Dogmas de fe

Carlos Hidalgo

Esta semana hemos asistido a un inédito desplome de la libra esterlina al poco de anunciar Liz Truss, Primera Ministra del Reino Unido, su “mini presupuesto”, consistente en una bajada radical de los impuestos. Tan radical, que los presupuestos no han sido considerados viables por los mercados y éstos han apostado en contra de la moneda británica con éxito.

Para empeorar las cosas, se ha sabido que el ministro de Economía británico, Kwasi Kwarteng, tuvo una reunión previa con los mayores poderes financieros de la City, en los que habló de sus planes presupuestarios antes de hacerlos públicos, lo que fue recibido con murmullos de aprobación y exhortaciones a recortar más impuestos aún. En cuanto acabó la reunión, esos mismos banqueros se lanzaron a apostar en contra de su propia moneda y a vender deuda pública británica, empeorando aún más la situación del Reino Unido ante los mercados. Sigue leyendo

Tirada de dados a la italiana

Juanjo Cáceres

Si todo apunta que las próximas elecciones las puede ganar Feijóo, es muy posible que las próximas elecciones las gane Feijóo. Esta deducción parece robusta un 28 de septiembre de 2022, como también lo era esta otra el pasado día 24 de septiembre: si todo apunta que las próximas elecciones italianas las puede ganar Meloni, es muy posible que las gane Meloni.

No obstante, nos movemos en el terreno de las probabilidades y no seré yo quien asegure que va a ganar Feijoo, aunque Meloni ya lo haya hecho. A la gente le cuesta mucho entender y sobre todo, asimilar, el sentido exacto de la probabilidad y la estadística. Cuántas veces nos hemos visto envueltos en una discusión con gente que asegura que juega siempre a la misma combinación de números en la Primitiva o a los números que más veces aparecen en la combinación ganadora, para reforzar sus posibilidades de éxito. Y cuantas veces hemos sido incapaces de hacerles entender que la serie de resultados que van formando no es más que un ruido blanco, una combinación puramente aleatoria, donde los resultados obtenidos en el futuro son independientes de los obtenidos en el pasado. O cuantas veces no hemos sido capaces de convencerles de la imposibilidad efectiva de ganar un gran premio con el Euromillón, por las ínfimas probabilidades de que recaiga precisamente en el boleto en el que se gastan su dinero (del orden de 1 entre 140 millones). Cosa que, por otra parte, no implica que no le llegue a tocar a alguien: solo que no vas a ser tú, ya que las probabilidades poblacionales y las individuales, son tremendamente distintas. Sigue leyendo

La gente vota ¿mal?

Carlos Hidalgo

Mientras escribo estas líneas, Europa y parte del mundo contienen la respiración por si Italia tiene a su primer gobierno fascista tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque el recuento aún no ha acabado mientras escribo esto, parece que todos los sondeos indican que Georgia Meloni podría ser la próxima primera ministra de Italia. Todo ello marcado por una enorme abstención, que tal vez indique que los italianos están tan hartos de sus políticos que no les importa en realidad el resultado de hoy.

Italia es de esos países cuyo sistema parlamentario y de asignación de escaños produce permanentes quebraderos de cabeza. Con un parlamento fragmentado por diseño, los gobiernos son tremendamente inestables y es rarísimo que lleguen a durar una legislatura completa. Algo, por cierto, común a otros países como Israel, por ejemplo. Puede que sea esa inestabilidad, que favorece el juego sucio y el cortoplacismo entre partidos, la que ha terminado por colmar la paciencia de la ciudadanía que, tal vez, ha dejado caer los brazos y crean que con la probable elección de Meloni sean los políticos quienes se lleven un susto mayor que ellos mismos. Sigue leyendo

Apuntes sobre el nuevo escenario en Ucrania y la izquierda campista

Lluís Camprubí

Hace ya algunos meses que no escribía sobre Ucrania. Así que, lo primero es, sin duda, celebrar los avances recientes de la contraofensiva ucraniana y la liberación de una porción significativa de su territorio de la ocupación rusa. En los mapas del ISW se puede seguir la evolución, dinámica y en progreso. Ello es debido principalmente a los aciertos de las fuerzas ucranianas (y los fallos de las rusas). Pero también a las armas subministradas y a la colaboración en inteligencia por parte de los países llamados “occidentales”. Este progreso en la liberación de territorio es lo que puede acortar la guerra de forma satisfactoria a la parte agredida.

Es pues un momento en el que la ayuda militar y en inteligencia (y por supuesto económica, humanitaria y financiera) debe aumentarse por parte de los países europeos, para así poder llegar a una paz justa para Ucrania, que sin duda significa la liberación de los territorios ocupados y garantías solventes para que en otro momento más propicio el imperialismo ruso no vuelva a intentar otra guerra de agresión/conquista y de eliminación de su nación. Sigue leyendo

¿Qué opciones tiene?

Carlos Hidalgo

Vladimir Vladimirovich Putin, presidente de la Federación Rusa, llamó ayer a filas a todos los ciudadanos rusos de entre 18 y 65 años con experiencia militar. Esto es alrededor de unos 300.000 hombres. Una gota de agua dentro de los 144 millones de habitantes que tiene Rusia. Pero los suficientes como para que, a ojos de la población, la “operación militar especial” de Ucrania se parezca más a una guerra.

Dicen que precisamente por eso Putin no ha hecho una movilización general, para no alarmar a una población cuyos índices de popularidad controla minuciosamente. El pacto social en la Rusia postsoviética es algo así como “nosotros os dejamos robar y mataros entre oligarcas y vosotros nos dejáis más o menos en paz”. Y una movilización general podría quebrar esa paz social tan duramente conseguida por Putin a base de corrupción, nacionalismo y violencia. Sigue leyendo

No echemos las campanas al vuelo… todavía

LBNL

Lo digo a propósito de la contraofensiva de Ucrania en Jarkiv, empujando a las tropas rusas en desbandada. El logro ha sido mayúsculo y moralmente tremendo y podría ser un punto de inflexión en la guerra, pero la realidad es que Ucrania “solo” ha recuperado unos tres mil kilómetros cuadrados de los más de cien mil que ha invadido Rusia desde que Putin tomó la fatídica decisión de lanzarse a la guerra el 24 de febrero. Lo esperanzador es las razones por las que Ucrania ha sido capaz de recuperarlos, o más bien, por las que Rusia los ha perdido.

Desde antes del verano se sabía que Ucrania estaría preparada para lanzar una contra ofensiva a finales del mismo, cuando finalizara el entrenamiento entonces en curso para la utilización del armamento moderno – no ex soviético sino estándar OTAN – que Occidente le estaba proporcionando. Lo malo es que Rusia también lo sabía, como demostraba que hubiera paralizado sus avances y estuviera fortificándose en las posiciones conquistadas. De ahí que solo hace diez días “los expertos” predijeran que no habría avances significativos por ningún bando – “Jarkiv no caerá pero Jersón tampoco será liberado” – antes de que cayera el invierno y consolidara el frente. Sigue leyendo

De nuevo especulando sobre Rusia

Carlos Hidalgo

Pues parece que las fuerzas armadas de Ucrania han logrado algo que parecía increíble, que es que reconquistar casi todo el terreno ganado por los ejércitos rusos al principio de la invasión en el noreste del país. Pese al apagón informativo decretado por Ucrania, las imágenes que han ido apareciendo en redes sociales, sobre todo en Telegram, han podido ir siendo confirmadas independientemente y casi parece que se esté rechazando a los rusos a las fronteras existentes antes de la invasión.

Lo que parece más sorprendente de todo esto es que tras una primera resistencia inicial, las posiciones rusas se han derrumbado como un castillo de naipes. Yo no soy ningún experto en estrategia, pero lo que me enseñaron en su día de la doctrina militar soviética (la cual es aun ampliamente empleada por el ejército ruso) es que consiste en fortificar lo máximo posible el terreno ganado y en resistir lo máximo posible mientras llegan refuerzos. Sin embargo, lo que ocurre es que las posiciones abandonadas por los rusos parecen chamizos llenos de basura y que los rusos, lejos de aguantar, huyen sin ni siquiera molestarse en llevarse sus equipos, entre ellos puestos de mando, materiales clasificados, blindados, municiones y materiales antiaéreos y de guerra electrónica. Sigue leyendo

Diesel gustazo, dieselo

Marc Alloza

¿Qué hubiera pasado si la tecnología híbrida que empezó a fabricarse y venderse notablemente en 1997 hubiera sido adoptada en alguna de sus formas por la mayoría de fabricantes como sucede ahora? ¿Se hubiera desarrollado antes la tecnología para un vehículo puramente eléctrico?

Los automóviles eléctricos arrancaron fuerte en el siglo XIX. A pesar de la dificultad de no haber una red eléctrica muy extendida, a principios del siglo XX en Estados Unidos se habían registrado 33.842 vehículos eléctricos que suponían el 38% de parque automovilístico norteamericano. Del resto de vehículos, el 40% eran a vapor y el 22% restante a gasolina. Ya por los años 20, con las nueva redes de carreteras cambiaron las necesidades de alcance y velocidad de los automóviles. En ese punto, la evolución técnica de los vehículos a gasolina empezó a marcar la diferencia para acabar imponiéndose a los demás. Los motores eléctricos si se consolidaron en trenes, tranvías… Desde los años 50 del siglo pasado el vehículo eléctrico pasó a ser un estándar como carro de golf. En los años 70, las misiones Apolo 15, 16 y 17 dejaron estacionados en la Luna 3 venerables Rovers Lunares precursores de los rovers marcianos Spirit, Opportunity, Curiosity y Perseverance Mars. Estos dos últimos todavía andan por ahí. Eso si, en ambos casos, el sistema de tracción funciona con un pequeño generador nuclear que en el caso del Perseverance pesa unos 45 Kg, alimentado por 4,8 kg de dióxido de plutonio que le proporciona una autonomía de 14 añitos. La fuente no es renovable pero es igual de “verde” según la UE. Sigue leyendo

El tamaño de la portería rusa no es igual que la inglesa

Senyor G

Leo en el Periódico de Catalunya de ayer, “El fútbol ruso, condenado al ostracismo”:

Los equipos rusos sufren el castigo de no ir a Europa este año. Ninguno de ellos ha podido optar a formar parte de los elegidos en la Champions League, Europa League o ni siquiera la Conference League. La expulsión de la UEFA es firme: todos los combinados del país euroasiático están vetados de forma indefinida por la ocupación de territorios ucranianos por parte del ejército ruso.

Sigue la noticia con que el veto llegaba incluso en los equipos de videoconsola y habla de la evolución de su liga y del caso incluso de algún jugador ucraniano en la liga rusa. Sigue leyendo

El último soviético

Juanjo Cáceres

Destacaba Pablo Iglesias en una columna reciente que “la URSS no era un régimen defendible, pero que su desaparición alejó a la humanidad de un futuro humanamente viable” (¡valga la redundancia!), lo cual me parece una afirmación muy categórica, pronunciada mientras el cuerpo de Mijaíl Gorbachov estaba aún a la espera de sepultura, tras su fallecimiento el 30 de agosto de 2022. No es que no valga la pena expresarse sobre ello, ya que hacer un balance medianamente riguroso de las consecuencias de la desaparición de la URSS es un ejercicio necesario, pero a menudo nos olvidamos de hacer otro ejercicio previo, más importante y menos hipotético, que es analizar cuáles fueron las consecuencias reales de la existencia de la URSS. No parece inoportuno reflexionar sobre ello al calor de las contrastadas valoraciones que se han hecho estos días sobre el último mandatario soviético.

Posiblemente la historia de la URSS puede dividirse en tres grandes etapas, una primera de carácter revolucionario, durante la cual se ponen patas arriba las estructuras sociales y de poder bajo el fuego de la Primera Guerra Mundial, en un conflicto que también se lleva por delante varios regímenes europeos y que destruye el último gran estado absolutista de Europa: la Rusia zarista. Una segunda de consolidación de un régimen de tipo dictatorial, represor y alejado de la concepción liberal de un estado de derechos y libertades, que madura bajo la dirección de Stalin hasta las tensiones de los años 1930 y la Segunda Guerra Mundial. Y, finalmente, una tercera, en que ese estado se convierte en la otra gran potencia del mundo, gracias al impulso industrial y armamentístico experimentado antes y durante el conflicto y gracias a los avances territoriales y geopolíticos que los soviéticos obtienen de su victoria. Esa URSS que surge en 1945 es la que habría destruido Gorbachov: no la de la primera etapa, que ya se ocupó Stalin de liquidar a fondo, ni la de la segunda. Para entonces, la Revolución de Octubre duerme el sueño de los justos y los cadáveres soviéticos tras 30 años de guerras y violencia -entre 1914 y 1945- se cuentan por decenas de millones. Sigue leyendo