Depre confusa

LBNL

Supongo que es normal sentirse aturdido pero es un gran fastidio. Comparado con los 900 muertos de hace muy poco, los casi menos de 300 de estos días son una gran noticia pero siguen siendo muchísimos. Comparado con uno de los regímenes de confinamiento más severos del mundo, el anuncio de que vamos a empezar a desescalar es una gran noticia. Pero no hay ninguna garantía de que no vayamos a tener que dar marcha atrás. Las noticias desde Bruselas son muy positivas – ayudas multimillonarias para financiar el seguro de desempleo, la liquidez de las empresas, al turismo… – pero solo van a paliar parcialmente la magnitud del desastre económico que la pandemia ha ocasionado. Y va y se muere el bueno de Michael Robinson, que para muchos era casi como de la familia. Ya podía haber escogido otro momento el pobre para evitar darnos la puntilla cuando apenas estamos superando la muerte de Calleja. Saldremos de esta, seguro, pero magullados seriamente. Es evidente. Aunque quizás no tanto, quién lo sabe… Este es uno de los aspectos más complejos de la situación: nadie tiene ni pajolera idea de cómo será el futuro, ni siquiera a corto plazo. Lo cual, al menos para mí, es una fuente importante de ansiedad. Prefiero tener al menos una idea fiable de a lo que me voy a tener que enfrentar. Y leo, veo, hablo y chateo sin cesar y me recojo todavía más confuso que antes. Sigue leyendo

Por fin domingo de niños

Senyor_g

Pues antes de ayer, domingo, fue el día de en el que pudieron salir una hora a pasear los niños como el mío. Mulligan dirá que no, pero en casa tenemos claro que la entrevista al Senyoret_U aquí en Debate Callejero fue la espita que movió la bola que dio a la rueda que lanzó al gobierno a buscar alguna mejora en la situación de los niños en este confinamiento agravado para ellos, que ni siquiera podían hacer algún pequeño recado, o acompañarnos para comprar el pan o tirar la basura. Por medio, una semana con dudas en la decisión final y la propuesta llevada a cabo. Primero el gobierno y el presidente con una primera aproximación ilusionante, luego la portavoz Montero parece que aportando tu reinterpretación para finalmente un acuerdo de una hora de paseo de un máximo de 3 niños con un adulto en un radio de un kilómetro. Ya dije que a mí lo que proponía Montero de salir a hacer recados ya me daba aire, la verdad, pero mucho mejor la propuesta final. Sigue leyendo

Sant Jordi en confinamiento: nos quedó leer y escribir

Juanjo Cáceres

Ayer fue un 23 de abril atípico. Las calles no se llenaron de paradas de libros, de gente diversa que te ofrecía rosas en cada esquina. Y lo afirmo con pesar, así como con la esperanza de que el próximo 23 de abril, el de 2021, se celebre con total normalidad. Dentro de esa anormalidad, pudimos hacer cosas atípicas (intentar obtener algún libro a través de comercio electrónico, disfrutar de Sant Jordi a través de las redes sociales, asistir a la lectura en video de toda clase de obras…) o típicamente individuales, como leer y escribir. Escribir sin ánimo de trascendencia, ya que la solemnidad de la realidad y su tamiz trágico, nos aflige. Sigue leyendo

El periodista ejemplar

Miguel Sebastián

José Mari Calleja era una persona excepcional. Amigo de sus amigos, enemigo de sus enemigos, siempre daba la cara e iba de frente. Nunca nadie recibió una puñalada suya por la espalda, aunque no rehuía el enfrentamiento con quienes se le enfrentaban. Y se desvivía por sus amigos, que eran muchos, siempre los mantuvo, y a los que contagiaba su vitalidad y su sentido del humor. Era difícil no sentirse bien a su lado. Me siento un privilegiado por haber sido su amigo desde hace más de veinte años. Nunca dejó de apoyarme, ni en los momentos más difíciles, de esos que todos tenemos en la vida. Aprendí mucho de él, de sus valores, de su valentía, de su nobleza. Pero hoy quiero recordar al periodista. El periodista ejemplar. Ejemplar porque nunca se vendía a nadie. Decía lo pensaba, aunque fuera a contracorriente. Eso le causó problemas, sobre todo con ETA, en su época del País Vasco. Pero antes los había tenido con la dictadura franquista y, después, con muchos de los llamados “poderosos”, grupos mediáticos y grandes empresas. Le daba igual. Periodista ejemplar también con la información confidencial que recibía. Jamás la revelaba. Para Zapatero, cuando decidió iniciar el proceso de paz, era muy importante contar con su opinión y le reveló su voluntad de comenzar ese proceso tan difícil y espinoso. Pero Calleja jamás presumió de esa consulta ni contó toda esa información delicada que había recibido de primera mano. ¿Cuántos periodistas hubieron hecho lo mismo? Le dijo a Zapatero que le iba a apoyar porque creía en su voluntad decidida de acabar con la banda terrorista. Y jamás le traicionó, pese a la brutal campaña contra el entonces Presidente de muchos de los que habían combatido contra ETA, pero que no entendieron o no quisieron entender que había llegado el momento para dar ese salto, que luego resultó ser definitivo, para terminar con ETA. Periodista ejemplar porque hablaba claro. La gente le admiraba porque le entendía. Te podría gustar más o menos lo que decía, pero no te engañaba ni te liaba con eufemismos. Gran comunicador, conseguía convertir en ameno hasta los temas más complejos. Periodista ejemplar porque, viviendo del análisis político como muchos otros en su profesión, jamás despreció a “los políticos” y la “clase política” en su conjunto. Era un demócrata consecuente. Como buen Tauro, era cabezota. Pero eso no le hacía desagradable, sino más entrañable si cabe. Gracias a él se creó este blog, Debate Callejero, que ahora llevará para siempre su nombre, en homenaje al periodista ejemplar.

Resurrección

Julio Embid
La pandemia del Covid-19 ha pillado a las religiones en su peor momento. No me refiero exclusivamente al Cristianismo a cuyos creyentes ha obligado a pasar su celebración principal, la Semana Santa, en confinamiento en casa sin realizar sus ritos que celebran la muerte y resurrección de su fundador. Sino a que en el año 2020, por primera vez en la historia de la Humanidad, una pandemia no se resuelve con un movimiento milenarista ni con rezos masivos en los templos. Está demostrado por investigadores científicos que las misas masivas y novenas realizadas durante la epidemia de la llamada gripe española en 1918, favorecieron el contagio y la mortalidad en aquellas ciudades donde se realizaron. Hoy ni la minoría más religiosa ha pretendido realizar las procesiones de Semana Santa en la calle por miedo al contagio y porque en el fondo, no creen que sea bueno para ellos. El pasado Viernes Santo la Policía Nacional interrumpió una celebración religiosa en la Catedral de Granada dirigida por el propio Arzobispo y la misa no llegó a concluirse. Este hecho hubiera sido completamente impensable, policías deteniendo a un arzobispo de una catedral, hace unas pocas décadas.

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La teoría de la cebolla

Pedro Luna Antúnez

Hace unos días pensaba a modo de reflexión que ni siquiera una pandemía mundial iba a cambiar que nuestras críticas dependieran de nuestros prejuicios: políticos y personales. Desde que comenzó el confinamiento para combatir la expansión del Covid-19 hemos analizado la gestión de las administraciones, y muy especialmente la del gobierno, desde diferentes perspectivas. Del día a la noche nos hemos convertido en expertos en epidemiología y en economía moderna. Luego, quienes vivimos en Catalunya hemos asistido a una guerra dialéctica cruzada entre partidarios de una o de la otra administración hasta el punto de contar cada una de las partes con su epidemiólogo estrella. Quién nos iba a decir que acabaríamos en una suerte de forofismo deportivo vitoreando o censurando, según nuestra adscripción política, a un médico especializado en epidemias. Sigue leyendo

El veneno de las redes

Carlos Hidalgo

Estos días aumenta la relación de amor-odio con nuestros teléfonos y ordenadores. Son la ventana para comunicarnos con el mundo fuera de nuestras casas. Nuestros familiares, seres queridos, amigos y conocidos están ahí, al otro lado de las pantallas. El aluvión de llamadas, videollamadas, mensajes instantáneos y publicaciones en muros diversos, se nos hacen necesarios y nos dan hartazgo a la vez. Pero también se nos está saturando con alarmismo, mentiras y odio. En un momento en el que dependemos muchísimo de recibir información del exterior, uno no sabe bien qué es lo que llega y a qué atenerse. Y esto con la información de fuentes fiables para empezar. Sigue leyendo

Coronavirus: la voz de un niño

Senyor_G

Tú eres el Senyoret U, ¿cuántos años tienes?

Nueve.

¿A qué curso vas?

Cuarto. Haré los diez el once de agosto.

¿Dónde vives?

En Sants.

¿Sants qué es? ¿Un pueblo? ¿Una ciudad? ¿…?

Es… un barrio de Barcelona.

¿Es grande o es pequeño?

Bueno, está bien.

Hay mucha gente por aquí. Vive gente enfrente, vive gente arriba nuestro.

Sí [sonrisas], por la calle no.

No es un pueblecito. ¿Y usted y yo de qué nos conocemos?

Porque yo soy tu hijo y tú eres mi padre.

¿Qué está pasando estos días?

Pues que ha venido un virus nuevo. Que aún no saben de dónde ha venido ni qué ni cómo. Tienen sospechas y está contagiando a mucha gente. Mucha gente se está muriendo y por eso han dicho que nos tenemos que quedar en casa.

¿Y porque nos obligan a estar encerrados?

Pues porque si hay mucha gente por la calle, si uno tiene el coronavirus podría contagiar a mucha gente. Y entonces si estamos en casa es mucho más difícil que se contagie. Y así se contagie por toda la gente y sea el fin del mundo. Sigue leyendo

Homenaje al higienismo sanitario

Juanjo Cáceres

La toma de conciencia de la importancia de las medidas higiénicas en la prevención de enfermedades transmisibles ha sido una de las claves fundamentales en el descenso en la mortalidad causada por las mismas. Es importante recordarlo en estos tiempos en que se nos insiste en la importancia de lavarnos constantemente las manos para intentar no ser transmisores del covid19 y para intentar evitar enfermar por causa del mismo. Sigue leyendo

Juzgar apresuradamente en una Cataluña enfrentada.

Senyor_G

Hay mucha gente en las redes sociales haciendo notar lo cívicos que somos por quedarnos en casa, nos vanagloriamos de hacer lo que debemos y de dar las palmas adecuadas. Tanto en Twitter, como Facebook e incluso en grupos y estados de WhatsApp. Hasta ahí todo correcto, salvo que estamos empezando a condenar en la hoguera digital, e incluso callejera, a personas con situaciones que desconocemos, porque su vida no es como la nuestra para empezar y para seguir por que una foto no basta para condenar a nadie. Sigue leyendo