Del envejecimiento

Juanjo Cáceres

El pasado jueves 27 de junio asistíamos al primer debate entre los dos candidatos que disputarán las elecciones presidenciales de Estados Unidos el próximo mes de noviembre: Joe Biden, de 81 años, y Donald Trump, de 78. Un debate electoral es un acto tremendamente estresante, como también lo es ejercer la presidencia de los Estados Unidos. En ese marco, era imposible que pasara desapercibido el declive cognitivo del actual presidente. Los lapsos de memoria, la sustitución de unas palabras por otras o las dificultades para articular sus argumentaciones, evidenciaron sin ningún género de dudas lo que numerosos vídeos difundidos por las redes ya habían revelado mucho antes: un intenso deterioro cognitivo que, obviamente, lo incapacita para seguir ejerciendo el cargo más allá del presente mandato.

La pregunta que conviene formular seguidamente no es estrictamente política. ¿Cómo es posible que una persona cuyas condiciones físicas y cognitivas se encuentran claramente por debajo de lo necesario para ejercer la presidencia de la primera potencia económica y nuclear del planeta, no solo vaya vuelto a ser proclamado candidato, sino que todavía no haya abandonado la carrera presidencial, cuando sus limitaciones están ya a la vista de todos? Sigue leyendo