Maneras de vivir I. Hacia fuera

Sicilia

Dentro de lo malo, lo positivo de las crisis es que enriquecen los análisis que busquen mejoras para salir de ella. Dentro de lo bueno de analizar, lo malo de las crisis es que la sobreabundancia de diván corre el riesgo de llevar a la conclusión de que lo anómalo no es la situación, sino uno mismo. Momento en el cual se saca el flagelo, el cilicio y las disciplinas y se acaba en una muy poco saludable dosis de autocastigo y anulación.

Uno de los análisis más frecuentes es buscar en los demás aquello que creemos que nos falta a nosotros, sin darnos cuenta a veces que, en el afán por plantear soluciones, se olvidan condiciones muy relevantes, planteando al final modelos inalcanzables, irreplicables o poco sensatos.

En las líneas que siguen se trata sobre uno de los lugares comunes más abundantes que se tocan cuando se habla de la economía española en comparación con otras, su sector exterior. Comúnmente se oye que no somos un país muy bueno porque no exportamos mucho, porque los exportadores son los buenos, que para una cosa que vendemos fuera es turismo, y eso es chicha y nabo, de país cutre, y que encima de ser un país cutre, no somos ni lo bastante cutres para instalar fábricas, habiendo otros que, por cutrérrimos, paradójicamente, acaban siendo al final mejores, porque al menos es atractivo abrir plantas ahí. En resumen, no tenemos un problema, es que somos un enigma irresoluble. No parece una línea de pensamiento muy constructiva.

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