Seguridad para todos

Carlos Hidalgo

Cuando gobernaba Tony Blair tuve la oportunidad de poder entrevistar a uno de sus asesores. En ese momento le pregunté por una medida que estaban estudiando, que era poner más cámaras y facilitar canales de denuncia en algunos de los barrios más humildes de Gran Bretaña. Desde mi punto de vista, esa medida era un atentado contra los derechos de las personas más humildes. El asesor me respondió que entendía mi punto de vista, pero que pensara que las personas con menos recursos tienen tanto derecho a la seguridad como las demás y que ofrecerles entornos seguros significa poder darles más oportunidades. Y añadió, para enfatizar su postura, si yo consideraba de izquierdas el dejar que la seguridad solo fuera accesible para los más ricos. Y aunque el argumento no me convenció para ese caso en concreto, sí que me hizo pensar mucho acerca de ello.

¿Es posible que los programas de izquierda subestimen la importancia de la seguridad y de la limpieza de los barrios obreros? Hay estudios que indican que un esfuerzo adicional de limpieza en esos barrios provoca un descenso en los niveles de delincuencia y de vandalismo. Y las estadísticas también muestran que los pobres son más susceptibles de sufrir delitos que los ricos.

¿Por qué estaba pensando en eso? Ayer se celebraron elecciones en El Salvador, donde renovó mandato el presidente Nayib Bukele. Bukele es definido como un populista de derechas, con medidas extremas que no han mejorado para nada la vida de sus gobernados, cómo adoptar el bitcoin como moneda oficial, lo que ha provocado un aumento tremendo del cibercrimen, de las desigualdades y ha devaluado brutalmente la economía del país. Sin embargo, el presidente salvadoreño ha empleado una dureza sin precedentes en su lucha contra las bandas, que llevaban años aterrorizando al país, especialmente a las clases populares.

Para ello no ha dudado en saltarse las más elementales normas del Estado de Derecho, ha instalado un régimen de excepción permanente y se han provocado numerosos abusos. Pero el caso es que las bandas están siendo acorraladas y las cárceles; las antiguas y las nuevas, que se han construido en tiempo récord, rebosan de presuntos miembros de las bandas. Sin contar la cantidad de muertos que se han producido a manos de la policía y de los militares.

Se puede afirmar hoy que los salvadoreños no son más libres, ni menos pobres que antes de la elección de Bukele. Pero su reelección se ha producido porque se sienten mucho más seguros.

El problema va a ser a la hora de determinar el momento en el que el estado de excepción debe cesar y cuándo le toca a El Salvador recuperar los procesos y las garantías democráticas. Y es bastante posible que no sea durante la próxima legislatura de Bukele.

Un comentario en «Seguridad para todos»

  1. La seguridad es importante, sin duda, y los pobres sufrían todavía más la inseguridad de El Salvador. Lo malo es que la seguridad que ha conseguido solo la disfrutan los pobres que han sobrevivido y no son pocos los que no lo han conseguido sin formar parte de las pandillas. No tengo una respuesta sencilla «de izquierdas» ante una situación tan tremenda como era la de El Salvador pero sí culpa que echar ante quienes perpetúan una sociedad tremendamente desigual permitiendo guetos y luego se quejan de las consecuencias. Los pandilleros no nacen solos, se crean. La mejor prueba es que cuando hay políticas de bienestar bien ejecutadas no se crean pandillas. Y resulta absolutamente reprobable la brutalidad de Bukele.

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