Sanciones a China

LBNL

Hoy, por primera vez, la Unión Europa va a adoptar sanciones contra China. En concreto, cuatro funcionarios del partido comunista chino y una “entidad” serán sancionados por su implicación activa en las violaciones de derechos humanos contra los Uigures en Xinjian, incluido su internamiento en campos de trabajos forzados. En puridad, la UE mantiene un embargo de armas contra China desde Tiananmen y ha adoptado muchas medidas comerciales contra China (por ejemplo, aranceles al acero) por su falta de respeto a las normas de la OMC. Pero es un salto cualitativo indudable, sobre todo teniendo en cuenta la firme posición china sobre la necesidad de respetar el principio de no injerencia en asuntos internos y su igualmente firme defensa de que todo está bien en Xinjian con los uigures: lo único que hacemos es re-educar a los terroristas, como hacen todos los países, le escuché decir hace un par de años a un alto funcionario chino.

Como China lo oculta todo a los ojos extranjeros y censura la información, es imposible hacerse una buena idea de la magnitud de la represión en Xinjian donde, en efecto, ha habido y todavía hay activistas uigures violentos, algunos afiliados a Al Qaeda o al ISIS. Nadie discute que China los combata y castigue pero si que la represión se extienda a los uigures en general como denuncian organizaciones de derechos humanos y los siempre discretos informes de los servicios de inteligencia, generalmente bien informados pero en ocasiones manipulados con objetivos políticos.

Si realmente la situación es normal a China le bastaría con organizar un viaje de corresponsales extranjeros a la reunión para que pudieran ver por sí mismos. Pero sería un precedente inaceptable para China, que luego tendría que organizar otro al Tibet y quizás pronto otro a Hong-Kong, de donde los activistas democráticos empiezan a huir en masa ante la creciente represión ordenada por Beijing en violación de su tratado con Gran Bretaña de 1998 por el que recuperó la soberanía del territorio a cambio de mantener la democracia como su forma de gobierno.

Chocaría, además, con su principio de que los asuntos internos no son incumbencia de nadie, que China respeta en general para con los demás. El principio es de cajón pero solo en la medida en la que no choque con la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y el derecho internacional en general. Es decir, la esclavitud está prohibida en todos los país y bajo cualquier circunstancia. Como la tortura. Promover, tolerar o no actuar contra ambas no es admisible para ningún miembro de la comunidad internacional, China incluída. Y hay serios indicios de que, en China y particularmente en Xinjian, la situación de un número demasiado elevado de uigures no cumple con los mínimos exigibles.

Habrá que ver cómo reacciona China a la decisión europea de hoy. Recordemos que el pasado 30 de diciembre se cerró tras cuatro años de negociaciones un principio de acuerdo sobre inversiones mutuas, que todavía debe ser ratificado. La conclusión del acuerdo sorprendió a muchos incluidos quienes habrían preferido esperar para coordinarse EEUU una vez que la administración Biden hubiera tenido tiempo de recalibrar la ofensiva político-económica contra China lanzada por Trump. Y no fueron pocos los que achacaron la inusitada prisa china por concluirlo precisamente a evitar lo anterior.

Desde Europa ambos asuntos – las sanciones por violaciones de derechos humanos y el acuerdo de inversiones – son coherentes con la estrategia para China definida en marzo de 2019 que describe a China como un socio indispensable para asuntos globales – por ejemplo, la lucha contra el cambio climático, un competidor económico que persigue el liderazgo tecnológico y un rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernanza. Es decir, una gran potencia con la que hay que contar para resolver asuntos globales, un socio con el que negociar sobre cuestiones económicas a cara de perro si es necesario, especialmente dada su tendencia al robo de propiedad intelectual, y una influencia negativa para el devenir de la humanidad en la medida en la que promueve la visión de que el gobierno totalitario y autoritario tan eficaz e incluso más beneficioso que la democracia.

Si China no tiene problema para disociar su acción en estos tres ámbitos, no veo por qué la UE habría de tenerlo. Es posible que China reaccione muy negativamente porque pese a que las sanciones son testimoniales – la prohibición de entrar en la UE y la congelación de cualquier activo financiero no tiene efecto práctico sobre los funcionarios regionales chinos – los chinos llevan muy mal lo de la crítica pública y lo de “perder la cara”. Pero tampoco han sido tantos los réditos concretos en inversiones que han sacado los países centro europeos “colaboracionistas” con China en el marco del grupo 17+1, cuya última cumbre en febrero fue un fracaso.

En resumidas cuentas, China es un reto mayúsculo para la comunidad internacional y la Unión Europea en particular. Su tamaño, su emergencia, su papel central como manufacturera en jefe del mundo y su autoritarismo no disimulado, propician tensiones y dependencias. Para algunos, China es una amenaza, ideológica y también militar, a la que hay que hacer frente, firmemente y cuanto antes mejor porque más tarde será más difícil. Para otros, China es una realidad todopoderosa con la que lo mejor es colaborar lo más posible y confiar en su pasado no invasivo hacia sus vecinos. Porque es cierto que el nacionalismo Han no es expansivo. Tibet no vale como excepción porque para ellos, es legítimamente suyo pero nunca han invadido Japón o Filipinas, por ejemplo, como si han hecho los japoneses repetidamente.

La Unión Europea ha optado por el camino de enmedio, la doctrina Sinatra como la ha calificado el Alto Representante Borrell: la UE va a lidiar con China “a mi manera”. Veremos cómo reacciona China a corto plazo y cómo evoluciona la relación en el futuro. Pero no está de más que la Unión Europea muestre también sus dientes frente a una China que no deja de espiarnos y para la cual lo de los derechos humanos no es más que una referencia académica. Si realmente en Xinjian está pasando lo que dicen que está pasando, la inacción equivaldría a tolerancia y complicidad. Y luego no valdrá lamentarse como por la inacción total frente al genocidio Khmer rojo de Pol Pot en Camboya, por ejemplo.

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