Un sitio donde caerse muerto

Carlos Hidalgo

Pedro Sánchez ha declarado repetidamente que esta legislatura estará dedicada a la vivienda. Unas declaraciones muy valientes (en la línea atrevida del Presidente del Gobierno) si tenemos en cuenta que el gobierno tiene una evidente debilidad parlamentaria y que las comunidades autónomas y ayuntamientos tienen mucho que decir en esa materia, pues muchas de las competencias que poseen están relacionadas con la política de vivienda.

Obviamente la vivienda sí que supone un problema, pues las familias o las personas solas que viven de alquiler gastan un porcentaje cada vez mayor en la renta y aquellas personas que tienen hipoteca o que desean contratar una se ven atadas de pies y manos por los altos precios y por unos tipos de interés que hoy en día siguen inexplicablemente altos.

No hay una sola solución a este problema. Por un lado, se nos dice que es una cuestión de falta de oferta de vivienda pública y es verdad, pero no es suficiente, ni se soluciona todo con más vivienda pública. Parte de esa falta de oferta viene también del sector privado. Los españoles, por lo general, creemos que tener un piso es como haber plantado un árbol de dinero o haber enterrado un tesoro. Y no sin que haya motivos para ello. Los precios del alquiler disparatados, la incesante subida del precio de las viviendas y las promesas de mucho dinero fácil de las plataformas de alquileres vacacionales dan sobradas razones para que cualquiera considere un gesto racional especular con los precios. La demanda, además es muy inflexible, pues todos necesitamos un sitio donde vivir y eso hace que estemos dispuestos a privarnos de casi cualquier cosa para poder tener un techo sobre nuestras cabezas.

Solucionar esto es complicado. Todas las medidas aparentes son impopulares, caras o tardarían demasiado. Regular los alquileres vacacionales y hacer inspecciones más frecuentes y rigurosas es, para muchos ayuntamientos, una manera de matar a la gallina de los huevos de oro del turismo. Y aunque el sector hotelero agradecería que se apretasen las tuercas a lo que se considera como competencia desleal, seguramente la suma de votos de los propietarios enfadados sea aún mayor.

Regular el precio del alquiler es un arma de doble filo y no está claro que sea eficiente. Los propietarios y las agencias se buscarían las mañas para cobrar en negro o, directamente, algunos de los arrendadores preferirían retirar sus inmuebles del mercado de alquiler y esperar a que vengan tiempos mejores o directamente vender las viviendas.

Por lo general, atacar la parte privada de la oferta tiene como efecto que muchas personas crean que el gobierno de turno les quiere robar algo que ha conseguido a base de mucho esfuerzo y sacrificio, como es el caso de la vivienda. Aunque las medidas se orienten específicamente contra empresas y grandes propietarios, el pequeño propietario se va a sentir amenazado igual.

Inundar el mercado de vivienda pública parece una de las mejores soluciones, pero es caro, hace falta suelo, tienen que ponerse de acuerdo varias administraciones y se tarda demasiado en ejecutar. Y, seamos sinceros, el Partido Popular no cree en esa clase de políticas y en zonas como Madrid, donde gobierna en Ayuntamiento y Comunidad, va a poner todas las trabas posibles a cualquier política del gobierno central en ese sentido.

Mientras tanto, el excesivo peso del precio de la vivienda provoca que la mano de obra vaya huyendo progresivamente de las ciudades, que las zonas turísticas tengan serios problemas para tener funcionarios y, en general, ralentiza toda la economía, que bastante va con el freno de mano debido a los altos tipos de interés y a unos sueldos aún inferiores en poder adquisitivo a los que había antes de la crisis de 2008.

¿Existen soluciones? Claro. Aplicar a la vez algunas de las que se han enumerado aquí podría tener efecto. Además de otras que seguramente no haya nombrado porque mi ignorancia me impide conocerlas. Tampoco vendría mal que los partidos mayoritarios se sentasen, reunieran a sus expertos y a otros cuantos independientes y se acordara una política de Estado en ese sentido. Pero teniendo en cuenta que la política de Estado ha ido siendo progresivamente sustituida por el ventajismo desde febrero de 1996, pocas esperanzas podemos tener de que esté a nuestro alcance tener un sitio donde caernos muertos.

3 comentarios en “Un sitio donde caerse muerto

  1. Empezaba bien pero no ha podido dejar de hablar de Madrid y no lo ha hecho con la malvada por ignorante , Ada Colau y en Común Podem , por ejemplo .
    El mayor factor desde siempre para que se solucione una parte importante del asunto que nos propone es la dejación de la administración del suelo urbano en manos de los Ayuntamientos, verdaderos tensionadores del malestar público , y gloria de la corrupción hispana.

  2. Lo del suelo en España… Me ha intrigado el dato sobre la no recuperación del poder adquisitivo de 2008. Estoy investigando. Al parecer en 2007-8 hubo subidas salariales considerables por lo que sería más acertado contar desde 2006, por ejemplo. Volveré sobre el tema, espero. Porque es bastante grave no haber sido capaz de volver al nivel de 16 años antes…

  3. «La pérdida de poder adquisitivo es mayor aún si se analiza tan sólo la cesta de la compra, ya que el precio de los alimentos casi se ha duplicado desde el año 2002.»

    Uno de los argumentos que más esgrime el Gobierno en los últimos meses para sacar pecho de su gestión económica es el dato de inflación. España cerró el pasado mes de agosto con una inflación del 2,6% interanual, una de las tasas más bajas de Europa y muy por debajo de la media de la zona euro (5,2%).

    El problema, sin embargo, es cuando se amplía la perspectiva temporal. La inflación acumulada en los últimos años y el menor aumento de los salarios en comparación con otros países de la UE convierten a España en una de las únicas tres economías de Europa cuya población pierde poder adquisitivo desde el año 2000, tal y como refleja Datadicto con datos de Eurostat.»

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