Juanjo Cáceres
A lo largo de los últimos meses se han sucedido los abandonos de la red social X por parte de todo tipo de personas -entre las que me cuento-, entidades, universidades y, lo que es más llamativo, medios de comunicación tanto tradicionales (La Vanguardia, The Guardian…), como de nuestro tiempo (hace unos días, El Mundo Today). El convencimiento de que esa red segrega sus flujos de tuits, favoreciendo determinados contenidos en detrimento de otros, ha generado un movimiento sistémico, que sin ser de gran calado, porque son muchos los que siguen ahí, sí que es bastante significativo.
Sin embargo, persisten las críticas hacia los que han elegido ese camino por parte de muchos de los que allí se mantienen. Sin ir más lejos, la semana pasada Antonio Maestre lanzaba una de sus diatribas contra Sumar, por haber renunciado a realizar más publicaciones en esa red. Es relevante señalar que, en su texto, entre otras cosas, hacía una defensa a ultranza de la resistencia desde cualquier trinchera, calificaba de derrota dicha decisión y argumentaba que esto solo se podía entender desde la incapacidad de aquella organización de ser influyente en dicha red. No cabe duda que parte del argumentario de Maestre conecta con la noción firmemente asentada durante esta última década y media de que tener presencia en redes es fundamental para el porvenir de uno mismo, pero también si se quiere influir sobre la sociedad. Lo que ocurre es que 15 años dan para mucho y si bien algunas profecías se han cumplido, no son pocas también las pesadillas que han generado.
La libertad comunicativa que en primera instancia permitían las redes fue un elemento clave para dar el salto desde los SMS masivos hasta espacios más adecuados para transmitir discursos que no tenían cabida en los lugares habituales de deliberación (los medios). En España, las novedades propiciadas por la comunicación en red son indisociables del éxito electoral de la fórmula Podemos, pues fueron los primeros en aunar una estrategia en medios (la de l’enfant terrible Pablo Iglesias) con una estrategia en redes, donde tuvieron una hegemonía política total a mitad de la década pasada. Pero precisamente la propia evolución de Podemos y los cambios experimentados en sus redes nos indican que algo cambió después. Lo que antes era impacto social directo, se convirtió progresivamente en la ficción de los bots. Lo que antes eran cuentas de cientos de miles de interacciones, se convirtió paulatinamente en cuentas anodinas con interacciones cada vez más modestas. Y si bien es cierto que la pérdida de capacidades a todos los niveles ha hecho añicos a esa organización, parece evidente que el derrumbe de sus redes y de su influencia política no puede explicarse solo por eso.
Hoy en día redes como X están repletas de discursos delirantes y de mensajes antipolíticos. Cualquier disparate es posible y la magnitud del mismo es independiente de las interacciones que genera: si utiliza el lenguaje adecuado y cuenta con respaldo suficiente, la propia dinámica de la red y la que propician las personas usuarias le abre un inmenso paso. Es así como se construye la percepción de que las redes se han convertido en un caldo de cultivo de fake news y de fascismo, frente a lo cual unos llaman a esforzarse más en el combate y otros a la estampida, para poder descansar así en espacios menos tensionados.
Yo considero que hay al menos dos fenómenos importantes a tener en cuenta alrededor de las redes: los múltiples efectos psicológicos que las redes tienen en nosotros, a los cuales ya he aludido anteriormente y el efecto polarizador que produce la forma en la que utilizamos las redes. Recuerdo que a lo de la polarización me he referido alguna vez como un mal negocio. Hace demasiado tiempo que seguimos el credo polarizador porque pensamos que es la única vía efectiva para ganar influencia en este mundo de simpleza, saturación informativa y adversidades varias. Que ello tenga efectos profundamente desestructurantes en nuestras relaciones, hasta el punto de que cada vez haya menos temas sobre los que puedes discutir con familiares y amigos, porque la polarización ha propiciado que sus posicionamientos se hayan vuelto irrenunciables e incuestionables, parece no importarnos. Que a medida que profundizamos en el modelo polarizador, los grandes beneficiados sean personajes tronados como Trump, cuyo único mérito es hablar sin filtro -como en las redes-, tampoco.
La polarización es un recurso fuertemente arraigado en nuestras maneras de hacer política. En el caso de la izquierda del pasado, guiada por aspiraciones transformadoras y revolucionarias, su conducta tenía que ser polarizadora por naturaleza, pero a medida que se fue abriendo el juego democrático, sus formas evolucionaron hacia una dinámica más dialogante y orientada a la discusión y al acuerdo. Eso es algo que vivieron tanto los partidos socialistas, como los postcomunistas. Eso cambió en el marco de las protestas globales de finales de los 90 y principios del 2000, y en el caso concreto de España con el 15M. Este último tuvo un componente fuertemente polarizador, por lo que las dinámicas polarizadoras acabaron convirtiéndose en una de las señas de identidad del primer Podemos (el de los de arriba y los de abajo). La polarización, en contextos de graves fracturas sociales, es un mal necesario, pero instalarse a vivir en ella y convertirla en rasgo recurrente de cualquier debate pasa una factura inmensa, no sólo en lo social, sino también en lo político (como los protagonistas del Procés saben muy bien).
En el caso de la derecha, la búsqueda de la polarización no es menor. Tanto el movimiento Tea Party en su momento en Estados Unidos, como las protestas nacional-católicas contra Zapatero (por el matrimonio homosexual, el Estatut, etc) y un sinfín de ejemplos más en otras latitudes, muestran ese afán, que en los últimos años ha ido varios pasos más allá con la eclosión de las extremas derechas y con el éxito de las formulas de Trump o Vox. En los últimos tiempos nos hemos ido dando cuenta de que parece existir cierta correlación entre la evolución positiva de su peso político y su apoyo social y la proliferación de discursos y mensajes extremistas en redes. Asimismo, también nos ha llamado poderosamente la atención que el eliminar las barreras de circulación de dichos mensajes haya sido una de las últimas decisiones de los magnates de las redes y de los referentes políticos que estos apoyan.
Este, y no otro, es el contexto en el que tiene lugar la huida de X o de otras redes sociales. Unas redes en que es casi imposible seguir si no aceptas la polarización como única vía de construcción de relatos sobre nuestro presente y la confrontación permanente que conlleva; donde el “lanzamiento de objetos” contra el adversario y la ausencia total de autocrítica, son la norma. Parece del todo improbable que un entorno tan tóxico y tan reñido sea el lugar en que las personas puedan aclarar sus ideas o mantener diálogos medianamente serenos. También la influencia que algunos creen tener tiene mucho de ficción, sobre todo teniendo en cuenta que las interacciones dicen mucho menos de lo que se cree sobre el impacto real que genera todo ese flujo de mensajes, pero también porque hay factores, como la tensión social y el malestar personal que puede generar la forma concreta que cobra el debate por las redes, que no pueden medirse a través de las interacciones.
Un amigo recordaba hace años, en relación a alguna de las cosas que hemos comentado aquí, que había que dejarse de travesías por el desierto. Que a veces lo mejor es volver a casa, beber agua y pensar bien lo que vas a hacer a continuación. Replegarse, reencontrarse en espacios más serenos, reflexionar desde la distancia, puede o no ser eficaz, o puede o no ser útil para afrontar los tremendos escenarios que vienen, pero si hacerlo te devuelve la serenidad perdida y no hacerlo te convierte en un personaje polarizado, permanentemente confrontado y sordo a los argumentos ajenos, al menos estarás recuperando una parte importante de ti. Si además aprovechas la oportunidad para evaluar alternativas, para explorar como la presencialidad o al menos la comunicación sincrónica pueden devolverte espacios de reflexión y diálogo que habías olvidado, incluso es posible que halles nuevos caminos. Y si compartes tus descubrimientos con otros y reconstruyes esos lazos que se han roto o se están rompiendo, puede que aportes algo mejor y mayor que los demás.
Estas y otras reflexiones me mueven a abandonar ciertos espacios en red y me plantean la cuestión de si debo abandonar otros en los que aún me encuentro, pero no tienen como objetivo señalar lo que cada uno debe hacer. Explican mis decisiones y ponen unos elementos sobre la mesa, pero lo fundamental es que cada uno haga su reflexión y obre en consecuencia. Ahora bien, a todos aquellos que afirman que “no ven motivos para abandonar sus cuentas”, les invito a que sigan observado lo que las redes dicen, hacen, quién decide sobre ellas y en qué nos convierten. Y que sigan reflexionando sobre ello.
Una reflexión que invita a la reflexión. Nada de marcar camino, solo preguntarse qué camino seguir.
¿Cuándo vuelve el Debate?
Ejem…a eso de la polarización,le llamaría,más bien:estupidez.
Estupidez del que emite y del que admite.
Estupidez de los que se creen más listos que los estúpidos que les creen.
Nos lo decía el historiador Carlo Cipolla ( cuidado con las rimas…jeje) ,en la Tercera ley fundamental (ley de oro) de la estupidez: «Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.
Es célebre aquella frase de Albert Einstein: “Dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana, y no estoy seguro sobre el universo”. Ahora mismo, muchos parecen celebrar que las reservas de estupidez sean realmente inagotables.
Según la “teoría de la estupidez” de Bonhoeffer: tenemos más que temer de la gente estúpida que de la malvada . El mal es fácil de identificar y combatir; no sucede lo mismo con la estupidez. Cuando sabemos que algo o alguien es malvado, podemos tomar medidas para combatirlo.
Según Deleuze «La estupidez es una estructura del pensamiento como tal: no es una forma de equivocarse, expresa por derecho el sinsentido del pensamiento. La estupidez no es un error ni una sarta de errores.
En fin…»Cuando la estupidez se considera patriotismo, no es seguro ser inteligente. — Isaac Asimov».
Ergo ,de ahora en adelante dejaré de mostrar vergüenza ajena por tantos estúpidos,hay mucho patriota suelto…. iiglups!!….JAJAJA…que nervios.
Según usted, cuando la sociedad catalana se polarizó, no fue por posturas encontontradas, ni por años de malas gestiones tanto dentro como fuera de Catalunya. Solo porque nos volvimos estúpidos. Si es así, me ha hecho usted la revelaciób del siglo.
No hay mayor estupidez que proclamar una DUI de ocho segundos .
Estimado Cáceres, en mí opinión Podemos nunca evolucionó, lo hizo su electorado coyuntural al que pilló en el desamparo la polarización de los fundamentos materiales de nuestra vida en común , con rupturas de consensos provocados por el aumento de la desigualdad entre grupos con una brecha creciente entre ricos y pobres , en especial por los cambios tecnológicos y de paradigmas productivos: la automatización, la digitalización y la globalización han marcado la transformación del mercado laboral dejando obsoletas muchas habilidades y aumentando la incertidumbre.
Los jóvenes son uno de los sectores más afectados por la polarización y la crisis estructural que alimenta; en muchos países enfrentan dificultades que limitan su desarrollo y participación en la sociedad. La fragmentación del empleo, el auge del trabajo temporal y el debilitamiento de los sindicatos han reducido su capacidad de negociación y protección; muchos jóvenes tienen dificultades para acceder a un empleo formal, y cuando lo hacen, es en condiciones inestables o mal remuneradas.
Cuando estos procesos evolucionan rápidamente generan desigualdades profundas y muchas personas quedan atrapadas en una situación de exclusión o precariedad. En lugar de abordarse desde un análisis materialista basado en las condiciones económicas y sociales la polarización suele ser presentada como un fenómeno meramente ideológico o cultural. invisibiliizando las causas estructurales que generan el conflicto y dificultando soluciones reales.
Como ya ha sido señalado en estas páginas España es un país de propietarios con una población envejecida y abundantes pensiones que constituyen una fuerza electoral prácticamente autónoma a la que hay que cuidar con un consenso indiscutible como hemos visto esta semana.
La redes sociales son las cañerías por las que circula el resentimiento viirtual aunque todavía siga primando la televisión como medio dominante para la formación de la opinión pública. Sin embargo la falta de vínculos comunitarios, la precarización de la vida y la sobre exposición a redes digitales pueden generar sentimientos de desarraigo y desesperanza captados por plataformas extremistas cuya inanidad reproduce la frustración de los viejos partidos inmunes al principio de contradicción .
Si seguimos creciendo , sí provocamos la admiración de los 95 millones de visitantes , si el empleo crece y el pluriempleo también sí cada vez es más numeroso el grupo de empleados que declaran dificultades para llegar a fin de mes en medio de un crecimiento del gasto público , una parálisis de los fondos Next Generation por incomparecencia de proyectos y llevamos dos años sin presupuestos ¿ entonces qué ?
Si Pedro Sánchez,gobernara como Donald Trump…me pregunto que dirían Abascal y Ayuso.
A V Ugarte: durante los peores momentos del Procés yo hablé con muchos independentistas tratando de convencerles de que la independencia no era posible. Que no iba a pasar. Y que si llegara a pasar, sería un desastre porque, por ejemplo, Cataluña quedaría fuera de la UE. Pues nada. Iba a pasar, ya lo verás, y por supuesto que no nos quedaremos fuera de la UE. Yo no les llamaría idiotas sino embaucados. Era obvio. Al parecer también para los que dirigían el tema, que solo se atrevieron a amagar.
A Mulligan: de dónde saca eso de que los proyectos NextGeneration de la UE están paralizados? No sé si sabe pero España lleva ya cinco transferencias mil millonarias y la Comisión Europea solo paga contra resultados…
De El Economista
« El porcentaje de fondos Next Generation ya efectivamente desembolsados por el Gobierno se situó el año pasado en el 22% del total presupuestado para el ejercicio. Esta cifra sitúa el ritmo de ejecución del Ejecutivo en mínimos, en comparación con 2023 y 2022. Según los datos de la Intervención General del Estado (IGAE), dependiente del Ministerio de Hacienda, a primero de diciembre de 2024, de los 34.134,4 millones presupuestados llegaron a la economía real 7.538,3 millones. A pesar de que todavía no están disponibles los datos del mes de diciembre, se antoja imposible que Moncloa consiga liberar los casi 26.600 millones de euros pendientes en cuestión de un mes.»