La Cumbre del G-20 en Roma

LBNL

Han pasado muchas cosas este fin de semana en Roma alrededor de la Cumbre del G-20. La primera, que los países que son colectivamente responsables del 80% de las emisiones contaminantes, han finalmente acordado bajar el objetivo de calentamiento global de 2 a 1,5 grados. Puede parecer poco pero medio grado es mucho para el planeta y también para los países que deben sufragar los gastos de la transformación de la economía necesaria para contener la contaminación. La de cal, que la reducción se acordó para “mitades de siglo”, a caballo entre el año 2050 perseguido y el 2060 defendido por otros. Y a partir de ayer domingo, el compromiso se hará extensivo al resto del mundo en la Cumbre COP26 que tiene lugar en Glasgow.

Por otra parte, los países del G-20 se comprometieron a dejar de financiar centrales de carbón en el extranjero. No es moco de pavo pues hace bien poquito que China ha financiado la construcción de una en los Balcanes. Es decir, si un país quiere ir en dirección contraria a la historia – y a las necesidades de la Humanidad – lo tendrá que hacer en solitario, es decir, sin ayuda financiera o técnica de ninguna de las 20 mayores economías del mundo.

En Roma pasaron más cositas significativas. La primera, que el G-20 saludó el acuerdo sobre fiscalidad mínima del 15% alcanzado en la OCDE. Es un “saludo” testimonial pero no baladí porque la OCDE, en la que participan Irlanda, Luxemburgo y otros países que se han distinguido por su dumping fiscal societario, llegó a un acuerdo finalmente solo después de que el G-20 llegara a un acuerdo de principios tras el cambio de posición de la administración Biden.

Otro logro importante fue que EE.UU. y la UE acordaron cancelar de inmediato las sanciones mutuas iniciadas por Trump hace tres años sobre el acero y el aluminio y empezar a negociar un acuerdo bilateral – con vocación de que se adhieran otros – para la sostenibilidad de estas dos industrias, que están entre las más contaminantes. La referencia a la sobre capacidad y al restablecimiento de las condiciones de mercado indica que el eje transatlántico tratará de llegar a estándares de contaminación comunes para luego rechazar – o gravar sustancialmente – las importaciones de China y otros que contaminen por encima de ellos o, muy importante, produzcan en exceso de las necesidades globales al albur de subsidios estatales. Pero, en todo caso, como ya pasó con la suspensión de las sanciones a propósito de la larga guerra entre Airbus y Boeing, adiós las sanciones americanas sobre la producción europea de aluminio y acero, incluida la española.

Para cerrar las buenas noticias, el G-20 también acordó acciones para intensificar la vacunación anti-COVID en el “resto del mundo” con el objetivo de llegar al 40% de la población mundial a finales de este año y el 70% a finales del que viene, para lo cual mejorarán los mecanismos de cesión y entrega así como limitarán las restricciones a la exportación tanto de las vacunas como de los insumos. Como compromiso está bien pero seguramente coincidiré con ustedes en un cierto grado de escepticismo sobre si se cumplirán los objetivos. Esperemos.

Sería más fácil de creer el compromiso – también el de limitación del aumento de temperatura global – si los Presidentes de China y Rusia hubieran acudido a la Cumbre, lo que no quiere decir que sus países estuvieran ausentes: Xi Ling Pin participó por video conferencia y el Ministro de Exteriores Lavrov representó a Rusia.

Y finalmente Irán. Aquí las noticias son menos buenas porque EE.UU., Reino Unido, Francia y Alemania emitieron un comunicado conjunto urgiendo a Irán a volver al acuerdo nuclear conocido por sus siglas en inglés como JCPOA y, muy importante, subrayando que no consentirán que Irán alcance la bomba nuclear. La cuestión es compleja porque fue Trump quien abandonó el acuerdo y reimpuso sanciones que ahora Biden no es capaz de suspender en su totalidad. Y también porque la reacción iraní fue intensificar el enriquecimiento de uranio y limitar su cooperación con la Agencia internacional para la energía atómica. En consecuencia, Irán podría tener todo lo necesario para fabricar una bomba nuclear – también para mandarla al haber seguido desarrollando su programa de misiles – dentro de pocos meses. Irán sostiene que volvería al acuerdo sin condiciones si Biden levanta las sanciones pero algunas de estas fueron impuestas por el Congreso y difícilmente se alcanzaría la mayoría necesaria en el Senado para ello, especialmente con Israel presionando a los demócratas para que no lo hagan. De ahí que la Unión Europea lleve meses negociando con todas las partes para conseguir cuadrar el círculo, que se hizo todavía más cuadrado con la elección de un halcón como nuevo Presidente iraní hace un par de meses.

No es un juego meramente diplomático: hace unos cuatro días el sistema nacional de abastecimiento de gasolineras iraní fue paralizado cibernéticamente, como hace unos meses lo fue el sistema ferroviario y antes el de uno de sus principales puertos de carga de petroleros. Irán tampoco se ha quedado quieto y en los últimos meses han sido varios sus ataques – nunca reivindicados – a buques relacionados de alguna manera con Israel que pasaban por sus costas. En suma, hay una guerra de baja intensidad en curso y la batalla diplomática se recrudeció un poco más en Roma.

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