Protocolos Covid

Marc Alloza

Durante los meses de verano hemos asistido en España al despliegue de la quinta ola de Covid. La escalada empezó en la última semana de junio y llegaba a su máximo en las dos últimas de julio. A partir de entonces, el número de contagiados ha ido decreciendo, aunque a ritmo mucho más lento al del aumento inicial. A pesar de ello, a estas alturas de septiembre, la incidencia acumulada sigue instalada en la franja de mayor riesgo con 162  casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días. Indudablemente las vacunas y el masivo proceso de vacunación han evitado consecuencias peores que probablemente hubieran derivado en un nuevo confinamiento.

En los últimos meses España ha consolidado, primero el suministro de los distintos tests de detección de Covid. En segundo lugar el acceso a las vacunas, contando a 6 de septiembre con un excedente de 7 millones en las neveras. En el resto del mundo, a pesar de los continuos llamamientos a no monopolizar el mercado de vacunas o suspender las campañas de las terceras dosis, la realidad es que  solo el 20% de las personas de los países de renta baja o media-baja han recibido la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus, en comparación con el 80% de las naciones de ingresos altos o medio-altos (La OMS pide una moratoria hasta fin de año para las dosis de refuerzo). El porcentaje de vacunados de los países que aportan datos en África es del 5,9%  y tras estos ocho meses de campaña de vacunación todavía hay muchos países cuyo porcentaje de vacunación es próximo a cero. Sigue leyendo

Píldoras de actualidad COVID-19

Lluís Camprubí

Producción y distribución de las vacunas. La producción mundial de vacunas ha ido acelerándose, principalmente debido a la mejora de la eficiencia de los procesos productivos, a la superación de algunos cuellos de botella en las cadenas de suministros de algunos componentes, a la ampliación de las plantas productivas y la validación de nuevas y a una extensión de los acuerdos voluntarios de licencia entre desarrolladores y fabricantes. La producción mensual sigue aumentando y ya es de unos 1.500 millones de dosis, con un acumulado de 7.500 millones y proyecciones fiables de llegar a los 12.200 millones de dosis a final de 2021. Lo que sitúa los primeros meses de 2022 para el objetivo de 2 dosis por ser humano y, alcanzable a mediados de 2022, el de 3 dosis por ser humano.

Seguir aumentando la producción no es algo que podamos dar por descontado y deberemos estar vigilantes a que los productores no decidan dejar de apretar el acelerador y a la vez intensificar la apuesta por la fabricación licenciada en hubs regionales/continentales. Pero el gran reto ahora es que la distribución sea más equitativa y llegue a todos los países del planeta. Para ello debe asegurarse que el mecanismo COVAX cumple su función -y no sea simplemente un recurso de beneficencia- y centrar los esfuerzos de presión pública en la exigencia de mecanismos de distribución justa. Ahora todos aquellos partidarios de levantar patentes – visto que con el actual marco se llegará a producir las cantidades necesarias para toda la humanidad antes que sus propuestas se concreten en algo tangible y en alguna dosis producida- deberían reorientar sus esfuerzos y energías a la exigencia de una iniciativa global multilateral para garantizar que todos los países puedan cubrir sus necesidades. Sigue leyendo

Dos cosas sobre el COVID que deberían ser obvias

LBNL

Un poco de claridad entre tanto ruido y confusión. Primera, la tan cacareada “quinta ola” no se parece en nada a las anteriores por lo que calificarla de quinta es engañoso. Desde que una gran parte de la población – el 50% en España – está completamente vacunada, a la que se unen los menores de 18 años – el 19% – el aumento de la incidencia acumulada – el número de contagiados – no tiene las consecuencias que tenía anteriormente, como revela la menor tasa de hospitalizaciones y, especialmente, de ocupación UCI y fallecidos.

Dicho de otra forma, como es lógico las vacunas están mitigando las peores consecuencias de la pandemia. Lo cual no quiere decir que el aumento de la incidencia no sea una mala noticia. Pero no tiene sentido alarmar comparando datos previos y posteriores a la vacuna como si fueran equiparables. Sigue leyendo