Sin igualdad no hay libertad

Julio Embid

Cuando era un adolescente de catorce años, mi tío Nano me regaló unas navidades la novela de ciencia ficción “Clones” del autor Michael Marshall Smith. Trataba de que, en el futuro, los ricos tienen unas granjas de cuerpos sedados en coma, donde guardan clones de sí mismos para poder operarse trasplantando los órganos que necesitan y desechando los restos en una trituradora. El protagonista, que es un expolicía degradado que trabaja de celador, se enamora de una mujer clonada y los libera huyendo de la ciudad como pueden. Años después se estrenó una película de temática similar llamada “La Isla”, dirigida por Michael Bay, donde a un grupo de clones de multimillonarios se les esconde en una instalación bajo tierra ya que se les hace creer que fuera la Tierra ha sido convertida en un infierno nuclear radioactivo. Una vez por semana, los clones, que tienen la mentalidad de adolescentes, juegan una ficticia lotería donde el que gana supuestamente viaja a una isla libre de males. En realidad, cuando eso sucede es porque van a ser operados para extraer sus órganos para sus dueños o para sacarles el hijo que está gestando para la mujer de la que fue clonada. Al final, los protagonistas, Ewan McGregor y Scarlett Johansson se escapan y exponen a la opinión pública que está pasando en las granjas de clones para indignación general, salvo de los clientes. En cualquiera de los dos casos, los clones carecen de derechos y son tratados únicamente como “repuestos médicos” porque total, no han sido concebidos para otro motivo. Sigue leyendo

Somos demasiados

Julio Embid

En 2014 se estrenó la película británica “Pride” (Orgullo) que trataba sobre la campaña de apoyo de los colectivos LGTB a los mineros durante la huelga de 1984 en el Reino Unido. Básicamente fue una campaña organizada por el militante comunista gay norirlandés Mark Ashton en Gales, que entendió la necesidad de agrupar a las asociaciones LGTB en el movimiento obrero, porque en el fondo, compartían el mismo enemigo, las políticas conservadoras de Margaret Thatcher. La película. que es francamente divertida, parte de un desencuentro inicial de burlas e incomprensiones que termina con el congreso del Partido Laborista que, desde aquella huelga de 1984, incorpora los derechos de gays y lesbianas en su proyecto político. Sigue leyendo

We are going to Ibiza

Julio Embid

Imagina que eres el líder de un partido ultraderechista en un país con una infame lista de líderes ultraderechistas como por ejemplo Austria. Aprovechando la crisis de los refugiados y un desastroso gobierno de Gran Coalición de socialistas y populares, logras en octubre de 2017 auparte a la tercera posición a tan sólo 45.000 votos del sorpasso del histórico SPO con el 26% de los votos. Eres imprescindible para formar gobierno y el nuevo Primer Ministro (Canciller) austriaco decide llamarte para repartir los ministerios. Pides lo básico: Defensa, Interior y Servicios Sociales para tus camaradas y para tí, la Vicecancillería y el ministerio de Administraciones Públicas y Deporte.  Sigue leyendo

La partida de cinquillo

Julio Embid

 Cuando la chica ecuatoriana que ayudaba en casa de Piluca trajo el café y las pastas, nosotras ya habíamos comenzado con nuestra partida de cinquillo. Aquella partida iba a ser difícil con aquel caballo de espadas suelto sin ninguna espada que le acompañase. Pero a nosotras nos servía para pasar la tarde y conversar.  Sigue leyendo

Los sumisos

Julio Embid

Los que crecimos en una educación cristiana católica recordamos que, en la catequesis, o en las muy insulsas y descafeinadas clases de religión en EGB, se enseñaba la leyenda del “sacrificio de Isaac”. Quisiera recordársela a ustedes para hablar del tema que hoy querría tratar. En ella, el patriarca judío Abraham, de una tribu nómada de Oriente Medio, de la Edad Antigua, recibe una visión de Dios que le indica que debe acudir al Monte Sión (donde presuntamente siglos después se edificaría el Templo de Jerusalén) y allí sacrificar a su único hijo Isaac. Abraham temeroso de la voluntad de Dios, decide llevar a su hijo, construye un altar con leña y cuando va a asesinar a su hijo, se le aparece un ángel que le dice: Sigue leyendo

Tomates de Barbastro

Julio Embid

Cuando Abdul levantó la reja metálica de su frutería de Las Delicias como cada mañana, ya llevaba casi tres horas levantado. Después de rezar, ducharse y desayunar había acudido junto a su tío a Mercazaragoza a comprar género fresco, bueno y barato. Normalmente las fruterías del centro y de La Romareda se llevaban el género mejor y más caro, pero con un poco de labia y sabiendo regatear, se podía adquirir buen material a buen precio. Después, a cargar las cajas y bandejas en aquella vieja furgoneta roja que apenas podía arrancar y que semanalmente hacía ruidos raros. Sigue leyendo

La presunta izquierda

Julio Embid 

Marcharme a la capital a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Complutense ha sido la mejor decisión de mi vida. La segunda mejor después de hacerme del Atleti a los 20 años. Pero no fue fácil integrarse en el corazón del núcleo irradiador, cuna del podemismo y el quince eme, donde las pintadas de “Carlos Presente”, “Viva ETA manque pierda” y “Eskupe al alkalde” eran parte del paisaje cotidiano. Donde ser socialista, socialdemócrata o liberal implicaba pertenecer a la extrema derecha vasalla del Ibex 35, la OTAN y los zentraedis. Allí, si no estabas a la izquierda de la izquierda, te tenías que limitar a ver, oír y callar. El primer año, el primer mes, allá por octubre de 2001, una alumna rubia suiza de erasmus, cansada de que los dos afiliados de Izquierda Unida de clase avasallasen al resto de la clase con sus peroratas, se puso de pie y con acento francés dijo: “Me marcho. No tengo por qué aguantar esta propaganda barata comunista”. Mis compañeros de la presunta verdadera izquierda, incapaces de alcanzar la dictadura del proletariado intentaron imponer la dictadura del palabrariado, interviniendo en todos y cada uno de los debates. Y aquella rubia se fue, a la francesa. Francosuiza para ser exactos. Creo que se equivocaba. Sigue leyendo

Kalendas 2019

Julio Embid

Cuenta la leyenda que en el año 153 antes de Cristo, el Senado de la República de Roma (SPQR), cabreado por la derrota del ejército del cónsul Quinto Fulvio Numilior frente a una confederación de tribus celtíberas encabezadas por el caudillo Caro de Segeda, decidió adelantar las elecciones. En realidad lo que hizo fue adelantar el nombramiento de cónsules, escogidos anualmente al comienzo de la primavera cada 15 de marzo, al 1 de enero, adelantando completamente el curso de la historia. Así, al adelantar dos meses el calendario, los meses con nombre de 7 (septiembre), 8 (octubre), 9 (noviembre) y 10 (diciembre) pasaban a ser respectivamente el 9º, el 10º, el 11º y el 12º del nuevo año político consular. Sigue leyendo