¿Hemos olvidado hacer las cosas?

Carlos Hidalgo

Hace ya unos meses que leí en la revista del MIT un artículo que despotricaba acerca del papel de Silicon Valley en la pandemia. Porque el caso es que ni las aplicaciones móviles, ni Google, ni Facebook, ni Apple, ni el blockchain nos han ayudado para nada con el virus. Eso sí, se han forrado más aún. Mientras tanto, los países del llamado mundo occidental han descubierto que no saben hacer mascarillas quirúrgicas, ni jeringuillas y hasta parece que ni vacunas.

Y las noticias económicas se dividen entre la crisis que está cuarteando nuestro tejido social, ya muy herido por la crisis de 2008, y los culebrones del mundo financiero. Pero es que el mundo financiero hace tiempo que apenas cumple su función de invertir en la economía real y se dedica a invertir en si mismo, inventando productos que valen dinero sólo porque varias personas se han puesto de acuerdo para decir que es así. Mientras, ese dinero imaginado succiona el dinero real y hasta los billones y millones que se inyectan para capear la crisis, desaparecen en la nada de complicados productos financieros y sirven para especular en deuda pública o para apostar porque una empresa se arruine, que se ve que es más rentable que sacarla adelante.

Precisamente de ahí nos llega el penúltimo acto dramático de Wall Street: un grupo organizado de frikis se ha puesto de acuerdo para romper las posiciones en corto de varios fondos de inversión, provocándoles pérdidas de miles de millones de dólares. Tantas, que otros fondos han acudido al rescate de los afectados, por aquello de ver pelar las barbas del vecino.

Pero entre rescates, especulaciones, noticias del aumento de parados y del número de muertos, sigue sin verse la voluntad de recuperar la capacidad de fabricar cosas. No es que diga que tengamos que reorientar nuestra economía a la fabricación de mascarillas y equipos de protección personal, pero me preocupa que no las hubiera y que los aviones de China se subastaran como merluzas en una lonja.

Volviendo a lo del blockchain, los fans del bitcoin, ese engendro monetario que nada produce, pero consume vorazmente, están tan volcados en el llamado “minado”, que consumen la energía equivalente a Viena y Roma juntas. También consumen procesadores y tarjetas gráficas y desde hace más de un año la industria sufre una preocupante falta de chips. Eso que en teoría también sabemos fabricar, pero no fabricamos.

No tengo nada en contra de los algoritmos, de las operaciones financieras, ni siquiera del blockchain, pero son cosas que fueron concebidas para un fin y no como fines en sí mismas. Las entidades financieras podrían salir un poco de su ensimismamiento especulativo e inyectar dinero en la industria, por ejemplo. Por aburrido que sea sentarse a esperar dividendos una vez al año. Salvar a la hostelería está muy bien, pero también deberíamos ser capaces de crear empleos en otros sectores para que los hosteleros tengan a gente con dos euros en el bolsillo pidiendo en la barra.

Y, por supuesto, me parece muy curioso que con dos grandes multinacionales farmacéuticas españolas en el IBEX 35, en España no tengamos la capacidad de fabricar vacunas. Una de esas empresas, la catalana Grifols por cierto, ha tenido un fugaz protagonismo en las elecciones que se avecinan, porque los actuales gobernantes de Cataluña, más centrados en la patria que en la pandemia, llevan en su programa que quieren expulsar a las empresas del Ibex. Se ve que ser de las 35 más cotizadas en España y líder mundial en hemoderivados te anula el certificado de catalanidad.

1 comentario en “¿Hemos olvidado hacer las cosas?

  1. Para olvidarse de hacer cosas hay que haberlas hecho primero alguna vez y en el mundo de los laboratorios farmaceuticos España ni está ni ha estado nunca al nivel que se requiere en ese campo. La industria farmacéutica se desarrolla gracias a una capacidad de endeeudamiento que le permite pasar años y años investigando y avanzando en los controles requeridos antes de poder obtener los permisos para sacar al mercado los fármacos. Estados Unidos es el pais más desarrollado en en la investigación farmacéuitica y los laboratorios que allí trabajan cuentan con una enorme capacidad financiera que obtienen a traves de cotizar en bolsa. So lo hay que repasar el Naxdaq y entrar en la información financiera de los laboratorios que allí cotizan para ver lo alejados que estamos de poder asumir esas magnitudes crediticias. Aquí, un laboratorio que intente desarrollar un fármaco quebraría al tercer año si no recibe el apoyo mínimamente necesario para mantener la investigación, por lo que pocos lo intentan si no van cogidos de la mano de alguna multinacional del sector.
    Necesitamos más: I+D+I+pasta

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