Los inescrutables caminos del debate

Carlos Hidalgo

No me gusta el fútbol. Me aburre. Me sorprende ver a los aficionados revolverse inquietos en sus asientos, gesticular ante jugadas y gestos que no entiendo, gritar a la tele y comentar airadamente detalles que se escapan a mi comprensión. Pero el caso es que ayer, viendo el debate televisado, podía parecer uno de los sufridos aficionados al llamado “deporte rey”.

 Por estirar mi escasísimo conocimiento del fútbol, yo -que iba con Pedro Sánchez- pedía la hora al árbitro. El PSOE, como los grandes equipos, puede ganar si tan sólo evita perder. Y yo creo que el presidente del Gobierno en Funciones no perdió.

 Tampoco sabría decir quién ganó el debate.

 No me fio de las encuestas que los medios sacan a toda prisa en cuanto concluyen estos eventos. O son sacadas directamente de Internet, con lo cual pueden ser falsificadas rápidamente con horas de “bots” y de simpatizantes, o son rápidas encuestas telefónicas cuya muestra tiene más peligro que un embutido de Magrudis.

 Pero me preocupó ver a Santiago Abascal, crecido, rígido, petulante, largando mentiras y discursos del odio ante unos interlocutores que parecían ignorarle. Normalizando la xenofobia y el garbancero fascismo carpetovetónico en “prime time”. Y entiendo que se le ignorase. Porque si le respondes o le desmientes todos los embustes, le dejas dominar el debate. Pero también eché de menos la unidad de los demócratas contra alguien que se ufana de querer cargarse el sistema con la misma chulería de un Arnaldo Otegui, sólo que con licencia de armas y aspirando a un cortijo más grande que el de los abertzales.

¿Era mucho esperar que todos los líderes de los partidos expresaran asco ante Abascal? Imagino que sí. Unos por no engordarle más. Y otros porque sustentan sus gobiernos en él.

Si las encuestas tienen razón, veremos cómo el PSOE vuelve a ganar las elecciones, pero con la ultraderecha creciendo espectacularmente, dando el “sorpasso” a los excentristas de Ciudadanos, los grandes perdedores en encuestas y en el debate.

Ahora bien, si el equilibrio de los bloques se mantiene como hasta ahora, ¿qué va a pasar? ¿Será posible esa unidad de los demócratas que no vimos en el debate, aún a costa de hacer presidente a Sánchez? Yo recuerdo cómo el PSOE se sacrificó en una abstención para hacer presidente a Rajoy. Pero el precio pagado por los socialistas fue tan alto -política y personalmente- que ninguno de los ambiciosos líderes actuales querrá pagarlo.

Y si el estancamiento sigue… con la ultraderecha creciendo… ¿qué puede pasar si hay una tercera legislatura fallida? Yo por si acaso ya voté por correo.

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