La tómbola que siempre toca

Julio Embid

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones al Parlamento Europeo y asistimos alucinados a un resultado inédito en España: dos listas diferentes de ultraderecha lograban representación. En España no había ocurrido antes. Miento, en Cataluña en las últimas elecciones autonómicas sí, con la entrada de Alliança Catalana en el Parlament. Ultraderecha amb tomaquet.

Resulta curioso que una campaña con pocos fondos (no había farolas ni autobuses con la cara de Alvise) como la de Se Acabó la Fiesta lograse 800.000 votos, pero su campo de batalla es otro: Telegram y los bulos, un bulardo detrás de otro. Por lo general cuando personas con dos dedos de frente me hablan de la Agenda 2030 (que en realidad no es sino un listado de buenas obras como la paz en el mundo o acabar con el hambre y reciclar aprobada por la ONU y todos los países), desconecto. Para la ultraderecha es la suma de todo lo que no les gusta y todo lo malo, incluyendo hacer la cama al levantarse por las mañanas, poner el ticket en la zona azul o levantar la tapa antes de mear. En Telegram y en Tiktok hay innumerables propagandistas diciendo que todo lo malo que te ocurre no es culpa tuya sino de la Agenda 2030, una suerte de Protocolos de Sion del siglo XXI, que han hecho que tu mujer, José Luis, te haya dejado, harta de que vinieras borracho a casa, porque el feminismo le ha lavado el cerebro, y ahora no tengas ropa limpia que ponerte porque no te apañas con la lavadora. Sigue leyendo