La OTAN y Europa en la encrucijada

LBNL

Hoy llega el Presidente Trump a Reino Unido y mañana cenará con el resto de líderes de la OTAN, con los que se reunirá oficialmente también al día siguiente para conmemorar el 70 aniversario de la alianza que ha mantenido la paz en Europa desde la segunda Guerra Mundial. Y sin embargo, en Londres cunde el pánico. En el resto de capitales europeas también porque también acudirá el Sultán turco Erdogan. El que más miedo debería tener es Boris Johnson ante el riesgo de que Trump decida apoyarle explícitamente interfiriendo en la campaña electoral en curso – elecciones el 12 – que lidera con cierto margen. Nada le vendría mejor al Partido Laborista. Los demás europeos tienen asumida otra bronca de Trump por no gastar en defensa pero temen que pueda llevarla demasiado lejos y amagar con la retirada de EE.UU. de la OTAN. Por eso han aceptado sin rechistar hace pocos días una rebaja de la contribución norteamericana a los gastos generales de la organización, en realidad más simbólica que otra cosa. Pero el frente turco también amenaza, no tanto por la invasión del noreste de Siria o la compra del sistema de defensa antiaéreo ruso S400 como por la creciente agresividad contra Chipre y Grecia, incluidas las prospecciones gasísticas en aguas chipriotas, que la Unión Europea ya ha condenado, sin resultados prácticos.

Que Trump es un tarugo despreciable lo sabe ya todo el mundo, a excepción de sus millones de votantes en la norteamérica profunda que parecen enrocarse en su apoyo con cada enfrentamiento público del besugo. Ese es el riesgo fundamental: necesita de la bronca para mantenerse en el poder. En el caso de la contribución a la defensa transatlántica, además, tiene razón. Lo mismo decía Obama, con otras palabras y otro tono bien distintos, claro está. Incluso aceptando las argumentaciones europeas sobre las muchas contribuciones a la estabilidad y seguridad internacionales que hace Europa en ámbitos no militares – ahí está la lucha contra el cambio climático liderada por la UE, estos dias en Madrid, y de la que EE.UU. se ha retirado – y sobre los muchos réditos económicos y políticos que recibe EE.UU. por su desmedida contribución militar, es innegable que Europa debe gastar bastante más en defensa. Se trata al fin y al cabo de la seguridad principalmente de Europa.

Es perfectamente legítimo defender que no hace falta invertir en defensa para protegerse de una Rusia que arguye que no tiene intención de atacar Europa. Como denunciar que en la mentalidad de Putin, Europa no incluye a los tres países bálticos, a Ucrania, los Balcanes o incluso a los países de Europa central, antiguos países del Pacto de Varsovia. Para la Rusia de Putin y sus secuaces, algunos de estos países en realidad parecen formar parte de la madre Rusia y los demás, de su cordón de seguridad, por lo que su soberanía debe ser limitada. Ahora bien, si se opta por la primera hipótesis, lo lógico es abogar por la neutralidad, salirse de la OTAN y jugar a ser Suiza dejando de lado la solidaridad con gran parte de Europa.

Si por el contrario se defiende que todos los ciudadanos de Europa tienen derecho a la libertad y la democracia sin cortapisas ni interferencias exteriores, no es de recibo pretender seguir en la protectora alianza atlántica pero pretender que EE.UU. siga costeando la mayor parte del gasto. Y contribuyendo con la mayoría de los sistemas de defensa e incluso de fuerzas militares. En los tiempos que corren es muy complicado optar por invertir mucho dinero en la construcción del próximo avión de combate al precio de no destinar esos recursos al mantenimiento de una buena educación y sanidad públicas, por ejemplo. Pero es perfectamente lógico que EE.UU., bajo liderazgo del tarugo o de cualquier otro Presidente, se queje. De ahí que esté asumido que Trump vaya a redoblar su crítica ante el timorato y tardío cumplimiento de las promesas de los aliados europeos de destinar el 2% de su PIB a la defensa.

Lo que no es aceptable es que EE.UU. se muestre al mismo tiempo irritadisimo frente a los pasos que la Unión Europea está dando para reforzar su contribución a la defensa europea. Lo hace porque la Unión pretende invertir en defensa principalmente europea. Las filiales norteamericanas de defensa en Europa podrán participar pero con algunas limitaciones que básicamente garantizan que los resultados revertirán en la Europa que invierte en ellos. Como hace EE.UU. Y claro, EE.UU. no está acostumbrado a que la “coordinación” transatlántica no sea “subordinación”, como hasta ahora.

Es absurdo pretender que Trump comprenda que no se puede pedir y quejarse de que los otros hagan lo que se pide. Quizás lo comprende pero en todo caso le trae sin cuidado porque a él lo único que le interesa de verdad es poder dar voces que le sirvan para seguir vendiéndose tweet after tweet como el único que defiende a EE.UU. frente a la “violación” – escribió rape – de EE.UU. por la Unión Europea, o a manos de China o quien sea, siempre que no se trate de la Rusia dirigida por su amiguito Putin.

La buena noticia es que las diplomacias occidentales – también la norteamericana – han maniobrado sin denuedo para que la “Cumbre” de la OTAN de Londres sea lo más corta posible. Pero si tiene ganas, Trump encontrará la manera de montarla, en persona o a través de Twitter. Ya se inmiscuyó en la campaña electoral británica recomendándole a Boris Johnson que se aliara con el partido del Brexit. Johnson se mantuvo firme y Farage se ha retirado de todas las circunscripciones en las que podía quitarle votos que resultaran en escaños para la oposición. El problema es que a Trump no le gusta el acuerdo que renegoció Johnson. Prefiere un Brexit a las bravas que deje al Reino Unido sin ataduras a la Unión Europea y, de ser posible, genere problemas a la propia Unión.

Es decir, si gana Johnson el Reino Unido sale de la Unión pero lo hará de forma controlada y su independencia económica-social se quedará en mera autonomía. Y Trump no quiere eso. Y si de algo no se le puede acusar es de falta de coherencia. Así que puede que meta la zarpa y acabe ayudando a laboristas, liberal-demócratas y nacionalistas escoceses a evitar una mayoría conservadora. En cuyo caso no habría nada claro pero no cabría excluir una nueva renegociación y un segundo referéndum. Todo lo cual es iado complicado para Trump y para el común de los mortales así que ya veremos si es capaz de callarse.

Lo de Turquía es harina de otro costal. También está claro a estas alturas que Erdogan es un personaje tóxico susceptible de ser sometido a la doctrina jesuítica del magnicidio legítimo. Pero nadie quiere “perder” a Turquía. Son millones los turcos que le detestan tanto o más que cualquier persona de bien mínimamente enterada. Y Rusia acecha, explotando las ingentes debilidades del Sultán, tendiéndole trampas cada vez más evidentes a medida que su debilidad interna se acrecienta.

La última “machada” ha sido la firma de un pacto de fronteras marítimas con el gobierno libio al que Turquía viene apoyando desde hace años. El único problema es que el pacto ignora la presencia de la isla griega de Creta, ninguneando de nuevo a Grecia mientras sigue provocando a Chipre realizando prospecciones gasísticas en sus aguas territoriales y amenazando a la Unión Europea en su conjunto con abrir las fronteras a los millones de inmigrantes potenciales – sirios pero también afganos y de otros países – que ya están y siguen llegando a Turquía, también por su generosa política de visados y la amplia gama de vuelos de Turkish airlines.

El problema es que ni la OTAN ni la Unión Europea tienen soluciones. Cualquier alternativa es mejor, menos mala, que empujar a Turquía a los brazos de Rusia. Ni la una ni la otra van a bajarse los pantalones pero tampoco van a tomar las medidas que deberían y desearían tomar, porque el resultado sería aún peor que la situación actual.

Es en este contexto convulso en el que la nueva Unión Europea empieza a funcionar desde hoy mismo. La Presidenta de la Comisión von der Leyen, el Presidente del Consejo Europeo Michel y el nuevo Alto Representante para la política y seguridad exterior Borrell – si le dejan – tendrán que hacer frente a estos retos y algún otro, de igual importancia, como la preservación del modelo político-económico-social europeo frente al cambio climático y la automatización de la economía. No es garantía de éxito pero si motivo de consuelo que en la Unión Europea el liderazgo siga en manos responsables y sensatas.

¿Es mucho pedir que las negociaciones PSOE-ERC de mañana tengan en cuenta la seriedad del envite internacional y concluyan en un acuerdo rápido que nos permita tener un gobierno en condiciones, presupuestos y vías de diálogo para normalizar la situación polítca en Cataluña?

2 comentarios en “La OTAN y Europa en la encrucijada

  1. Excelente artículo que suscribo salvo el último párrafo , por las reservas que tengo hacía el Presidente , el futuro vicepresidente ( una política de defensa errática ) y la » interlocutación ” del menor rango del gobierno en funciones con quien tiene la ensoñación de transformar Barcelona en la Crimea china del Mediterráneo o vaya usted a saber qué. Además , cuanto más rápido, peor.
    Creo en la seriedad del envite internacional pero no que Sánchez sea capaz de armar un gobierno en condiciones con semejantes apoyos. Como diría un Sanchez disfrazado de Chico Marx ¿ A quién van a creer , a mí o a lo que ven sus ojos ?
    Pues eso.

  2. Con el esfuerzo que cuesta poner el tema en suerte, Trump, Turquia, Libia..todo muy bien relacionado y tal LBNL se hace un auto off-topic y nos vuelve a los temas de siempre, «normalizando la situación de Cataluña» incluido en los últimos 4 renglones.
    Eso seguro que en teoria de la comunicacion se llama de alguna manera. a mi me ha dejado «descolocao».

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