¡Alto, policía!

Carlos Hidalgo

Llevamos ya unas cuantas semanas con los disturbios y protestas provocados por la muerte de George Floyd a manos de policías estadounidenses. Como mi estancia en los Estados Unidos fue ya hace demasiado tiempo y mi trato con la policía fue distante, pero en general positivo, he querido enterarme un poco más del tema.

Como uno nunca sabe bien por qué bibliografía empezar, me hice con “Homicidio: un año en las calles mortales”, de David Simon, el ex-periodista del Baltimore Sun que estuvo un año incrustado en la unidad de Homicidios de la policía de Baltimore. Simon acumuló tanta experiencia con aquello, que no sólo le dio para escribir este libro sino que el libro se convirtió en una serie de televisión (también llamada “Homicidio”) y luego en otra, llamada “The Wire”, que es por todo el mundo conocida. Sigue leyendo

Queda mucho todavía

LBNL

Felicitemonos por el fin del Estado de Alarma, que responde a una mejoría general clara en el número de nuevos infectados, ingresados en hospitales y fallecidos, pero no se relajen porque la ruleta rusa está lejos de terminar y en muchas partes del mundo la pandemia está aún en fase incipiente. Tuvimos la mala fortuna de estar entre los primeros a los que impactó de lleno. Reaccionamos un poco más rápido que Italia pero los que venían detrás pudieron un poco más rápido que nosotros, y en Europa eso se ha traducido en una menor letalidad por millón de habitantes. Con las vergonzosas excepciones de Reino Unido y Suecia, que optaron por una política alternativa, a todas luces arriesgada y, a la postre, absolutamente desastrosa. En el resto del mundo la mayoría ha hecho lo que ha podido pero con resultados mucho menos eficaces dada la falta de medios. La nota discordante la ha puesto, sin duda, EE.UU., que si podía haber adoptado medidas mucho más contundentes, especialmente cuando Nueva York fue impactado de pleno, y solo lo hizo a medias. Como también Brasil, donde Bolsonaro ha emulado a Trump enfrentando su irresponsabilidad contra los gobernadores que, en general, si han hecho lo que se debía. El caso es que la pandemia sigue rampante en gran parte del planeta y el riesgo de sufrir una segunda ola es evidente. Y mientras no se descubran un tratamiento y/o una vacuna eficaces, el riesgo seguirá estando presente, también en nuestro país. Porque no se olviden de que los brotes se descubren cuando ya han sido muchos los que se han contagiado sin saberlo, siendo por otra parte la prudencia en los comportamientos la mejor forma de contenerlos, lleguen a no infectados “importados”. Sigue leyendo

Semanita movidita en Bruselas

LBNL

Todas lo son pero esta que viene quizás un poco más de lo habitual. No todos los lunes se reúnen los Ministros de Exteriores (por videoconferencia) y menos aún con el Secretario de Estado norteamericano como invitado estrella, con el que debatirán temas tan poco espinosos como la retirada de EE.UU. de la Organización Mundial de la Salud, la anunciada anexión israelí de partes de Cisjordania o las sanciones adoptadas por EE.UU. a finales de la semana pasada contra la Corte Penal Internacional. No todos los martes se reúnen tampoco (también por videoconferencia) los Ministros de Defensa y, sobre todo, no lo suelen hacer sobre la base de una serie de ambiciosas posiciones conjuntas puestas sobre la mesa por los cuatro grandes (Alemania, Francia, Italia y España) frente a las reticencias de una gran parte de los Estados Miembros más orientales – que recelan de que la UE pueda llegar a ser autónoma de la OTAN – y más pequeños – muy cómodos con su neutralidad. Y, desde luego, no todos los viernes se reúnen los Jefes de Estado y de Gobierno – también cada uno desde su capital – para abordar una primera discusión a su nivel del novedoso plan financiero puesto sobre la mesa por la Comisión para hacer frente a los brutales efectos económicos de la pandemia y encarar las indispensables revoluciones verde y digital durante los próximos cuatro años. Tan movidita como trascendental para nuestro futuro a medio y largo plazo. Sigue leyendo

¿Desescalada?

Carlos Hidalgo

Cuando yo estudié Ciencias Políticas, allá por el Pleistoceno Medio, los términos “escalada” y “desescalada” se referían a conflictos bélicos. “Escalada” era el aumento de tensiones, intercambios hostiles y escaramuzas que podían llevar a un estallido y la “desescalada” era cuando las partes trataban de relajar la tensión y se adoptaban medidas para calmar los ánimos. Por eso no entiendo muy bien el término “desescalada” para el lento proceso de que salgamos de nuestras casas, con las mascarillas puestas y roguemos a los santos Simón e Illa para que nos dejen cruzar la provincia para visitar a nuestros padres. Sigue leyendo

Raíces de encina

Arthur Mulligan

En España se identifica la política como una actividad entre turbia y despreciable y en consecuencia, este descrédito primigenio y fundamental se desplaza hacia la clase política cuyos miembros ocupan de forma recurrente los puestos más bajos en la estima social de todas las profesiones. Los numerosos manifiestos aparecidos en los móviles con la habitual demagogia para que se bajen los sueldos o, más directamente dejen de cobrar durante el periodo de confinamiento, ha sido la última constatación de ese estado de ánimo. Se dice también que los ciudadanos desean que los políticos les dejen en paz y a la vez repiten aquello de que “tenemos los políticos que nos merecemos”. En este revoltijo se autoafirma una indolencia común y cierta desesperación cómplice por no poder cambiar nuestra naturaleza moral para abordar los asuntos públicos. Ya se sabe que todos defraudamos a hacienda, gritamos, relativizamos, respetamos hipócritamente ideas que no compartimos porque todos somos culpables y al enemigo, ni agua. En suma, todos queremos la paz pero al indiferente le ofrecemos la legalidad vigente. Sigue leyendo

Manifestantes armados contra las medidas de confinamiento irrumpen en las Cortes de Aragón

Julio Embid

Docenas de personas, algunos llevando armas de fuego, irrumpieron el pasado jueves dentro de las Cortes de Aragón durante un pleno para protestar contra el Presidente de Aragón y contra las medidas de confinamiento y la extensión del Estado de Alarma. Portando banderas de España y pancartas, los manifestaron en el exterior del Palacio de La Aljafería de Zaragoza pidiendo entrar. «Queremos entrar» cantaban algunos. Daniel Meseguer, de 66 años, de Alcañiz (Teruel), comentó a este periódico que el protestaba por otros motivos y no porque estuviera preocupado por el COVID-19. «Yo amo la libertad» afirmó. «En España deberíamos ser libres y no dejar que otros nos protejan de nosotros mismos». La diputada autonómica socialista Diana Poleñino, tuiteó una foto en la que comentaba como hombres armados le estaban gritando mientras les apuntaban. Algunos de los diputados tuvieron que vestirse con chalecos antibalas dentro del edificio del parlamento autonómico. Sigue leyendo

Subiendo por las ramas de la izquierda

Arthur Mulligan

A la fecha en que esto escribo la gestión de la pandemia en España ha alcanzado un nivel de conflicto, un grado de desacuerdo, un marasmo de órdenes y contraórdenes que a nadie satisface y solo a trancas y barrancas se va haciendo posible con la ejemplar disciplina de un país confinado -en base a una dudosa legalidad gubernamental – más por ese tipo de hipnosis deslumbrante y temible que ejerce la cobra sobre la inquieta mangosta que por un sentido histórico de orden social. En lo inmediato, debemos destacar la urgencia de acertar con un control estadístico de la pandemia en nuestro país, algo que se revela imposible si seguimos cambiando cuatro veces de metodologías en la medición de las series (un clásico al utilizar la estrategia Tezanos para el CIS) absolutamente desprestigiadas para lo que se necesita el suministro masivo de test que una gestión sanitaria opaca, muy cara, desorganizada e ineficiente, impide con su contumacia habitual, agravando la crisis económica y el desempleo para hacernos cada día más pobres. Sigue leyendo

Depre confusa

LBNL

Supongo que es normal sentirse aturdido pero es un gran fastidio. Comparado con los 900 muertos de hace muy poco, los casi menos de 300 de estos días son una gran noticia pero siguen siendo muchísimos. Comparado con uno de los regímenes de confinamiento más severos del mundo, el anuncio de que vamos a empezar a desescalar es una gran noticia. Pero no hay ninguna garantía de que no vayamos a tener que dar marcha atrás. Las noticias desde Bruselas son muy positivas – ayudas multimillonarias para financiar el seguro de desempleo, la liquidez de las empresas, al turismo… – pero solo van a paliar parcialmente la magnitud del desastre económico que la pandemia ha ocasionado. Y va y se muere el bueno de Michael Robinson, que para muchos era casi como de la familia. Ya podía haber escogido otro momento el pobre para evitar darnos la puntilla cuando apenas estamos superando la muerte de Calleja. Saldremos de esta, seguro, pero magullados seriamente. Es evidente. Aunque quizás no tanto, quién lo sabe… Este es uno de los aspectos más complejos de la situación: nadie tiene ni pajolera idea de cómo será el futuro, ni siquiera a corto plazo. Lo cual, al menos para mí, es una fuente importante de ansiedad. Prefiero tener al menos una idea fiable de a lo que me voy a tener que enfrentar. Y leo, veo, hablo y chateo sin cesar y me recojo todavía más confuso que antes. Sigue leyendo

Manifiesto contra la normalidad

David Rodriguez

Durante esta época de confinamiento por el coronavirus, se está repitiendo hasta la saciedad el mensaje de que queremos recuperar la normalidad algún día. Cuando escucho estas esperanzadas apelaciones, quiero entender que se refiere a la normalidad de las relaciones interpersonales y del contacto social, porque hay otras formas de supuesta normalidad que prefiero que queden desterradas para siempre. Sigue leyendo

El veneno de las redes

Carlos Hidalgo

Estos días aumenta la relación de amor-odio con nuestros teléfonos y ordenadores. Son la ventana para comunicarnos con el mundo fuera de nuestras casas. Nuestros familiares, seres queridos, amigos y conocidos están ahí, al otro lado de las pantallas. El aluvión de llamadas, videollamadas, mensajes instantáneos y publicaciones en muros diversos, se nos hacen necesarios y nos dan hartazgo a la vez. Pero también se nos está saturando con alarmismo, mentiras y odio. En un momento en el que dependemos muchísimo de recibir información del exterior, uno no sabe bien qué es lo que llega y a qué atenerse. Y esto con la información de fuentes fiables para empezar. Sigue leyendo