Tras la tormenta

Juanjo Cáceres

Sobrepasado por fin el ciclo electoral 2023-2024 con el último proceso electoral previsto, una de las preguntas que cabe hacerse es de donde sale toda esa imagen de impotencia en que ha incurrido todo el abanico de partidos de izquierdas que han gobernado los destinos del país y de comunidades autónomas relevantes en los últimos años. El grito “que viene la (extrema) derecha” ha estado resonando con fuerza durante semanas. Un grito que el PSOE en 1996 utilizó como última tabla de salvación para impedir la victoria del PP, pero que no sirvió para impedir la proclamación del primer gobierno del Partido Popular liderado por el inefable José María Aznar.

(“inefable” es una palabra tan polisémica, que siempre debe usarse con la voluntad de que el lector la acomode a su propia visión del personaje a que se refiere. Entiéndase así)

El grito “que viene la derecha” es por lo general el grito de la derrota. La sufrió el Felipe González de la época del dóberman y la sufre cualquiera que no tiene mejores argumentos a los que agarrarse. Esa falta de argumentos tiene indicadores muy preocupantes. Por ejemplo, ni España ni Catalunya disponen de presupuestos aprobados en 2024, a pesar de que había una mayoría suficiente para lograrlos, y de hecho la falta de unos ha dado lugar a la falta de otros. Hay quien considera la falta de presupuestos como un problema menor, pero sin ese instrumento rector de las políticas públicas, que delimita las reglas del juego, las administraciones sufren. Unas administraciones que ya en condiciones favorables sufren lo indecible por ejecutar los recursos de que disponen y sacar provecho de todo lo que sus presupuestos dan de sí. Sigue leyendo