Los panes, los peces y la libertad

Julio Embid

Hace unas semanas asistí a un espectáculo de magia en un teatro de Aragón. Todos con las mascarillas puestas y con un aforo de un tercio con butacas y distancia de seguridad entre desconocidos. Porque la cultura es segura, hay que seguir asistiendo a actividades mientras se pueda. En dicho espectáculo el ilusionista sacó al escenario a una niña maña que no tendría los diez años cumplidos. Quizá tuviera ocho o nueve. En el espectáculo, la niña tenía que escoger entre dos barras de pan, desmenuzarlas para que no hubiera trampa ni cartón y el mago le preguntó ¿conoces la leyenda de los panes y los peces? La niña dijo que no ante la carcajada de los adultos y la abuelada en general. Sí, mira, eso de que un señor llamado Jesús cogió un pan y un pez y los convirtió en varios. La niña le miraba con extrañeza, con cara de no tener ni idea. Así, el truco donde el mago metía un trozo de pan en un vaso de agua y se convertía en pez no tenía gracia alguna.

Probablemente ninguno de los asistentes nacidos en los años 80 del siglo pasado como es mi caso desconociera la “leyenda de los panes y los peces”. En mi época casi todos éramos bautizados, íbamos a clase de Religión (de mi clase solo hacían Ética dos: un niño de padres militantes comunistas y una niña de padres testigos de Jehová), en mi pueblo íbamos a catequesis a la casa del cura los sábados por la mañana a pelarnos de frío en invierno con los abrigos y las bufandas puestos y hacíamos la Primera Comunión. Y después ya, si te he visto no me acuerdo. Ya en el instituto había tanta gente que iba a Alternativa a la Religión como a Religión. Yo uno de ellos, que aprovechaba esas horas para acabar los tediosos ejercicios a lápiz de Dibujo Técnico. Sigue leyendo

Biden gana seguro pero…

LBNL

Biden gana fijo. Desde luego en voto popular. Y también en votos electorales, que son los que realmente cuentan. A tres semanas de las elecciones y contando Biden con la mayor ventaja histórica de un aspirante contra un Presidente en ejercicio (53% de los votantes registrados frente a un 43% de Trump), sería realmente una sorpresa morrocotuda que el peor Presidente de la historia reciente de Estados Unidos pudiera darle la vuelta a la tortilla. Y menos con la pandemia desatada, la crisis económica y las dificultades para desarrollar una campaña electoral al uso, incluida la cancelación del segundo debate y la incertidumbre sobre el último, previsto para el día 22.

Ahora bien, es muy probable que al despertar el miércoles 4 de noviembre todavía no sepamos quién será el próximo Presidente. Y perfectamente posible, salvo que Biden saque un resultado espectacular, que la incertidumbre dure varias semanas, con Trump pleiteando a diestro y siniestro para tratar de conseguir en los tribunales y en los despachos del Congreso, lo que no será capaz de ganar en las urnas pese a ser el mejor, el más rico, el más guapo y el más listo, como él cree y repite sin cesar. Vayamos por partes. Sigue leyendo

Adama Traoré, Ansu Fati y el fútbol como refugio

Pedro Luna Antúnez

Hace unos años en los Bloques de La Florida de l’Hospitalet había una pista de fútbol sala en la que jugaban los chavales del barrio al salir del colegio. Para ellos el barrio se limitaba a esos bloques que se construyeron en la década de los 50 para realojar a la familias de etnia gitana que vivían en las barracas de la playa barcelonesa del Somorrostro, una barriada que llegó a albergar a más de 15.000 personas en 2.400 chabolas y que, por ejemplo, vio nacer a la legendaria bailaora Carmen Amaya. En los años 60 y 70 el barrio creció más allá de los Bloques con la llegada de la emigración andaluza y de otros rincones de la geografía española.

Pero en los Bloques ya existía ese sentimiento de pertenencia por el cual “ser del barrio” era ser de los Bloques. Un sentimiento que se ha mantenido inalterable hasta la actualidad en una zona castigada por la pobreza, el paro estructural, la infravivienda y los desahucios. Hoy los Bloques de La Florida son mucho más diversos y multiculturales que los de hace 60 años. En ellos conviven las familias gitanas que llegaron en los 50 con las oleadas migratorias del sur de España y las más recientes procedentes del norte de África, de Centroamérica, del sur de Asia o del este de Europa. Según las estadísticas, los barrios del norte de l’Hospitalet, especialmente ese núcleo urbano formado por La Florida, Torrassa y Collblanc, es el área con más densidad de población de Europa. Sigue leyendo

Papá, ¿qué es Auschwitz?

Carlos Hidalgo

Imaginad estar pasando una tarde de domingo soleada. Yo leyendo el periódico y mi hijo de ocho años con un álbum de cromos. Y me pregunta, “Papá, ¿qué es Auschwitz?”

No es que me de miedo contestar a las preguntas de mi hijo. Quienes sois padres y madres sabéis que cada día pueden caer siete u ocho como estas. Y lo peor no es tanto que el tema sea delicado, sino el rápido repaso mental que haces para estar seguro de si sabes lo suficiente como para poder explicarlo en palabras sencillas sin decir ninguna tontería.

Como dijo J.R.R. Tolkien, los niños son pequeños, no tontos. Y aunque les falta información, su lógica suele ser impecable. Así que hay que ir dándoles las pequeñas piezas que cada uno tenemos en nuestra cabeza para explicarles cómo funciona este mundo al que acaban de llegar. Sigue leyendo

Asalto a la democracia

Natalia García-Pardo

El otro día leía aquí un artículo titulado: “Peligro de golpe y/o de guerra civil”. El articulista empezaba con la frase: “No se asusten, que me refiero a EEUU”. El susto es nuestro, comentaba yo, o por lo menos mío, que vemos cómo un presidente sin escrúpulos, Donald Trump, está dispuesto a mantenerse en el poder a cualquier precio. ¿Tan fácil era la cosa? ¿Cuatro años de su mandato han bastado para que semejante energúmeno esté poniendo en serio peligro los pilares de la democracia en EEUU? Yo estaba convencida de que existían más y mejores mecanismos de control en la democracia estadounidense. Y el establecerlos me parece la única forma de fortalecer la democracia en cualquier parte. Pero parece ser que, en este momento de la historia, desde que Trump se ha incorporado a la política los mecanismos de control están fallando en la democracia americana. Bill Clinton se refirió el otro día, en una entrevista en CNN, a la acumulación de poder como única motivación y objetivo de los actuales gobernantes de EEUU. La lucha es encarnizada. La CNN está entregada a la causa demócrata las veinticuatro horas del día. Pero también lo está la FOX en sentido contrario, una cadena que, con Trump, se ha convertido en un mero instrumento suyo. Tampoco esto había pasado nunca en los EEUU.

La campaña electoral, a solo unas pocas semanas de las elecciones presidenciales de noviembre, se ha visto zarandeada violentamente con motivo de la vacante producida en el Tribunal Supremo por la muerte de la Magistrada Ruth B. Ginsburg, el pasado viernes. El COVID pasó momentáneamente a segundo plano en la enconada batalla contra el presidente, y el candidato demócrata, Joe Biden, volcó su estupefacción ante las cámaras, tras el anuncio de Trump —nada más conocerse la noticia del fallecimiento de Ginsburg— de que va a ser él quien nombre y elija al nuevo juez o jueza del Supremo. Tiene capacidad legal para hacerlo y va a ejercerla, ha repetido desde entonces a bombo y platillo en medios y redes. Nada de esperar, o debatir al menos, si esa vacante debe ocuparse ahora, cuando solo faltan 40 días para unas elecciones presidenciales, que no sabemos si van a renovar en el cargo a Trump o, por el contrario, a quitarlo de en medio. Sigue leyendo

La Reconstrucción a través de lo Público: de parecernos lo natural a hacerlo posible

Lluís Camprubí

Dentro de la desolación por las crisis sanitaria, humana, económica, ambiental y social, parecería que un ligero optimismo estratégico nos recorre. Hay una intuición extendida que esta vez las cosas pueden ser diferentes y que, lo que a muchos nos parece natural y lógico -que la salida a las crisis sanitaria y económica sea con mayor rol de lo público- podría ser posible. Pero vayamos por partes.

Esta vez podría ser diferente

Por primera vez desde muchos ámbitos –con un consenso creciente entre economistas de distintas tradiciones- se plantea una salida a la crisis económica diferente al esquema habitual seguido desde las crisis de los 70s y se apuesta por políticas contracíclicas, de inversión vía la movilización de recursos públicos. Sigue leyendo

Negacionistas

Alfonso Salmerón

Trump y Bolsonaro han abanderado en el mundo la oposición a las medidas para combatir la COVID 19. Por esa razón se les ha tildado de negacionistas. Se han comportado como unos terribles insensatos que no han tenido reparo en poner en riesgo la salud de su gente. Narcisistas y arrogantes, han desafiado a la comunidad científica internacional a la vez que iban subiendo las cifras de contagios y fallecimientos. Me compadezco de brasileños y norteamericanos. Una desgracia tener mandatarios así en un momento como éste. Suerte de nosotros que vivimos en Europa. Aquí es otra cosa. Estamos en buenas manos. Todo está bajo control.

En nuestro país ningún gobernante de ninguna comunidad autónoma ha menospreciado el virus. Ni tampoco nunca hemos escuchado decir a ningún responsable político que esto del coronavirus era poco más o menos como una gripe, afirmando que lo que estaba pasando en China o Italia era imposible que ocurriera aquí. En España hemos tenido desde el principio a todos los partidos políticos trabajando codo con codo. Nadie ha intentado sacar tajada de los errores del otro. Las decisiones se han tomado siempre con el mayor rigor científico, dejando a un lado otras consideraciones. Si había algún conflicto político pendiente como era el caso de Catalunya, nuestros líderes supieron llegar a acuerdos para buscar un lugar en la agenda de manera que no afectara a la estrategia contra la COVID 19. Lo mismo ha ocurrido con la aprobación de los presupuestos. Aquí, salvo Miguel Bosé, nadie frivolizó nunca con la salud. Nuestra manera de afrontar la crisis está siendo modélica. Y no hablemos del comportamiento de la ciudadanía. Seguramente por ello, los rebrotes han sido la excepción y afrontamos la segunda ola en unas condiciones inmejorables. Sigue leyendo

Peligro de golpe y/o de guerra civil

LBNL

No se asusten que me refiero a Estados Unidos. La muerte de la anciana juez liberal del Supremo Bader Ginsburg el viernes ha incrementado sustancialmente el riesgo si Trump y los republicanos consiguen llevar a buen puerto su intención de nominar a un sustituto conservador antes de las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre. Como salió a la luz con el fiasco de las elecciones Bush- Gore en Florida en el año 2000, el sistema electoral norteamericano es muy robusto en la medida en la que todos los participantes acepten las reglas del juego. Pero completamente tercermundista en términos de avances tecnológicos, uniformidad (cada Estado tiene sus propias reglas) y garantías. Y Trump tiene un largo historial de “terrorismo judicial” a sus espaldas: cuando no tiene razón, litiga sin fin, retrasando la solución lo más posible. Ya ha preparado el terreno hablando del fraude que se avecina con el voto por correo, que será mucho más usado que en el elecciones anteriores por el COVID. De forma que, salvo derrota morrocotuda en los Estados clave – o en Texas donde debería ganar – está listo para impugnar los resultados de los distritos urbanos de mayor concentración de voto demócrata, cuya anulación supondría su victoria en el Estado correspondiente. Lo hará confiado en que, tras un largo proceso, al decidirá el Tribunal Supremo que, con un balance 6-3 de conservadores frente a liberales, le dará la razón. Tan solo resta un mes y medio para la elección pero en realidad el plazo es más largo porque la elección – indirecta – del Presidente solo tiene lugar el 14 de diciembre, cuando los compromisarios elegidos por sufragio popular en cada Estado ratifican el mandato, que el Gobernador de cada Estado envía a Washington. Y algo más largo todavía porque el Congreso no cuenta los votos y oficializa el resultado hasta el 6 de enero, siendo el Presidente investido (“inaugurado”) solo el 20. En otras palabras, el 3 de noviembre Trump dirá que en realidad ha ganado y mantendrá las espadas en alto hasta que el Supremo le dé la razón, acelerando el nombramiento del noveno juez cuyo apoyo, por otra parte, no es indispensable porque sin Bader Ginsburg el balance ya es de 5-3. Sigue leyendo

Biden y sus magdalenas

Julio Embid

¿Joe Biden es de izquierdas para los estándares estadounidenses de 2020? Probablemente sí. ¿Stalin es de izquierdas para los estándares de la Unión Soviética de hace un siglo? Sí. ¿Joe Biden es Stalin o estalinista o marxista-revolucionario? Obviamente no, es un tipo más bien sosete, de misa semanal y senador desde 1972 por Delaware. Bastantes años antes de que mis padres se conocieran, por cierto. Y ahí está la campaña de Donald Trump, en intentar convencer que ese abuelete de sonrisa fácil, que durante muchos años iba al Senado en el tren de cercanías porque le desagrada conducir y que se saltó la disciplina de partido para votar junto a los republicanos a favor de la guerra de Iraq de George Bush va a traer la revolución, la anarquía y la cerveza fría.

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Barbarie

Natalia García-Pardo

1. Las convenciones

Estos días no puedo levantarme del sofá viendo la CNN. He visto las dos convenciones y escuchado todos los discursos relevantes. He seguido viéndola y, diría, que me cuesta parar.

Me impresionó la Convención Demócrata. Completamente virtual, pero consiguieron hacerla cálida. Hablaron de todas las cosas que me preocupan a mí, como ciudadana y residente en aquel país que fui, durante catorce años. Los valores de la diversidad, la excelencia, la general bonhomía y buen funcionamiento de las instituciones de la democracia americana. Sus magníficas Universidades y oportunidades para estudiar en ellas. Sus abundantes y eficientes bibliotecas. Hablaron de tener un sueño y de ir a votar para realizarlo, quitando a Donald Trump de en medio.

Biden, como Vicepresidente de Obama, y funcionario público – antes, toda su vida-, ha dejado una estela admirable de buen hacer, tanto como persona especialmente empática e inteligente, como un político competente que puso en marcha una ley contra la violencia de género, entre otras muchas cosas, y que desarrolló competentemente su responsabilidad como Vicepresidente. Alguien, además, en quien Obama se apoyó frecuentemente en sus decisiones más difíciles. Sigue leyendo