Es la correlación de fuerzas, estúpidos

Pedro Luna Antúnez

La entrevista que hace una semana le hizo Gonzo a Pablo Iglesias en La Sexta ha generado varios debates y alguna que otra polémica. Sus declaraciones sobre el exilio de Carles Puigdemont comparándolo con el de los republicanos españoles en 1939 ha suscitado los últimos días un terremoto mediático y de opiniones en la prensa y en las siempre hiperventiladas redes sociales. Creo que Iglesias se equivocó, no por afirmar que Puigdemont es un exiliado por motivos políticos sino por considerar que su caso es equiparable al exilio sufrido por Antonio Machado, Manuel Azaña, Lluís Companys y al de miles de republicanos que cruzaron a pie la frontera con Francia huyendo del avance de las tropas franquistas. Es un error político e histórico. Pero el objetivo de este artículo no es hablar sobre la controversia de los exiliados, entre otras cosas porque Carlos Hidalgo ya escribió un texto sobre la cuestión en esta misma página. No, mi pretensión es centrarme en una parte del discurso de Iglesias que no ha motivado tantos desacuerdos pero que bien merecen cierta refutación. Porque no es la primera vez que Iglesias utiliza la muletilla de la correlación de fuerzas para exonerar a Unidas Podemos de una parte de la gestión del gobierno central. Sigue leyendo

¿Delenda est Monarchia?

Pedro Luna Antúnez

Realicemos un somero repaso a un periodo de la atribulada historia de nuestro país. La primera restauración borbónica desembocó en una dictadura: la de Miguel Primo de Rivera entre 1923 y 1930. En enero de 1930 el rey Alfonso XIII, acuciado por el creciente malestar social en las calles y temeroso de que el desprestigio de las instituciones alcanzara a la Corona, puso fin a una dictadura que él mismo había promovido años antes. Para restablecer cierto orden constitucional el Borbón propuso al general Berenguer la formación de un gobierno de concentración. O lo que es lo mismo: se pasó de una dictadura de corte clásico a una dictablanda. El objetivo no era otro que el de salvar la monarquía.

Noventa años después podríamos decir que vivimos los días postrimeros de la segunda restauración borbónica. O no. En este ciclo político y social que se inició hace diez años con la eclosión del movimiento 15M hemos asistido al surgimiento de nuevos partidos políticos, a la crisis del debate territorial en Catalunya y al desgaste de la propia monarquía entre la abdicación y posterior huida del país del llamado rey emérito. Una década en la que se ha quebrantado el pacto social y constitucional de 1978 y en la que el propio sistema se ha movido entre la agonía y la recomposición. Porque como ocurrió en los primeros meses de 1930, ya se vislumbran en perspectiva maniobras para mantener a flote la monarquía. La diferencia entre aquella etapa histórica y la actual quizás estribe en el papel de la izquierda. Y me explicaré. Sigue leyendo

Michael Fagan

Pedro Luna Antúnez

Reino Unido, junio de 1982. Las políticas privatizadoras y de reconversiones industriales de Margaret Thatcher han sumido al país en un desierto laboral con más de tres millones y medio de desempleados, el 14% de la población activa. La guerra de las Malvinas se ha saldado con la victoria de los británicos después de la rendición del mando militar argentino el 14 de junio. El triunfo en el campo de batalla supone un bálsamo para el gobierno de Thatcher y los índices de popularidad de la Dama de Hierro se sitúan en lo más alto. Gracias a la guerra Margaret Thatcher vuelve a ganar las elecciones el año siguiente obteniendo el 42% de los votos. Una guerra que sirvió para lavar la cara de una gobernante que, tras llegar al poder en 1979, había resistido en el 10 de Downing Street a pesar de su impopularidad y de asistir a las mayores huelgas que vieron Gran Bretaña en su historia reciente. La inflación galopante de la economía británica unida al masivo desempleo provocado por el cierre de empresas, especialmente de la industria pesada del norte de Inglaterra, habían dejado una economía maltrecha y una clase obrera al borde del abismo. Incluso los todopoderosos sindicatos mineros sucumbirían al azote neoliberal de la primera ministra. Nunca los trabajadores británicos se sintieron tan solos y desamparados. Sigue leyendo

Adama Traoré, Ansu Fati y el fútbol como refugio

Pedro Luna Antúnez

Hace unos años en los Bloques de La Florida de l’Hospitalet había una pista de fútbol sala en la que jugaban los chavales del barrio al salir del colegio. Para ellos el barrio se limitaba a esos bloques que se construyeron en la década de los 50 para realojar a la familias de etnia gitana que vivían en las barracas de la playa barcelonesa del Somorrostro, una barriada que llegó a albergar a más de 15.000 personas en 2.400 chabolas y que, por ejemplo, vio nacer a la legendaria bailaora Carmen Amaya. En los años 60 y 70 el barrio creció más allá de los Bloques con la llegada de la emigración andaluza y de otros rincones de la geografía española.

Pero en los Bloques ya existía ese sentimiento de pertenencia por el cual “ser del barrio” era ser de los Bloques. Un sentimiento que se ha mantenido inalterable hasta la actualidad en una zona castigada por la pobreza, el paro estructural, la infravivienda y los desahucios. Hoy los Bloques de La Florida son mucho más diversos y multiculturales que los de hace 60 años. En ellos conviven las familias gitanas que llegaron en los 50 con las oleadas migratorias del sur de España y las más recientes procedentes del norte de África, de Centroamérica, del sur de Asia o del este de Europa. Según las estadísticas, los barrios del norte de l’Hospitalet, especialmente ese núcleo urbano formado por La Florida, Torrassa y Collblanc, es el área con más densidad de población de Europa. Sigue leyendo

Saint-Gobain, Bosch y el casino más grande de Europa

Pedro Luna Antúnez

Apenas hay unos ocho kilómetros entre el municipio tarraconense de l’Arboç y el núcleo de Sant Marçal del termino municipal de Castellet i la Gornal, anclado en la provincia de Barcelona. Ambos municipios, el primero perteneciente a la comarca del Baix Penedès y el segundo a la del Alt Penedès, han sido noticia los últimos días por sendos conflictos laborales que afectan a empresas radicadas en la zona desde la década de los setenta y que, más de cuarenta años después, protagonizan un nuevo episodio en el proceso de desindustrialización de Catalunya. Y como ya sucedió en el conflicto de Nissan, no sólo están en peligro los puestos de trabajo directos sino también los indirectos de las empresas auxiliares. Según fuentes sindicales, entre Saint-Gobain, la empresa ubicada en l’Arboç dedicada a la producción de vidrio para el sector del automóvil, y la planta de Bosch de Castellet i la Gornal, especializada en motores de los limpiaparabrisas, podrían perderse más de un millar de empleos.

La multinacional francesa Saint-Gobain llegó a l’Arboç en 1973 con el nombre de Cristalería Española, para pasar a llamarse Saint-Gobain Cristalería en 2000. Con el tiempo la empresa se dividiría en dos, la división Glass, centrada en la producción de vidrio para la construcción, y Sekurit, más orientada hacia el vidrio para la automoción. Actualmente tanto Glass como Sekurit de dedican exclusivamente al vidrio para la industria del automóvil. Glass produce el vidrio plano que Sekurit procesa como producto final. Sin embargo hace unas tres semanas, Saint-Gobain anunció al comité de empresa su intención de cerrar la división Glass, lo que dejaría en la calle a 122 trabajadores. La reacción sindical fue la de iniciar una huelga indefinida a partir del 6 de septiembre. Dos días después la dirección de la empresa registró el ERE para despedir a la totalidad de la plantilla. Desde el inicio de la huelga los trabajadores de la división Glass de Saint-Gobain no han parado de luchar por sus puestos de trabajo; manifestándose a las puertas del Parlament de Catalunya, realizando cortes de carretera en la Nacional 340, bloqueando la salida de material del almacén logístico que la empresa posee en el polígono industrial de Bellvei a unos cinco kilómetros de l’Arboç y emplazando a las diferentes administraciones a posicionarse a favor de la continuidad de la actividad laboral de Saint-Gobain Glass. Sigue leyendo

Fuera fascistas de nuestras fábricas

Pedro Luna Antúnez

“El genio ya no está en la botella” declaró Simon Kaupert, secretario de comunicación del sindicato de extrema derecha Zentrum Automobil. Nos hallamos en mayo de 2018 y en Alemania se celebran elecciones sindicales para elegir la composición de más de 28.000 comités de empresa en todo el país. Zentrum Automobil, sindicato fundado en 2009 como el brazo sindical del partido neonazi Alternativa para Alemania (AfD), ha conseguido representación en siete comités de empresas del sector de la automoción como BMW, Porsche, Opel, Siemens o Daimler Mercedes-Benz, con más del 10% de los votos en algunas de esas empresas. En la planta de Daimler en Stuttgart Zentrum Automobil consiguió seis delegados en el comité de empresa siendo uno de los centros de trabajo con mayor presencia sindical de la extrema derecha. Oliver Hilburger es uno de los delegados derechistas en Daimler. Conocido en Alemania por haber sido activista de la extrema derecha y guitarrista del grupo musical neonazi Noie Werte, fue uno de los fundadores de Zentrum Automobil y es hoy uno de los dirigentes más visibles del sindicato. Sigue leyendo

Nissan y las banderas de nuestros padres

Pedro Luna Antúnez

Eran otros tiempos. Fue a principios de junio de 1976 cuando Maruja Ruiz, natural del pueblo granadino de Guadix, propuso ocupar la iglesia de Sant Andreu del Palomar de Barcelona y encerrarse en ella en solidaridad con la huelga de los trabajadores de Motor Ibérica que, desde abril, mantenían un pulso con la dirección de la empresa en plena negociación del convenio provincial del Metal. Los trabajadores no sólo reclamaban mejoras salariales, en concreto un aumento lineal de 4.000 pesetas, sino la readmisión de 18 compañeros despedidos en 1974 y la retirada de los 200 expedientes abiertos tras el conflicto laboral de aquel mismo año. Ante el recrudecimiento de la huelga, Maruja, esposa de un obrero en huelga de Motor Ibérica, acabó liderando el encierro en la parroquia barcelonesa de 300 esposas de trabajadores, encierro que acabó 28 días después con el asalto de la policía nacional. La huelga de Motor Ibérica duraría otros 96 días siendo una de las huelgas más largas de aquellos años conjuntamente con la de la fábrica siderúrgica Laforsa de Cornellà del Llobregat, que duró 100 días entre 1975 y 1976. Sigue leyendo

Los otros Cayetanos

Pedro Luna Antúnez

El pasado domingo y ante el aluvión de reflexiones e imágenes sobre las protestas de los Cayetanos del barrio de Salamanca decidí matar la tarde investigando sobre ese nombre tan asociado a la aristocracia más rancia y derechosa. Un nombre que por pura inercia nos remite a cortijos rodeados de inmensas ganaderías, a chalés en La Moraleja y a final de fiesta desfasado de la campaña electoral de VOX en una discoteca pijorra mientras suena el himno de España en versión chumba chumba. Obviamente hay mucho de imaginario colectivo y de tirar de tópicos. Pero de manera sorprendente éstos suelen cumplirse en la realidad. Y se trata de una realidad mucho más tozuda que nuestra imaginación.

Pero volvamos a esas investigaciones entre el lento y agónico discurrir de una tarde de domingo. Quizás movido por un ideal de justicia poética decidí buscar en la historia otros Cayetanos, que a diferencia de los Cayetanos conocidos, hubiesen dedicado e incluso sacrificado su vida a los ideales de la igualdad y la justicia social. Hallé algunos ejemplos de vidas dignas de recordar. De otros Cayetanos que no se caracterizaron precisamente por una filosofía de vida de la opulencia y el capricho. Vaya este escrito como un modesto homenaje hacia ellos. Sigue leyendo

La teoría de la cebolla

Pedro Luna Antúnez

Hace unos días pensaba a modo de reflexión que ni siquiera una pandemía mundial iba a cambiar que nuestras críticas dependieran de nuestros prejuicios: políticos y personales. Desde que comenzó el confinamiento para combatir la expansión del Covid-19 hemos analizado la gestión de las administraciones, y muy especialmente la del gobierno, desde diferentes perspectivas. Del día a la noche nos hemos convertido en expertos en epidemiología y en economía moderna. Luego, quienes vivimos en Catalunya hemos asistido a una guerra dialéctica cruzada entre partidarios de una o de la otra administración hasta el punto de contar cada una de las partes con su epidemiólogo estrella. Quién nos iba a decir que acabaríamos en una suerte de forofismo deportivo vitoreando o censurando, según nuestra adscripción política, a un médico especializado en epidemias. Sigue leyendo

Reflexiones (a sangre fría) sobre el plan de choque social

Pedro Luna Antúnez

  1. Internet y las redes sociales en particular son lugares proclives para opinar en caliente y de manera impulsiva (yo tampoco me libro de ello). He leído en los dos últimos días opiniones diametralmente opuestas y otras muy a favor de las medidas aprobadas por el gobierno. Si algo no ha cambiado la pandemia es nuestra defensa ciega y sin el menor atisbo de autocrítica cuando se trata de juzgar a los nuestros, de igual manera que en el otro lado de la balanza hay quienes atacarán por sistema al adversario político independientemente de lo que haga. Es el viejo virus del sectarismo del que no parece que tengamos vacuna. En cualquier caso, éstas son mis valoraciones a sangre fría:
  2. Es verdad que se aprueban medidas sociales como la moratoria de hipotecas y que no se corten suministros básicos de agua y energía para los colectivos más vulnerables afectados por la crisis derivada de la pandemia. Asimismo, se creará un fondo de 600 millones de euros para reforzar los servicios sociales en su atención a la población sin hogar así como a la atención a personas mayores y dependientes
  3. Yo puedo entender que se apruebe una línea de avales pública para garantizar la liquidez de las pequeñas y medianas empresas. Dejar en la estacada a PYMES y autónomos sería muy contraproducente para el tejido económico y el empleo. Pero en el decreto veo poca intervención estatal en el gran sector privado ¿Las multinacionales, las grandes empresas de sectores estratégicos y la Banca con beneficios de miles de millones cuándo arrimaran el hombro?
  4. Que el plan de choque no contemple una moratoria de los alquileres me parece muy preocupante. Las consecuencias para miles de familias vulnerables pueden ser terribles. Ésta es posiblemente una de las grandes lagunas del plan de choque. No en vano, la población más precaria laboralmente vive en su mayoría de alquiler por falta de recursos económicos para acceder a una vivienda de propiedad. Recordemos que en Francia se ha aprobado la suspensión del pago de los alquileres y en Italia se destinarán ayudas para afrontar tal gasto.
  5. Cierto es que el Estado está para proteger a los más necesitados en estas situaciones. Pero no sólo el Estado debería de asumir la carga económica sino que habría que intervenir el capital privado que en su día se benefició de las ayudas públicas empezando por la devolución del rescate bancario. ¿Es aceptable un mayor endeudamiento de las arcas públicas cuando la Banca aún debe 60.000 millones de euros a la caja común?
  6. Quizás toda la atención que estamos prestando a los ERTES en las grandes empresas nos está haciendo olvidar la verdadera sangría en forma de despidos que están sufriendo miles de trabajadores y trabajadoras de los sectores del comercio y la hostelería. Obviamente un ERTE no es una situación ideal. En mi caso, que estoy afectado por un ERTE, cobraré un 80% de mi nivel salarial tras haberse negociado un complemento pagado por la empresa. Como es evidente se trata de una extinción temporal de empleo con el reingreso a la vuelta de la esquina y con el mantenimiento de las mismas condiciones laborales anteriores al cese. Se podría debatir si en este contexto la administración pública debe de autorizar a empresas con ingentes beneficios la presentación de estos expedientes. Pero socialmente dista mucho esta situación con el gran desamparo en el que se encuentran la clase trabajadora más precaria e invisibilizada, especialmente jóvenes, mujeres e inmigrantes.

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