Un rayo de esperanza para Libia

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La Conferencia internacional de Berlín ayer dio un paso importante para evitar una masacre en Trípoli y reconducir la situación en Libia. Por cierto, si alguien tiene la sensación de que Libia no le concierne, que piense que la distancia entre Madrid y Trípoli es similar a la que hay con Berlín o Londres, por ejemplo. O que tenga en cuenta las inversiones petrolíferas de Repsol en Libia o las nefastas consecuencias de la guerra civil libia sobre Mali, Niger y Mauritania, de donde vienen y por donde pasan todos los inmigrantes africanos que arriesgan sus vidas intentando llegar a nuestro país en pateras. Merkel lo tiene claro. Por eso reunió en Berlín ayer a todos los actores internacionales que cuentan en el conflicto, incluyendo Rusia, Turquía, Emiratos, Egipto, Estados Unidos, Francia, Italia Reino Unido, China, la ONU y la Unión Europea, además de a los líderes de las dos partes en conflicto, El Serraj y Haftar. Ambos aceptaron formar un comité militar con 5 miembros de cada parte y las potencias reunidas, que adoptaron por consenso una declaración de 55 puntos, formarán un comité de supervisión del alto el fuego que se reunirá en Ginebra durante la primera quincena de febrero. Por algo se empieza. Ojalá fructifique. Nos va mucho en ello. A España en concreto, tanto o más que en las guerras de los Balcanes.

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Política exterior europea: ducha de realismo

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El 1 de diciembre echó a andar la nueva Comisión Europea, cuya Presidenta, la ex Ministra de Defensa alemana Ursula Von der Leyen, ha definido como una Comisión geopolítica. Ella misma junto al nuevo Presidente del Consejo Europeo, el ex Primer Ministro belga Charles Michel, y el nuevo Alto Representante para la política exterior y de seguridad, el ex Ministro de exteriores español Josep Borrell, han hecho votos para reforzar la presencia internacional de la Unión Europea, particularmente en nuestro vecindario pero también en Naciones Unidas y en el entramado multilateral internacional en general. Sin embargo, los convulsos acontecimientos de los últimos días han venido a demostrar que no lo van a tener nada fácil. La falta de voluntad política de los Estados Miembros y las deficiencias estructurales de la Unión Europea se pueden mejorar. Pero la creciente tendencia internacional hacia el matonismo, la unilateralidad y el uso de la fuerza militar son ajenas a la Unión, que no puede, no quiere y no debe competir en esos ámbitos. La impotencia de la Unión en Siria es un hecho desde hace años. La esterilidad de sus esfuerzos para mitigar las consecuencias del enfrentamiento Estados Unidos-Irán se hizo patente la semana pasada. Como su impotencia en Libia, todavía más cerca, para la que Turquía y Rusia, que como en Siria y a diferencia de la UE apoyan activamente a algún bando en el conflicto, han acordado un alto el fuego a partir de la pasada medianoche. Las limitaciones en política exterior de la UE no son nuevas. Lo que es novedoso es el vacío que deja la retirada global del Estados Unidos de Trump, que está siendo ocupado por potencias indeseables.

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¿Nueva era?

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Mañana Pedro Sánchez será investido Presidente del primer gobierno de coalición de nuestra democracia. Él mismo y el PSOE en su conjunto habrían preferido poder formar un gobierno monocolor con mayoría absoluta o, en su defecto, una investidura consentida por los partidos más afines, UP y C´s, a izquierda y derecha, con los que gobernar sobre la base de pactos concretos, en todo caso sin depender de partidos, como ERC, que propugnan la independencia de sus territorios, o de Bildu, de tétrico pasado, para que la investidura salga adelante. Pero la repetición de elecciones no le dio al PSOE los escaños adicionales que buscaba. E hizo imposible una potencial alianza alternativa con C´s, más teórica que real porque de no haberse hundido Rivera dificilmente habría cancelado su absurdo “cordón sanitario” a la “banda de Sánchez”. La otra opción, volver a repetir las elecciones, era todavía peor. Para todos, también para los que menos perdieran, por la creciente desafección ciudadana. Serán pocos por tanto los que afronten la nueva legislatura con euforia. Puede fracasar rápidamente y, de no hacerlo, será en todo caso trabajoso forjar alianzas semana a semana – también con C´s y el PP si lo consienten – para ejecutar el ambicioso programa de gobierno acordado. Pero no hay motivo para la preocupación y mucho menos para la escandalera pretendidamente constitucionalista. El Presidente del gobierno lo ha dejado meridianamente claro durante el fin de semana. No hacía falta. Para empezar, el gobierno no tiene poder para actuar violando la Constitución o ignorándola y el activismo “constitucionalista” del que han dado repetidas muestras nuestros jueces deberían ser suficiente garantía para los temerosos. Pero todavía más importante, el PSOE es el único partido que ha estado desde el principio a favor de la concordia constitucional, apoyando a los gobiernos de UCD y luego del PP cuando hizo falta, frente a los golpistas del 23-F, contra ETA y contra la declaración ilegal de independencia catalana. Siempre. Ojalá pudiera el PP lucir los mismos galones. Así que adelante con determinación y mucha concentración porque el verdadero peligro es que no sepamos hacerlo bien.

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Imperio de la ley no solo cuando nos conviene

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Lo de que la ley es igual para todos y que nadie está por encima de la ley es una conquista de la Revolución francesa que puso fin a que los poderosos y los ricos pudieran solventar sus conflictos legales recurriendo a su dinero e influencias frente a los que no disponían de tales medios. Más modernamente hemos acuñado el concepto del Estado de Derecho como base indispensable de la democracia: cuando cabe pronunciarse libremente sobre quién debe gobernar, no cabe echarse al monte por más legítima que pueda ser la causa que se abandere. Se lo hemos echado en cara a los indepes. Con toda razón. También la derecha que ha preferido defender la causa de la democracia a la del nacionalismo español, que profesa. Hasta ahora han coincidido ambas porque el sujeto de la soberanía democrática española es el pueblo español en su conjunto y la independencia de Cataluña, o de cualquier otra parte de España, solo puede ser acordada por el Parlamento nacional, con arreglo a lo dispuesto a la Constitución. Guste o no guste. Es la ley aprobada en referéndum por la ciudadanía de todo el Estado, también la catalana. Pero podrían dejar de coincidir a partir de este jueves, cuando se pronuncie el Tribunal de Justicia de la UE sobre las demandas de Junqueras, Puigdemont y Comín para que se les reconozca la inmunidad jurídica que les corresponde por haber sido elegidos eurodiputados en las elecciones del pasado junio. Si el Tribunal sigue el criterio legal avanzado por el Abogado General de la UE, España deberá, en buena ley, excarcelar a los tres. Pertenecer a la Unión Europea implica aceptar la primacía del derecho europeo, incluida la última palabra, por encima incluso del Tribunal Constitucional o el Tribunal Supremo, en todo lo referido al derecho europeo, incluido quién ha adquirido y quién no la condición de europarlamentario. ¿Seguirá la derecha española defendiendo el imperio de la ley por encima de todas las cosas si la Unión Europea nos obliga a excarcelar a los líderes indepes o, como parece más probable, dejar en manos del Parlamento Europeo su inmunidad? Esperemos que su compromiso con la democracia sea tan firme como tienen a gala.

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La nueva Unión Europea

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La nueva Unión Europea echó a andar la semana pasada con la toma de posesión de la nueva Comisión presidida por la cristiano-demócrata alemana, Ursula Von der Leyen, y del nuevo presidente del Consejo Europeo, el ex Primer Ministro liberal belga Charles Michel, que se sumaron así al recientemente nombrado presidente del Parlamente Europeo, el social-demócrata italiano David Sassoli. Los retos que la Unión deberá afrontar durante los próximos cinco años son enormes y no son pocos los que temen que no consiga superarlos y caiga en la irrelevancia, llegando incluso a desintegrarse. Pero los objetivos que se ha planteado la nueva Comisión, el brazo ejecutivo de la Unión, están a la altura de los desafíos. En resumen, llevar a cabo una transición radical del modelo de economía social y de mercado europea para adecuarlo a la amenaza del cambio climático y la transformación digital teniendo más en cuenta las necesidades de la ciudadanía y protegiendo la calidad de nuestras democracias. No será fácil pero no será por falta de voluntad política en Bruselas. Y convendría apoyar desde las diferentes capitales, Madrid incluida, porque el reloj corre, inexorablemente, en nuestra contra.

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La OTAN y Europa en la encrucijada

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Hoy llega el Presidente Trump a Reino Unido y mañana cenará con el resto de líderes de la OTAN, con los que se reunirá oficialmente también al día siguiente para conmemorar el 70 aniversario de la alianza que ha mantenido la paz en Europa desde la segunda Guerra Mundial. Y sin embargo, en Londres cunde el pánico. En el resto de capitales europeas también porque también acudirá el Sultán turco Erdogan. El que más miedo debería tener es Boris Johnson ante el riesgo de que Trump decida apoyarle explícitamente interfiriendo en la campaña electoral en curso – elecciones el 12 – que lidera con cierto margen. Nada le vendría mejor al Partido Laborista. Los demás europeos tienen asumida otra bronca de Trump por no gastar en defensa pero temen que pueda llevarla demasiado lejos y amagar con la retirada de EE.UU. de la OTAN. Por eso han aceptado sin rechistar hace pocos días una rebaja de la contribución norteamericana a los gastos generales de la organización, en realidad más simbólica que otra cosa. Pero el frente turco también amenaza, no tanto por la invasión del noreste de Siria o la compra del sistema de defensa antiaéreo ruso S400 como por la creciente agresividad contra Chipre y Grecia, incluidas las prospecciones gasísticas en aguas chipriotas, que la Unión Europea ya ha condenado, sin resultados prácticos.

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Preferencia clara

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Los militantes del PSOE lo dejaron claro el sábado: el 92% – más de 100.000 votos, me rió yo de la democracia interna de Podemos o Ciudadanos – apoyó el acuerdo de gobierno con Podemos. La vieja guardia encabezada por Felipe, Guerra y Rodríguez Ibarra, dirá lo que quiera pero la inmensa mayoría de los socialistas españoles prefiere una coalición con Unidas Podemos antes que una gran coalición con el PP. Está por ver que la coalición de gobierno de izquierdas sea factible pero eso es otro cantar. La preferencia es clara en línea con lo que señalaban las encuestas, también antes de la repetición de las elecciones: gobierno de izquierdas dentro de los diez puntos ya acordados con Podemos, incluido el del diálogo abierto sobre Cataluña dentro de los límites que fija la Constitución. Ahí está el quid de la cuestión porque es previsible que la mayoría de los nueve mil y pico militantes de ERC refrenden hoy mismo la condición de “establecer una mesa de negociación para abordar el conflicto político con el Estado” para no oponerse a la investidura. ¿Aceptará la dirección de ERC un foro de diálogo suficientemente ambiguo cuya constitución no suponga per se una concesión respecto a la auto-determinación? En todo caso, la mayoría del PSOE está por la labor de afrontar el riesgo.

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Desasosiego

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En ocasiones me atrevo a hacer predicciones y alguna vez incluso acierto. Ahora mismo, en cambio, me siento incapaz. Me explico. No tengo nada claro que el acuerdo PSOE-Podemos pueda salir adelante al ser indispensable la abstención de ERC o Ciudadanos, la segunda todavía más difícil que la primera. Y no tengo nada claro que sea posible un gobierno del PSOE en minoría investido con la abstención del PP, que sería la segunda opción para evitar unas terceras elecciones, cuyo resultado potencial también me sentiría incapaz de vaticinar. Tampoco tengo ni idea de si mañana martes Cháves, Griñán y Zarrías serán condenados o no por malversación y/o prevaricación en el famoso juicio de los EREs y hasta qué punto una eventual condena dificultaría aún más la formación de un gobierno liderado por el PSOE, que por otro lado ya asumió las responsabilidades políticas derivadas del caso con la dimisión de los imputados. Finalmente, soy incapaz de prever cómo evolucionará la situación procesal de Puigdemont y Junqueras después de la Opinión del Abogado General del Tribunal de la Unión Europea la semana pasada interpretando que tienen la condición de euro-diputados y por tanto gozan de inmunidad judicial salvo que la euro-Cámara otorgue los correspondientes suplicatorios. No se si el Tribunal seguirá dicho criterio ni cuándo emitirá sentencia pero está claro que la justicia belga no dará curso a la euro-orden de detención hasta que lo haga. Y me preocupa enormemente el descrédito de nuestra democracia si la justicia europea contradice el criterio de España y, sobre todo, la perspectiva de la vuelta a España de un Puigdemont crecido e intocable por la Justicia, también por lo que pueda elevar el coste de la abstención de ERC.

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Perdimos todos

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Porque el único partido que ganó claramente ayer fue VOX, lo cual es una desgracia para la convivencia y también para nuestra imagen internacional como país moderno, abierto y tolerante, que no es poca cosa teniendo en cuenta la importancia del turismo en nuestro PIB. Unos perdieron más que otros, evidentemente, empezando con Ciudadanos que dificilmente se recuperará. PSOE y Podemos perdieron unos pocos escaños cada uno dejando en tablas su duelo particular sobre la responsabilidad particular de cada uno en la no formación de gobierno tras las elecciones de abril. Más País se quedó en mero conato de alternativa a Podemos con la que el PSOE pudiera pactar. Y el PP subió, bastante desde su hiper mínimo histórico de abril, pero no superó al PSOE, no llegó a los tres dígitos y quedó por detrás de VOX en algunas provincias. La frialdad de la militancia congregada en Génova escuchando el vacuo discurso de Casado lo dijo todo. En Ferraz Sánchez compitió en no decir nada pero la militancia en cambio estuvo mucho más activa reclamando “con Iglesias si”. Visto lo cual, solo caben dos opciones: una gran coalición PSOE+PP descartada por ambos y por la inmensa mayoría de sus votantes o una coalición de izquierdas liderada por el PSOE, investida por Podemos, PNV, Más País, CC, PRC y quizás algún otro, con la anuencia de la abstención de ERC, Bildu y CUP si fuera necesario, que no lo parece. La coalición “Frankestein” dice la derecha. Lo tienen fácil para evitarla: abstención del PP. En caso contrario, que callen.

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Certezas pre electorales

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Estamos en pleno sprint final. Todo puede cambiar y al mismo tiempo, probablemente cambien pocas cosas. El PSOE volverá a ganar, pero será una victoria bastante más corta de lo que pretendía. El PP subirá, pero bastante menos de lo que esperaba. Podemos resistirá, pero con pérdidas. Vox subirá, pero está por ver que consiga quedar tercero. Ciudadanos perderá mucho, pero quizás no se hunda del todo. Y Más País entrará en el Congreso. pero seguramente de forma muy modesta. Todas estas variables influyen en el resto y la matemática es impredecible. Excepto para lo importante. Que son dos cosas. España seguirá dividida en votos en dos mitades prácticamente iguales y Pedro Sánchez será investido Presidente del Gobierno, casi seguro en segunda vuelta por mayoría simple. La única incógnita es si Podemos entrará en el Gobierno y si Esquerra conseguirá contrapartidas. Depende del PP y en menor medida de Ciudadanos.

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