Alberto PenadésÂ
El domingo pasado Javier Cercas traÃa un poco de sensatez en el último episodio del debate periodÃstico sobre la “memoria históricaâ€, el que ha suscitado un artÃculo de Leguina (Enterrar a los muertos) de hace unas semanas. No tengo especial simpatÃa por el autor del segundo, y entiendo que la atmósfera está muy cargada por la inicua persecución al juez Garzón, con la que Leguina simpatiza al parecer, pero, con todo, me ha sorprendido la rabia con la que algunos cargan contra algunas cosas que escribe.Â
Una es que una parte de la izquierda era contraria a la democracia en los 30, como la mayor parte de la derecha. No sé cuáles serÃan las proporciones, pero en términos generales no me parece ningún disparate decirlo asÃ. Es cierto, como dice Cercas, que fue la izquierda la que la defendió, (hay que añadir que junto con una pequeña parte de la derecha) y por eso los que tomaron esa causa fueron “polÃticamente buenosâ€.Â
Cercas distingue la moral de la polÃtica para construir un argumento según el cual lo que lo que puede ofender a cierta derecha es la implicación de que quienes fueron polÃticamente malos lo fueran también moralmente, implicación que le parece evitable. Para ello trae el caso de un pariente falangista que fue moralmente bueno. Viniendo de Cercas no es extraño que el argumento se apoye en la figura de un héroe. Más difÃcil es el caso de algunos villanos que, por elección de bando, fueron “polÃticamente buenosâ€, como el traÃdo y llevado compañero socialista Agapito GarcÃa Altadell, tema que en el argumento de Cercas queda suelto. Este es un tema lo bastante hondo como para dedicarle otro post, si llega el caso. Me querÃa ocupar ahora de otra afirmación de Leguina, y es su rechazo a la identificación del PP con el recuerdo y la añoranza del franquismo, porque sobre eso tenemos algunos datos.