¿Cómo no ser feminista?

LBNL

Es significativo que el término “feminista” siga siendo controvertido. Mientras las mujeres sigan sin disfrutar de igualdad en la práctica en todos los órdenes de la vida, seguirá siendo prioritario reclamar que puedan hacerlo. No ya tanto en el ámbito de los derechos, afortunadamente ya conquistados, como en el de la práctica. Pero no olvidemos que hasta la reforma del Código Civil de 1981, es decir, anteayer, la primacía legal del hombre sobre la mujer era la norma en nuestro país. Desde entonces, la igualdad ha ido conquistando parcelas – por ejemplo, acceso a las fuerzas armadas – y las mujeres han ido pudiendo ocupar una gran parte del espacio social – ministerios, judicaturas, fiscalías, quirófanos, cátedras, dirección de empresas, periódicos, taxis, autobuses… – superando numerosas trabas. Pero quedan muchos capítulos pendientes, incluida la igualdad salarial. Por no hablar de los prejuicios de gran parte de la población, muchas mujeres incluídas. Y de la realidad práctica de la falta de medidas efectivas para compensar los negativos efectos profesionales de la maternidad, particularmente ininteligible en un contexto de tan baja natalidad. Está muy bien que el gobierno se sume al 8 de marzo con entusiasmo pero más que manifestaciones – este año acertadamente prohibidas o reducidas – lo que urge es adoptar medidas.

El machismo está en retirada y, afortunadamente, la sociedad reacciona con fuerza ante sus coletazos, ya sean en forma de gravísimos feminicidios o violaciones o de declaraciones públicas extemporáneas como las que se filtraron durante la gala de los Goya. Cosificar a las mujeres por su apariencia física debe recibir la misma sanción social que utilizar la cojera, calvicie u orejas prominentes de un hombre para insultarle. Estamos en ello y bien está. Lo de la violencia machista es más complicado porque ya contamos con la legislación necesaria, como también para sancionar las violaciones y, desafortunadamente, las tragedias no amainan. Como no es factible poner un policía en cada esquina ni crear hogares protegidos para maltratadas por doquier, parecería que la solución debe venir de la mano de la educación cívica: menos titulares escandalosos y más trabajo a pie de calle. Para lo cual sería muy útil que nuestro país gastara en servicios sociales lo mismo que la media de la UE, que sigue, de lejos, sin ser el caso.

En otras palabras, no se trata tanto de prohibir la prostitución como de realizar inspecciones regulares en los “putis” de carretera, verificando que las mujeres que trabajan allí lo hacen sin coacción y en condiciones laborales aceptables. Y de sensibilizar a las adolescentes y universitarias para ayudarlas a resistir las presiones de sus compañeros cuando beben más de la cuenta. Están muy bien las campañas publicitarias sobre el “no es no” y “no dejes que te mire el móvil” pero en el barrio, en el insti, en el chat, en la disco o en el asiento de atrás del coche, la realidad se impone y vendría muy bien que todas tuvieran muy claro, de primera mano, qué dice la ley y qué medios tienen para defender sus derechos.

Lo anterior es lo más urgente – las muertes y violaciones son lo más grave – pero tan importante o más es avanzar hacia que la generalidad de las mujeres puedan ser, plenamente, como los hombres. En la práctica. Afortunadamente trabajo en una entidad cuyos sueldos están regulados y son públicos por lo que, a igual grado, igual paga. Y la entidad persigue denodádamente que las mujeres estén representadas en los grados superiores al menos en un 40%. Porque en 2021 todavía no lo están. Ello implica que, en ocasiones, se de prioridad a una mujer para un puesto de categoría alta. Perjudica mis opciones pero lo aplaudo. Y no me vale aquello de que las buenas siempre ascienden sin cuotas y qué injusticia ascender a una incapaz: ¿por qué escandalizarse del ascenso de una “incapaz” y no del de tantos “incapaces”? Es decir, los ascensos dependen de muchos factores y la cualidad intrínseca del candidat@ es solo uno de ellos. La suerte, el peloteo, la afinidad personal, los enchufes, etc, influyen muchísimo, como sabe todo el mundo. Cuando las mujeres sean al menos el 40% de los que deciden, quizás las cuotas dejen de ser necesarias. Pero porque se habrá alcanzado una situación en la que será completamente anómalo que ninguno de los dos géneros esté representado por menos del 40% de cualquier colectivo.

Pero entremos en el meollo de la cuestión. ¿Qué va a hacer nuestro gobierno de izquierdas durante los próximos tres años para compensar el efecto negativo de la maternidad en la carrera profesional de las trabajadoras? Que sus compañeros asuman tareas domésticas en mayor grado y se ocupen de los niños es lógico y natural pero no es algo en lo que pueda, o deba, intervenir el gobierno. Además, los hombres vamos gradualmente aprendiendo a cocinar, poner lavadoras y cambiar pañales y las mujeres van sacando de cuando en cuando la basura.

De lo que no está claro que se esté ocupando el gobierno es de articular medidas que compensen la desigualdad profesional que suponen el embarazo, el parto y la atención al recién nacido. Está muy bien que los padres puedan acogerse al permiso de paternidad pero no es suficiente porque solo una minoría lo hace. Y no me parece que la solución sea hacer obligatorio su reparto, tanto porque los bebés recién nacidos necesitan más la atención de la madre – esta afirmación no debería resultar conflictiva – como porque cada hogar debería organizarse como mejor le convenga.

Teniendo en cuenta la grave crisis de natalidad que nos aqueja, más apropiado me parecería que la trabajadora embarazada tuviera un blindaje profesional total. Por ejemplo, cabría contemplar medidas que hicieran las parturientas progresaran en la escala profesional con independencia de su baja por maternidad. Y, por supuesto, conservar la misma función en la empresa a su vuelta de la misma. No soy experto en la materia pero estoy convencido de que cabría arbitrar muchas medidas para que el efecto no sea siempre que las madres de la empresa acaben perdiendo comba respecto a a la situación profesional de sus colegas masculinos, también de aquellos que son padres.

Me parece muy bien que hoy rindamos homenaje a las mujeres que tanto batallaron por sus derechos y rasgarnos la camisa gritando ¡viva el 8 de marzo! Pero agradecería mucho más una política integral para avanzar decididamente hacia la igualdad de géneros en la práctica, no solo castigando las expresiones de machismo sino también favoreciendo activamente soluciones que ayuden a nuestras mujeres a alcanzar la tan ansiada igualdad de hecho.

Un comentario en «¿Cómo no ser feminista?»

  1. ¿ Cómo no ser feminista ? De preferencia al modo como lo hace la Ministra de Igualdad y su equipo , introduciendo en el debate conceptos esdrújulos e inquietantes sobre el poliamor o el sexo declarativo y hormonado a edad temprana ; también produciendo estadísticas con sesgo deformante como ésta que se adjunta,

    https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/igualdad/Paginas/2020/100920-macroencuesta.aspx

    Si en lugar de buscar lo extraordinario y obnubilante se dedicasen a tratar de avanzar en alguno de los asuntos que describe el articulista entre los que presumiblemente existe un amplio consenso en las diferentes corrientes del movimiento feminista , éste lograría parte de sus objetivos más rápidamente.

    Si además una remodelación del Ministerio y su gabinete acompañase a una nueva orientación que produzca leyes prácticas y no trabalenguas cansinos de difícil o imposible encaje en nuestro ordenamiento legal , mucho mejor aún.

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