Mano de Cerdán

Arthur Mulligan

Los psicodramas sencillos y prolongados que tanto gustan a Sánchez le permiten enviar al campo de batalla a personajes duros, forjados en el partido desde muy jóvenes, y crecer en el ascensor de las jefaturas obteniendo a cambio los privilegios del poder y por lo general careciendo de ideas propias.

Tal vez porque aprendió en alguna colección de vidas ejemplares de los dirigentes históricos, a Sánchez le impresionó el papel de los secretarios de organización en la resolución de las crisis de liderazgo, al qué se debían, y profundizó también en el estudio de las guardias pretorianas en Roma.

A sus conclusiones debemos las figuras de José Luis Ábalos, Adriana Lastra y Santos Cerdán. Sus mandatos son por lo general breves para que en la organización no de tiempo a fraguarse alianzas contra él. Sigue leyendo