Jugando al Risk todos los días

Julio Embid

En 1957, el director de cine francés Albert Lamorisse diseñó un juego de mesa para jugar en familia, vagamente inspirado en las campañas napoleónicas. En un tablero con el mapa del mundo, se movían tropas y se conquistaban territorios tirando dados. El juego permitía crear alianzas, abstraer campañas militares y aceptar que el éxito o el fracaso dependían tanto de la posición inicial como de las probabilidades matemáticas. Lo llamó La Conquête du Monde (La conquista del mundo) y vendió sus derechos a la juguetera estadounidense Parker Brothers, que cambiaría el título por el nombre con el que se conocería en todo el mundo: Risk.

El pasado 3 de enero, en una operación más propia del Call of Duty que del Risk (porque no hubo ejércitos implicados, sino 150 aviones y un puñado de helicópteros), Estados Unidos bombardeó instalaciones militares venezolanas en Caracas y La Guaira. Los Delta Force mataron a los escoltas y al personal de la vivienda donde se encontraban el entonces presidente Nicolás Maduro y su mujer, lo detuvieron y lo trasladaron en helicóptero a un portaaviones frente a la costa y, después, a territorio estadounidense para ser juzgado por narcotráfico. El Ministerio del Interior venezolano, dirigido por el oscuro Diosdado Cabello, ha declarado que murieron un centenar de personas —“mártires de la revolución”, los llama pretenciosamente el Gobierno de Cuba— entre militares venezolanos, militares cubanos y civiles.

Trump salió bailando y proclamando que ahora en Venezuela manda él. Que, cuando se haya reestablecido el flujo de especia en Dune, los Harkonnen organizarán elecciones democráticas o algo parecido. Que María Corina Machado, como buena señora bien de derechas, es una señora bien, pero que aquí no pinta nada. Y que ya han pactado con la otrora vicepresidenta Delcy Rodríguez que se quede al mando para que la transición —de empresas petroleras chinas a empresas petroleras norteamericanas— se haga de buen grado. Como nadie le tose a Trump, todo le ha salido perfecto.

Ahora ha recordado las partidas al Risk y se ha dado cuenta de que, si controla toda América del Norte, cobraría cinco ejércitos por turno, o algo así. De ahí que Estados Unidos deba “adquirir” Groenlandia. Entiendo que para cobrar esos cinco ejércitos (le faltarían Canadá y México, pero eso es poca cosa). Y amenazan al Gobierno de Dinamarca: o venden Groenlandia o simplemente la tomarán por la fuerza. Si nadie le tose a Trump, todo le habrá salido perfecto.

Está claro que lo de Groenlandia nos afectará a los españoles mucho más que lo de Venezuela por un motivo sencillo: una acción hostil de un miembro de la OTAN contra otro miembro de la OTAN dentro de territorio OTAN sería el final de la Alianza. Y quizá el final de la UE, dividida entre partidarios del apaciguamiento y partidarios del enfrentamiento con Trump. Habrá Chamberlains y Daladiers, pero también Churchills y De Gaulles. Y en ese enfrentamiento interno no sé si la UE podrá resistir. Y tal vez, después de Groenlandia, vengan las Islas Canarias, porque total: están en el Atlántico, tienen muchos hoteles y Trump también tiene hoteles. Mientras tanto, en Rusia y en China quedarían legitimados para invadir a los vecinos que consideren, porque, total, nadie les va a toser.

Solo espero que el próximo presidente del Gobierno español no haya tenido relaciones en el pasado con el narcotráfico ni existan pruebas gráficas suyas en el barco de un narco. Simplemente para evitar que la CIA o los Delta Force pasen a detenerlo tras asesinar a todo el personal de La Moncloa. Para mí, como asesor político, la vida de los asesores políticos importa.

Empieza el via crucis

Carlos Hidalgo

Los resultados de las elecciones de Extremadura no han sido buenos para la izquierda. Ni siquiera son buenos para la derecha, puesto que la ultraderecha les va a tener bailando a su son toda la legislatura, salvo que María Guardiola, en otro arranque de fingir una personalidad que ha demostrado no tener, se decida a no formar gobierno y tras agotar los plazos y procesos que fija el Estatuto de Autonomía, se convoquen nuevas elecciones, lo cual parece harto improbable.

Mientras tanto, Gallardo será juzgado dentro de su propio partido no por la campaña realizada, ni por el proyecto que haya defendido frente al electorado extremeño, sino por cómo se juzgue su cercanía o no a Pedro Sánchez. Y de hecho, lo más posible es que mañana mismo la delegación cacereña en su ejecutiva vaya a la reunión con los cuchillos entre los dientes, como los piratas de las películas.

Si el PSOE en su momento supo lidiar con las tonterías de Podemos sin convertirse en Podemos, dejando que ellos mismos se anudaran la soga al cuello, en el PP no parece que vayan a ser capaces de hacer las mismas jugadas con Vox, a los que las noticas de su corrupción, división interna y escándalos no parecen afectarles. Tampoco la de su extrema incompetencia y desprecio a la ley en los sitios donde gobiernan, que parece hacer más daño al PP que al partido de ultraderecha. Y eso ata cada vez más a Feijóo, que confiaba en exportar el modelo gallego de ignorar a Vox entre el aplauso constante de los medios afines, pero que se está viendo cada vez más arrastrado a discursos que no sólo van en contra de la política que tradicionalmente han defendido los “populares”, sino que chocan incluso con el texto constitucional. Y todo esto sin ser presidente del Gobierno. Porque no ha querido, dice él.

Mientras tanto el reloj corre para el PSOE en Aragón, que celebrará sus elecciones en enero, en Castilla y León en marzo y en Andalucía en abril. En las tres regiones se presentan candidaturas avaladas por Ferraz y sin embargo parece que los resultados pueden no ser muy diferentes de lo que hemos visto ayer en Extremadura. En dos de esas federaciones se presentarán ministros del actual gobierno y tras un periodo en el que se ha podido adecuar el organigrama regional para esté perfectamente alineado con Ferraz, por lo que veremos de qué manera se les juzga en caso de que se repitan los resultados electorales de ayer. O unos parecidos.

No sé hasta qué punto este gobierno y el partido que lo conforma mayoritariamente puede permitirse el duro “vía crucis” que le espera a lo largo de estos meses, pero tampoco me atrevo a hacer predicciones. Pedro Sánchez todavía tiene dos cosas que nadie más en nuestro panorama político tiene: más valor que el resto y una infinita capacidad de sorprender y redirigir la agenda a su favor. De momento, habrá que abrocharse el cinturón y ver a dónde nos lleva toda esta deriva.

La izquierda contra Sánchez

Arthur Mulligan

Distraídos con los bajos fondos del sanchismo militante, unos impresentables socios que enérgicamente cogen la puerta y se quedan aliviados porque piensan que lo fundamental es seguir haciendo cosas (?) por la gente, y entre bostezo y bostezo, esperamos nuevas noticias del FBI, la UCO, la Intervención General del Consejo de Ministros, etc., ninguna de Moncloa, menos del Congreso y el cero absoluto del Senado ¿hay alguien ahí fuera que piensa en lo que está sucediendo, y que además opine desde la academia, y que tenga solvencia reconocida?

Pues sí, alguien como Ignacio Sánchez -Cuenca, Catedrático de Ciencia Política en la Universidad Carlos III, dentro del Departamento de Ciencias Sociales.

El 16 de Diciembre escribía un artículo en El País «El que resiste… puede perder», en el cual identificaba los cuatro elementos fundamentales que permiten interpretar lo que está sucediendo ahora:

“En primer lugar, hay un gobierno progresista que presenta una buena hoja de servicios, sobre todo, si se compara con la que hubo antes de la llegada de Sánchez al poder.

Frente a los recortes de entonces (en gasto social, en pensiones) y frente a la desregulación del mercado de trabajo, tenemos ahora una reforma progresista de las pensiones, un mercado de trabajo más justo y eficiente, nuevas políticas sociales, etc.”

Si se abre la referencia se observa que los datos se ocupan de los recortes de Zapatero ante la amenaza del rescate de Europa por el desastre de su gestión. Sigue con la situación en Cataluña gracias a la ley de amnistía – algo que negaba antes de las elecciones- y que naturalmente mejoraba al concederse las exigencias nacionalistas para asegurar el voto de investidura.

En el “debe”, el Ejecutivo de Sánchez no ha conseguido apenas nada en materia de vivienda y hay varios indicadores de desigualdad y pobreza que no mejoran. Además, en esta última etapa, el Gobierno sufre una gran debilidad parlamentaria, el bloque de investidura se ha quebrado (distanciamiento de Junts y Podemos) y por eso en esta legislatura no se han aprobado presupuestos ni una sola vez:

«En segundo lugar, hay una oposición exaltada que habla más de prostíbulos y de la familia del presidente que de políticas y alternativas. Ha creado una burbuja política, la del antisanchismo, que saca los peores humores de la sociedad y que, con la colaboración indispensable de medios y columnistas echados al monte, ha llevado el enfrentamiento y la crispación a cotas desconocidas. Todo esto ocurre en medio de una derechización evidente de la sociedad (al igual que ocurre en otros muchos países del mundo) y no cabe descartar que la suma de PP y Vox alcance una mayoría absoluta en las próximas elecciones.»

En tercer lugar, hay una ofensiva judicial contra el Gobierno. Hace unos días, en este diario, Jordi Nieva-Fenoll hacía un repaso lúcido e impecable del activismo político del Tribunal Supremo a lo largo del presente ciclo político, lo que me exime de tener que entrar en detalles. El Supremo ha establecido una especie de “barra libre judicial” gracias a la cual algunos magistrados estén actuando como francotiradores, instruyendo causas estrafalarias que se estudiarán en el futuro como ejemplos de lawfare.

En cuarto lugar, han salido a la superficie unos cuantos escándalos de corrupción que son una verdadera carga de profundidad para un Gobierno que se presentó ante la ciudadanía como remedio contra el PP de la Gürtel y la policía patriótica. Dos secretarios de organización del PSOE (uno de ellos exministro), un expresidente de la SEPI, una fontanera del partido involucrada en varias tramas…, más múltiples casos de comportamiento machista y acoso sexual, algunos protagonizados por personas muy próximas al presidente. Este reguero de escándalos resulta demoledor para el Gobierno y especialmente para el PSOE.»

De todo ello, deduce que nos dirigimos a un fin de ciclo parecido a los de González y Rajoy. Es decir, el partido se ata al líder y este le arrastra a una crisis futura prolongada.

«Por mucho juego sucio e intereses bastardos que haya, y es evidente que los hay, los escándalos que están apareciendo suponen una crisis de credibilidad innegable para el Gobierno y, especialmente, para el PSOE. En lugar de entretenerse con cálculos sobre las ganancias de convocar ahora o más tarde, el presidente debería cumplir las expectativas propias de una democracia exigente.»

De modo que El País, ha cruzado una línea clara: ha pasado de defender al Gobierno frente a la derecha a exigir la asunción de responsabilidades de Sánchez por el coste que su resistencia tiene para el PSOE y para la izquierda.

Desde la lógica del sanchismo, niega la épica de la resistencia y le dice que “el que resiste… puede perder”, cuestionando directamente su estrategia y su continuidad, a la vez que reclama un estándar de democracia exigente que incluye asumir responsabilidades políticas más allá de lo penal.

Con un rigorismo moral propio de un calvinista, Sánchez Cuenca se muestra como un aliado extremadamente exigente: no cambia de caballo para apoyar a la derecha, pero sí pide sacrificar al jinete para evitar que se hunda todo el caballo (el PSOE) y el establo (la izquierda institucional).

El que paga manda y Oughourlian, un financiero que respeta el producto que vende, habla de reforzar la credibilidad mediante una línea más crítica con Sánchez, sin abandonar el marco “progresista”. El problema es nuevamente el Presidente.

Al igual que en Marzo de 2025, el propio grupo se presentó con un editorial y textos internos reivindicando “libertad editorial e independencia”, en un contexto de choque abierto con Sánchez por el fallido proyecto de “Tele-Pedro” y la presión del Gobierno sobre el grupo.

Oughourlian es quien explicita la necesidad de “marcar más distancia crítica” con Pedro Sánchez y quien impulsa la destitución de Pepa Bueno y el nombramiento de Jan Martínez Ahrens, movimientos leídos en todo el sector como un cambio de etapa editorial.

Este hecho aísla aún más a Sánchez y ya despunta su imitación en RTVE, endureciendo un poco su tono crítico después de críticas de sindicatos, oposición y parte de la plantilla por vulnerar la neutralidad.

Caso distinto es la evolución de Antonio Elorza quien viniendo del Partido Comunista de Euskadi con el tiempo se distanció del comunismo y del proyecto de IU, pasó a defender abiertamente la Constitución de 1978 y el carácter “indisoluble” de la nación española, adoptando una posición que combina elementos socialdemócratas (defensa del Estado social de derecho) con un fuerte énfasis en el marco estatal y la legalidad. Hacia 2008 se definió como “simpatizante legitimador” de UPyD, lo que ilustra su tránsito hacia una izquierda liberal‑socialdemócrata muy crítica con los nacionalismos periféricos y partidaria de un reforzamiento del Estado democrático.

Así que quienes peinan canas desde la Universidad abandonan el imposible viraje “radical lefts” de un Sánchez más estrellado que celeste, incapaz de alimentarse con el engrudo indigesto de autores y dirigentes ligados a Syriza, La France Insoumise o Die Linke, encarnación de proyectos pos-socialdemócratas que combinan justicia social, soberanía democrática y europeísmo crítico, y mucho menos aún con la racial mala hostia que anula en su sectarismo los constructos adocenados de ese mosaico disperso de filósofos, economistas críticos y dirigentes-intelectuales ligados a experiencias místico-concretas de partido o movimiento.

Solo puede competir con Caritas, el Padre Ángel, rebajando entradas de cine, compra de artefactos de juegos visionarios, patinaje artístico en museos y cosas por el estilo.

Gramsci, Laclau /Mouffe y un marxismo heterodoxo de matriz académica española con un complemento económico keynesiano y de crítica a la desigualdad es lo que se consume en dosis homeopáticas más que un aparato teórico nuevo o sistemático mientras se piensa más en como resituarse ante el sunami que se avecina con los nuevos tiempos.

Buena parte de la familia socialdemócrata europea sostiene que estos proyectos no han construido estructuras estables ni bases sociales duraderas y que, cuando han gobernado (Syriza, Podemos en coalición, etc.), han terminado gestionando el mismo marco económico, pero con más conflicto simbólico y menos resultados materiales.

Y lo que es peor, varios análisis señalan que, al renunciar a una agenda económica claramente socialdemócrata y refugiarse en un lenguaje moralizante contra “la casta”, estos proyectos dejan el terreno libre a la ultraderecha para disputar al mismo electorado precarizado con identidades excluyentes.

Late en el fondo del corazón, la exigencia de una izquierda moderada creíble que ofrezca seguridad material tangible en vivienda y trabajo a quienes sienten que el modelo neoliberal solo les ofrece alquileres imposibles y empleo precario, sin necesidad de abrazar propuestas maximalistas de ruptura.

Sí, es muy difícil, pero mucho menos difícil de arreglar que aquel panorama con el que se encontraron los supervivientes de la II Guerra Mundial.

El PSOE, de nuevo en ebullición

Guridi

Hacía mucho que el PSOE no daba titulares por sus revueltas internas, la “Pax Pedrista” alcanzada al llegar al gobierno tras descabalgar a Rajoy en la primera moción de censura en triunfar en la democracia, está dando síntomas de agotamiento.

Como ya se ha comentado aquí antes, muchos de los pedristas de primera hora han tenido que ir siendo sustituidos, pues eran buenos para ganar unas primarias, pero malos para gobernar España.

Aun está por verse en su totalidad el daño causado por Santos Cerdán y José Luis Ábalos, que colocaron a muchas personas en puestos clave donde aún permanecen. Siendo Leire Díez una de ellas. Si no fuera suficiente el daño causado por ellos dos, la cántabra parece que se las basta sola para seguir dañando al partido por el cual tanto ha presumido por hacer.

Para colmo, la decisión de poner a ministros a liderar candidaturas no está dando los resultados esperados. No entiendo cómo a alguien se le puede ocurrir que el mero hecho de haber ostentado una cartera ministerial te concede inmediatamente el carisma necesario para provocar vuelcos electorales.

Las incompetentes interferencias de Ferraz en las federaciones regionales, además, han provocado que en sitios donde podría haber existido la posibilidad de hacer tambalearse al PP, como en Castilla y León, ello quede más lejos. En lugar de trabajar para reforzar a los aparatos regionales y locales, donde el PSOE puede sacar más fuerzas, se ha trabajado para dividirlas, impugnar las decisiones de la militancia y promocionar a personas que estaban relegadas a la segunda o tercera línea por buenas razones.

Obviamente todo ello ha enfadado a una militancia desanimada, quemada y menguante, que asiste al ascenso de aquellos que tengan capacidad para liarla en redes sociales y a la perpetuación de personas con décadas de experiencia en ganar asambleas, pero perder elecciones.

El llamado “caso Salazar” ha empeorado las cosas. Abusos machistas de poder y acoso sexual a militantes que firmaron para que España avanzara mediante un proyecto progresista, no para estar sometidas al ego de un sátiro cateto.

Todas las vías prometidas en su momento para que la militancia socialista tuviera interlocución directa con su líder han resultado ser callejones sin salida. Y la excusa de la interferencia de los malvados barones regionales ya no puede usarse, porque todos ellos (salvo Page, que también debería ejercer más la prudencia y la sensatez de las que presume pero que no ejerce ante un micrófono).

Los resultados de las próximas elecciones autonómicas y su gestión por parte del partido van a ser decisivos para ver si el enfado y el hartazgo de la militancia van a más o pueden ser apaciguados devolviendo al partido a la vida y no confundiendo la paz con la desolación.

Última oportunidad para Pedro Sánchez

LBNL

La acción de gobierno de Pedro Sánchez es, a la luz de datos objetivos, bastante notable, si acaso sobresaliente: crecimiento económico sostenido y más potente que el de nuestros vecinos, inflación contenida, gasto social creciente (salario mínimo, becas), pacificación social, estabilidad territorial (Cataluña, País Vasco), etc. No solo no ha acabado con el Estado de Derecho y la separación de poderes como se bramó tras el pacto Junts-PSOE, sino que la policía y los jueces investigan sin cesar a cargos socialistas que los imputan y detienen y la caverna mediática se queda diariamente sin adjetivos y adverbios para calificar la supuesta dictadura bolivariana que dirige el demonio sanchista. Que por supuesto está ahí gracias a la (extinta) ETA…

Pero Pedro Sánchez ha errado, gravemente, y si no acierta, su próxima jugada podría ser la última. A su favor, la necesidad de que la moción de censura tenga que ser constructiva y el suicidio político que supondría para Junts, o el PNV, votar conjuntamente con el PP y por ende Vox. Pero la disidencia interna crece en el seno del PSOE y podría hacer la situación insostenible si no arregla el entuerto creado por él mismo.

Porque fue Pedro Sánchez quién escogió a Ábalos como Secretario de Organización, número 3 del PSOE, y Ministro de Transporte, cargo desde el que cada vez está más claro, robó a manos llenas, con la ayuda de Cerdán, escogido por Pedro Sánchez para reemplazar al anterior en la Secretaría de Organización. Tenía a todos engañados, al parecer, pero era conocido que había sido Cerdán quien había traído de Navarra a Koldo, que ya se sabía era cómplice de Ábalos, y de Cerdán según se supo después. Pero no quedó ahí la cosa. En la Ejecutiva de renovación que se formó tras saltar el escándalo de Cerdán, Salazar iba en puesto de cabeza, como Secretario de Organización o vicesecretario. También hombre de confianza de Sánchez, que seguramente no tenía ni idea a esas alturas de lo zafio y guarro que era con sus subordinadas en Moncloa, víctimas claras de acoso sexual repetido. Pero sí debía saber que había compartido piso en algún periodo con Cerdán. Alguien filtró el bagaje sexual de Salazar la víspera lo que le obligó a dar un paso al costado.

Quién sí entró en la Ejecutiva fue Antonio Hernando, otrora compañero de Sánchez en Ferraz como “Blanco boy” junto a Oscar López, luego traidor cuando el golpe palaciego de Susana Díaz, luego comisionista junto a Pepiño en Acento y finalmente recuperado para la causa junto a Oscar López como números 1 y 2 de Moncloa, en donde constaba la cercanía y ascendencia demoscópica de Salazar con el jefe.

A la cabeza, como Secretaria de Organización, él y Salazar situaron a Rebeca Torró, tras varios intentos fallidos de catapultarla a la cima, hasta entonces siempre frustrados por la Federación socialista valenciana en la que no gozaba de mucho crédito, más bien al contrario. Y le pusieron dos vicesecretarios, una Anabel Mateos, la mujer de Hernando, y otro, Borja Cabezón, que Salazar había presentado previamente a Torró, a la sazón Secretaria de Estado de Industria, para que le colocara como consejero en ENISA, empresa pública dependiente de ella.

No es de extrañar que con semejante cúpula que tanto le debía a Salazar, la investigación interna sobre su presunto acoso sexual se haya demorado tanto. El confidencial informe final dice que fue imposible contactar con Salazar durante los cinco meses transcurridos porque estaba de viaje y tal y tal. Pero Pilar Alegría, muy cercana también a Hernando y a Salazar, no tuvo problema en quedar a comer con este último durante ese periodo. Dijo que fue un encuentro privado pero que yo sepa no ha explicado qué le llevó a mantener un encuentro privado con un personaje acusado de tan grave y zafio comportamiento. Por supuesto que puede hacer lo que quiera con su tiempo libre pero a mis ojos al menos queda invalidada como socialista de pro y más aún como feminista.

Como también cualquiera otros que hayan mantenido comiditas y cenitas privadas con Salazar tras el escándalo, que haberlas las ha habido pese a que, ¿quizás?, no haya fotos que lo demuestren. Pero es significativo que en hasta dos ocasiones durante su reciente conferencia de prensa, Rebeca Torró esquivara las preguntas sobre por qué no había conseguido contactar con Salazar desde el escándalo (como sugirió Diario.es citando “fuentes de la dirección socialista de máxima solvencia”), escudándose en el carácter confidencial del informe, que obviamente no entra en sus encuentros privados, sola o en compañía de todos o de algunos de los mencionados en estas líneas.

Pedro Sánchez puede ampararse en que si dimitiera, facilitaría al PP y a VOX la toma del gobierno para deshacer lo andado y volver a los tiempos del Procés y demás. Puede ampararse también en que a diferencia del PP, el PSOE ha apartado ipso facto a todos los afectados por escándalos, imputaciones y demás acusaciones, Salazar incluido, con el que ha roto todo contacto pese a su cercanía, desde el escándalo. Y puede argumentar que lo que le afecta personalmente – su mujer y su hermano – son principalmente manipulaciones mediático-judiciales que a la postre quedarán en nada.

Lo que no puede hacer Pedro Sánchez es reconstruir la credibilidad del PSOE en términos de honestidad y feminismo con ese grupito formado por ex comisionistas nepotistas de una parte y, de otra, arribistas promovidos por Salazar desde hace años, incluso si no han protegido a este último. El que la hace – robar o acosar sexualmente – la tiene que pagar y los que toleran manteniendo la amistad personal con los que la hacen o, peor aún, protegiéndole, también.

Hay muchos militantes de bien en el PSOE, de hecho, la inmensa mayoría. Militantes que están dispuestos a trabajar por el bien de España y el ideario progresista y social demócrata. No hay por qué seguir confiando la gestión del partido a lo peor de cada casa. Entre otras cosas porque volverán a cagarla. Y ya no habrá más oportunidades.

Sánchez en Borderland

Juanjo Cáceres

En el último episodio de la tercera temporada de la serie japonesa de Netflix, el alter ego de Sánchez, Arisu, debe decidir si se deja llevar por el vórtice o si por el contrario elige un camino que le lleve de vuelta a las numerosas penalidades de la vida. Su proponente, que podría ser el alter ego de periodistas famosos, miembros de partidos rivales o tal vez de opositores y enemigos internos, le anima a elegir el vórtice, pero Sánchez solo sabe elegir o solo puede seguir un camino: el de mantenerse a flote.

Con los hechos acontecidos en las últimas semanas se han redoblado los llamamientos a que pase algo. A que de algún modo se reconozca la gravedad de la situación y se adopten una serie de medidas para sostener lo que, según opinión de muchos, no puede sostenerse por más tiempo. “¿Pero qué son las opiniones, más que opiniones? ¿Y quiénes son esos muchos?”, se pregunta Sánchez, desde ese lugar situado a medio camino entre la vida y la muerte, en el que el tiempo transcurre más despacio: “¿Aliados de gobierno que solo miran su propia conveniencia? ¿Enemigos íntimos? ¿Practicantes ahora y siempre de fuego amigo? ¿Opositores acérrimos? ¿Gacetilleros que hacen pasar lo obvio por idea propia y confunden un razonamiento necesario con el gusto de escucharse a sí mismos decir cosas solemnes?”.

Y tiene razón, porque son todo eso y más aún. Lo insostenible de la situación de Sánchez y lo inviable de seguir así durante más tiempo se presentan como conclusiones objetivas, cuando justamente su permanencia nos confirma cada día lo contrario: que se trata de afirmaciones subjetivas y contradictorias con lo que realmente sucede. Porque no hay ningún otro mecanismo posible de finalización del mandato de Pedro Sánchez, que no sea su voluntad o la moción de censura. De esos dos caminos, ninguno parece que vaya a recorrerse, y si la memoria no menudeara tanto, sabríamos que eso no es más que lo normal.

Por lo general, en España, los presidentes han tenido poca prisa en convocar elecciones y cuando se han convocado con anticipación, la causa a menudo ha obedecido a factores tácticos, siendo las últimas, en 2023, un perfecto ejemplo de ello. Menor aun ha sido su disposición a someterse a mociones de confianza, especialmente cuando el resultado no está garantizado por una mayoría absoluta, porque ese paso confiere tal poder de negociación a los posibles apoyos, que proponerlo en un contexto de fragmentación y disensiones como el actual no sería más que una majadería. Una cosa es engañar a los partidos para alcanzar una investidura mejor que la que ofrecería el candidato alternativo y otra darles una espada para decapitar al presidente. Todos los que han propuesto y siguen proponiendo una moción de confianza lo saben perfectamente.

Queda, pues, solamente, la moción de censura, precisamente el mecanismo de control parlamentario mediante el cual Pedro Sánchez se convirtió en presidente. Recordemos el contexto: un Partido Popular salpicadísimo por casos de corrupción, un Mariano Rajoy que no tenía ningún problema en mantenerse en el poder y una oposición que tuvo que modificar sus posiciones de partida para forjar el acuerdo. Precisamente si decimos que el poder legislativo tiene poder de control sobre el ejecutivo es porque puede hacer cosas como ésta. Lo que pasa es que en la España de hoy en día los partidos del hemiciclo no saben hacerlas, al menos con la capacidad suficiente para alcanzar los 176 apoyos. No en vano ello implicaría salir de la trinchera, una mínima capacidad de acuerdo, poner por delante algo que no sea el “yo, yo y yo” y entenderse con partidos que son diferentes y que piensan diferente. Imposible con el material humano que tenemos entre manos.

La única opción, pues, es que Sánchez sea voluntarioso y opte por el abandono, lo cual es algo que depende estrictamente de él, pese a la presión atmosférica para que ese deseo, que en realidad es el de muchos, se cumpla. Pero en el terreno de las subjetividades solo te afecta lo que dejas que te afecte y también aquello en lo que crees -o que crees que te afecta. Y si la presión no es lo bastante grande como para no querer cambiar de vida, no eliges el vórtice. Al fin y al cabo, sobre tus hombros cargas con la vida de tus compañeros – su vida en la serie – pero sus cargos y carrera política en la vida real. E incluso te puedes sentir un héroe si crees que tras de ti viene el caos, traído por una gente sin demasiados escrúpulos, que además llegará con el ánimo de atrincherarse de veras y dejar su huella en el BOE.

Esta es la realidad, pero no por ello la prensa del pasado domingo se evitaba algún titular en dirección contraria, como el generado por La Vanguardia en la entrevista a Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal: “Cuestión de confianza, moción de censura o ir a elecciones”. Esas son las opciones del presidente, según el arzobispo de Valladolid, pero no desarrolla demasiado el porqué de cada una de ellas. Simplemente se refiere al estado de bloqueo en el que se encuentra el Congreso, constatado en su caso, según dice, ante la dificultad encontrada para impulsar una ILP sobre la regularización de personas inmigradas.

Pero quizás lo más llamativo de esta entrevista no sea el fallido mix de opciones propuesto en el titular, sino el interés del medio en destacar las opiniones de un obispo en un contexto de crisis de credibilidad de las instituciones de gobierno. Por un lado, porque ese medio no hace más que referirse de múltiples maneras al resurgir de las religiones y de la nueva mirada que se está dando al cristianismo por parte de las generaciones más jóvenes – más allá de Rosalía, por si alguna duda hubiera. Por el otro, porque pese al titular engañoso, el perfil aparente de este arzobispo se encuentra bastante alejado de otros ejemplares de ingrato recuerdo (Rouco-Varela) y de sus palabras se deduce tanto una visión democratacristiana clásica, como un alineamiento claro bajo los postulados del recientemente estrenado papado de Prevost. Un papado, por cierto, que apunta que será muy parecido al de Ratzinger, en el sentido que se encontrará más marcado por la ingeniería interna y la renovación doctrinal, que por los baños de masa de Bergoglio o Wojtyla.

El caso es que ese perfil moderado y atemperado que ofrece Argüello para moderar a las derechas no es casual, sino que responde a la necesidad que muchos perciben de formular cordones sanitarios frente a las extremas derechas. Pero generarlos de forma invisible, de modo que esas extremas derechas no tengan más remedio que adentrarse en el vórtice o retroceder en sus postulados, y ser de paso un instrumento útil para las instituciones cristianas tras la crisis de los partidos democratacristianos. Meloni, que tiene muy cerca geográficamente a gente parecida, lo asume y se va adaptando, pero en España es ahora cuando llegan avisos parecidos a los que ya ha recibido Trump del propio Prevost: “La Iglesia dice que, una vez que alguien esté entre nosotros, hemos de acogerle, promoverle, integrarle”, asegura Argüello. ¿Puede que alguien esté apostando claramente por un enfoque distinto para contener el impacto de las extremas derechas y que estas sean las primeras melodías de un tipo de voces, moderadas y contenidas, con voluntad de incidir y de condicionar un gobierno de colores conservadores a partir de 2027? Suponiendo que no esté Sánchez, claro, que siempre es mucho suponer.

Los hombres imprescindibles

Carlos Hidalgo

Hay varias cosas que me dan rabia de lo ocurrido con Paco Salazar y cómo el PSOE actual ha gestionado la crisis derivada. Una de ellas es que el partido tal vez se haya dejado llevar por ese espejismo tan de las organizaciones de proteger a los “hombres imprescindibles”. Mucho se ha hablado del talento de Salazar para la estrategia electoral y para la demoscopia, pero se ha hablado menos de que las mujeres que le tenían que sufrir en la Moncloa eran mujeres extraordinariamente preparadas, con varias carreras en muchos casos y trabajando con absoluta dedicación todos los días y casi a todas horas. Y, sin embargo, parece que para proteger a un activo como Salazar hubo gente que no quiso ver que las mujeres a las que él sometía a baboseos y humillaciones también eran activos muy valiosos y se las estaba quemando y dañando para proteger a un gañán. Si tal y como cuentan Esther Palomera y José Enrique Monrosi en El ElDiario.es, en lugar de investigar lo sucedido se trató de hacer una caza de brujas para identificar a las dos denunciantes anónimas y se hicieron reproches públicos acerca de “destrozar la vida a compañeros”, pues las cosas se entienden menos todavía.

Lo ocurrido con Salazar no es exclusivo del PSOE, claro. En el PP estas cosas llevan ocurriendo desde el “Caso Nevenka”, hasta la salida entre aplausos del exconsejero de la Xunta de Galicia Alfonso Villares, tras presuntamente drogar y violar a una mujer. Tampoco es que sea exclusivo de la derecha, pues con Íñigo Errejón también se encubrieron comportamientos asquerosamente machistas con la excusa de proteger a un presunto activo insustituible.

Pero me duele especialmente porque creo (tal vez ingenuamente) que desde el PSOE de Zapatero y el de Rubalcaba esta clase de comportamientos se gestionarían de manera más decidida, investigando con rapidez y actuando de manera fulminante contra quienes incurren en ellos. De hecho, pude comprobar con mis propios ojos como en uno de los casos sucedidos en aquella época se expedientaba y expulsaba a un acosador sin dilaciones y sin miramientos. Y eso que en aquella época no había protocolos de ninguna clase, tan solo los estatutos y reglamentos del PSOE de aquellos momentos.

Pero insisto: si algo nos han demostrado los 48 años de democracia es que no hay nadie que sea imprescindible y que el talento de las organizaciones vale más que el de los individuos providenciales. Por eso me da una rabia especial que se haya ninguneado a mujeres jóvenes y se haya minimizado hasta el último momento la gravedad de sus denuncias para proteger a alguien que era considerado insustituible… hasta que se le sustituya y se vea que no pasa absolutamente nada. Un Paco Salazar no vale más que dos denunciantes. O, dicho de otra manera: una mujer no vale menos que un hombre, tenga este la posición que tenga y sea cual sea la reputación de la que presuma.

Salazar presumía de ganar siempre “por lo civil o por lo criminal”. Que es el tipo de frase que uno no espera de un cargo progresista, que debería estar más ocupado en combatir las injusticias que en presumir de haber salido impune de cometerlas.

Lo que ocurra de ahora en adelante con este caso no va ni a solucionar, ni a perpetuar las injusticias que sufren a diario las mujeres, pero sí que puede ayudar a dar pasos para que, por lo menos, dejen de verse como algo normal.

Parálisis Politica en España: Crisis de Gobernanza ante Desafíos Estructurales

Arthur Mulligan

Informe de análisis de la situación, institucional, política y socioeconómica de España (Diciembre de 2025)

Este es el título del informe solicitado por este articulista a la IA Perplexity y cuyo resumen ejecutivo, dice así: “España atraviesa una crisis de gobernanza, caracterizada por la parálisis legislativa, la fragmentación parlamentaria extrema y presiones socioeconómicas crecientes. A pesar de indicadores macroeconómicos comparativamente positivos (crecimiento del 3,0 %, en 2025), el país enfrenta bloqueos estructurales que impiden la aprobación de presupuestos, reforma fiscal y políticas públicas esenciales. Esta situación confluye con desafíos demográficos, laborales y de exclusión social que amenazan la cohesión territorial y la estabilidad institucional.”

Terminando de este modo: “Aunque indicadores macroeconómicos demuestran crecimiento relativo (3,0% en 2025), este dinamismo enmascara vulnerabilidades críticas: precarización laboral de casi la mitad de la población activa, pobreza infantil del 29%, tasa AROPE del 25,8%, y deuda pública en trayectoria creciente.

El rechazo de presupuestos para 2026-2028 (178 votos en contra) perpetúa ciclos de prórroga presupuestaria que impiden reforma social ambiciosa. La ausencia de regulación en áreas clave (reforma electoral, reforma judicial, política migratoria integrada) genera vacuos que amplían conflictividades estructurales.

La confluencia de fragmentación parlamentaria + presión social creciente + debilidad institucional + vulnerabilidad externa (aranceles Trump, volatilidad energética) configura un escenario de riesgo. La viabilidad de gobernanza depende de la capacidad de construir consensos alternativos a la polarización actual, tarea políticamente inmediata pero institucionalmente compleja.”

Acompañan el informe 12 referencias de calidad:

[1] OCDE. (2025). Perspectivas Económicas 2025. París: OCDE. https://www.oecd.org

[2] Congreso de los Diputados. (26 de noviembre de 2025). Votación sobre objetivos de estabilidad 2026-2028. Diario de Sesiones.

[3] Yahoo Noticias España. (2025). Parlamento español rechaza plan de gasto del Gobierno.

Recuperado de https://es-us.noticias.yahoo.com

[4] BBVA Research. (2025, diciembre). Situación España: Previsiones de crecimiento e in

[5] Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (2025, septiembre). La OCDE eleva la previsión de crecimiento y de la in

[6] BBVA Research. (2025, 2 de diciembre). BBVA Research eleva la previsión de crecimiento del PIB de España al 2,4% en 2026. Madrid: BBVA.

[7] USO (Unión Sindical Obrera). (2025). Pobreza y exclusión social en España: El informe FOESSA revela crisis estructural. Madrid: USO.

[8] EAPN España. (2025). El Estado de la Pobreza: Informe AROPE 2025. Madrid: EAPN España.

[9] Instituto Nacional de Estadística (INE). (2025, noviembre). Estadística Continua de Población: Tercera trimestre 2025. Madrid: INE.

[10] Ipsos. (2025). Estudio «Coste de la vida» 2025. Madrid: Ipsos. Realizado entre 22 de agosto y 5 de septiembre de 2025 (23.772 encuestados).

[11] Eurostat. (2025). Estadísticas de deuda pública en la Eurozona. Luxemburgo: O Publicaciones de la UE.

[12] Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. (2025, septiembre). Aranceles de EE.UU. y su impacto en economías europeas. París: OCDE.

Es decir, nada que no tenga nuestro Presidente sobre su mesa todos los días del año, en desarrollos subrayados en diversos tamaños de cuerpo para distintos auditorios, incluidos aquellos definidos para la opinión sincronizada propia de esos ministerios adheridos por necesidades de sus socios de gobierno.

La carpeta voluminosa que acabamos de resumir se llama: ESPAÑA VA COMO UN COHETE, así mismo y sin entrar en detalles. Pero como es debido, las tertulias de Radio y Televisión apenas se detienen en la ciencia lúgubre de la economía y sí en los detalles escabrosos de sátiros dirigentes socialistas nombrados por el UNO cuya virtud principal es su perfecto desconocimiento de los responsables que nombra o más exactamente  de su vida secreta, porque en realidad Pedro Sánchez solo se ocupa de la vida pública y en contadas ocasiones, de su vida privada.

Entonces, si el gobierno no gobierna al carecer de presupuestos que financien proyectos salvo que pensemos mágicamente que se puede llamar a un conjunto de bailarinas amodorradas sobre inmensos canapés un cuadro del lago de los cisnes, ¿a qué diablos se dedica la conversación pública y más en concreto sus representantes oficiales, y entre ellos, a qué se dedica la izquierda taciturna afincada en los pastos del poder?

En ausencia de hechos contrastables imposibles de propagar en razón de su parálisis sobrevenida, cantan salmos en torno a su pasado emborronado de tanto moverse en filigrana solidaria por los terrenos baldíos de viejas batallas, como la Cuba descrita por Jorge Ferrer (El Mundo 23/11): « Apagada, desierta, enferma y rotundamente desventurada, Cuba vive las peores horas del peor de sus tiempos. Decenas de hoteles vacíos parecen faros de luz en un paisaje de oscuridad y desaliento. Los cubanos no los miran con embeleso, porque ya solo tienen fuerzas para escapar u odiar. Muchos se preguntan qué falta para que el poder cubano sea declarado un «Estado fallido». Tal vez apenas un ínfimo extravío en su ya manifiestamente fallido estado.»

Todo parece indicar que la izquierda latino americana seguirá existiendo con fuerza, pero no en formato revolucionario ni autoritario, sino en formatos mixtos, moderados y pragmáticos, donde el objetivo será la gobernabilidad y la estabilidad fiscal con programas sociales medibles. Quiere esto decir que afortunadamente los destinos de la solidaridad revolucionaria se alejarán de occidente y sólo quedarán muestras amalgamadas con nacionalismos inadaptados pero de frustración llevadera.

En un mundo así el odio no cotiza y entonces ¿qué podrá hacer Pedro Sánchez, o mejor, que deberán hacer sus seguidores menguantes?

Sin duda, rectificar, disfrutando de agradables tardes en el suave discurrir de los nuevos tiempos, sin chusma lumpen, sin braguetas abiertas extraviadas.

Mencionar a ETA hoy

Carlos Hidalgo

Dentro de la lista de barbaridades con las que nos suele obsequiar la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, está la de que Pedro Sánchez va a servir en bandeja Navarra y el País Vasco a ETA.

Hasta donde yo sé, ETA desapareció del todo hace siete años. Y daba la casualidad de que estaba en el Bilbao el día en el que dijeron que cesaban toda actividad armada. También recuerdo qué hacía Isabel Díaz Ayuso en aquellos momentos. Era la encargada de redes del PP de Madrid y se dedicaba a falsificar perfiles en Internet y a crear medios y wikipedias falsas con la ayuda de Alejandro de Pedro, el que luego sería conocido como «el conseguidor” de la Trama Púnica.

Mientras Isabel demostraba sus destrezas con Twitter a Esperanza Aguirre, había gente que moría: policías, militares, políticos, empresarios, trabajadores, niños. Mientras ella trapaceaba con de Pedro, sus compañeros del País Vasco y el PSE plantaban cara en su día a día a los asesinos, a sus chivatos y a sus simpatizantes.

Cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid usaba sus contactos en el PP para conseguir a su familia un crédito de Aval Madrid que luego nunca se pagó, hacía poco que ETA había matado a su última víctima, un gendarme francés llamado Jean-Sérge Nerin.

De hecho, mientras Ayuso hacía esas declaraciones, ha privatizado la unidad del dolor del Hospital Infanta Leonor de Vallecas. De hecho, la sanidad madrileña lleva pagados más de 5.000 millones de euros al grupo Quirón en los seis años en los que es presidenta de la Comunidad. Da la casualidad de que su pareja es comisionista para dicha empresa y que sus líos con Hacienda vienen por usar facturas y empresas falsas para no tributar por dichas comisiones. Ayuso vive en un dúplex comprado con el dinero de esas comisiones. Y el comisionista que convive con ella conduce un Maserati Ghibli diesel pagado con ese dinero público que ahora está en manos privadas: concretamente en las suyas.

Entiendo que, ante esos hechos, que sí que existen y están presentes, Ayuso quiera contraponer hechos inexistentes, como la propia ETA. Al fin y al cabo, si algo le parecen haber demostrado sus seis años en el gobierno regional, es que parece que siempre se va a salir con la suya mintiendo, desviando la atención, diciendo burradas sin fundamento y culpando de las desigualdades y creciente caos producto de su gestión al gobierno de España.

Afortunadamente, ETA hace mucho que ya no existe. Por desgracia, la gestión de Ayuso sí que lo hace.

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Verónica Ugarte

Ya estamos en plena temporada de alianzas y desencuentros, a la vez que a pie de calle, se presupone, se realizan las temidas y esperadas encuestas. Según el barómetro catalán, CEO, los socialistas seguirían a la cabeza de país. No es de extrañar que Catalunya siga siendo bastión socialista, con lo bien que lo están haciendo, para muchos, Illa y compañía.

Tampoco resulta de extrañar que Junts y Puigdemont caigan. No han sabido ir con los tiempos, ni a por los tiempos y maneras. El discurso involucionista, de teatro barato y pretendiendo hablar desde una legitimidad que no existe desde hace años, ha causado que la derecha catalana baje. Si sumamos el pésimo papel que realiza Miriam Nogueras en Madrid, tenemos el escenario perfecto para una pérdida de 15 escaños.

Luego, nos viene el escenario imperfecto. Ese que desde hace años también existe en Catalunya, la llamada Terra d’Acogida: Aliança Catalana, la nostra extrema derecha sube, sube hasta alcanzar a Junts. Si vamos a ser racistas, dejamos a Vox en quinto lugar, que tenemos que hacer patria y votar por los nuestros, así se quejen de nuestros abuelos andaluces. Que no se diga que no somos coherentes.

El racismo es un monstruo que no conoce fronteras. Porque racismo es ignorancia. No es un dogma, es un axioma. Menor es la conexión con personas diferentes, sea sexo, raza, religión, mayor es el miedo y el terror a lo desconocido. Mayor es la defensa de lo más estúpido que puede significar una bandera o un idioma cuando se les eleva al pórtico de los dioses que crean naciones bajo luchas llenas de sangre y lágrimas.

Escuchar los sesudos comentarios de Orriols, negándose a hablar en castellano, es tener delante la verdad sin tapujos: imbéciles hay en todos lados, y se les vota. Se les vota en Ripoll, una ciudad llena de inmigración, lo que la hace rica, bajo el punto de vista de una inmigrante. Hay más de una visión, más de una confesión religiosa, más de un color de piel. Eso es riqueza cultural y social, a la vez que económica. Porque la inmigración está generando todo ello en Catalunya.

Ara, arriben els que diuen que tots hem de parlar català. No es mi lengua materna. La aprendí a los veintiséis años, y me ha dado gran riqueza cultural. Leer a Alfred Bosch (tiemblen catalanes de DB) fue una gozada. Pero como dice mi amado Serrat, en el momento en que me exigen hablar una lengua, me paso a otra.

Y es cuando viene la gracia del tema: en veintiséis años solo se me ha exigido hablar en castellano. Y de malos modos. Tal vez sea porque vivo en Barcelona, la capital de muchas cosas, pero no del catalán. Si viviese en Lleida, Girona, o tan solo en el Vallès la cosa cambiaría. Es por ello también cuando me río ante los sesudos comentarios acerca de los catalanes y sus manías.

En todo caso, lo estamos haciendo muy mal. Está normalizado no querer hacer el esfuerzo por entender al otro, al diferente. No existe la cultura de leer más allá de lo estipulado en clase. No pretendamos hablar otro idioma que nos saque las mismas lágrimas que una bandera. Pero eso sí, hermano obrero, cuando estás a la mesa con un inmigrante y un banquero, delante de 100 mandarinas, el banquero cogerá 99 de ellas y te dirá “el inmigrante te robará tu mandarina”. Y le creerás. Y votarás por quienes apoyan semejante sandez.

Vuelvo con mi insistencia: leer, entender, reflexionar. Todo ello es cura de ignorancia. Todo ello es riqueza. Todo ello nos diferencia del fascista.