Todo bajo control

Marc Alloza

“todo está bajo control”, “será un operativo transparente”, “se han activado los protocolos”, “no hay motivo para la alarma”, “todo discurre con normalidad según lo previsto”, “se está monitorizando la evolución”, “está perfectamente encauzado”, “no existe motivo de especial preocupación”, “se están tomando las medidas necesarias para contener el impacto.”

Son mensajes que emplean las autoridades para, en principio, transmitir calma y tranquilidad a la audiencia.  La realidad es que cada vez gozan de menor credibilidad en general, creo yo, por varios factores que han hecho de su uso un abuso.

En primer lugar, se emplean en fases tempranas de episodios que pueden suscitar preocupación sin tiempo material para un análisis concluyente. Esto se pone especialmente de manifiesto cuando el comunicado es irrebatible o no se resuelven dudas suscitadas en primera instancia por la ciudadanía, periodistas etc… En estos casos, en realidad lo que se está haciendo en muchas ocasiones es negar antes de verificar con lo que no se puede incurrir en un error que puede llevar a otro error de empecinarse en mantener la versión a pesar de la evidencia: “El fuel está contenido en el barco”.

Otro factor del mal uso es la precipitación en el diagnóstico de corte optimista o favorable que, por presión, por error o simple desconocimiento lleva a minimizar el riesgo: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado»

Un elemento que mina este tipo de declaraciones es cuando se combinan con mensajes contradictorios:

  • Por desconexión entre actores como “Hay peligro real e inmediato por temporal por deterioro del sistema ferroviario, de muros de contención y por árboles cerca de la vía” vs “Las vías son seguras, no es necesario aplicar medidas”. Que tras accidente mortal acaban derivando en un “No habrá trenes hasta garantizar la seguridad” histriónico para tratar de disimular lo que se ha declinado hacer previamente.
  • Por contradicciones por diferencias de criterio o cambios de opinión entre Administraciones y/o organismos internacionales “El riesgo es bajo para la población, no existen “motivos clínicos” para que el barco no atraque en España” que se convierte en “obligación moral y legal” “dispositivo seguro” vs “no saben cómo tratarlos”. O en el mismo episodio “contacto constante y coordinación” vs “no nos han informado”, “falta de lealtad”.

En realidad, la desconfianza no arranca de las meras expresiones más que de quién las dice. En ocasiones se siembra la duda de forma torticera y espuria para menoscabar a un oponente o por interés de cualquier tipo sin importar las consecuencias tanto para la sociedad como éticas o morales.

La existencia de terraplanistas creo, con todos los respetos, que viene a demostrar que la desconfianza en la oficialidad es difícil o imposible de resolver, pero es que en los últimos años vivimos instalados en una desconfianza ganada a pulso. El desconocer la causa real confirmada de determinados incidentes o hacerlo de forma tardía en el mejor de los casos, también inspira a la incredulidad en el “sistema”.

La actual crisis del Hantavirus ha devuelto tímidamente las mascarillas FPII en los vuelos comerciales. Con el paso de los días supongo que habrá ido disminuyendo o no. Otro misterio es el del brote de peste porcina africana que inicialmente se atribuyó a un bocadillo de mortadela de Europa del este, luego a un laboratorio científico y luego ha vuelto a la teoría de basura orgánica contaminada. En este caso lo cierto es que todavía persiste el brote siete meses después de su detección y no se ha demostrado que la cepa del virus procediera de ningún laboratorio cercano.

Para el apagón o cero eléctrico ibérico del 28/04/2025 no existe una causa sola si no que fue resultado de una “tormenta perfecta” (otra frase típica) de varios factores técnicos, especialmente un problema de sobretensión. “Tormenta perfecta” que a veces podría traducirse que entre todos la mataron y ella sola se murió o lo que es lo mismo que “nadie desea asumir la parte que le corresponde de responsabilidad de algún suceso infausto, en cuyo resultado han contribuido varios factores

Para cerrar, pase lo que pase todo está bajo control en cualquier circunstancia y situación. A pesar la caída en la credibilidad todavía, si no es muy flagrante, tiene cierto efecto de evitar el pánico y en consecuencia el caos. La que creo que ya no tiene efecto tranquilizador es la de que “Las autoridades están siguiendo la situación de cerca.” O quizá sí, yo ya no sé.

Procesos de escucha en el conflicto vasco

Sergio Patón

El Palau Macaya, de la Fundación La Caixa, inició el pasado viernes en colaboración con la UNESCO un ciclo sobre la paz con 4 cinefórum durante este mes de mayo. En la presentación del ciclo se habló de la necesidad de abordar este tipo de debates dada la situación actual, que creo que todos conocemos. Me sorprendió que además de hablar de Netanyahu, Trump, Ucrania… se citasen las intervenciones de Von der Leyen sobre el rearme de los países europeos como motivo de preocupación respecto a la paz.

El primer cineforum fue sobre los procesos de escucha en el conflicto vasco (dar espacio para que el otro exista). La película elegida fue el documental de 2017 Justin Webster, que yo no había visto, y que está disponible online en  El fin de ETA gentileza de El País. La película daba pie, porque contextualizaba los encuentros restaurativos entre presos de ETA y víctimas de sus atentados o acciones.

Las tres personas invitadas a intervenir fueron Txema Urkijo que fue presentado, entre otras muchas cosas, como arquitecto del proyecto de estos encuentros; Maixabel Lasa Iturrioz, viuda del político vasco del PSE-EE Juan María Jáuregui y una de las primeras en aceptar cómo víctima este tipo de encuentros, y Esther Pascual de la Universidad Francisco de Vitoria a la que como mediadora le fue presentado este proyecto y lo tuvo que pensar e hilvanar.

Txema Urkijo presentó el video, y el proyecto de encuentros que definió como extremadamente gratificante. Comparó el apoyo social que tuvieron ETA y IRA en contraposición a otras organizaciones como Baader-Meinhof de Alemania o las Brigadas Rojas de Italia, un apoyo en el caso de ETA al que contribuyó su nacimiento en plena dictadura franquista y su largo recorrido. Recordó la situación en los 79-80-81 de los muchos atentados con la tesis de que poner víctimas sobre la mesa ayudaría la consecución de sus objetivos políticos: la independencia y el socialismo. En ese contexto ETA y su entorno necesitan la legitimidad de su sociedad, por eso el movimiento por la paz le disputaba la calle y los espacios sociales. En el decaimiento del apoyo a ETA tuvieron especial relevancia el asesinato de Miguel Ángel Blanco y los brutales atentados del 11-M en la estación de Atocha. Y por otra parte en su debilitamiento la ley de partidos, con sus errores, como las negociaciones con el gobierno Zapatero y la ruptura de la tregua con el atentando de la T4. Entre la opción de bombas o votos que resumía Rubalcaba, ETA optaba por las bombas. Esas negociaciones no salieron, pero en el movimiento abertzale surgen personas buscando otras salidas a la violencia máxime con esa necesidad de apoyo social, que va cayendo. El documental nos sitúa en esas negociaciones entre 2006-2007.

Debo reconocer que me afectó en el inicio del documental ver el resultado de los atentados. No lo recordaba tan así en su momento, o no tan especialmente. Se inicia el documental y las negociaciones con unas conversaciones por su cuenta y riesgo en un inicio entre Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi. Cabe destacar que Rubalcaba o el mismo Eguiguren expresan sus recelos y desconfianzas de entonces, entre ellos. Las dudas y los miedos. Pero ahí el factor personal fue haciendo, como en otros momentos de las conversaciones entre diferentes actores, a principio a favor de la paz, incluso con Josu Ternera, pero con la aparición de Thierry en contra. En el metraje se da cabida a todo tipo de voces, además de los descritos, personas en las tesis del PP de boicotear esos esfuerzos, como desde el punto de vista abertzales de seguir por la vía de siempre. Y como no las conversaciones de Maixabel sobre su punto de vista restaurativo.

Una vez acabada la película, volvió a tomar la palabra Urkijo como arquitecto para explicar la génesis del proyecto, como una acción más para coser socialmente, con entre otras previas como encuentros entre víctimas de ETA y de los GAL. Esther Pascual, explicó desde dónde estaba cuando Txema le hizo la propuesta, el cómo lo fue pensado, qué límites tendría, qué hablar y qué no, tomar como modelo procesos similares en procesos penales, que la participación no aminorar sus condenas, que ya eran presos que habían tomado distancia con ETA, los de la vía Nanclares. Ahí fue su primer encuentro con los presos. Por otro lado, como se hizo la propuesta a víctimas y familiares. Los hombres deciden solos, y las mujeres, quitando a Maixabel, decían que tenían que hablarlo. Unas aceptaron y otras no.

Maixabel Lasa habló de sus experiencias y sus motivaciones, creer en la reinserción y no odiar. Y las relaciones que de alguna manera u otra ha ido teniendo con dos de sus victimarios. Cómo se encontraron ellos, que se puede resumir que Maixabel prefiere ser la viuda de Juan María Jauregi en vez de la madre de alguno de sus ejecutores.

Dada la presencia de Maixabel Lasa y el tema esperaba mucha más audiencia, que sin ser poca no llenó el auditorio del bonito palacio. Hice el esfuerzo de pensarme algunas preguntas, pero me tuve que ir aunque pude escuchar la primera pregunta de una señora en desacuerdo con que estuviesen en las instituciones los de Bildu, que el perdón era personal… y ahí ya estaba yo en la puerta.

El cinefórum sigue este viernes, es gratuito pero hay que inscribirse en la misma página del ciclo.

Las ratas nadadoras de Coalición Canaria

Carlos Hidalgo

Es muy difícil dar a entender a los habitantes de la península quiénes son en Coalición Canaria. Durante años, Ana María Oramas ha querido dar la impresión de que eran un partido centrista, partidario del sentido común y envuelto en refranes que reflejan la sencillez de quien se siente en contacto con la sabiduría popular.

Pero lo cierto es que una de las personas más poderosas en Coalición Canaria es Jesús “Suso” Machín, alcalde eterno de Tinajo (Lanzarote), que paga hoteles a los acusados por violencia de género para que eludan la detención por parte de la Guardia Civil. O que exigía que el centro de acogida de menores inmigrantes que estaba en La Santa, dentro la demarcación de su municipio, se retirase porque “los chavales se pasean por el pueblo y miran a la gente”. O que usa su propia empresa de electricidad para arreglar las farolas del pueblo o instalar la iluminación navideña. El mismo Jesús Machín que ha colocado a su hija Migdalia como consejera de Ciencia y Universidad en el gobierno de Fernando Clavijo.

Hablando de ciencia y del gobierno de Canarias, la consejería de Migdalia Machín destina más presupuesto de I+D a la Fundación LoroParque que a las universidades de Las Palmas o de La Laguna. Y como otra nota ilustrativa, en Canarias no hay ninguna especie endémica de loros, son todos importados.

Nada de eso se verá en los medios regionales o locales y es muy raro que, salvo alguno de los casos más escandalosos o surrealistas, algo de esto salte a la prensa nacional. El ecosistema mediático de Canarias gira alrededor del presupuesto que gestiona Coalición Canaria. Los medios cobran publicidad institucional, cobran por la realización de eventos o cobran ayudas a las empresas. Pero es que también cobran los gestores de determinadas páginas de Facebook, ciertos usuarios de las redes sociales y hasta las personas que escriben en blogs y se hacen llamar “comunicadores”, aunque alguno de esos blogs lleve sin actualizarse desde 2016.

Dentro de ese ecosistema de “influencers” se puede destacar una anécdota: cuando Canarias estaba en alerta por lluvias y posibles inundaciones, mientras que los medios estaban pendientes de los comunicados de los servicios de emergencias, una persona que se hace llamar Bolorino, estaba retransmitiendo en directo desde el centro de emergencias de Tenerife, interfiriendo con la labor de los profesionales y haciendo comentarios tan útiles para la población como “estoy jodido de la cadera”. Bolorino que, por cierto, estaba presente en el puerto de Granadilla mientras desembarcaba el pasaje del “MV Hondius” y cobra por hacer el idiota en Internet. Aunque no se sabe de quién. Solo se sospecha. Bolorino que, por cierto, se preciaba en uno de sus vídeos de tener el móvil personal de Fernando Clavijo y de que le iba a llamar para aconsejarle cómo gestionar la situación.

Sabiendo esto, que entiendo que es surrealista y chocante, es fácil entender que Fernando Clavijo quisiera parar el desembarco del Hondius, usando para ello las respuestas que había pedido a Chat GPT acerca de si las ratas nadaban o no.

Uno pensaría que todo un Presidente del Gobierno de Canarias, pues tal es su título oficial, tendría acceso a otra clase de informes o a una información más científica. Pero es que los gobiernos de Coalición Canaria son siempre una mezcla de cargos electos rodeados de parientes de otros militantes o de grandes empresarios locales, que gestionan poco o nada y que anteponen la llegada de turistas a todo lo demás, incluido el bienestar de su propia población.

En Canarias hay un paro superior al 12%, la cuarta parte de su población está en situación de pobreza o de riesgo de pobreza, hay un 15,92% de abandono escolar y aporta el 10% de los embarazos de menores de edad de toda España. Y es difícil que gente huidiza, que miente o que usa a Chat GPT para justificarse, sea capaz de solucionarlo.

La crisis del hantavirus ha situado a Coalición Canaria donde menos le interesa: fuera del foco de sus Bolorinos y sus medios complacientes y bajo el microscopio de la prensa nacional e internacional. Y ahí se ve el ridículo del presidente cobarde que pregunta a una IA si las ratas nadan bien.

Mossos en las escuelas y el giro securitario del sistema educativo 

Dávid Rodríguez Albert

El Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya acaba de implantar un programa piloto de acompañamiento a la convivencia, consistente en la introducción de agentes de los Mossos d’Esquadra en ciertos institutos públicos. La medida ha provocado un gran revuelo, y más teniendo en cuenta que la comunidad educativa está en pleno proceso de movilizaciones para reivindicar la reversión de los recortes que se han producido durante los últimos años.

El anuncio se ha producido en un marco de opacidad difícilmente justificable. No existe un desarrollo normativo claro ni documentación suficiente sobre objetivos, límites o despliegue. La información ha llegado de forma fragmentada, mediante circulares o filtraciones, sin debate público ni participación real de la comunidad educativa. No es un detalle menor, sino un síntoma del modo en que se toman las decisiones sobre educación.

Esta forma de proceder entra en tensión con el marco normativo vigente en Catalunya, que insiste en la centralidad de la convivencia, la cultura de paz y la gestión pedagógica de los conflictos. La escuela no se concibe como un dispositivo disciplinario, sino como un espacio donde el conflicto se trabaja y se transforma en aprendizaje. La introducción de actores policiales desplaza esta lógica hacia una gestión del orden.

Pero el debate no es sólo normativo. La comunidad educativa viene señalando una acumulación de tensiones estructurales que ya no pueden ignorarse, como por ejemplo el aumento de la diversidad del alumnado, el incremento de las necesidades educativas específicas, la sobrecarga burocrática del profesorado o la precariedad de los apoyos recibidos. Es imprescindible más personal de educación social, psicopedagogía, enfermería escolar y mediación, como figuras ampliamente reclamadas y sistemáticamente insuficientes. La respuesta institucional, en cambio, no refuerza este entramado, sino que introduce un dispositivo externo ajeno al campo educativo y vinculado a la lógica securitaria.

Este desplazamiento no es neutro. Supone un giro en la manera de entender la convivencia, que se inserta en una visión neoliberal y reaccionaria del modo de gestionar lo público. En este contexto, la entrada de la policía en los institutos representa un síntoma más de la degradación en la forma de entender los aspectos sociales. Cuando el sistema se tensiona por falta de recursos, la respuesta de la Generalitat no consiste en reforzar lo educativo, sino en introducir mecanismos de contención. 

A ello se suma el terrible efecto simbólico de la medida. En algunos casos los centros afectados concentran alta diversidad social o alumnado en situación de importante vulnerabilidad. Esto introduce un riesgo de estigmatización, al asociar determinados perfiles con la necesidad de vigilancia. Una vez más, se desvía el centro de la educación y se desplaza hacia la seguridad. En una sociedad en la que las desigualdades van en aumento, se culpabiliza a la víctima en lugar de resolver el problema de fondo con políticas sociales coherentes.

El sistema educativo concentra hoy tensiones derivadas de procesos sociales más amplios, que incluyen la precariedad laboral, la desigualdad en la distribución de la riqueza, la crisis aguda en el acceso a una vivienda digna, los problemas crecientes de salud mental, la fragilidad de las redes comunitarias o las trayectorias migratorias complejas. Todos estos factores convergen en la escuela, que funciona como un espacio de absorción de conflictos no resueltos en otros niveles. 

Frente a ello, una parte significativa del mundo educativo insiste en la idea de que la convivencia no mejora con un incremento de la vigilancia, la disciplina y el control, sino con más recursos, estabilidad de equipos y refuerzo de los apoyos profesionales. Las reivindicaciones del personal educativo están sobre la mesa con más fuerza que nunca, con la demanda de reducción de ratios, estabilización de plantillas, ampliación de equipos psicopedagógicos y sociales, y políticas de inclusión. No es una demanda corporativa, sino una condición clave para mejorar la educación y el conjunto de la sociedad.

En última instancia, lo que está en juego no es la presencia policial en los institutos, sino el modelo de escuela pública en un contexto de cambio social. Una escuela democrática requiere confianza en lo educativo, no su sustitución por lógicas de control. Cuando la respuesta a los conflictos estructurales se desplaza hacia la securitización del espacio escolar, lo que se modifica no es solo una política concreta, sino el horizonte mismo de la educación pública.

Eso no es Madrid

Carlos Hidalgo

Una de las cosas en las que el PP es experto es en tratar de usar sus siglas como seña de identidad de las regiones en las que gobierna. La imagen de lo que debe ser un gallego se encargó de definirla Fraga en su larga presidencia de la comunidad de Galicia, el PP castellanoleonés se ha encargado de dejar clara la imagen de que la población de su comunidad es como ellos: arrogante, adusta, antipática e inevitable. En Valencia hicieron grandes esfuerzos por absorber el llamado “blaverismo”, una ideología que define la valencialidad como opuesta a todo lo catalán. En Navarra ya sabemos: carlismo españolista, Opus Dei y oposición a todo lo vasco. Y así podríamos seguir comunidad por comunidad, en las que han implantado una identidad regional hecha a medida de ellos y que tacha de menos auténticos a quienes (con todo el derecho) no simpatizan con el Partido Popular.

Desde los tiempos de Esperanza Aguirre y ahora, con Isabel Díaz Ayuso, se ha hecho algo parecido en Madrid. Se impone una forma de ser madrileño basada en el comportamiento del PP de la Comunidad: macarra, forzadamente castizo, caradura, aprovechado, con evidente desprecio a lo común y confundiendo interesadamente la maldad con la inteligencia.

El madrileño ideal del PP tira los papeles al suelo, arma ruido en las terrazas con evidente desprecio a los vecinos, trapichea para no pagar impuestos, es insolidario, aprovechado, servil con los adinerados y arrogante con el servicio. Es “canalla” vestido de Barbour y no va las misas por compartir los ideales cristianos, ni a los toros por el arte descrito en el Cossío, sino porque eso fastidia a sus vecinos, a los que se les priva de la condición de madrileños por no hacer el borrego estruendosamente con una caña de Mahou en la mano.

Esto no solo pasa a nivel de Comunidad. También pasa a nivel del Ayuntamiento, donde el nefasto Martínez-Almeida Navascués nos quiere hacer creer que vivir en Madrid ha de ser sudor, esfuerzo, incomodidad, polución, una jungla sucia y llena de obras absurdas en las que los más fuertes se mueven como peces en el agua a bordo de sus SUV de combustión.

Plantearse que tal vez vivir en la ciudad no ha de ser un infierno, que los servicios públicos han de hacer mejor la vida a la ciudadanía, que acudir al hospital La Paz no ha de parecerse a una escena bélica, sino acudir a una sanidad fiable, pública y universal, les rechina demasiado.

Madrid, para ellos, ha de ser una combinación de escenarios dignos de aparecer en Instagram con eventos idiotas en los que se cobre entrada, como la feria de la hamburguesa, la feria de las tartas de queso (cheesecake, dirán para que suene más cool), meninas clónicas de fibra de vidrio pintadas con motivos vulgares y, en el colmo de los colmos de la idiotez, hasta la propia feria de Abril de Madrid, llamada “Madridlucía” que, gracias a los hados, ha tenido que ser cancelada porque la capacidad de gestión de los “populares” madrileños es inversamente proporcional a su gusto por las horteradas. Pero nos queda la Fórmula 1, uno de los deportes más corruptos que existen, cuyos campeonatos en España siempre han sido ruinosos para lo público, molestos para la población en general y muy rentables para unos pocos, empezando por la FIA. A los madrileños se les ha prometido que la F1 no les costará un duro, pero a quien seguro que no les va a costar nada va a ser a los prebostes de la FIA, que se llevarán unos cuantos millones que, directa o indirectamente, saldrán de las arcas públicas.

Nada de eso es ser madrileño y, sinceramente, como elemento constructor de una identidad regional, produce más vergüenza que orgullo. Además, la vergüenza de tener a Ayuso como máxima representante de la región solo está sirviendo para que el resto de España perciba a la gente de Madrid como unos arrogantes catetos, que se pasean por el resto de España exigiendo que les atiendan primero en todas partes.

Además de votar, además de protestar contra la incompetencia del PP madrileño, hay que plantearse también la reivindicación de que uno es madrileño como le da gana. Y enfrentar ese falso sentido de la libertad y de la identidad basados en venerar a marcas de cerveza, con las maneras de vivir y convivir en las que uno busque lo mejor de sí mismo y de los demás. Y la reivindicación de que la región, la autonomía, el ayuntamiento, están para servir a los ciudadanos y no al revés.

Feliz 2 de mayo.

En la ilusión del regreso

Juanjo Cáceres

“Dicho queda”, piensa Ulises, cuando el acto llega a su fin. Ha logrado seguirlo desde su embarcación mediante streaming, gracias a la cobertura que a duras penas obtiene entre el oleaje, mientras prosigue esa travesía por el Mediterráneo intentando regresar a Ítaca.

Es un viaje muy largo, fruto del castigo infligido por los dioses. Un viaje inevitable que lo ha de mantener alejado durante años y que quizá nunca llegue a culminar. Por eso, en este tardío tramo de su vida, no le queda otra opción que ocupar sus días observando todo aquello que le resulta posible de un mundo ahora inalcanzable.

Y precisamente mientras escuchaba a los oradores Gabriel Rufián e Irene Montero, ha creído oírse a sí mismo: ese gobernante que un día fue, hasta que lo que se acabaría convirtiendo en una larga guerra le obligó a marcharse y a batallar a sangre y fuego durante demasiados años, lejos del lugar al que llamaba hogar.

Ulises se pregunta, por enésima vez, si logrará culminar su regreso. Si será capaz de sostener la mirada ante su mujer y su hijo, a los que tanto añora y que tal vez todavía esperan verle volver. Pero no está seguro de lo que hallará a su retorno. Tampoco de si aún encontrará a alguien capaz de ofrecerle cierta esperanza en lo poco que le queda por vivir.

Ha notado también que el paso de los años ha dejado su huella en esos dos rostros agotados, que, como el suyo, se enfrentaron a propios y extraños sin piedad alguna y ahora muestran su profundo cansancio. En esas cicatrices dejadas por mil batallas ya no hay rastro de épica: tan solo sensaciones mucho más incómodas, como la pérdida de confianza en uno mismo y una cierta rigidez en la manera de ser y de pensar, que llegados a este punto resulta totalmente inevitable.

Ulises sabe que los reyes solo pueden reinar, de modo que la única forma de dejar de reinar es dejar de ser rey. Pero ¿acaso no es imposible dejar de serlo, cuando todos te ven aun como tal e insisten en seguir evaluando tus obras, tus aciertos y tus errores?

“¿Cómo puede cualquier persona escapar del recuerdo de lo que ha sido y del juicio constante sobre lo que ha hecho?”, se pregunta. “Sé que, aunque pasen 2000 años, yo no dejaré de ser esa figura que fui y que es muy evidente que ya no soy”, reflexiona mientras contempla sus arrugadas manos y sus viejas ropas, desgastadas por el viento y la sal. Pero enseguida devuelve su pensamiento a lo escuchado durante más de una hora y media.

“Por todo lo que ambos han expuesto, no parece que ese mundo que habitan sea mejor, en modo alguno, que el que yo dejé atrás. Si alguna vez los tuviera frente a mí, no resistiría la tentación de preguntarles por todo aquello que también me acongoja como viejo monarca y guerrero: ¿qué ocurrió para que todo empeorara tanto? ¿Qué hicisteis para evitarlo? ¿Cómo gobernasteis vuestros reinos para que el enemigo consiguiera llegar con tanta furia y facilidad hasta vuestras puertas? ¿Cómo impediréis que esas fuerzas hostiles se adueñen de vuestras ciudades y puertos, ahora que a duras penas sois una sombra de lo que un día fuisteis?”.

Es entonces cuando lo comprende. A medida que murmura las preguntas, se vuelve más consciente de que estas no son más que un fiel reflejo de ese interrogatorio permanente al que se somete a sí mismo, condenado como está a la vejez, a la soledad y a permanecer aislado en una embarcación sin rumbo.

“¿Quién soy yo, al fin y al cabo, para juzgar a nadie, tan errado y presuntuoso como fui en el pasado, cuando creía que una palabra mía ordenaba el mundo y una frase bastaba para transformarlo? Quizás son ellos los valientes, por persistir pese a todo, y yo el cobarde, por no rebelarme contra ese infausto destino al que me he visto abocado”. Pero súbitamente cambia de parecer.

“Vana ilusión”.

“Solo los necios creen ser más listos que nadie y piensan que todo puede lograrse desde la mera voluntad y desde el simple poder que otorgan un trono real o un micrófono inalámbrico. Y puede que este viaje a la deriva sea, al fin y al cabo, la consecuencia de todo”.

“Tal vez hasta esta aparente soledad sea engañosa. Quizá, si extiendo la vista hacia el horizonte, descubra otras embarcaciones como la mía, igual de perdidas, cada una con un marinero tan aislado y ensimismado como yo. ¿Estáis ahí?”. Pero al alzar la vista, solo aprecia una oscuridad profunda, débilmente matizada por el fulgor de las estrellas.

De los cánticos en Cornellà a la islamofobia normalizada

David Rodríguez Albert

El pasado martes se disputó en Cornellà de Llobregat el tristemente célebre partido entre las selecciones de España y Egipto. Como ya es sabido, en varias ocasiones se lanzaron cánticos islamófobos desde algunos sectores de la gradería. Además, se silbó el himno nacional del país africano y se profirieron insultos hacia Puigdemont y Pedro Sánchez. Estos hechos son especialmente graves, van mucho más allá de una anécdota en un evento deportivo y representan una muestra de racismo y de islamofobia, en un entorno de consignas propias de la extrema derecha catalana y española.

Afortunadamente, la reacción de la opinión pública ha sido contundente a la hora de denunciar estos hechos. Especialmente significativas son las declaraciones de Lamine Yamal, la principal estrella de la selección española. El jugador musulmán ha acusado de racistas e ignorantes a quienes profirieron los insultos. A sus palabras se han unido declaraciones unánimes de condena por parte del gobierno español, del gobierno catalán, de la sociedad civil y de todos los partidos políticos democráticos.

Durante el partido, los cánticos islamófobos se prolongaron sin que el encuentro se detuviera, evidenciando un fallo institucional grave. El protocolo antirracista de la Federación Española de Fútbol establece que, ante conductas discriminatorias, el árbitro puede detener el partido, tras emitir advertencias al público. En este caso, se hizo un aviso por megafonía minutos después durante el descanso, pero el encuentro no se paralizó. El árbitro búlgaro, que no entendía el idioma, no podía aplicar el protocolo por sí mismo. La federación tenía la responsabilidad de informarle y coordinar la acción, pero no lo hizo, permitiendo que los insultos continuaran, enviando un mensaje de tolerancia hacia la islamofobia y subrayando que el problema no es solo de la grada, sino de una federación incapaz de hacer cumplir sus propias normas.

La islamofobia que se manifestó en el campo no surge de la nada, sino que se inscribe en un clima de discurso político hostil hacia la comunidad musulmana. Dirigentes de Vox han vinculado repetidamente la inmigración musulmana con supuestas amenazas a la identidad y la seguridad de España, usando expresiones como “islamización” o comparaciones con sociedades violentas, y señalando barrios y comunidades como espacios que se “degradan” por la presencia musulmana. Por su parte, Aliança Catalana contribuye a normalizar discursos de odio, generando un marco en el que los insultos o ataques a musulmanes dejan de percibirse como inaceptables y pueden traducirse en agresiones verbales reales, según denuncias de líderes de la comunidad islámica catalana. Todo esto demuestra cómo los mensajes de la extrema derecha alimentan la islamofobia, creando un clima que facilita episodios como los cánticos de Cornellà.

En paralelo a las condenas públicas, los hechos descritos han activado una investigación de los Mossos d’Esquadra, junto con la Fiscalía de Delitos de Odio y Discriminación, que han abierto diligencias para esclarecer si los cánticos islamófobos y xenófobos constituyen un delito de odio conforme al Código Penal. La investigación busca identificar a los responsables, incluyendo la posible organización o coordinación previa de los insultos por parte de sectores vinculados a la extrema derecha, y determinar si se puede avanzar en la vía penal. Además, se ha abierto una vía administrativa que contempla sanciones a los espectadores implicados y, entre otras medidas, prohibiciones de acceso a eventos deportivos.

Los hechos del martes no son casos aislados, sino el reflejo de un clima de odio que se está normalizando en España, alentado por discursos políticos de la extrema derecha que señalan a los musulmanes como amenaza. Detener los cánticos no es suficiente, ya que hace falta actuar sobre las causas profundas: educación, concienciación y cambios inmediatos en la aplicación de los protocolos deportivos. El fútbol puede ser un espacio de integración o un altavoz del odio. El racismo y la intolerancia no pueden ser nunca las opciones.

En tiempos de exceso de peso

Juanjo Cáceres

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición estimaba en 2020 que un 37,1% de la población adulta sufría sobrepeso y un 18,7% obesidad. En el caso de la población entre 2 y 17 años, señalaba que uno de cada tres menores presentaba sobrepeso y uno de cada diez, obesidad. Eran cifras rotundas, que nos hablaban claramente de riesgos de salud pública y que deberían generar la misma inquietud en las autoridades que en el resto de la población. Pero puede que eso no haya pasado o que no esté pasando con la intensidad suficiente en ninguno de los dos casos. Al fin y al cabo, ¿no es la gordura un elemento más del paisaje con el que siempre hemos convivido? Paisaje conocido, sí, pero no por ello menos inquietante, dadas las consecuencias que puede acarrear.

No diremos que no se invierten suficientes esfuerzos para reducir la prevalencia de ambos fenómenos, ni que las personas no dedican tiempo, esfuerzo y dinero a cuidar de su salud. Lo cierto es que, en general, lo hacen y que, cuando les afecta, les preocupa. De modo que no acaba de ser ese el problema. Tampoco basta con seguir apelando a la necesidad de una mayor sensibilización y acción. No porque no sea necesario – que lo es – sino porque no es en absoluto suficiente.

Afrontar esta situación o cualquier otra relacionada con la prevención de riesgos evitables de salud, pasa necesariamente por un doble procedimiento: entenderla en toda su complejidad e intercambiar conocimientos al respecto. Pero para entender, compartir y conseguir que ese intercambio sea fructífero, hacen falta voces – y no solamente las procedentes de inteligencias digitales. Hace falta hablar de ello y escribir sobre ello. De ahí que resulte muy positivo que eso suceda, por ejemplo, a través de un libro como el que ha publicado recientemente Julio Basulto: TODOS GORDOS (con perdón). Un trabajo que ha salido al mercado del papel y del libro electrónico con el propósito claro de hacer lo que debe hacerse: ni más ni menos que hablar de ello.

¿Es TODOS GORDOS (con perdón) el remedio que estábamos esperando para invertir el incesante avance de esta problemática? En modo alguno. Pero ya en la portada Julio pone el dedo en la llaga señalando el núcleo del problema con un mensaje directo: “tratar la obesidad en un mundo diseñado para engordar”. Porque, en efecto, ciertas prevalencias solo son posibles porque entre todos construimos algunos factores que predisponen a ellas. O porque entre todos configuramos unas relaciones económicas y sociales sobre las que emerge el gradiente social de la obesidad, según el cual poder adquisitivo y exceso de peso tienden a relacionarse de forma inversa – cuando aquel es más elevado, este tiende a ser más bajo.

Tal vez todo ello sea también debido a que a nuestro cuerpo no le resulta demasiado difícil engordar si tiene a su alcance alimentos en cantidades suficientes. O a que tampoco a nuestro cerebro le resulta sencillo regular nuestras conductas cuando los alimentos se diseñan y se ponen al alcance de maneras bien estudiadas.  Pero el caso es que eso ya lo sabemos. Y que, aun así, incluso después de innumerables intentos por atenuar estos efectos, parece que seguimos siendo mucho más eficaces engordando individualmente que trabajando colectivamente para prevenir la obesidad o deshaciendo todo aquello que convierte nuestras casas, supermercados, calles y municipios en entornos obeso génicos.

Justamente porque no hemos logrado todavía transformar el escenario en que vivimos, es necesario explicarlo bien. Es preciso evidenciar qué elementos lo sostienen y cómo podría cambiar. También lo es exponer de forma divulgativa cómo se intenta tratar la obesidad desde el ámbito de la nutrición y de la medicina, subrayando lo difícil que resulta realmente actuar sobre ella. Sin olvidarnos, además, de poner de manifiesto su relación con conductas tan poco saludables como fumar o consumir alcohol.

De ahí que el trabajo de Julio Basulto, TODOS GORDOS (con perdón), ponga sus esfuerzos en todo ello y que resulte tan oportuno. No es el primero ni será el último en abordar la problemática, pero es este el que nos habla ahora. El que nos recuerda que no todo está bien. Que algunas cosas tienen que cambiar. No debemos olvidar que seguir insistiendo en la necesidad de reducir la prevalencia del exceso de peso es imprescindible y seguirá siéndolo durante décadas. Por suerte, hay voces como la de Julio que lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo.

Alzar la voz

Meritxell Nebot

La semana pasada fue intensa para el profesorado en Cataluña. Organizados en asambleas, docentes y personal educativo decidieron seguir adelante con los cinco días de huelga pactados. La decisión no salió de la nada. El curso se inició con consultas sobre el malestar docente, días de movilización delante de los centros y manifestaciones. El Guvern decidió ignorar las protestas e incluso esquivó en más de una ocasión sentarse a negociar con los sindicatos. Así fue como en las asambleas se empezó a hablar de huelga indefinida y se comenzó a tomar el pulso a los claustros de los centros para valorar la capacidad de movilización del colectivo. Después de la gran manifestación del 11 de febrero en Barcelona, el Departament d’Educació se sentó a la mesa de negociación, hecho que fue ampliamente celebrado a pesar de saber que los giros de guion eran más que posibles. La sorpresa no se hizo esperar y llegó de la mano de CC.OO. y UGT que, con un acuerdo ya pactado de antemano, a espaldas de los sindicatos mayoritarios en educación (USTEC-STES, CGT, aspepc-sps y la Intersindical) y, por consiguiente, de la gran mayoría del personal educativo, aceptaba unos mínimos de miseria que no responden ni de lejos a las necesidades reales de la educación de Cataluña.

A partir de ese momento las asambleas se multiplicaron. El rechazo que generó la decisión de dos sindicatos que, en el sector educativo, no representan a la mayoría, sirvió de mecha para acabar de encender los ánimos. La decisión de empezar una semana de huelgas tomó forma y la organización de las bases se empezó a consolidar. De forma simultánea en las cuatro provincias catalanas, se coordinaron acciones para hacer oír el malestar del colectivo. La autoorganización ha sido y está siendo clave para dar visibilidad a las reivindicaciones. Ante un gobierno que se niega a escuchar, alzar la voz es la única vía posible.

El viernes 20 fue un día histórico para la educación en Cataluña. Barcelona quedó inundada por una marea amarilla menos festiva que en ocasiones anteriores. La indignación es creciente y el malestar, evidente. Las columnas que avanzaron hacia el Parlament llenando las calles eran multitudinarias y el goteo de autobuses llegados de muchos puntos del territorio catalán, esperanzador. Muchos docentes comentaban cómo se vería desde el cielo, cómo serían las imágenes publicadas por los medios de comunicación una vez terminada la jornada. Pero durante las horas que duró la marcha ni un helicóptero sobrevoló la zona. Curioso. O no. Parece más que evidente que, el aparato mediático funciona como altavoz solo para unos cuantos. Las imágenes aéreas que han circulado por redes fueron hechas por vecinos desde sus casas en pisos altos situados en los alrededores de la manifestación. Ni una imagen desde un triste dron.

A primera hora de la mañana grupos de docentes cortaron carreteras y accesos a la ciudad de Barcelona. La indignación de los conductores fue evidente y los momentos de tensión inevitables. Un escenario así no es el mejor lugar para dialogar. Es complicado explicar a un motorista que ha madrugado y llega tarde al trabajo que nos movilizamos por el bien de todos y todas. Que nos manifestamos porque las condiciones de trabajo en los centros educativos son cada vez más complejas; porque los recursos humanos y económicos destinados para atender la diversidad en las aulas son totalmente insuficientes; porque somos de los docentes peor pagados de todo el territorio español y ya hemos perdido el miedo a incluirlo abiertamente en nuestras reivindicaciones. A esas horas de la mañana y con solo un café en el cuerpo, un motorista no está para reflexiones. Pero por lo visto ni él ni algunos transeúntes que, durante su paseo matutino diario, increpaban a las manifestantes a gritos de vayan a trabajar, panda de gandules. Siempre es más fácil juzgar que escuchar. Es probable que tanto el motorista como el paseante critiquen alguna vez en sus charlas distendidas con amigos y vecinos lo mal que está el mundo, la falta de educación de los jóvenes o la necesidad de que esto y aquello se enseñe en la escuela. Educación emocional, en la escuela. Educación afectivo-sexual, en la escuela. Seguridad vial, en la escuela. Y si ya, de paso, se enseñan contenidos, fantástico.

Lo que no ve la opinión pública es todo lo que conlleva, en el día a día de los centros, la falta de recursos que denuncian los docentes: aulas masificadas, alumnos con necesidades educativas muy específicas sin personal cualificado para acompañarlos de forma sostenida; equipos de asesoramiento insuficientes y sobresaturados, recortes en personal de atención educativa, cambios constantes de currículum sin el consenso del colectivo docente. La educación debería ser considerada una cuestión de Estado, no un tema menor. Hacerlo posible es cosa de todos y todas. En un mundo ideal, los maestros alzarían la voz, la sociedad daría su apoyo y los medios informarían dando una cobertura justa y transparente. Desafortunadamente, las cosas no son exactamente así. Si no nos toca de cerca, no escuchamos. El colectivo docente está movilizado y coordinado, pero no dispone de acceso directo a los poderes mediáticos. Periódicos y televisiones se llenan de entrevistas a los políticos y de tertulias con opinadores profesionales y, en pocas horas o días, toda la fuerza del colectivo parece desvanecerse. Si alguna vez entrevistan a las docentes es para hablar de cuestiones como la vocación o las anécdotas en las aulas, dándoles poco tiempo en antena. Es cierto que algunas maestras han desestimado propuestas para participar en programas de radio, pero en la mayoría de los casos no es porque no tengan claras las reivindicaciones, sino porque en una mesa de debate tenemos las de perder. Ese no es nuestro hábitat, por suerte. No quedamos bien parados si se nos invita a hablar con personas que dedican buena parte de su tiempo a redactar contraargumentos y a discutir de cualquier tema que les echen. Nuestras virtudes y habilidades se demuestran en las aulas no en las tertulias. Así que si el Guvern se niega a escuchar y el periodismo cubre con sesgo la noticia, la opción es salir a las calles, organizadas y unidas para hacer oír nuestra voz y buscar la complicidad de la opinión pública, porque una sociedad educada es una sociedad fuerte, justa y libre y eso, no lo olvidemos, nos incumbe a todos.

Apariencias: Made in USA

Senyor_G

Esta semana me salió en el Instagram un viejo chiste de la guerra fría:

Un soviético y un estadounidense están sentados uno al lado del otro en un avión que viaja de Moscú a Washington D. C. El estadounidense dice: “Tengo que reconocerlo, vuestra propaganda es muy impresionante”. El soviético sonríe y le da las gracias, pero responde que no es nada comparada con la propaganda estadounidense. Confundido, el estadounidense le dice: “Pero nosotros no tenemos propaganda”. El soviético sonríe y dice: “exacto”.

Con esto ya estaría todo. Al final los debates y las apariencias del mundo no las controlamos nosotros, sino todo lo que nos explican y quién nos lo explica. En las cadenas de televisión en abierto de nuestro país, desde las públicas a las privadas, las series y películas Made in USA que hay son brutales, muchas con fuerzas del orden. Y lo que nos explican. Yo que miro algunas de policías, sin entrar en el fondo, pero el rollo ex-agente de la CIA o soldado en Vietnam, Irak, Afganistán y otras guerras es abrumador. El marco es ese. Hasta las películas en La Primera de RTVE en los mejores horarios son para ellos, para que nos coman el tarro.

Y los tópicos. 

No deja de ser curioso lo que nos recalcan de esos países donde un jefe de los servicios secretos acaba siendo presidente. Como Bush padre que antes de ser presidente de los EE.UU. fue director de la CIA. O dónde el poder pasa de padres a hijos o de forma familiar. Volvamos a los Bush, los Kennedys si nos vamos lejos, o matrimonios que casi consiguen pasarse el cetro, o por lo menos figurar.

Los paladines del mundo libre, de la democracia. Me sorprende que un español se pueda creer eso. ¿Qué hizo EE.UU. por la democracia en España.UU.? Bases y acuerdos con Franco. Si digo que hizo más la URSS por la democracia en España que los EE.UU. ¿soy un zorrocotroco o hago honor a la verdad? Y nosotros que además entendemos el castellano podemos repasar de la A la Z todos los países de Hispanoamérica y ver su aportación democrática.

Y lo del mundo libre contra la dictadura comunista, Corea del Norte, Taiwan, Indonesia… en los 50, 60 y 70. ¿Seguimos? Mundo libre para piratear o comerciar.

Trump es odioso, y un gran peligro, pero hay que agradecerle que va a careta quitada. En este mismo blog se hablaba de que no había seguido los pasos para hacer la guerra, pero hace un par de semanas en El Periódico se planteaba que la última vez que se hizo en el Congreso de los EE.UU. fue para la Segunda Guerra Mundial, y nadie se puede creer que desde entonces los EE.UU. no han estado metiendo el hocico militarmente por medio mundo. Lo ha planteado interesantemente el primer ministro de Canadá: es que ya nadie se cree el relato o hace ver que se lo cree.

El mundo libre, la libertad de empresa, no la democrática sino el libre mercado ultra. Veo en el supermercado frutos secos, boniatos para el microondas y legumbres de vez en cuando made in USA. No me creo que eso llegue a España sin subsidios o a reventar precios.

Y los más altos valores. Cuando se juzgue a Bush hijo (y a Blair y otros colaboracionista) como se hizo con Sadam Hussein igual empiezo a dudar. Y Guantánamo.

Y no esperen ninguna pregunta incisiva a los políticos atlantistas sobre todo esto cuando van a algún medio, este tipo de preguntas se nos hacen a otros.

En este contexto, yo sigo con OTAN No, Bases Fuera; hay que reconocer que la postura del Gobierno presidido por Pedro Sánchez respecto a EE.UU.-Israel contra Oriente Medio es acertada. Nada fácil de tomar y aguantar. Merece nuestro apoyo. Estamos acostumbrados a que siempre todo es por el bien del imperio, así que toca remar y aguantar porque si no se han cortado nunca, ahora con Trump y su gobierno de pirados cruzados menos todavía y van a empezar con el manual básico de sus tretas. Peones tienen, y dinero como siempre. A organizarse y coser alianzas toca.