Cosas de cine

Lluis Camprubí

Cuando una idea prende con la potencia con la que lo ha hecho en el panteón cultural que aquí se combate, a saber, que Hollywood hace cine de derechas y Europa de izquierdas, no basta con aportar casos que desmientan el principio general, porque acaban siendo considerados excepciones a la regla. Como iremos viendo, las excepciones son mucho más abundantes que la presunta regla, lo que significa que la excepción es la regla y la regla es excepción. Que de California sale mucho más cine inspirado por valores de izquierdas que lo contrario. (…).

Así empieza el reciente libro de Pedro Vallín “Me cago en Godard: Por qué deberías adorar el cine americano (y desconfiar del cine de autor) si eres culto y progre”. Una lectura muy recomendable para todos los amantes y gozantes del cine, que además tiene el logro de no dejar de visitar y desmontar la mayoría de lugares comunes perezosos existentes sobre cine y política. Multitud de ejemplos para explicar que hay más valores y relato progresivo, emancipador y democratizador (en clave del liberalismo original) en los grandes relatos y producciones de Hollywood que en muchas de las películas hechas en nuestro continente desde el ensimismamiento intimista. Es pues una sugerencia firme de lectura, ya que el lector encontrará una tesis -herética- bien defendida, una escritura divertida y, por si fuera poco, mucha más sustancia que la estrictamente cinematográfica, con constantes reflexiones y agudos análisis tanto de la actualidad política como con apuntes de mirada larga.

En estas semanas que rodean a los Óscar nos ha dejado Kirk Douglas. Mucho se ha escrito sobre su obra y su compromiso, pero permítanme un detalle quizás no tan sabido que explicaba el amigo Eduard Amouroux. Douglas contribuyó a hacer posible el monumento de homenaje a la Brigadas Internacionales, y a la Brigada Lincoln, que hay en el Carmel en Barcelona.

Ya saben que Parásitos ha ganado el Óscar. Bien merecido/s. Si aún no la han visto, no lo duden. Vayan a verla. No va de guerra de clases, pero es una fotografía de clases en Corea del Sur muy rica. Una fantástica historia en un realismo y detallismo para tomar notas y aprender (y eso que uno puede tener la certeza de saber que hay cosas que se le escapan).

Y seguro que también les han dicho que vale la pena hacer la inmersión en 1917, si es que no la han hecho ya. Puro cine para los sentidos. No hay duda que se ha quedado corta en “estatuillas”.

Pero la racanería con 1917 quizás no sea lo más desconcertante de este año. Hay una película, que diría que está pasando injustamente desapercibida, que hubiese merecido algún reconocimiento. “Dark waters” (Aguas oscuras) explica la odisea judicial real de los afectados por los PFOA y PFOS producidos por DuPont. Un relato de una larga lucha ambiental, humana y por la salud pública explicada desde la complejidad, tanto de los personajes como del proceso. Y lo que es más difícil, hecho como buen cine. Tiene la película una virtud adicional, volver a poner la atención sobre un problema de salud pública persistente y de alcance mundial sobre el que sigue siendo necesario más investigación y más principio de precaución. Si quieren profundizar en ello (ojo con toda la hojarasca que circula por internet), les recomiendo este Informe reciente y completo de la Agencia Europea de Medio Ambiente: “Emerging chemical risks in Europe — ‘PFAS’ “ .

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