Biden es de izquierdas para los estándares estadounidenses de 2020? Probablemente sí. ¿Stalin es de izquierdas para los estándares de la Unión Soviética de hace un siglo? Sí. ¿Joe Biden es Stalin o estalinista o marxista-revolucionario? Obviamente no, es un tipo más bien sosete, de misa semanal y senador desde 1972 por Delaware. Bastantes años antes de que mis padres se conocieran, por cierto. Y ahí está la campaña de Donald Trump, en intentar convencer que ese abuelete de sonrisa fácil, que durante muchos años iba al Senado en el tren de cercanías porque le desagrada conducir y que se saltó la disciplina de partido para votar junto a los republicanos a favor de la guerra de Iraq de George Bush va a traer la revolución, la anarquía y la cerveza fría.

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Control al Gobierno

Julio Embid

Cuando uno entra en el mausoleo de Mao situado en el centro de la Plaza de Tiananmén de Pekín tiene la sensación de entrar en otra época. Es como una puerta del Ministerio del Tiempo. Para empezar tienes que dejar las llaves, el móvil y las mochilas y todo lo demás en unas taquillas situadas enfrente al otro lado de la calle. Y entrar con la documentación justa, el pasaporte y el visado y vale. Tras hacer una larga cola llena de jubilados con pins con la bandera o la hoz y el martillo, recibes un cacheo a fondo y pasas al recinto. A la izquierda hay un puesto de flores amarillas, donde puedes comprar un ramo para depositar a los pies del fundador. Y una vez que entras en el mausoleo, unos soldados armados con gabardinas verdes y cara seria te exhortan a que pases lo más rápido posible. Sin pararte y por supuesto sin echar fotos porque tuviste que dejar todo en las taquillas. Ves de reojo a Mao de cuerpo presente embalsamado custodiado por cuatro soldados en gabardina verde y cuando te das cuenta ya has salido del recinto, que parece por dentro un tanatorio y te encuentras en la calle mirando a la puerta de Quianmen rodeado de tiendas de recuerdos de Mao. Bolis, mecheros, estatuas, pisapapeles, llaveros, banderines, cintas para colgar en el retrovisor del coche, ajedreces con las figuras con la cara de Mao y dulces con su retrato en el costado. Y es que ahí se acaba el comunismo porque han convertido a Mao en la Virgen del Pilar. Sigue leyendo

Ateísmo no practicante

Julio Embid

Estoy terminando la última novela del escritor norteamericano Dan Brown titulada “Origen”. El protagonista es el mismo de siempre, el profesor pedante ese del “Código da Vinci” que llevó al cine Tom Hanks y por eso se le perdona todo. Va de un científico-informático-multimillonario tipo Steve Jobs o Jeff Bezos que quiere cargarse las religiones porque todo lo que cuentan estas son pamplinas. Básicamente lo que explica es que la religión surge para explicar el desconocimiento del hombre (¿Por qué llueve? ¿Por qué hay una montaña? ¿Qué hay después de la muerte?) y que, conforme la ciencia ha ido avanzando y las preguntas se han ido resolviendo (“Llueve porque el agua que se evapora de ríos y mares debido a los rayos del sol, al entrar en contacto con una corriente de aire frío se condensa y se precipita”), los dioses han ido desapareciendo. La lluvia no son las lágrimas de ninguna antigua diosa sumeria que llora por sus hijos. Sigue leyendo

¿A qué quieres que te gane?

Julio Embid

Durante las últimas semanas hemos visto a unos cuantos deportistas de élite apoyando a Vox y sus manifestaciones en coche o a caballo. Es lógico, si tienes entre 25 y 40 años y tienes entre 25 y 40 millones de euros en patrimonio, lo normal es que apoyes a aquellos que quieren bajar los tramos más altos del IRPF, aquellos que quieren suprimir el Impuesto de Sucesiones y de Patrimonio, y aquellos que se oponen a la creación de un Impuesto a las Grandes Fortunas (de más de un millón de euros de patrimonio). Insisto, tiene su lógica, tú has ganado honradamente una millonada jugando al fútbol o pegándole a la raqueta, has pagado los impuestos que tu asesor fiscal te ha dicho que tienes que pagar y llegan unos «socialcomunistas» del Gobierno que quieren quitártelos y dárselos a unos muertos de hambre por estar en su casa. Que trabajen duramente como has hecho tú, que desde los ocho años sacrificándote, jugando torneos y ligas, entrenando casi ocho horas al día, sin poder comer chocolate mientras el resto de los niños merendaba bocadillos de nocilla mientras hacía los deberes de primaria viendo a Oliver y Benji. Que tú has ganado dos Ligas, un mundial, un Torneo de Montecarlo y una Copa Davis y ellos ¿qué han hecho hasta ahora? ¿Tener dos hijos y bajar al bar a pedir unas patatas bravas? Qué tú has llevado el nombre de España a lo más alto. Sonando el himno mientras erguido y orgulloso te entregaban una medalla. Encima no se sienten orgullosos de la bandera de España. ¿Es que acaso prefieren la de Francia o la de Italia?. Soy español ¿a qué quieres que te gane? Sigue leyendo

Manifestantes armados contra las medidas de confinamiento irrumpen en las Cortes de Aragón

Julio Embid

Docenas de personas, algunos llevando armas de fuego, irrumpieron el pasado jueves dentro de las Cortes de Aragón durante un pleno para protestar contra el Presidente de Aragón y contra las medidas de confinamiento y la extensión del Estado de Alarma. Portando banderas de España y pancartas, los manifestaron en el exterior del Palacio de La Aljafería de Zaragoza pidiendo entrar. «Queremos entrar» cantaban algunos. Daniel Meseguer, de 66 años, de Alcañiz (Teruel), comentó a este periódico que el protestaba por otros motivos y no porque estuviera preocupado por el COVID-19. «Yo amo la libertad» afirmó. «En España deberíamos ser libres y no dejar que otros nos protejan de nosotros mismos». La diputada autonómica socialista Diana Poleñino, tuiteó una foto en la que comentaba como hombres armados le estaban gritando mientras les apuntaban. Algunos de los diputados tuvieron que vestirse con chalecos antibalas dentro del edificio del parlamento autonómico. Sigue leyendo

Resurrección

Julio Embid
La pandemia del Covid-19 ha pillado a las religiones en su peor momento. No me refiero exclusivamente al Cristianismo a cuyos creyentes ha obligado a pasar su celebración principal, la Semana Santa, en confinamiento en casa sin realizar sus ritos que celebran la muerte y resurrección de su fundador. Sino a que en el año 2020, por primera vez en la historia de la Humanidad, una pandemia no se resuelve con un movimiento milenarista ni con rezos masivos en los templos. Está demostrado por investigadores científicos que las misas masivas y novenas realizadas durante la epidemia de la llamada gripe española en 1918, favorecieron el contagio y la mortalidad en aquellas ciudades donde se realizaron. Hoy ni la minoría más religiosa ha pretendido realizar las procesiones de Semana Santa en la calle por miedo al contagio y porque en el fondo, no creen que sea bueno para ellos. El pasado Viernes Santo la Policía Nacional interrumpió una celebración religiosa en la Catedral de Granada dirigida por el propio Arzobispo y la misa no llegó a concluirse. Este hecho hubiera sido completamente impensable, policías deteniendo a un arzobispo de una catedral, hace unas pocas décadas.

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El fin de semana que duró un mes

Juliio Embid

Estoy en casa como la gran mayoría de los lectores. En realidad estoy en casa mi socia de coalición y eso ha hecho que este fin de semana que dura ya casi tres semanas se pase mejor. Y como buen fin de semana, te lo pasas entre el sofá y la cocina vestido en chándal, leyendo algo, jugando a videojuegos, viendo Netflix, poniendo lavadoras y escribiendo de vez en cuando. Y no estoy pintando muñecos porque me los dejé en la otra casa y me parece muy frívolo ir a buscar mis marines y mis pinceles. Yo no soy de los que están presumiendo en redes del teletrabajo que hacen porque en realidad, el consumo y procesamiento de noticias es 24/7 y tanto da que sea martes que domingo. En ese sentido soy un afortunado y reconozco que sin hijos y en una vivienda amplia se convive mejor. Sigue leyendo

Juego e irresponsables

Julio Embid

Me gusta mucho jugar a juegos. A mis treinta y muchos años (y sin hijos) sigo quedando con mis amigos generalmente una vez por semana a echar una partida a un juego de mesa. La semana pasada nos juntamos cinco amigos en mi casa a jugar una partida de un juego de cartas de Marvel donde servidor llevaba al billonario Tony Stark/Iron Man. Ese ritual de dos horas a última hora de la tarde nos permite vaciar unos botellines de cervezas y unas latas de refrescos, comer unas cuantas patatas fritas, ponernos al día y echarnos unas risas. Sigue leyendo