Las elecciones europeas según la ultra derecha italiana

Verónica Ugarte

El verano del año pasado Roberto Vannacci, general italiano, autopublicó el libro de memorias y reflexiones propias «Il mondo al contrario».

Sin pasar de la primera página el olor a extrema derecha se hace presente. No solo es un manual de exaltación a la patria (otro tema complicado) sino también páginas de odio hacia la inmigración, los homosexuales, discursos conocidos pero no por ello menos repulsivos.

Mateo Salvini, líder de la Liga y Ministro de Infraestructura y Transporte en el Gobierno Meloni, con su inefable adoración a los micrófonos, consideró como una medalla el hecho de que la Procura de Roma haya abierto una investigación contra Vennacci por incitación al odio. Pero no se ha quedado ahí: lo ha presentado como candidato número uno para las elecciones europeas del próximo junio.

En su momento tanto Giorgia Meloni, lideresa de Fratelli d’Italia y Presidente del Consejo, como varios miembros de su gobierno y de su partido, se hicieron a un lado ante la publicación de un panfleto que indica que los italianos son blancos, los inmigrantes basura, la homosexualidad contranatura y la fe católica la única y santa.

Poco le ha importado todo esto a Salvini. Necesita una vez más dar muestras de que existe, que manda, que tiene una voz importante en la política italiana, cuando lo único que hace es el ridículo tanto interna como exteriormente. Y tampoco le ha importado que Meloni misma concurra por su parte a dichas elecciones.

La política es una cosa seria. Y más serio aún que un país entero se haya dividido con la llegada de la extrema derecha y que constantemente se pregunten los italianos a quién le han dado el poder.

La extrema derecha volvió a irrumpir claramente en las altas instituciones italianas con la llegada del fallecido Berlusconi. Con «Papi» regresó un pasado condenado después de años duros, diversos Gobiernos caídos, los llamados Años de Plomo.

Las manifestaciones fascistoides, como las llama Scurati, dan verdadero terror. Estar delante de una congela los pies y es imposible pensar en otra cosa que no sea ¿qué está pasando?

Mientras tanto, Liliana Segre, Senadora Vitalicia y superviviente de Auschwitz, quien ha escrito diversos libros y habla siempre en nombre de la concordia, debe vivir con escolta debido a las amenazas de los nuevos camisas negras. Lo mismo ocurre con el periodista Paolo Berizzi quien desde sus escritos denuncia y ha llevado a juicio a varios de estos elementos. ¿En qué mundo se entiende que dos personas de izquierda sean amenazadas y deban llevar escolta, con el cambio de vida que ello conlleva?

Estamos hablando de un país democrático, en el centro de la Unión Europea. Pero tal vez no debería sorprendernos que gane la extrema derecha sino que desde hace treinta años parezca que no se haya hecho nada para detener su evolución y que haya echado raíces en los lugares comunes.

El lunes pasado la Repubblica informó que los empleados de la RAI se pondrán en huelga debido a las decisiones de la alta dirección que realizan fusiones sin discutirlas con los sindicatos, y no sustituyen a los que se jubilan y mujeres que están de baja maternal, desplazando con ello las cargas de trabajo. También lo hacen por la libertad de prensa ya que el escándalo por la censura al monólogo de Scurati ha indignado a la RAI.

Sandro Pertini siempre dijo que con el fascismo no se puede dialogar porque no es una idea, sino la muerte de todas las ideas.

 “Toute forme de mépris, si elle intervient en politique, prépare ou instaure le fascisme.»

Albert Camus.”

 

 

 

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