Reyes confinados

Carlos Hidalgo

¿Qué os han traído los Reyes Magos? De momento tenemos un año por estrenar, unas vacunas por poner y, lamentablemente, a las mismas personas al mando. Sin embargo, he de confesar que, pese a que 2020 ha sido mi peor año, como para mucha gente, estas fiestas han sido menos deprimentes de lo que pensaba.

Ahora nos queda una crisis económica con la que lidiar, una pandemia por pasar y una dura labor de reconstrucción. Pese a que no veamos de manera evidente a los muertos y a la destrucción, el impacto del maldito virus ha sido similar al de una guerra. No hay edificios destruidos, la lista de bajas no es pública y, aparte de los homenajes y misas que se hicieron al principio, las muertes siguen, pero el duelo ha cesado por el momento.

Otra de las características que lo diferencian de una guerra es que la ausencia de destrucción de infraestructuras críticas, según dicen los expertos, hará que la recuperación sea casi inmediata, en lugar de la lenta y penosa reconstrucción de zonas devastadas físicamente. El caso es saber cuándo podremos iniciar esa recuperación. Cada intento de forzarla ha llevado a nuevos rebrotes. Tras el impacto inicial hemos tenido una segunda ola y parece que llegaremos a primavera a lomos de la tercera.

Las vacunas nos dan algo de esperanza. Lamentablemente, su uso por parte de políticos con bajos instintos, como la desesperante presidenta de la Comunidad de Madrid, hace pensar que van a retenerla hasta terminar de exprimir el negocio de la enfermedad y la muerte ajena, para luego embarcarse en el negocio de la reconstrucción con nombre y apellidos.

Mientras tanto la gente se marchita en ertes, eres y en el paro. Las agencias de recobros doblan sus llamadas, el Ingreso Mínimo Vital sigue sin tramitarse del todo por saturación de la Administración y en Cataluña tenemos inminentes elecciones, en las que posiblemente repitan aquellos que prefieren hacer una agencia espacial regional antes que solucionar sus acuciantes problemas de desigualdad, vivienda, delincuencia, pobreza y, claro, la pandemia.

Y el Gobierno ha movido a Illa de ministro a candidato. Porque si se puede hacer algo, ¿por qué no hacerlo? ¿Qué mas da lo demás? Veremos quién le sustituirá al frente del ministerio en plena crisis sanitaria y qué destino tendrá Miquel Iceta, un político de indudable inteligencia y talento, al que le ha tocado bailar con las más feas de una política catalana que lleva descarrilando casi una década, cuando Artur Mas pensó que la independencia era la mejor manera de librarse del 15-M catalán.

Dicho esto: os deseo a todos, lectores y comentaristas lo mejor en este año que comienza. Espero que los Reyes se hayan portado tan bien como vosotros. Y me pregunto si se habrá dado la paradoja de que el rey emérito que hay en Oriente haya recibido carbón.

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