Otra primera vez

Carlos Hidalgo

Y hubo Gobierno. Mientras escribo estas líneas aún se suceden todas las primeras reacciones a la investidura de Pedro Sánchez. Y así nace el primer Gobierno de coalición de la democracia del 78. No está mal. Otra primera vez. Porque recordemos lo siguiente, todo esto viene tras unos años en los que hemos asistido a: la primera abdicación de la democracia, las primera investidura fallida, la primera repetición electoral tras la investidura fallida, la primera vez que el PSOE se abstiene para que hay Gobierno (del PP), la primera dimisión forzada de un secretario general del PSOE, la primera vuelta de un secretario general del PSOE al que se ha forzado a dimitir, la primera vez que se aplica el artículo 155 de la Constitución, la primera moción de censura que triunfa, las primeras primarias nacionales del PP, la primera vez que el PSOE pierde Andalucía, la segunda investidura fallida y ahora, la primera investidura con menos apoyos de la democracia.

Y con tantas cosas en medio que todos estos últimos 5-6 años han sido de un frenesí político incansable y, a la vez, de un inmovilismo absoluto. Como no se cansan de recordar desde el PP, ahora mismo están vigentes los Presupuestos Generales del Estado de 2018, elaborados por Cristóbal Montoro. Como no se cansan de repetir los sindicatos, sigue vigente la reforma laboral de 2012. Y España aún es vigilada de cerca por Bruselas por su déficit público.

No esperen que el frenesí baje su ritmo. Hay mucho por hacer y todos estos años nos han traído una nueva generación de líderes políticos mucho más agresivos, menos observantes de los protocolos de una democracia tranquila y más dispuestos a marcarse faroles que a atender a razones de Estado.

Una de las primeras cosas que el Gobierno tendrá que poner en marcha son precisamente los presupuestos. Y si bien Pedro Sánchez se va a tomar su tiempo para confeccionar su gabinete, es más que seguro que ponga toda la maquinaria en marcha para que esta vez España tenga unas cuentas que, al menos, reflejen que hemos salido de la crisis económica de 2008, aunque parezca que estemos a las puertas de otra.

Mientras tanto tenemos tensión creciente en Cataluña, unas elecciones catalanas a la vuelta de esquina, un montón de reivindicaciones territoriales y una crispación creciente. ¿Eso es signo de que este Gobierno durará menos de cuatro años? Pues no me atrevo a decirlo. Tras un lustro de novedades es difícil aventurar qué puede pasar.

Puedo expresar mis deseos, pero ni mucho menos son una predicción. Y mi deseo es que una vez que el Gobierno esté en marcha la crispación baje y la rutina del día a día centre a los hiperactivos líderes en trabajar y no en tensar más la cuerda.

Tanta novedad ha dejado mucho problema crónico por resolver y no es momento de seguir dejando pasar oportunidades.

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