Domingos

Julio Embid

Nunca me gustó ir a cazar. Siempre dije que no iba porque no me gustaba madrugar los fines de semana. Sí de lunes a viernes el despertador te suena a las siete, lo que menos te apetece es madrugar los sábados y los domingos para ponerte el chaleco, la camisa, el pantalón gordo, una gorra y la escopeta para ir a pegarle tiros a las perdices o las liebres. En cualquier caso, nunca le vi la gracia a matar bichos y fardar en el bar. Y siempre me provocó arcadas ver fotos de jabalíes muertos chorreando sangre en una plaza mientras varios machos sonreían a su lado. Quizá ellos fueran felices por un momento, el del flash de la foto. Yo desde luego no. Y el jabalí o la liebre pues entiendo que tampoco.

El pasado domingo pusimos el despertador pronto porque teníamos una actuación y tanto la persona con la que me despierto como un servidor teníamos mucha faena que hacer. Preparar el vestuario (camisa negra, pantalón negro y zapato negro, en mi caso), cargar la estructura en la furgoneta, viajar hasta un pueblo de nuestra provincia en distintas furgonetas, montar el escenario en el pabellón municipal, comer de bocadillo, hacer tiempo contando chistes, maquillarse, vestirse y actuar para hacer felices a trescientas personas con un espectáculo de circo. Terminar, desmontar, cargar la furgoneta y volver a casa doce horas después de haber salido de casa. Ah y desmaquillarse y a dormir, que mañana hay que madrugar. Sigue leyendo

Estar donde no toca

Julio Embid

Corría el año 2002 cuando un día de otoño mi compañero de piso y compañero de carrera me invitó a que fuéramos a ver una mani de la Falange contra la inmigración. En realidad, de una de las cinco o seis Falanges que se presentaban a las elecciones en Madrid y que competían por las siglas y por alcanzar el 1% de los votos. Yo, que en aquel entonces ya militaba en un partido de izquierdas, lo vi un poco raro. Primero porque mi compañero de piso era aún más de izquierdas que yo. Y no sabía muy bien por qué quería verla. Segundo porque era a media tarde en el centro de Madrid, muy cerca de la oficina donde años después trabajaría muchos años, en la Glorieta de Bilbao, y teníamos que desplazarnos de propio desde el sur para ir a verla. Evidentemente, ni compartíamos las ideas, ni nada por el estilo, pero con 19 años queríamos ver la extrema derecha de cerca, en su hábitat, libres, coreando sus mensajes. Servidor, que por aquel entonces había leído ya algunos libros sobre las diferentes extremas derechas, sabía distinguir entre fascistas, neonazis, nacional-populistas, nacional-bolcheviques, nostálgicos y casposos, pero no sabía muy bien qué me iba a encontrar dicha tarde. Total que allí nos fuimos. Sigue leyendo

Los padres del extrarradio con piscina

Julio Embid

En 2016, hace cinco años, publiqué el libro “Hijos del Hormigón. ¿Cómo vivimos en la periferia sur de Madrid?” con la editorial catalana Els Llums. En este libro que escribí durante los años 2013-2014, en plena crisis económica, cuando vivía yo entonces en Carabanchel (Madrid), trataba sobre las personas que viven en los barrios de mayoría de clase trabajadora en la periferia sur de Madrid y sus condiciones de vida. Cuando lo terminé, Joaquín Estefanía (al que se lo agradeceré toda la vida) me escribió el prólogo y mis amigos me dijeron que debía escribir una segunda parte titulada “Hijos del PAU, ¿cómo se vive en las urbanizaciones del extrarradio con piscina y monovolumen?”.  Les dije que para más adelante, que estaba saturado de casas de empeño y casas de apuestas. Ahora pienso que no hace falta porque Jorge Dioni López ha escrito el maravilloso ensayo “La España de las Piscinas” (Arpa Editorial) que ya va por su 4ª edición y ya les digo que es francamente muy bueno. Sigue leyendo

Veinte años

Julio Embid

Tal día como hoy, justo hace veinte años, me hice militante de mi Partido. Rellené una ficha de afiliación en la antigua sede de mi ciudad, derribada poco tiempo después y actualmente reconvertido en una biblioteca y sala de exposiciones de una caja de ahorros. Me hicieron una fotocopia del deneí y puse el número de cuenta para domiciliar la cuota. -Ya estás afiliado, pronto te llegará el carnet a tu casa compañero-. Se preguntarán ustedes como me acuerdo de esta efeméride. Es sencillo, hoy cumplo 38 años y como me dijo mi padre: -Hasta que no seas mayor de edad, yo no te permito hacerte de ningún partido-. Así pues, el mismo mes que dos aviones dirigidos por los secuaces de Bin Laden y el mismo mes que yo me marchaba a Madrid a estudiar, cumplí la mayoría de edad legal y me afilié al Partido.

Quisiera comenzar diciendo que mi Partido me ha dado mucho más de lo que yo le he dado a él y, honestamente, no creo que nunca le haya dado poco. Ya fuera en campañas electorales como aquellas autonómicas de 2003 (las del Tamayazo) donde me harté de repartir publicidad en las bocas del metro de Aluche, Lucero y Campamento y donde aprendimos todos, por las malas, que hasta el rabo todo es toro y que los tránsfugas existen, se compran y se venden. Porque queridos lectores, desafortunadamente, hijos de puta los hay en todos los lugares. Disfruté de las grandes victorias como las de 2007 (cuando molábamos) o grandes derrotas como las de 2011 (cuando dejamos de molar). Aguanté insultos cuando perdimos casi todo el voto de los jóvenes. En ese momento decidimos que los jóvenes debían aprender mejor la lección y por eso renovamos como líder cuatro años más a aquel al que los jóvenes habían rechazado aplastantemente. Vi como poco a poco, un buen número de conocidos que nos habían votado o habían incluso militado en mi Partido, renegaban de él y se marchaban poco a poco a otras latitudes más ultramontanas. Querían tomar el cielo por asalto. Sigue leyendo

Clases de Democracia

Julio Embid

Vamos a empezar por el principio que es bien sencillo. En Cuba ni hay libertad de prensa, ni libertad de asociación, ni elecciones libres, ni el Gobierno va a convocar elecciones que pueda perder, y por tanto y en virtud de cualquier análisis de Ciencia Política, es una dictadura. ¿Era Cuba una dictadura antes de la revolución de Fidel Castro y el Che Guevara de 1959? Claro, con casinos, prostitución y la mafia estadounidense en el poder. ¿Justifica el estado anterior a 1959 lo que hay ahora en Cuba en 2021? Por supuesto que no, y desde el extranjero hay que apoyar una transición hacia la democracia, tanto en materia económica como en materia de derechos humanos. ¿Justifica la ausencia de libertades civiles el bloqueo económico por parte de EEUU, agravado durante el gobierno de D. Trump, que condena a la pobreza a gran parte de la población cubana? Pues tampoco.

Hasta aquí todo lo sencillo. Y desde luego Cuba no es un ejemplo de nada, digan lo que digan los socios minoritarios del Gobierno de España. La broma de lo de “qué buena es la sanidad cubana” está al nivel de la de que “Franco hizo muchos pantanos”. En Cuba además de falta de libertades, hay una situación económica terrible, una pobreza severa, gente huyendo del país a la menor ocasión y una represión policial donde cualquiera te puede delatar. Como en otros países y territorios capitalistas de América Latina y el Caribe como El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Haití o Puerto Rico, donde son decenas de miles los que cada año se tienen que marchar con lo puesto a buscar una vida mejor recogiendo patatas o limpiando casas en los Estados Unidos o en Europa. Sigue leyendo

Lentejas

Julio Embid

Ayer la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso anunció que se creaba la «Oficina del Español» y ponía al frente de la misma al actor y ex militante de Vecinos por Torrelodones, Unión Progreso y Democracia (UPyD) y Ciudadanos Antonio Cantó García del Moral, más conocido como Toni Cantó. En la nota de prensa distribuida tras el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, se afirmaba que la lengua española es un activo cultural, social y económico de 600 millones de habitantes y el objetivo de este nuevo organismo es convertir a Madrid en la capital del español en Europa. No sabíamos que Madrid competía por este título con Londres, Berlín o Roma.

Más allá de la denominación del idioma español o del castellano, donde cada vez veo más diferencias entre los partidos nacionalistas españoles en insistir en lo primero, lo cierto es que la Real Academia Española de la Lengua, dedicada a la regulación lingüística y al fomento de la unidad idiomática del español, tiene su sede en Madrid. No desde ayer, sino desde 1713. Además, en la calle Alcalá 49, dependiente del Gobierno de España, en la sede del antiguo Banco Central, se encuentra el Instituto Cervantes, cuya función es la promoción y enseñanza de la lengua española y la difusión de la cultura de España e Hispanoamérica. Por tanto no parece que en la ciudad de Madrid el idioma español se encuentre en peligro. O que no tenga instituciones propias para defender y difundir el mismo. Sigue leyendo

La Luna será el paraíso, patria de la humanidad

Julio Embid

Esta semana pude terminar la trilogía de ciencia ficción de la Luna de Ian MacDonald compuesta por las novelas: “Luna Nueva”, “Luna de Lobos” y “Luna Ascendente” y la verdad es que están francamente bien. Al nivel de la Trilogía de Marte que escribió Kim Stanley Robinson a comienzos de los 90 del siglo pasado. Del argumento hablaré poco, estamos en el comienzo del siglo XXII en una Luna colonizada por grandes empresas dirigidas por cinco grandes familias enfrentadas entre sí que viven en ciudades subterráneas unidas por trenes magnéticos. No destriparé la trama porque invito al lector a conocerlas. Sin embargo sí querría hablarles de tres aspectos elaborados en esta trilogía futurista: la economía, las relaciones personales y el derecho. Sigue leyendo

Montañas ventosas

Julio Embid

Hoy que se vota en las elecciones madrileñas no les voy a hablar de la Comunidad de Madrid, ni de Ayuso, ni Gabilondo, ni Monasterio ni de ningún otro. Me parece que ya se ha escrito suficiente, ya se ha hablado suficiente y ya se ha insultado por demasía. Espero equivocarme en el vaticinio, pero con unas elecciones en solitario en martes, la abstención será muy elevada y ganarán las derechas cómodamente. Porque en Madrid, los que van a votar, les votan más. La ciudadanía en las urnas tiene siempre la razón y a los cuatro años (o dos si convocan anticipadas) se volverán a repartir cartas. Y ojalá me equivoque.

Hoy les quiero hablar de mi otra tierra, Aragón y concretamente su zona sur, la sierra del Alto Teruel y de las comarcas limítrofes con la Comunitat Valenciana como son el Matarranya, la sierras de Gúdar y de Javalambre y por supuesto, el Maestrazgo turolense, epicentro del carlismo, a mediados del XIX, debido a su aislamiento en comunicaciones y hoy una de mis zonas favoritas para pasear. Yo no vivo allí, que vivo en Zaragoza capital, pero a diferencia de otros que tampoco viven allí, no considero que mi derecho a pasear un fin de semana al año por esa zona sea más importante que el derecho a vivir dignamente de lunes a domingo allí como hacen sus vecinos. Sigue leyendo

Otra ración de calamares

Julio Embid

En una vida anterior, hace ya muchos muchos años, escribí un libro titulado “Hijos del Hormigón. ¿Cómo vivimos en la periferia sur de Madrid? (Publicado por la Editorial La Lluvia en 2016) con prólogo del periodista Joaquín Estefanía. En aquella obra hablaba de la olvidada periferia meridional de la capital del reino y de las personas de clase trabajadora que allí viven. Las condiciones de vida, los ingresos, la esperanza de vida, los servicios públicos y el ocio y el tiempo libre no son iguales en el centro que en las afueras. En poco se parecen Chamberí y Villaverde. En una de las presentaciones de dicho libro, un buen amigo dijo que “A veces el Manzanares es más ancho que el Amazonas” y, a pesar de la carcajada general, no estaba exento de razón. Salud, dinero y amor no son variables independientes entre sí.

Así, iniciamos la campaña con una serie de declaraciones de diferentes políticos de las tres izquierdas madrileñas (nunca libres de caínismo) afirmando que si en Puente de Vallecas o en Usera se votase en igual participación que en los distritos burgueses de Retiro y Salamanca, Ayuso no volvería a ser presidenta. Está muy bien esta afirmación de las personas de clase media-alta que decimos: “La culpa de que la derecha gane en Madrid es de la clase trabajadora, que se queda en casa”. Si en Vallecas, en Entrevías o en Carabanchel va a votar un 20% más de electores… Y si mi abuela tuviera ruedas, sería una bicicleta. Pensar que unas elecciones repetidas un martes va a haber más participación que un domingo con varias elecciones a la vez (municipales, autonómicas y europeas) como fue el 26 de mayo de 2019 resulta irrisorio. La presidenta Isabel Díaz Ayuso era consciente de eso y su jefe de gabinete también. Sigue leyendo

Viejo Orden

Julio Embid

Si yo fuera de extrema derecha estaría encantado con las protestas violentas que ha habido en Barcelona y Madrid con motivo, presuntamente, del encarcelamiento de Pablo Hasél. Si yo fuera accionista de Securitas Direct o de alguna otra empresa de seguridad, también. La ausencia de seguridad hace que sintamos miedo y como dijo un sabio jedi una vez: “el miedo siempre lleva al lado oscuro”. Los antiguos peperos votan a Vox, los de centro se hacen de derechas, y los de izquierdas se hacen de centro. Digan lo que digan los teóricos del marxismo, además del proletariado al que desahucian y no tiene para comer o encender la luz, que existe, y de los capitalistas que viven en mansiones de lujo, que también existen, hay una muy numerosa clase media-alta en Europa, con vivienda pagada en la ciudad y apartamento en la playa o en el pueblo, que veranea todos los años y que lleva a sus hijos al dentista y a las extraescolares y que si se acojona, prefiere voluntariamente renunciar a su libertad para tener más seguridad y los domingos poder salir con la bici.

Esta semana fui al cine a ver “Nuevo Orden”, la nueva película del director mexicano Michel Franco, recién estrenada esta semana en las salas. Y sin entrar en spoilers, podríamos decir que es la versión salvaje, ultraviolenta y brutal de “Parásitos”. Si eres de izquierdas, al acabar la película piensas en la importancia que es pagar impuestos, especialmente los de Sucesiones, Sociedades y Patrimonio y que la clase trabajadora tenga una sanidad universal y unas pensiones dignas para evitar que las guillotinas vuelvan a las plazas. Si eres de derechas, al acabar la película, te compras una ametralladora, dos pistolas del 0.45 y pones doble valla electrificada en tu casa. Securitas Direct patrocina esta película. Desde luego, no te deja indiferente. Sigue leyendo