La oda de los dos Pedros

Juanjo Cáceres

Pedro Aragonés y Pere Sánchez. Pere Aragonés y Pedro Sánchez. Dos Pedros que se miran frente a frente desde las esquinas del cuadrilátero y que se reconocen como reflejos de un momento que ya se escapa entre las manos. Aragonés y Sánchez. Sánchez y Aragonés.

¿Qué puede resultar más inspirador que el hecho de que un presidente catalán se denomine «aragonés», en un territorio donde aquella identidad conjunta bajo la denominación aragonesa lleva tiempo siendo negada con contundencia? Aunque como aragoneses fueran conocidas las huestes que circulaban en tiempos por el Mediterráneo y aunque el grito «Aragó» resonase en medio de las batallas…. Puede que el hecho de que Cataluña tenga un presidente Aragonés muestre una cierta reconciliación con ese hilo histórico roto en algún punto situado entre los primeros Jocs Florals (1859) y la normalización de la denominación «corona» o «confederación» catalanoaragonesa, ampliamente usada durante décadas por la historiografía local en sustitución de la de reino de Aragón.

Tampoco es que deba obsesionarnos el que Cataluña tuviera o no la condición de reino alguna vez, como parece que le ocurre a Jiménez Losantos por las mañanas (por cierto: también aragonés y para ser exactos, turolense). Al fin y al cabo, ser un reino o un condado en el sistema de relaciones feudales no marcaba diferencia alguna, más allá de la calidad nobiliaria. Fueron más bien las primeras expresiones del parlamentarismo medieval y la emancipación de las ciudades las referencias que marcarían en el futuro la evolución de los estados hacia algo más parecido a lo que ahora tenemos. Sigue leyendo