Malos tiempos para la Política

David Rodríguez

Vivimos malos tiempos para la Política, con mayúsculas, entendida como la ética de lo colectivo, como un debate racional sustentado en la lógica y la transparencia, como un bien que tiene por objetivo mejorar las condiciones de vida de la gente. Lo que está sucediendo en España durante los últimos dos meses es un contraejemplo paradigmático de lo que debería de ser la Política. Sin ánimo de ser exhaustivo, intentaré poner algunos ejemplos que me llevan a realizar semejante afirmación.Pedro Sánchez, hace casi dos meses, declaró que Pablo Iglesias era el principal obstáculo para llegar a un acuerdo. Más allá de que poco después se ha demostrado la falsedad de esta afirmación, existe una contradicción notoria entre declarar a Unidos Podemos como socio preferente y acto seguido sostener que su principal dirigente es una traba para gobernar conjuntamente, aparte de la falta de respeto que representa hacia los votantes de la formación morada.

Otro argumento para justificar los desacuerdos es la falta de confianza, lo que implica la subjetividad elevada a la categoría de excusa. A los representantes políticos que han sido escogidos para negociar un gobierno se les presupone la suficiente capacidad para redactar unos acuerdos y gestionar su cumplimiento, haciéndolo con la empatía necesaria para entender al interlocutor. Esta es su obligación, y si carecen de dicha aptitud es mejor que sean otros los que retomen el diálogo. Si de desconfianza se tratara, en este país no se firmaría ni un solo convenio colectivo entre patronal y sindicatos.

Pero se ha atribuido una razón más grave todavía que la desconfianza. En la misma entrevista que mencionaba antes, Pedro Sánchez sostenía que no quería a Pablo Iglesias porque necesitaba un Vicepresidente que “defendiera la democracia”. Nuevamente, es totalmente incoherente que proclames a alguien como tu socio preferente y a continuación lo sitúes nada menos que fuera de la democracia en temas fundamentales de gobierno.

Finalmente, la forma de evolución de la negociación resulta un tanto surrealista. Se ha pasado de un gobierno en solitario a uno de coalición con un cierto reparto de carteras. Una vez fracasado el primer intento de investidura, y justo después de reconocer que ha faltado tiempo para concretar un acuerdo, el PSOE plantea seguir dialogando desde el punto de partida que se hallaba más lejos de un posible pacto, en lugar de hacerlo desde el punto de llegada que se encontraba más próximo al mismo. Incluso hemos llegado a escuchar declaraciones del tipo de que “el tren de la coalición sólo pasa una vez”, como si gobernar un país dependiera de contingencias basadas en el castigo a los supuestos errores de la otra formación política.

Pero también en Unidos Podemos han existido elementos de difícil comprensión lógica. Es sorprendente lo poco que se ha hablado de programa en contraposición a lo mucho que se transmitido sobre los cargos. Se ha perdido la oportunidad de situar en el debate público muchas opciones de políticas transformadoras, de contrastarlas entre ambas formaciones y de dar a conocer, con total transparencia, el resultado final de la discusión. Desde mi punto de vista, el acuerdo sobre propuestas ha de ir acompañado de las personas que deben ejecutarlos, pero lo primero es previo a lo segundo. De hecho, es después de cerrar el pacto programático cuando corresponde debatir si se plantea un gobierno de coalición (si los acuerdos son de máximos), de apoyar un gobierno en solitario (si son de mínimos) o de votar en contra de la investidura (si las diferencias en temas fundamentales son insalvables). Creo que en este caso el orden de los factores sí altera el producto.

En definitiva, la Política con mayúsculas ha brillado bastante por su ausencia en este proceso. Esto no quiere decir que todo lo ocurrido sea incomprensible (aunque para buena parte de la población tal vez sí lo sea). Lo que significa es que los factores explicativos de este vodevil se encuentran en otras coordenadas: el tacticismo, la vista puesta en las encuestas, las presiones de los mercados, las divisiones internas más o menos explícitas, o incluso el deseo de aplastar al otro. Y estos elementos conforman la otra política, la de las minúsculas. Ojalá en los próximos días se siente cabeza y se alcance un acuerdo sustentado en elementos de mayor calado, como el bienestar de la población a la que se dice representar.

4 comentarios en “Malos tiempos para la Política

  1. El tactismo, las divisiones internas, el deseo de aplastar al otro, la vista puesta en las encuestas y mil cuestiones más siempre han existido, forman parte de la política, y a pesar de ello ha habido políticos que han conseguido ponerse de acuerdo para hacer avanzar este país. No sé si son malos momentos para la política pero tengo la absoluta certeza que los políticos que hoy dirigen los cuatro grandes partidos son mediocres hasta aburrir. Solo hay que escuchar el discurso vacío que han instalado en la política lleno de lugares comunes tipo miss mundo. Con esta tropa todavía estaríamos discutiendo el artículo uno de la Constitución.

  2. Sin duda que son malos tiempos para la política. Solo hace falta repasar los últimos tres años ; también para la prensa y la televisión pública, cuyas audiencias no terminan de hundirse.
    Para los que alberguen dudas razonables sobre la disposición de ánimo de los Podemitas , de sus filias y fobias , vean en redes como las gastan en los salones del Congreso recibiendo al candidato peronista , alfa y omega del atraso político e intelectual de la Argentina.
    Mejor se quedan en la oposición hasta su inevitable decadencia murmurando frases sobre el populismo inducido de Laclau.

  3. Buenos días David Rodríguez ,caballeros callejeros y cabellera al viento sin coletas y a lo loco:
    Puestos a darle la culpa del fracaso de esta investidura,me pregunto quién se ha movido más para llegar a un acuerdo….y consultando con Mis Dos Neuronas,Una y Otra,hemos llegado a la conclusión de que el PSOE siempre ha puesto soluciones en la mesa,otros sólo han puesto su levedad de ser un cero en la izquierda y una a mi plim en la derecha.
    Ahora con UP, estamos en la fase»:Dame lo que no quise y una tácita más» para esconder mis vergüenzas.
    Venga ya,un poquito de Por favor…
    Y luego dirán ante el fracaso es que el PSOE quería elecciones.
    Pues no se yo si votar NO a la investidura de Sánchez es querer que no haya elecciones.
    Los que quieren elecciones votarán NO.
    Ante mi doy fe.
    AC/DC
    firmado…Anda que tu….ya te vale.

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