Ser un caballero

Carlos Hidalgo

En estos tiempos en los que los machistas de toda la vida se quejan de que “ya no se pueden tener modales”, me acuerdo siempre de dos conceptos que, siendo muy antiguos, no están para nada reñidos con lo que es el feminismo. Uno de ellos es tan antiguo como para ser mencionado en Macbeth, de William Shakespeare, cuando Lady Macbeth intenta que su marido cometa sus primeras fechorías y Macbeth, aún decente, responde para negarse: “Me atrevo a todo cuanto se atreva un hombre, y no es hombre quien se atreva a más”. Macbeth aquí usa “hombre” como equivalente a un ser humano básicamente decente y honrado, siendo menos hombre el que se comporta de manera egoísta, cruel y malvada.

Y el otro es concepto es “ser un caballero”, que la RAE define como hombre que se comporta con distinción, nobleza y generosidad. Si nos atenemos a la definición de la RAE, ser un caballero tampoco es algo que contradiga a los nuevos conceptos de masculinidad o que colisione con el feminismo moderno. Recuerdo una ocasión en la que yo, enfadado con las maldades permanentes que me dedicaba una persona, soltaba sapos y culebras para desahogarme con un amigo mío. Este amigo me miró muy serio y me contó una historia que aparentemente tenía poco que ver, pero que sí que tenía moraleja. En aquella época acaban de conceder el Premio Cervantes a Eduardo Mendoza. Un amigo de mi amigo le llamó para felicitarle y al parecer tampoco mostró un entusiasmo excesivo. “Se alegró”, contaron a mi amigo, “pero no mucho; como cuando hablé con él cuando se murió su mujer, que estaba triste, pero no mucho; es que Mendoza es un caballero”. Parece pues que los caballeros también se portan con mesura a la hora de expresar sus sentimientos y además de comportarse con “distinción, nobleza y generosidad”, también se comportan con discreción, moderación y consideración a los demás.

¿Por qué estoy reflexionando sobre esto? Porque en la red social antes conocida como Twitter, un hijo del eterno mandamás navarro del PP, Jaime Ignacio del Burgo, ha publicado fotos y supuestos mensajes de Letizia Ortiz, reina de España, al parecer para insinuar que son pruebas de una supuesta relación pasada.

No voy a entrar en si Doña Letizia ha tenido romances extramatrimoniales o no. Primero, porque no es asunto mío, segundo porque un caballero no debería hablar de tales cosas. Pero sí que puedo opinar acerca del comportamiento del tal Del Burgo, que pareciera que quiere chantajear o perjudicar a la institución monárquica con semejantes publicaciones. Que parece que no se van a limitar solo a las redes sociales, sino que irán ampliadas en un libro que está a punto de publicar el muy plasta de Jaime Peñafiel, una vanidosa rémora cortesana que condena la condición de plebeya de la Reina.

Pues bien, por muchos pañuelos de seda, blazers y dobles Windsor que luzca Peñafiel, no es un caballero, ni lo ha sido con la Reina de España. Y por muy requeté, cacique navarro y niño de buena familia que se considere, Del Burgo tampoco lo es.

Lo caballeroso en este caso no es si quiera defender a la institución monárquica, sino la reputación y el honor de un ser humano, que da la casualidad de que es mujer, que fue periodista y que es la Reina de España.

2 comentarios en “Ser un caballero

  1. En la corte rusa cada una de las princesas disponía de un lacayo con una vara bastante rígida para obligar en su caso a mantener su espalda siempre recta y era de buen tono jamás mostrar en la expresión del rostro una emoción.

    Solo le ha faltado al articulista transcribir unas arias de Cavalleria rústicana y le queda el artículo con ese regusto de honor calderoniano que no desaparece lavado en seco.
    ¿ Y para qué ? Para salvar el honor de una periodista , madre y Reina de España de las infamias de los peperos y requetés ( hijos de puta , podríamos decir directamente)
    contraponiendo la insípida figura del escritor Mendoza y sus caballerosidades.

    Para caballeros los suizos y su delicadeza de trato a quien viene de incógnito en su humilde rucio para tratar asuntos de estado en su Ínsula de Barataria.

    ¡ Vaya juerga !

  2. Menudo elemento. Por toda su trayectoria anterior y por divulgar fotos privadas. No soy fan de la Leti ni importa frente a tamaña traición de confianza. Ojalá le demandara y tuviera que pagar caro su delito, porque haberlo haylo.

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