¿Elecciones constituyentes?

Alfonso Salmerón

Faltan apenas cuatro días para las elecciones generales y claro, toca escribir sobre ello. Confieso que se me hace difícil. He ido alargando el momento para hacerlo, tratando de buscar el punto de vista más idóneo para un análisis que me ayudara a comprender de qué van los comicios del próximo domingo.Está siendo una campaña rara. Demasiado rara pera ser una contienda trascendental para nuestro futuro. Personalmente, me ha costado mucho entrar en ella. La he seguido muy de refilón. Dejando apenas que los titulares estridentes que han disparado todos los candidatos me alcanzaran lo mínimo posible. Se me han colado a través de las cuentas que tengo en las redes sociales. Y los he leído casi sin querer. Una competición para determinar quién la dice más gorda. Ruido, mucho ruido. Demasiado ruido.

Un ruido que me ha alejado de la campaña, que no me ha invitado a sumergirme como otras veces en ella, ni a seguirla con un mínimo de interés, cuando no de verdadera pasión. Obviamente, les hablo de mi experiencia, subjetivísima como no puede de ser de otra manera. Mi estado de ánimo ha ido fluctuando desde el desánimo a la indiferencia pasando por momentos de cierta curiosidad. Pero, pasan los días y ya no se puede seguir así. Debo parar a reflexionar sobre qué me ocurre, aclarar mínimamente mis ideas para encontrar las razones que me permitan acudir el domingo al colegio electoral con un mínimo de actitud. El voto lo tengo claro desde hace tiempo. El ánimo es otra cosa.

Y es que han pasado tantas cosas en tan sólo cuatro años que no sé por dónde empezar. Los ciclos electorales se volatilizan a una velocidad tan endiablada que se me hace francamente complicado asimilarlos. Los procesos que antes necesitaban décadas de maduración, ahora nacen, crecen y se transforman o desaparecen en apenas unos cuantos años. Tiempos líquidos en proceso de evaporación hacia lo gaseoso. Nostalgia de solidez.

Del asalto a los cielos a tratar de condicionar la formación de un nuevo gobierno. Del impeachment que su partido le asestó, a la moción de censura que derrotara a Rajoy. De ostentar la hegemonía de la derecha, a la descomposición tal vez imparable del partido. De la vía unilateral a la independencia en 18 meses, a la búsqueda de un pacto con el estado, presos políticos mediante. De lo absoluto a lo relativo. Acaso de lo necesario a lo posible.

La crisis sistémica, decíamos entonces y ahora ya suena a viejo, facilitó el cuestionamiento del régimen político del que nos habíamos dotado desde la muerte del dictador. A la crisis económica y sus recortes estafa se sumaba la corrupción política que alcanzó incluso a la jefatura del Estado, y la crisis territorial causada por el procés. Fue el momento en el que parecía abrirse una ventana de oportunidad para la ruptura democrática. El bipartidismo estaba en jaque.

Sin embargo, el sistema mostró más solidez de la que tal vez ingenuamente se le había supuesto y respondió con todos sus resortes, legales y de los otros, como ahora hemos sabido a través de Villarejo, para mantener las cosas en su sitio. Podríamos analizar aquí, cosa que no haremos, el papel jugado por cada uno de los instrumentos de los que dispone el poder para que nada se moviera más allá de lo inevitable. Con la Jefatura del estado al frente (no hay que olvidar el discurso del 3-0 de Felipe VI) el poder judicial, los partidos constitucionalistas, las empresas del Ibex 35 y los grupos de comunicación, movieron sus piezas para neutralizar el mayor desafío que vivía la democracia española desde 1978.

Llegados a este punto, siempre pensé que la incomprensión, cuando no animadversión de la inmensa mayoría de la población española hacia el procés iba a ser su mayor vía de agua. El unilateralismo y la hegemonización del mismo por parte de la excluyente derecha nacionalista en diabólica alianza con el izquierdismo decimonónico de la CUP, y la aquiescencia de ERC, obvió que para poder alcanzar sus objetivos se necesitaba una propuesta más transversal en Catalunya, a la vez que contar con aliados al otro lado del Ebro.

En ese sentido, se dedicaron muchos recursos infructuosamente, como luego pudimos comprobar, a buscar complicidades en Europa mientras se rompían los puentes con importantes segmentos de la población catalana y con los demócratas del resto del Estado que jamás entendieron que el procés también tenía que ver con ellos.

Catalunya llegó a ocupar toda la agenda la política. Eclipsando incluso la corrupción, el paro y las pensiones. La sociedad se iba dividiendo a marchas forzadas, y por el abismo que se abría, iba creciendo la semilla del populismo de extrema derecha, que ya se venía manifestando en Europa desde hacía algunos años, inédito en nuestro país al permanecer contenido en el Partido Popular desde los primeros compases de la transición. La corrupción y las tensiones del procés precipitan el desfondamiento del PP, desmelando a los cachorros de Vox, que cabalgan ya sin complejo alguno.

En esas estamos. Le hemos oído decir a Pablo Iglesias que estas elecciones no son unas elecciones cualesquiera, que tienen un cariz claramente constituyente. Es probable que ese proceso ya se esté preparando desde hace algunos meses. El rearme de la derecha en la forma de trifachito tal vez sea la respuesta del sistema frente a la ofensiva que plantea el independentismo catalán y las propuestas constituyentes de las fuerzas del cambio, que aún habiendo sufrido un desgaste de cuatro años que les pesará como cuatro siglos, muestran todavía un vigor nada desdeñable que deben agradecer sobre todo a la encomiable lucha de las mujeres y los pensionistas empeñados en recordarnos que las consecuencias de la crisis las sigue padeciendo la población más vulnerable.

El día 28 todas las cartas estarán boca arriba. El nuevo gobierno tendrá que dar respuesta al enorme desafío constitucional de garantizar el derecho a la vivienda, la sanidad, el empleo y unas pensionas dignas a la vez que resolver el conflicto político de Catalunya, empezando por solucionar la terrible anomalía democrática que supone tener presos políticos en nuestras cárceles. Cada voto logrado por las fuerzas del cambio será un voto en la dirección del avance democrático, cada voto de VOX será un ruido de sables para impedirlo. Cabe esperar que quien vaya a echar la última carta sobre el tablero que lo hará presidente, no acepte el papel de árbitro que le querrán asignar desde los poderes del Estado y tenga las agallas suficientes para jugar la baza que haga decantar la balanza del lado de un nuevo contrato para todos los ciudadanos en una España plurinacional y de progreso social.

13 comentarios en “¿Elecciones constituyentes?

  1. Pues igual sí que lo son teniendo en cuenta que las del 77 lo fueron de hecho sin ser convocadas para ello. De todo estos procesos al final me quedaré con 2 cosas positivas: una mayor comprensión de los porqués de los límites de la ruptura o reforma…o directamente de las política en los 70; y quizás una comprensión y mejora de las condiciones en las cárceles.

    Sobre lo de constituyentes, habrá que pensar cómo entonces a que estamos dispuestos a renunciar nuestras izquierdas para llegar a un pacto constitucional con las derechas, porque una constitución no puede ser un trágala. Y con un BOX alzado, quién sabe FN de piñar también llenaba plazas y luego no sacaba…. Pero esta vez no parece que será tan así….

  2. Tengo una lectura distinta. Yo no percibo por ningún sitio a mi alrededor esa pulsión de «periodo constituyente» (mi medio ambiente político es madrileño y entre PSOE y Ps) Si percibo una tranquilidad de haber reducido el conflicto en esa divisoria y en otras pero ni mucho menos un deseo de abrir la lata otra vez. De hecho de determinados temas, como el catalán lo que hay es hartazgo y mas bien un deseo de que el asunto desaparezca que de «constituir». Es lo que percibo.
    De hecho tampoco se crean que la palabra «reforma constitucional» sale tanto como salia (que salió mucho un tiempo).

    Todo esto sin mencionar que , a tenor de los sondeos, las cortes que salgan sean la menos factibles para constituir nada en mucho tiempo. Yo me imagino lo vivo que sería el debate del modelo territorial o el electoral entre parlamentarios tan variopintos. El acuerdo, la verdad es que no se me alcanza donde podria llegar.

  3. Olvidad toda esperanza. Solo hay que contemplar un ratito, no hace falta mucho tiempo más, ese espectáculo lamentable que han dado en llamar debate a cuatro, para comprobar que cualquier posibilidad de acometer las reformas que este país necesita son nulas con este clima político. Si termina ganando el trifalico lo mejor será dejar las cosa como están no sea que volvamos a los principios fundamentales del movimiento que algunos ya padecimos. Y si el gobierno es de izquierdas ( seguramente con el apoyo del nacionalismo) la descomposición que va a vivir la derecha hacia su extremo lo hará imposible.
    Yo creo que es necesario otro clima político, que la derecha democrática, que existe, abandone a VOX y que el independentismo comprenda que la vía unilateral ha quedado definitivamente derrotada. O pacta o solo quedará un conflicto permanente. Estos meses de Sánchez han demostrado ambas cosas: ni Cataluña tiene fuerza para ser independiente unilatalmente ni España puede apartarse de la inestabilidad continúa que supone Cataluña. Igual después de esta legislatura con otro clima sea posible. Siempre y cuando no ganen las derechas que han anunciado un 155 permanente. Pero en esta legislatura lo veo imposible. Lo que si veo si ganan las derechas es un riego enorme de involucion política. Justo lo contrario que el artículo pide.
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  4. También existe ,como posibilidad,el que lleguen a ponerse de acuerdo VOX y ERC y decidan quemar el Congreso de los Diputados con sus discursos incendiarios.

  5. El sistema lo componen todos los que trabajan en su seno , se nutren de fondos públicos y son reconocidos por él , con independencia de si son o no antisistema.
    A estos efectos, Pablo Iglesias es tan sistema como Vox , y nada altera este hecho lo que piensen sobre su transformación.

    De ningún modo estamos ante unas elecciones constituyentes , ni en la forma ni en el fondo. El Estado ya está constituido y faltan los consensos básicos para cualquier reforma.

    Sería bueno no pedir a la CE lo que ésta – o cualquier otra- no pueden dar.
    No obstante , el 78,2% de los españoles tiene una vivienda en propiedad, cifra que sitúa a España como uno de los países con mayor porcentaje de viviendas en propiedad de toda la Unión Europea, según datos de Eurostat correspondientes a febrero de 2017 recogidos por el Instituto de Estudios Económicos (IEE). El porcentaje de españoles que cuenta con una vivienda en propiedad es casi nueve puntos superior al promedio de la Unión Europea, que está en el 69,5%.

    El concepto “ pensión digna ” no significa mucho más que un deseo o un soniquete con el que organizaciones poco imaginativas tratan de captar votos en el medio de una confusión generalizada que impide abordar la cuestión de los desequilibrios financieros que provoca el mercado de trabajo en la caja de la previsión social.

    En fin, aquí en Portugal , celebro el 45 aniversario de la Revolución de los Claveles y veo con interés un reportaje de la RTVP en el que entrevistan a varios turistas que no tienen ni repajolera idea de que hubiera habido semejante revolución.; también he visto los debates 1 y 2 , la falta de calidad de los participantes y la caradura de Sánchez presentando documentos falsos atribuidos a la Junta. Es un hombre que lee como un mal actor y gesticula de manera torpe.
    Bueno , el domingo a votar , no por patriotismo ni por amor a la humanidad, sino porque nos incumbe como ciudadanos.

  6. Me faltan datos aún, pero en ningún caso a Vox , Bildu o Podemos y sus variantes.

  7. Pues yo tiraré la moneda al aire y ella me dirá si voto a mi paisana Arrimadas o a la que cuando hace el amor con su pareja no no necesita que ésta vaya acompañada del notario.

  8. Es que Los de la época en que el «hacer manitas» era todo un logro, estamos estupefactos con las movidas de estos tiempos, Mr. Polonio.

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