Pandemia democrática en Cataluña

Juanjo Cáceres

Los efectos de la pandemia son múltiples y variados. Tienen consecuencias sobre la salud y de la misma se derivan consecuencias sociales y económicas, pero también sobre la democracia y el estado de derecho. Hemos apreciado conductas antidemocráticas muy graves en Estados Unidos en un marco postelectoral y ahora observamos en Catalunya un inquietante marco preelectoral.

En efecto, los rasgos de la suspensión electoral decidida el pasado viernes 15 de enero presentan elementos preocupantes, en un lugar donde llueve sobre mojado. El 21 de diciembre de 2017 tuvieron lugar las últimas elecciones catalanas. Unas elecciones celebradas por la vía expeditiva del 155, las primeras que no eran convocadas por el gobierno saliente de la Generalitat, sino por el gobierno del Estado. Esa etapa daba continuidad al periodo de anormalidad institucional inaugurado en Catalunya en septiembre de 2017 con la “llei de desconexió” y poco después con la consulta del 1 de octubre. Al tempestuoso proceso electoral siguieron decisiones tan “peculiares” como nombrar “president vicari” a Quim Torra, que supuestamente obraba de representante delegado del exiliado Carles Puigdemont, o la tentativa de dar forma a una especie de gobierno republicano en el exilio, a través del denominado Consell de la República, que no ha tenido ninguna relevancia. Sigue leyendo

Muere matando pero muere

LBNL

¡Y todavía quedan dos días antes del cambio de guardia en Washington! En Oriente Medio Irán está en máxima alerta desde hace un par de semanas, temiendo un ataque postrimero que esperemos no tenga lugar. Por su parte, la alerta es también máxima en Washington D.C., totalmente tomada por la Guardia Nacional, por lo que pudiera pasar a la vista del asalto al Capitolio el pasado día 6. De seguro, Trump no se va a atrever a volver a arengar a las masas pero a la panda de descerebrados que cree que ha habido un fraude electoral masivo, que la pandemia es un engaño y que Biden y los suyos van a acabar con su libertad, no le hace falta que el capo vuelva a pronunciarse mientras su administración adopta sanciones todavía más extremas contra Cuba, Venezuela e Irán y ejecuta a un par de presos del corredor de la muerte federal. Pero Trump ha muerto y no va a revivir. Sigue leyendo

Este año mucha salud

Marc Alloza

Estas Navidades creo que una de las cosas más repetidas ha sido el desearnos a todos tener salud y cuidarnos. Después del año que hemos pasado y la mala perspectiva general del principio de éste, a mi también me pareció adecuado dedicárselo a familia, amigos.

La llegada de las primeras vacunas es la mayor esperanza para tratar de volver a la normalidad, o la que sea la definitiva normalidad a la que se pueda llegar. Al principio de la pandemia tenía la percepción de que los países competían por ver quien era el primero en tener la vacuna. Más tarde me dio la impresión de que a carrera era entre Rusia, China y las grandes farmacéuticas. Y que los países, sólo competían por comprar mascarillas y EPIs en los mercados. Pero viendo las aportaciones de gobiernos a laboratorios privados quizás fuera una mezcla de todo. Lo que si que parece claro es que en un tiempo récord tenemos a disposición vacunas fiables y ahora la competición se centra en quien empieza a vacunar antes y quien lo hace más rápido. Sigue leyendo

¿Delenda est Monarchia?

Pedro Luna Antúnez

Realicemos un somero repaso a un periodo de la atribulada historia de nuestro país. La primera restauración borbónica desembocó en una dictadura: la de Miguel Primo de Rivera entre 1923 y 1930. En enero de 1930 el rey Alfonso XIII, acuciado por el creciente malestar social en las calles y temeroso de que el desprestigio de las instituciones alcanzara a la Corona, puso fin a una dictadura que él mismo había promovido años antes. Para restablecer cierto orden constitucional el Borbón propuso al general Berenguer la formación de un gobierno de concentración. O lo que es lo mismo: se pasó de una dictadura de corte clásico a una dictablanda. El objetivo no era otro que el de salvar la monarquía.

Noventa años después podríamos decir que vivimos los días postrimeros de la segunda restauración borbónica. O no. En este ciclo político y social que se inició hace diez años con la eclosión del movimiento 15M hemos asistido al surgimiento de nuevos partidos políticos, a la crisis del debate territorial en Catalunya y al desgaste de la propia monarquía entre la abdicación y posterior huida del país del llamado rey emérito. Una década en la que se ha quebrantado el pacto social y constitucional de 1978 y en la que el propio sistema se ha movido entre la agonía y la recomposición. Porque como ocurrió en los primeros meses de 1930, ya se vislumbran en perspectiva maniobras para mantener a flote la monarquía. La diferencia entre aquella etapa histórica y la actual quizás estribe en el papel de la izquierda. Y me explicaré. Sigue leyendo

La libertad de expresión de Trump

Carlos Hidalgo

Corren ríos de tinta estos días acerca del desproporcionado poder de los magnates de Internet porque le han cerrado las cuentas de redes sociales a Donald Trump. Si me habéis leído antes, recordaréis que yo no les tengo especial cariño. De hecho, les comparo con malos de James Bond. Son arrogantes, megalómanos e irresponsables. Como Trump, pero con más dinero. Aunque Trump tiene pocos motivos para quejarse esta vez. La libertad de expresión del presidente no ha sido cortada porque tiene a su disposición la sala de prensa con más audiencia del mundo, que es la de Casa Blanca. Otra cosa es que a Trump le guste dar mensajes unidimensionales, a solas y sin que nadie le pueda replicar.

Las redes sociales son espacios privados y tienen derechos de admisión. Y por decisión de los legisladores estadounidenses (también del propio Trump), no están reguladas como medios de comunicación. Pero los medios, que son quienes siguen marcando la agenda, están a disposición de Trump. Algunos hasta demasiado, como las cadenas OANN, Sinclair o NewsMax, que han pasado de medios marginales a beneficiarse de la audiencia “trumpista” al abrazar las falsas teorías de la conspiración del millonario neoyorquino.

A Trump lo que le hubiera gustado es cerrar medios, como también han hecho los millonarios de Silicon Valley. Uno de ellos, un entusiasta trumpista llamado Peter Thiel, invirtió 8 millones de dólares en pleitos de cualquiera contra la revista de Internet Gawker. Así, iba pagando los gastos legales de unos y de otros, hasta que consiguió que un juez fallara a favor del exluchador de lucha libre Hulk Hogan. Y Gawker quebró. Poco tiempo después, Trump contrató al abogado de Thiel para sus propios pleitos. Y también declaró más de una vez su intención de modificar las leyes para que fuera más fácil condenar por libelos a los medios que no le gustaban, como la CNN, el New York Times, la NSBC, el Washington Post y más de una larga lista. Si no llegó a cambiar la legislación es porque su propia incompetencia a la hora de gobernar y su incapacidad para la planificación se lo impidió.

Que a Trump le expulsen de las redes por hacer llamamientos a la sedición siendo el presidente de los Estados Unidos, no es un atentado contra la libertad de expresión. Tampoco es censura. Y menos cuando se le dejó hacer y sus seguidores invadieron por la fuerza las cámaras legislativas estadounidenses, varios de ellos armados y con la intención de, por lo menos hacer prisioneros a los representantes electos de la ciudadanía.

Trump, si quiere, puede justificarse en la sala de prensa de la Casa Blanca, puede hacer más llamamientos a la sedición en una entrevista televisiva. Nadie se lo impide. Pero lo que no quiere es un periodista le reproche precisamente estar llamando a la insurrección armada. O que así conste en los titulares de la entrevista.

Con respecto a los amos de las redes… Yo soy de los que cree que Trump y sus lacayos deben hacer frente a las consecuencias legales de la sedición. Pero también los responsables de las redes sociales deben afrontar sus responsabilidades. Facebook, por sólo poner un ejemplo, ha sido caldo de cultivo para la manipulación política, un factor clave en temas como la votación del Brexit, el sitio desde donde se coordinó el exterminio de musulmanes en Myanmar o desde donde se usaron datos personales obtenidos sin permiso para manipular las elecciones de al menos tres países del África Subsahariana.

Pues lo ideal sería que cada uno cargara con lo suyo. Para quejarnos en las redes ya estamos los demás.

El año entrante

LBNL

Seguramente les hayan llegado los memes que al hilo del asalto al Capitolio y luego Filomena, guasean con que 2021 pinta igual o peor que su antecesor. Normal en un país tan creativo y divertidos como gracieta pero seguramente absurdos. Al contrario, este año podría llegar a ser verdaderamente increíble, no solo pero en parte por venir desde un punto tan bajo. Solo valoramos realmente la importancia de las cosas cuando las perdemos así que, cuando las recuperamos, las apreciamos mucho más. Y, a veces, incluso las cuidamos más, al menos por un tiempo, para evitar volver a perderlas. En ocasiones no es siquiera necesario que las perdamos nosotros sino que basta ver como las pierden otros. Como poco, tenemos motivos para la esperanza, que pretendo enumerar.

Para empezar, mucho y muy malo tiene que pasar este año igualar a la peor pandemia de la humanidad desde al menos hace casi un siglo, frente a la cual ya contamos con vacuna. Es decir, el mal que ha arrasado cientos de miles de vidas y millones de empleos, ya está en retirada, lenta pero retirada, y cuando acabe el año estará completamente domeñado. A lo peor no recuperamos los besos y abrazos como saludo porque va mutando o se convierte en una amenaza estacional que varía de año en año frente a la que tenemos que seguir vacunándonos, pero muy pronto nuestras vidas y prosperidad van a dejar de estar amenazadas como lo han estado durante todo el año pasado. Sigue leyendo

Cimientos amargos

Arthur Mulligan

Llegamos a 2021 exhaustos y con la misma esperanza quebradiza de quien debe atravesar un lago en invierno cuyo espesor helado desconoce.

La incertidumbre en los ritmos de administración de las diferentes vacunas compite con la aparición de nuevas cepas, la falta de fe en la organización de una eficaz política sanitaria nacional y el temor a una tercera ola de la pandemia que pocos descartan a la espera de los contagios previsibles por efecto de la movilidad propia de las fiestas navideñas al finalizar las vacaciones escolares.

Es muy habitual recurrir a los estragos mundiales de la pandemia y sus colosales y variables cifras (se van acercando a los 2 millones de muertos y 80 millones de afectados) para tratar de omitir responsabilidades, manipulando datos en áreas de competencia propia con evidente descaro.

Además la compulsión inevitable para mantener la distancia social arroja un balance de cierres empresariales, despidos y desempleos temporales que ha hecho aflorar la mediocridad de nuestro tejido productivo, con una caída estimada del 11, 6 % del PIB y un paro previsto del 16,5 % en términos EPA sin incluir los 750 mil trabajadores amparados por ERTEs. Sigue leyendo

So pena de una ingratitud social

Senyor G

En cualquier otro español o transeúnte que andase por el país con problemas judiciales o fiscales nos sería difícil sustraernos al “algo habrá hecho”, pero que nos digan que el rey (emérito), Juan Carlos I, pagó 678.393 euros a Hacienda para evitar una causa judicial, y que los que hace unos meses se tomaron un rato en agosto para defenderlo en nombre de los servicios pasados y de la presunción de inocencia, no se hayan tomado la molestia de comentar ahora alguna cosa, me hace confirmar que nos toman por imbéciles “a los ciudadanos españoles de todo origen, ideología o condición”.

Sí, esos que están a todo, que no fallan, como un Afonso Guerra, un Rodolfo Martín Villa, una Esperanza Aguirre, un Celestino Corbacho, un Jaime Ignacio del Burgo, un Juan Pablo Fusi, una Carmen Iglesias, un Emilio Lamo de Espinosa, un Jaime Mayor Oreja y su primo Marcelino Oreja, una Ana Pastor, un Josep Piqué, un Eduardo Serra, un Francisco Wert, un Francisco Vázquez, un José Rodríguez de la Borbolla y, como no, un Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que hicieron un manifiesto para defender la tarea del rey durante todos estos años y que, si algo había hecho, lo deberían dilucidar los jueces: “Las numerosas informaciones que aparecen estos días sobre determinadas actividades del Rey Juan Carlos I han excitado una proliferación de condenas sin el debido respeto a la presunción de inocencia. Si sus acciones pudieran ser merecedoras de reprobación lo decidirán los tribunales de justicia”. Sigue leyendo

Reyes confinados

Carlos Hidalgo

¿Qué os han traído los Reyes Magos? De momento tenemos un año por estrenar, unas vacunas por poner y, lamentablemente, a las mismas personas al mando. Sin embargo, he de confesar que, pese a que 2020 ha sido mi peor año, como para mucha gente, estas fiestas han sido menos deprimentes de lo que pensaba.

Ahora nos queda una crisis económica con la que lidiar, una pandemia por pasar y una dura labor de reconstrucción. Pese a que no veamos de manera evidente a los muertos y a la destrucción, el impacto del maldito virus ha sido similar al de una guerra. No hay edificios destruidos, la lista de bajas no es pública y, aparte de los homenajes y misas que se hicieron al principio, las muertes siguen, pero el duelo ha cesado por el momento. Sigue leyendo

Los retos de 2021

David Rodríguez

Por primera vez en mucho tiempo, no voy a escribir un artículo monográfico sobre la pandemia. Por desgracia, el motivo no es que hayamos vencido al virus, que sigue bien enraizado en nuestras sociedades. La razón es doble: por un lado, en el mundo político y económico tenemos novedades y propuestas que vale la pena comentar; por el otro, mi anterior artículo, bajo el título ‘desescalando hacia la tercera ola’, ya incluye las predicciones de la mayoría de los expertos sobre lo que iba a pasar (y está ya pasando) como consecuencia del levantamiento de restricciones para salvar las felices fiestas navideñas. El 2021 bien podría llamarse ‘segundo año de la covid’, pero ya digo que voy a dejar de momento el asunto aquí.

El día 14 de febrero tenemos previstas las elecciones al Parlament de Catalunya, y digo previstas porque dudo mucho que puedan llegar a celebrarse antes de la primavera, aunque los partidos han engrasado sus maquinarias como si la tercera ola no existiera. La principal novedad de la última semana es la presentación de Salvador Illa como candidato del PSC, aprovechando su tirón mediático como ministro de Sanidad. Ya he dicho en más de una ocasión que su gestión durante la primera ola fue más que aceptable, empeorando notablemente después del 21 de junio, aunque aquí siempre se puede recurrir a culpabilizar de su inacción a las Comunidades Autónomas. Su principal rival, según las encuestas, será Pere Aragonés, cuya gestión de la pandemia está resultando más que lamentable, pero en ningún caso criticada por Illa, aunque en campaña electoral ya sabemos que puede pasar de todo. ERC es la eterna favorita para hacerse con la presidencia de la Generalitat, pero también la recurrente perdedora en el sprint final, en el que nunca puede descartarse la enésima operación de maquillaje del mundo de Junts per Catalunya. Sigue leyendo