Una de hurtos

Marc Alloza

Esta semana una conocida me comentó acerca de una conversación que había escuchado casualmente por la calle. Dos mujeres debatían sobre cuál de los comercios era más adecuado para ir a robar. Que si ahora en el Mercadona habían reforzado la seguridad, que si en La Sirena mejor si entraban las dos por separado. Incluso se pararon ante una tienda de ropa de barrio que a duras penas se mantiene, haciéndose señas sobre la idoneidad de probarlo allí. En sus perfiles de LinkedIn debe figurar ampliamente acreditada una dilatada experiencia en hurtos en comercios. Con competencias respaldadas por varios usuarios como orientación a objetivos y resultados, capacidad resolutiva o lío management.

Hace escasamente un mes, en una comida en un restaurante, le birlaron la cartera a un familiar. El caso tiene triste mérito, pues la tenía en un bolsillo interior de la chaqueta que se encontraba colgada en la silla en la que estaba sentado y justo enfrente de mí. A toro pasado dedujimos que fueron dos pseudo-clientes que se sentaron detrás nuestro y que tras enredar mirando la carta tomaron las de Villadiego sin consumir ni despedirse. A la altura de los postres los mensajitos del banco colmaban el móvil. Gritos sordos de un móvil que había quedado olvidado en un rincón de la mesa junto al mío. Dios no quiso que se los llevaran también o quizás los desecharon tras una rápida tasación visual con resultado de chatarra. Sigue leyendo