Erase una vez la humanidad

Marc Alloza

Erase /una vez /un planeta triste y oscuro /y la luz al nacer/descubrió/un bonito mundo de color

El otro día una niña de 7 años me preguntó ¿Qué hacemos aquí? ¿Por qué existimos?. No supe responder, sólo atiné a decir que somos la consecuencia de una serie de circunstancias muy especiales y muy casuales que han tenido lugar durante inimaginables millones de años.Está claro que con esa respuesta no la convencí, ni a ella ni a su madre ni al vecino que pasaba por allí ni a mi mismo claro está, pero bueno, algo de verdad creo que sí que dije. Nuestra existencia, así como la de la amplia variedad de seres vivos que han poblado y pueblan este planeta es un hecho tan extraordinario, que no se conoce nada mínimamente parecido en el universo.

El caso es que desde el primer organismo unicelular LUCA (Last Ultimate Common Ancestor-Último antepasado común) hasta la aparición de los primeros agricultores y ganaderos hacia el 10.000 AC pasaron 4.000 millones de años.

Erase/una vez/unos hombres que con sus manos/consiguieron hacer/con tesón/un hermoso mundo para ti

 A partir de aquí todo se va acelerando paulatinamente. El ser humano empieza a moldear el entorno a su interés, captura animales y los domestica. En 6.700 A.C aparecen los primeros asentamientos Sumerios que más tarde se convertirán en la primera civilización de la humanidad. Los sumerios inventaron la escritura, la rueda y las primeras marcas (sello cilíndrico, rodillo de piedra con el que los mercaderes marcaban su género).

Y llegó el momento de cubrir el cielo con banderas y de hacer grandes guerras contra los semejantes (Sumer primera guerra de la historia). También llegó el momento de esclavizar a otras personas para hacer con ellas todo lo que uno no querría que le hicieran consigo mismo. Se forjan nuevas civilizaciones más grandes e influentes y llegan los primeros reinos y grandes imperios. Se desarrolla la filosofía, las matemáticas y la ingeniería civil. Aun así, en la antigüedad, muchas generaciones viven y mueren igual que las anteriores, con poca variación tecnológica, los cambios siguen siendo lentos.

A final de la Edad Media (S. V d.C – 1492) aparecen el papel, la imprenta, la pólvora y nuevos sistemas de navegación que cambiarían el mundo y que servirían de punto de partida para la creación de los grandes imperios intercontinentales de la edad moderna (1492-1789). Brújula, cartografía y armas de fuego forjan un nuevo equilibrio mundial. Pero no es hasta la revolución industrial (1760-1840) que se da el detonante de la aceleración tecnológica de la edad Contemporánea (1789-). A partir de la siderurgia, máquina de vapor, motor combustión, electricidad, motor eléctrico, ordenadores…. Se producen grandes avances en todo los ámbitos de los que debemos estar orgullosos puesto que ya no son tanto el fruto de la casualidad si no de la propia capacidad del ser humano para adaptarse al entorno y moldearlo a su voluntad.

Como hemos visto la racionalidad, dota al ser humano de unas capacidades maravillosas para innovar y progresar. Pero también le otorga la capacidad de someter a sus iguales de las formas más sutiles a las más crueles, para apropiarse de su riqueza, su trabajo, sus recursos o para simplemente mantener su statu quo de poder. Lo peor de todo es que esta capacidad la ha empleado, la emplea y desgraciadamente la empleará, de forma consciente. Es decir, conociendo las consecuencias de sus actos y del daño que éstos infringen.

Cuando el lunes 6 de agosto de 1945 Harry S. Truman presidente de los EEUU ordenó tirar la primera bomba atómica sobre una ciudad de Japón, conocía perfectamente los devastadores efectos que tendría la misma. No contento con eso ordenó un segundo bombardeo el jueves 9 de agosto sobre otra ciudad, con otro tipo de bomba. El macabro ejercicio empírico terminó con un saldo de 246.000 muertos. No sólo sabían de la potencialidad de la bombas, que todavía a día de hoy tienen repercusión, sino que además se dio orden de buscar objetivos en los que se pudiera observar mayor devastación.

Que hubiera pasado si los aviadores se hubieran negado, que hubiera pasado si los aviadores que les hubieran podido sustituir se hubieran negado, que hubiera pasado si los que encargados de castigar a los aviadores se negaran… No sé si Japón hubiera firmado la rendición a finales de mes pero está claro que 246.000 personas, en su gran mayoría civiles, no hubieran muerto durante la segunda semana de agosto del 45.

Hoy en día el ser humano en su generalidad debería ser, en gran parte, dueño de su futuro. Pero no es así ni mucho menos. Según Oxfam en 2017 el 1% de la población mundial más rica generó la misma riqueza que 82% más pobre. El planeta se calienta con efectos que serán devastadores, las banderas siguen cubriendo los cielos de las zonas en guerra, el hambre y la pobreza nos siguen acompañando. Mi deseo navideño es que este 1% recapacite y ponga rumbo hacia las sostenibilidad es sólo cuestión de voluntad. Sino ¿Qué hacemos aquí?

1 comentario en “Erase una vez la humanidad

  1. Platón ya señalaba su asombro ante la existencia del mundo en lugar de la nada y enraizó en ese asombro la virtud de todo filosofar.
    Lo que afirma usted sobre la racionalidad se puede decir también sobre los cuchillos que tanto valen como útil instrumento para la cocina como para el crimen.
    Ahora lo que verdaderamente produce asombro es su invitación contrafactica a los aviadores americanos para amotinarse contra sus superiores para salvar a 246.000 personas.
    Como estoy convencido de que usted conoce la historia de Japón y de las auténticas perrerías de las que fueron autores en sus incursiones por Asía justificadas desde un supremacismo criminal por el cual jerarquizaban a los pueblos según una delirante clasificación , debo entender que igualmente le preocupan los millones de muertos , torturados y esclavizados por el ejército imperial ; también por los cientos de miles de mujeres ofrecidas como esclavas sexuales , algo que no reconocieron hasta fechas muy recientes y de muy mala gana. En “ El crisantemo y la espada ” se explica muy bien la mentalidad del Japón al que se enfrentaron los ejércitos occidentales.
    He visitado Japón y tengo familia japonesa. Allí todavía se enseña la historia de una manera muy deficiente, de modo que la II WW se les aparece como una misión evangelizadora cuasignaciana hacia los pueblos de Asía, un poco exagerada tal vez , pero bienintencionada en el fondo.
    No se trata de humillar a nadie ni de no sentir respeto por las víctimas inocentes del militarismo nipon . Mucho menos de predicar la guerra nuclear como método para dirimir conflictos . Pero el relativismo irresponsable y frívolo me irrita.
    Pensar que el ser humano debería ser “ en gran parte ” dueño de su futuro me parece que no resiste las conclusiones de una rápida mirada sobre lo acontecido desde su aparición en la Tierra.
    Mi deseo , puesto que de desear trata su artículo, es que recapacite el 100 % sobre el aspecto que presenta la existencia de nuestra especie en su brevísimo discurrir.
    Verá de inmediato la belleza de nuestro planeta , el alcantarillado y el derecho romano, la fuerza liberadora de las lanchas de desembarco en Omaha beach, la emoción de los claveles en Lisboa durante una mañana de Abril; la digna nostalgia de Thomas Moro al contemplar por última vez el cielo de Londres, y la amistad de Don Quijote y Sancho en cualquier recodo del paisaje español.

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