El TNC como excusa para llegar a Maria Aurèlia Capmany

Senyor G

TNC: Vent de garbí i una mica de por

Seguimos con nuestro abono de temporada del Teatre Nacional de Catalunya, y parece que volvemos queriendo o sin querer al tema de las clases sociales, o directamente de su conflicto. Esta vez con Vent de garbí i una mica de por, de Maria Aurèlia Capmany. Dramaturga, novelista y resistente (cultural) durante el franquismo e incluso concejal en el ayuntamiento de Barcelona por el PSC. Visión cultural y política de todo; ciudadana.

Reconozco que la obra no era lo que esperaba. Cada acto era un momento vacacional o de recreo de la burguesía catalana en tres momentos de conflicto social y político en el país. El primero en el 68, nos dicen que por el mayo francés, pero en Cataluña y España ya teníamos nuestras propias movidas, y duras. El siguiente justo el día antes de la sublevación fascista de 1936, para finalizar con la Semana Trágica de 1909.

Esperaba una obra diferente, de más texto y clásica y no lo era. No acabé de entrar sinceramente, quizás justo ya en el último acto cuando uno se da cuenta que todo tiene un sentido y regla. La obra a pesar del cartel es intensamente coral y con infinidad de personajes, en cada uno de los 3 momentos que repiten pautas en sus personajes. A ratos no solo en forma de coro sino incluso de danza con un particular sentido del humor y sacando el texto partido de las escenografías del TNC. O el TNC sacando partido “del texto” para sus escenografías. Sigue leyendo

Como en casa no se come en ninguna parte

Carlos Hidalgo

Una virtud del PP es que saben tirar del refranero y de lugares comunes para ganarse la simpatía de la gente. Rajoy era un auténtico experto soltando uno detrás de otro para no decir absolutamente nada y a la vez aparentar ser un señor sensato y bastante perplejo.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, es bastante más torpe en la misma lid. Dice un tópico detrás de otro, no para parecer un señor despistado, como Rajoy, sino para parecer más listo y lo que termina siendo es entre penoso y un poco cuñado.

Pablo Casado trataba de hacer lo mismo, pero explotando la vena de “sobrado”, como ese más atrevido del grupo que es el que entra a las chicas, vacila al camarero para intentar sacar un descuento de la cuenta del restaurante o escandaliza a las tías en las cenas familiares para que suelten grititos. Sigue leyendo