Del frentepopulismo al compromiso histórico

Lluís Camprubí

Con este PP no hay nada que hacer. Y, sin embargo, algo hay que hacer en algunas cuestiones fundamentales. Ésta es la tensión irresoluble y estratégica de la política española y las fuerzas progresistas.

No hace falta aquí alargarnos en porqué con este PP ahora es difícil buscar consensos estratégicos: su oposición destructiva en todos los frentes más allá de lo razonable/institucional y el uso de medios no legítimos en su deseo de llegar a La Moncloa; la permeación en prácticamente todos los sectores de “su” sociedad civil de esa lógica confrontacional; el sellado estratégico de su política de alianzas con la extrema derecha; la respuesta universal a la crisis de la derecha tradicional que activa el reflejo de mirar a su derecha…

Pero hay dos aspectos definitorios para nuestro futuro -ya que su solución no puede aplazarse a un hipotético próximo ciclo electoral progresista vía alternancia normal- que necesitan que el PP (y las derechas democráticas en general) decanten hacia consensos amplios: la crisis climática (y la transición energética) y la preservación del carácter liberal-democrático del Estado y la UE (lo que implica evitar que las extremas derechas formen parte de mayorías de gobierno). Resumiendo la especificidad, en primer lugar no tenemos el lujo temporal que el negocionismo/retardismo nos alineen con los intereses de la industria fósil y bloqueen durante unos cuantos años los esfuerzos de descarbonización y, en segundo lugar, la entrada en gobiernos de la extrema derecha y lo que ello conlleva (correa de transmisión de sectores oligárquicos, reaccionarios, fascistas, intereses fósiles…) genera una degradación institucional que cuesta mucho revertir y les da herramientas para atrincherarse por mucho tiempo en el poder.

Obviamente la búsqueda y preservación de estos consensos colisiona con la dinámica de choque electoral (clave) para el 2027. Seguramente, la inmensa mayoría de la gente que lea estas líneas desea -y trabaja para- un resultado electoral (llamémosle A) en el que las fuerzas progresistas tengan una mayoría suficiente para gobernar. Y ciertamente sería lo mejor para asegurar la transición energética y una institucionalidad futura liberal-democrática. Pero la responsabilidad obliga a considerar los otros dos grandes posibles escenarios: no hay una mayoría ni del bloque progresista ni del bloque PP-VOX (digámosle escenario B) o hay una mayoría clara PP-VOX (escenario C).

Lo que requiere trabajar separando -pero haciendo compatible- la lógica de competición electoral dura (que se avecina y que toma carácter “frentepopulista”) con una estrategia paralela -ahora mismo dando pasos unilaterales- para asegurar consensos amplios en al menos ambas cuestiones (un “compromiso histórico”, climático y democrático). Digo pasos/aproximaciones unilaterales porque ciertamente no parece que por el momento vayan a ser correspondidos por el PP. Como en otros momentos históricos en que se requería aproximación o colaboración entre bloques sociopolíticos (reconciliación nacional española, compromiso histórico italiano…) pero en los que las posiciones difícilmente podían estar más alejadas, tendrán que ser las fuerzas de izquierda las que empiecen el camino.

Aunque parecería más intuitivo aplicar un esquema secuencial: lógica frentepopulista pre-electoral y lógica compromiso histórico post-electoral, tengo la sensación que no sería suficiente y empezaríamos demasiado tarde, y por lo tanto deben trabajarse en paralelo.

En la cuestión climática, hay algunos esfuerzos que merecen consideración y refuerzo. No debe aflojar la insistencia del gobierno en buscar un pacto de Estado sobre la emergencia climática (que de forma inteligente prioriza por su factibilidad que primero se centre en la adaptación, y a partir de aquí en la mitigación) y que deje unas bases para el 2027 y más allá. Necesario tanto si el PP está entonces en el gobierno (para asegurar unos mínimos) como por si está en la oposición que no intente sabotear avances (sea desde otros niveles de la administración o desde sus movimientos sociales). En segundo lugar, me consta que hay intentos serios de impulsar consensos (de los que después pueden fijarse en el BOE y en Planes Nacionales) con distintos actores sociales y económicos (tanto los vinculados a las “nuevas energías” como los que se verían beneficiados de una electrificación) que políticamente pueden estar alejados pero que ven la necesidad y beneficio (propio o indirecto) de la transición energética (reducir su factura energética, abrir mercados…). Ello debe empujar y hacer más fácil para el PP sumarse a un nuevo consenso “descarbonizador” (o más costoso permanecer acompañando los combustibles fósiles). Y, finalmente, en el plano ideológico se debe seguir queriendo ganar la hegemonía e incorporar a amplias mayorías. Observo con interés como los actores más lúcidos de la transición ecológica ven la necesidad de incorporar distintas preocupaciones y beneficios a los esfuerzos de descarbonizar y electrificar: es por tener un clima/planeta habitable con civilidad (y mejor salud), pero también es la respuesta para los sectores conservadores preocupados específicamente por la seguridad nacional (no depender de combustibles fósiles es la mejor garantía de soberanía/autonomía estratégica y de no ser coercionables por terceros) y/o por la competitividad económica (las renovables aseguran suministro y empujan a la baja la factura energética, generan ventajas competitivas, reducen el déficit comercial…).

En la defensa de una institucionalidad liberal-democrática la mejor garantía es y sigue siendo el cordón sanitario. Sabemos que en algunos países sufre fatiga de materiales y que su eslabón débil es precisamente la derecha social y política tradicional. En nuestro país, además, el PP de forma clara no lo considera. Y también sabemos que en la institucionalidad europea la estrategia de Manfred Weber de jugar a la geometría variable ha normalizado la colaboración con la extrema derecha y ha debilitado la lógica consensual de gran coalición democrática-europeísta. Pero mantener a VOX fuera de las instituciones de gobierno en España debería seguir siendo una gran prioridad. Es difícil imaginar un ofrecimiento o aproximación transaccional (de negociación/intercambio) desde las izquierdas hacia el PP en esta materia. Por supuesto debe darse más voz y explorar diálogos con aquellos sectores sociales y políticos conservadores que anticipan el desastre democrático, económico y ambiental que supondría la entrada de la extrema derecha en el gobierno de España… pero fomentar esas voces desde nuestra posición tiene un recorrido limitado. Así que la principal contribución al mantenimiento del cordón sanitario en España a nivel estatal es que las fuerzas progresistas tengamos una discusión honesta y transparente de las declinaciones menos amables del cordón sanitario. Básicamente, las que surgen en un contexto de escenario C (mayoría PP-VOX) o en aquellas configuraciones de B que hagan imposible impulsar una mayoría progresista o similar a la de 2023. No veo posible, ni necesario, ni deseable fomentar una gran coalición de gobierno. Pero en un escenario que sea el PP quien inevitablemente encabece una mayoría de gobierno debería surgir desde las fuerzas progresistas (y, de hecho, debería normalizarse la posibilidad en la discusión colectiva pre-electoral) la propuesta estratégica de facilitarle la investidura. Fijando una base de acuerdo en descarbonización/electrificación y en blindaje de libertades/derechos constitucionales y unos mínimos de estabilidad de legislatura para que excluya a VOX de la mayoría de gobierno y de la mayoría habitual parlamentaria.

En el actual contexto de polarización y tensión asimétrica no es fácil ni cómodo intentar desdoblar la dinámica de competición electoral descarnada con el intento de sembrar unos consensos estratégicos. Pero creo que debe intentarse. Jugarnos el todo o nada en estas dos cuestiones existenciales al resultado electoral que venga supone demasiado riesgo.

Parece que hay menos mosquitos este año

Marc Alloza

Esto se comenta al margen del calor y el Mundial entre otros. Hace unas semanas, aparte del calor y el Mundial, se decía que había habido menos petardos antes y después de San Juan; aunque la noche de la verbena algunos lugares se convirtieron en auténticas zonas de guerra. Un par de semana antes, paralelamente al calor y el Mundial entre otros, se habló de SpaceX.

El 12 de junio de 2026, con un precio de salida de 135 dólares por acción, se materializó la salida a bolsa de la compañía espacial de Elon Musk. La operación buscó recaudar 75.000 millones de dólares, con una valoración inicial de 1,75 billones. La demanda superó ampliamente a la oferta y al cierre del primer día el precio de la acción se había enfilado ya a los 160,95$. El cierre máximo lo hizo el 16 de junio de 2026 con 201,80$ por acción. Luego, como se observa en la gráfica, se medio mantuvo, cayó, remontó y volvió a caer… El valor de cierre mínimo desde que su salida fue este miércoles 8/07 a 148,30$ todavía superior casi en un 10% al valor de salida.

Se dice que SpaceX salió en bolsa para conseguir financiación con el objetivo de aumentar los lanzamientos, conectividad satelital y nuevos proyectos de IA, además de abrir una parte relevante del capital entre minoristas. Se dice que ha capitalizado menos de un 5%. Algunos, los más desconfiados, se preguntan por qué. Si tan bien va la empresa por qué la persona que ya era la más rica del mundo con 839.000M$, no pone de su bolsillo lo que pretende recaudar y sigue recogiendo los beneficios de forma íntegra.

SpaceX tiene 4 grandes líneas:

  • Falcon 9/Falcon Heavy: Lanzadores reutilizables que racionalizan la economía de acceso al espacio
  • Crew Dragon: cápsula tripulada para transportar astronautas y misiones privadas; SpaceX fue la primera compañía privada en llevar humanos al espacio.
  • Starship: sistema totalmente reutilizable pensado para cargas masivas, Luna y Marte; es el gran proyecto de largo plazo
  • Starlink: constelación de internet satelital, hoy una de las principales fuentes de tracción comercial de SpaceX.

Starlink se ha convertido en la solución final en muchas zonas de España en donde ni fibra ni móvil alcanzan o no lo hacen con suficiencia. Es chocante por no decir otra cosa, que las grandes compañías de telecomunicaciones que operan en el estado español desde el siglo pasado, algunas herederas del monopolio estatal, hayan sido incapaces de dar cobertura suficiente especialmente en zonas rurales lastrando su desarrollo. Como en su día sucedió con la velocidad de la ADSL prácticamente a nivel nacional, que debido a la combinación de falta de competencia e inversión (problema recurrente en muchos sectores), hasta que no se fijaron unas obligaciones de cobertura y velocidades mínimas no hubo manera. A lo tonto ya se estima que tiene entre 440.000 y 525.000 clientes activos.

Sea como sea, de la noche a la mañana don Elon Musk incrementó su fortuna un 31% y se convirtió en la primera persona cuya fortuna personal supera el billón de dólares, concretamente más de 1.100.000 M$. Aunque es difícil de cuantificar, parece que ya podría ser el más rico de todos los tiempos por delante de Mansa Musa, que en 1325 hizo una peregrinación a La Meca desde Mali y dejó tanto oro en el camino que provocó un shock en el precio de éste en Egipto y alrededores. Estaría bien que Elon Musk hiciera algo parecido con motivo de la consagración de la torre de Jesús de la Sagrada Familia y hubiera una buena pedrea. Y es que si Elon Musk repartiera su fortuna entre todos los habitantes de La Tierra (8.300 millones) nos tocarían unos 132$ por cabeza.

Los activos más relevantes de Elon Musk

ActivoTipoValor estimado% propiedad de MuskObservaciones
TeslaPública1,48 billones de dólares~13%Participación combinada en acciones y opciones; es su activo cotizado más relevante
SpaceXPrivada1,5 billones de dólares>80% del capital según prensa recienteLa participación exacta varía por fuente; el control económico sigue muy concentrado
xAI / XPrivada33.000 millones de dólaresNo consolidado públicamenteLa valoración publicada suele referirse al bloque fusionado o al ecosistema corporativo
NeuralinkPrivada9.000 millones de dólaresNo consolidado públicamenteActivo opcional de alto potencial, con información accionarial limitada
The Boring CompanyPrivadacasi 6.000 millones de dólaresNo consolidado públicamenteValor menor que Tesla y SpaceX, pero sigue siendo una apuesta estratégica
X (Twitter)Privada/adquirida44.000 millones de dólares de compraNo consolidado públicamenteLa cifra de compra no equivale al valor actual; la estructura ha cambiado con el tiempo

De la lista no conocía ni Neuralink ni The Boring Company y no defraudan. Neuralink desarrolla implantes cerebrales para conectar el cerebro con ordenadores y, a largo plazo, ayudar a tratar problemas neurológicos o restaurar funciones como el movimiento o la visión. Y The Boring Company es de túneles e infraestructuras, creada para perforar más rápido y hacer viables redes subterráneas de transporte urbano.

Lástima que este señor es como es porque hace cosas realmente espectaculares. Bueno vuelvo al calorazo, al Marruecos – Francia y a no echar de menos ni a los mosquitos ni a los petardos.

Los dramas del PSOE-M

Guridi

Una vez celebrado el correspondiente Comité Federal del PSOE se abre el proceso de primarias por el cual se elegirán los candidatos y candidatas en las próximas elecciones autonómicas y municipales. En Madrid, por supuesto, ha habido drama dado que la concejala Enma López manifestó su voluntad de presentarse a la alcaldía de Madrid antes de que se convocaran formalmente las primarias.

Poco tiempo tardaron en hablar los poderes fácticos del PSOE madrileño a través de la periodista Esther Palomera, acusando a López de deslealtad por su voluntad de competir democráticamente por el puesto. Una acusación que no hicieron a la propia Maroto cuando manifestó precisamente lo mismo meses antes que López. Y en más de una ocasión. Y aprovecho para manifestar mi perplejidad por la actitud de Palomera, que me parece que no ha tomado la distancia suficiente de los hechos de los que informa, como esos periodistas de sucesos que se terminan creyendo policías.

Internamente circulan otros argumentos en contra de López, algunos de los cuales me hacen bastante gracia y que procedo a enumerar:

-Que López no ha pedido previamente su bendición a los secretarios generales de las agrupaciones locales de la ciudad de Madrid.

-Que tiene el apoyo de personas fuera del PSOE.

-Que sabe manejar muy bien las redes sociales y que sabe comunicar.

Después de oír semejantes argumentos, uno se pregunta cuáles son las pegas. Pues precisamente esas son las virtudes de la precandidata.

¿Qué lealtad hay que guardar a quienes llevan más de 20 años moviendo los hilos del PSOE de Madrid? Personajes como Pedro Barrero, cuyo CV cabe en un sello de Correos. O como la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, que defendió internamente a Daniel Vicente Viondi, el concejal que dio unos cachetitos amenazantes al alcalde de Madrid (una defensa a la que se unió de manera vergonzosa la propia Maroto). O como Ramón Silva, el ex secretario general del Hortaleza que, cuando no es concejal, se dedica a controlar los cargos de libre designación en el grupo municipal socialista. O como Rafael Simancas, que lleva décadas en las que ni come, ni deja. ¿Qué clase de lealtad se debe a quienes aplaudieron y luego defenestraron a Miguel Sebastián, Jaime Lissavetzsky, Antonio Miguel Carmona, Pepu Hernández y ahora a Reyes Maroto? Todos esos concejales eternos a los que nadie conoce, que son hasta incapaces de responder a sus emails y que son estupendos perdedores de elecciones.

Obviamente, en un sitio que huele tanto a cerrado como el PSOE-M, se entiende que parezca una herejía el contar con apoyo social fuera del propio partido. Y por eso están haciendo algo tan contradictorio como apoyar a una candidata que no suma, como Maroto, en lugar de una candidata que puede movilizar a los desmoralizados votantes de izquierdas madrileños. Una vez más, el PSOE de Madrid prefiere perder antes que arriesgarse a ganar. No vaya a ser que, encima, haya que trabajar después.

Y se nota en la propia campaña oficialista de Maroto. Cada vez que me salta uno de sus reels de Instagram o uno de sus carteles electorales se me cae el alma a los pies. Reyes Maroto despierta la misma ilusión al votante que pedir cita para pasar la ITV.

Como comentaba un veterano militante, lo normal sería que en las primarias ganase Enma López, porque si perdiera sería para disolver al PSOE de Madrid, cerrar las agrupaciones y echar sal en sus puertas.

Sin embargo, el aparato socialista no sólo está tirando del censo para amenazar y presionar en favor de Maroto, sino que además advierten de que, aunque López gane las primarias no le van a dejar elaborar sus listas. Ojalá se esforzaran tanto en expulsar al PP de la alcaldía de Madrid.

La ciencia frente al sistema económico

David Rodríguez Albert

Durante años, quienes alertaban sobre el cambio climático han sido acusados de atribuir interesadamente cualquier fenómeno meteorológico extremo al calentamiento global. Sin embargo, una reciente evaluación científica rápida establece de forma inequívoca que un episodio concreto de calor extremo no puede explicarse sin el cambio climático provocado por la actividad humana. No se trata de una proyección sobre el futuro ni de una hipótesis general, sino del análisis de un fenómeno que acaba de producirse en Europa.

La organización científica World Weather Attribution acaba de publicar una evaluación sobre la reciente ola de calor que ha afectado a buena parte del continente, con unas conclusiones tan contundentes como preocupantes. Según el estudio, las temperaturas extremas registradas durante los últimos días habrían sido prácticamente imposibles hace apenas cincuenta años sin el calentamiento global provocado por las emisiones derivadas de la quema de carbón, petróleo y gas. Más de 90 millones de europeos han soportado temperaturas superiores a los 35 grados y alrededor de 350 millones han superado los 30. Además, el 45% de las 854 ciudades analizadas ha batido sus récords de estrés térmico, es decir, la combinación de calor y humedad que dificulta la regulación de la temperatura corporal y aumenta significativamente el riesgo para la salud. Los investigadores concluyen que estos episodios ya no pueden considerarse excepcionales, sino una consecuencia directa del cambio climático.

El estudio identifica con claridad el responsable de este fenómeno. No apunta a factores naturales ni a decisiones individuales aisladas, sino al actual modelo energético basado en los combustibles fósiles. La emergencia climática aparece nuevamente vinculada a un modelo económico concreto, en la concentración del poder económico y en la insuficiente respuesta de los poderes públicos para afrontar sus consecuencias. Frente a los discursos que diluyen las responsabilidades, resulta imprescindible señalar las causas materiales del problema. El cambio climático ya no constituye una amenaza futura, sino una realidad presente cuyos efectos recaen de forma profundamente desigual sobre las clases populares, mientras las grandes corporaciones responsables de buena parte de las emisiones continúan obteniendo enormes beneficios.

Lo más inquietante es la velocidad a la que se está produciendo este deterioro. Los investigadores advierten de que récords considerados excepcionales hace apenas unos años se baten ahora de manera recurrente, hasta el punto de que las temperaturas nocturnas extremas son cien veces más probables que durante la devastadora ola de calor europea de 2003, mientras que las máximas diurnas han multiplicado por diez su probabilidad. A ello se suma que 2023 fue el año más cálido registrado desde que existen mediciones fiables, 2024 volvió a superar ese récord y los primeros meses de 2026 apuntan a una continuidad de esta tendencia. Ya no hablamos de un riesgo lejano ni de una amenaza para las próximas generaciones, sino de una crisis que se desarrolla ante nuestros ojos y que acelera sus consecuencias año tras año.

Las consecuencias no son únicamente ambientales, sino también sociales. El calor extremo afecta a las viviendas, las escuelas, los lugares de trabajo y los sistemas sanitarios, de modo que la crisis climática ya no constituye sólo un problema ecológico, sino también laboral, educativo y de salud pública. Sin embargo, sus efectos no recaen por igual sobre toda la población. Las desigualdades económicas amplifican el impacto de las temperaturas extremas y vuelven a castigar especialmente a las clases populares, que con mayor frecuencia residen en viviendas mal aisladas, desempeñan trabajos al aire libre o carecen de recursos para protegerse adecuadamente frente al calor.

La adaptación puede mitigar algunos efectos, pero no resolverá el problema mientras no se actúe sobre sus causas. La comunidad científica coincide desde hace años en la necesidad de impulsar cambios estructurales que afecten al modelo de producción y consumo, al sistema energético, al transporte, a la planificación urbana y al uso de los recursos naturales. Conviene insistir en ello porque ya no hablamos de una opinión sobre un futuro más o menos probable, sino de una realidad respaldada por las evidencias científicas. No basta con adaptarse a un planeta cada vez más cálido. Es imprescindible transformar el sistema económico que está provocando este deterioro.

En el eco del insulto

Juanjo Cáceres

Nada más alzarse la primera luz del día, Armando levanta la persiana del bar Cortinas para facilitar el acceso a esos primeros clientes que, castigados por la ola de calor, llevan toda la semana concentrándose ante su puerta a una hora tan absurda como la de las seis y media de la mañana.

Así, una hora después de entrar en él, enciende el televisor, coloca sillas y taburetes y, dando por inaugurada la jornada, pone a disposición de quien así lo desee su humilde negocio. La primera en entrar es Teresa, quien rápidamente le transmite su petición:

  • ¡Ponme un café con leche, Armando, porfa, pero con la leche del tiempo, que esto no hay quien lo aguante!
  • ¡Oído!
  • Por cierto, que me han dicho que ayer te visitó el presidente.
  • ¿Quién? ¿Pedro Sánchez?
  • ¡Hijo de puta! —contesta de repente Teresa, estallando en carcajadas. —Perdona, Armando, pero es que me lo has puesto a huevo.
  • No le acabo de ver la gracia…
  • ¡Que sí, hombre, que sí, que ya sabes que ese se merece todo lo que digan de él y más!
  • ¿De quién habláis?— pregunta Sergio, justo después de atravesar la puerta de acceso al local.
  • De Pedro Sánchez— indica Teresa.
  • ¡Hijo de puta!— responde al momento Sergio, mientras le asalta también un ataque de risa incontenible.
  • ¿Qué quieres tomar, Sergio?— le consulta Armando, visiblemente contrariado. —¿El botellín matinal?
  • ¡Por supuesto!— responde este.

Armando le sirve la cerveza más helada que encuentra en la nevera. “A ver si así se le enfrían un poco las ideas”, piensa Armando, mientras deja la botella sobre la barra.

Entre cervezas, cafés con leche, churros y croissants transcurren esas primeras horas del miércoles, hasta que en televisión anuncian el inicio de la comparecencia de Pedro Sánchez ante el Congreso de los Diputados. Inmediatamente después aparece en la pantalla el presidente subiendo al estrado y su llegada es anunciada por la persona que retransmite el acto a través de la televisión pública. Es entonces cuando desde una mesa del fondo, compuesta por cuatro trabajadores municipales responsables del cuidado de los jardines públicos, se escucha al unísono:

  • ¡Hijo de puta!— y sigue otra tanda de sonoras carcajadas.

Armando intenta no prestar atención y va siguiendo el desarrollo de la sesión con cierto desasosiego. Por un lado, por las palabras del todavía máximo mandatario del país: “Parece que aquí no pase nada, cuando los ánimos están que arden”. Por el otro, oyendo los comentarios de su clientela, todos ellos dignos de la mejor tertulia televisiva.

  • ¡Qué cara tan dura tiene el tío! ¡A ver si dimite de una vez!— expresa Alfredo.
  • Tanto meterse con Vox y ellos son mucho peores— asegura Herminio.
  • ¡No, Herminio, que Vox es de extrema derecha!— le replica Manolo.
  • ¡Extrema derecha son Ábalos, Cerdán y Pedro Sánchez!— asevera con convicción Herminio.
  • ¿Pedro Sánchez? ¡Hijo de puta!— espeta Alfredo, en este caso sin risotada alguna.

Pasan las horas mientras avanza el calor, de modo que a la clientela le van quedando pocas ganas de decir nada. Del servicio de desayuno, se ha pasado a los almuerzos y, algo más tarde, Armando ha empezado a distribuir unos pocos menús que le reclaman sus clientes más fieles en ese receso necesario que se produce durante su jornada laboral. En un acierto innegable, ha optado por servirlos con el televisor apagado. Pero a medida que la clientela del mediodía abandona el local y quedan los irreductibles de las tardes, acaba resultando imposible prescindir de ese mágico aparato.

  • ¡Pon la tele, Armando, anda!— le ordena Amancio, a quien no tiene más remedio que complacer.

Al cabo de un rato transita por la pantalla, por enésima vez, la polémica celebración del ascenso a la segunda división masculina de fútbol del C.E. Sabadell protagonizada por su portero, Fuoli, donde se vuelve a oír aquella frasecita que tanto se ha escuchado durante la última semana:

  • Voy a soltar aquí una expresión y vosotros contestáis con lo que salga: Pedro Sánchez…

A lo que cuatro señores mayores, que hasta ese momento parecían sumamente concentrados en su partida de dominó, corean, sin levantar la vista de las fichas:

  • ¡Hijo de puta!

Armando vuelve a apagar el televisor y con las manos apoyadas sobre la barra se avergüenza de lo que oye una y otra vez. El insulto convertido en ejercicio ritual. El encarnizamiento como deporte generalizado. Se pregunta cuánto hay de indignación real y cuánto de seguir el rebaño. Cuánto de manifestación política, cuánto de crítica sentida y cuánto de maldad. Lo desconoce por completo.

Armando se distancia mentalmente de todo eso, convencido como se encuentra de que sus valores son distintos y de que no puede comulgar con conductas que ponen la frivolidad por delante de la preocupación real y necesaria respecto al estado en que se encuentra el país. Sin dejar de pensar, no obstante, que la situación política del insultado es tremendamente complicada y que quizá debería hacer algo más de lo que hace.

Entre reflexiones, refrescos y bebidas más fuertes transcurre la parte final del día, hasta que llegan por fin las nueve de la noche, que es la hora de cierre. Sabedora de lo estrictos que son los horarios de Armando, su clientela más devota se va retirando en silencio, mientras él recoge, pasa la escoba y lo deja todo a punto para poner fin a la jornada y cerrar el establecimiento con ese rostro cansado que lo asalta tras más de quince horas de trabajo.

Es entonces cuando, de espaldas a la puerta, escucha repentinamente una voz:

  • ¡Qué bien que todavía no hayas cerrado, Armando! Menudo día, hoy. Me ha sido imposible venir a leer tranquilamente tus diarios…

Girando el cuerpo 180 grados, confirma que es el propio Pedro Sánchez quien así le habla, con su sonrisa característica, tan frecuente en el pasado y mucho más ocasional en el presente.

  • Justo iba a cerrar, presidente— le contesta, Armando. Y con el mando de la persiana en la mano, pese a su enorme agotamiento, no rehúye la posibilidad de plantearle una sesuda reflexión. —Ya he visto que ha sido un día intenso y que le han dicho de todo en el Congreso. No sé cómo consigue seguir ahí, con todo lo que ha ido cayendo estos últimos años. No le negaré que resistir así es digno de admiración. Pero en medio de este duelo infinito y de esa situación de bloqueo, en la que es del todo imposible avanzar, y a causa de todos esos escándalos, estoy comprobando en este mismo bar que la impaciencia y la hostilidad se están apoderando de la gente.

Tomando algo más de ese aire que parece escasear en pleno verano, prosigue Armando:

  • También me preocupa mucho que en medio del ruido resulte imposible atender con un mínimo de diligencia los problemas de fondo que sufre el conjunto de la sociedad o que sufrimos los trabajadores que levantamos cada día la persiana a las seis de la mañana.
  • Tienes razón, Armando— reconoce Pedro Sánchez mirándolo fijamente. —Mi compromiso es seguir intentándolo. Pero no puedo desfallecer: si yo doy un paso atrás, todos esos que de momento merodean desde fuera, se meterán dentro y entonces ya no podré hacer nada por nadie— asegura Pedro Sánchez. —Mi responsabilidad es impedir que eso pase. En fin, supongo que me da tiempo de tomarme algo, ¿no?

Tras oír esa última petición, a Armando le cae el mando de la persiana al suelo y su alma cansada a los pies. Pero como buen profesional que es, pregunta:

  • Por supuesto, presidente. ¿Qué desea tomar?
  • Pues si no te da demasiado trabajo, un bocadillo caliente y una bebida bien fría.

Resignado, Armando se retira a cumplir con los deseos presidenciales, aunque lo hace visiblemente contrariado. “Qué si no me da demasiado trabajo, dice. Será hijo de puta…”

Ven a la escuela de calor

Julio Embid

Hay veranos que se recuerdan por una canción, la famosa canción del verano. Otros, por una fotografía. Este verano en Zaragoza quizá quede en la memoria por una persiana bajada: la de la piscina municipal de Torrero. En plena ola de calor, cuando el valle del Ebro vuelve a convertirse en una sartén de asfalto, a 42 grados al mediodía, 40.000 vecinos han visto cómo uno de los pocos lugares donde combatir las temperaturas desaparecía este verano de su vida cotidiana. 

Torrero no es un barrio cualquiera. Es uno de esos lugares populares del extrarradio que explican una ciudad entera. Un barrio construido con el esfuerzo de quienes desde los pueblos de Aragón llegaron buscando una vida mejor, de trabajadores que levantaron sus casas, sus asociaciones y sus redes de solidaridad. Un barrio popular, con memoria obrera, acostumbrado a que los derechos nunca lleguen solos, sino después de pelearlos.

La historia de Torrero está ligada al agua. Al Canal Imperial de Aragón, esa gigantesca obra faraónica ilustrada que transformó Aragón, desde Tudela hasta El Burgo y que tuvo al aragonés Ramón Pignatelli como su gran impulsor a finales del siglo XVIII. El canal no fue solo una infraestructura hidráulica: fue una promesa de progreso, de riqueza y de futuro. Las antiguas playas de Torrero fueron durante décadas un espacio de encuentro para los zaragozanos. 

Pero Torrero también es la historia de las contradicciones. El barrio del canal y del agua fue también el barrio de la cárcel, del cementerio y de los márgenes de la ciudad. La antigua prisión forma parte de su memoria, como también el cementerio, un lugar cargado de historia y memoria democrática. También es el barrio de la reivindicación. El de quienes han defendido los Pinares de Venecia, el entorno natural y sus espacios comunes frente a proyectos que muchas veces olvidan que una ciudad no es solo suelo disponible, sino lugares donde la gente vive. Y es el barrio que durante décadas miró con cariño, y también con preocupación, ese viejo parque de atracciones que forma parte de la infancia de generaciones enteras, pero cuya historia reciente también ha estado marcada por conflictos laborales y debates sobre el futuro de casi un centenar de personas que pueden ser despedidas en un ERE. 

Por eso el cierre de la piscina de Torrero tiene un significado que va mucho más allá de una instalación deportiva cerrada. En un barrio cuya historia está unida al agua, resulta especialmente simbólico que sus vecinos tengan que reclamar algo tan básico como poder refrescarse. Las piscinas municipales son uno de esos lugares donde una ciudad demuestra si entiende que el bienestar no puede depender del código postal ni de la cuenta corriente. Allí coinciden durante unas horas quienes tienen vacaciones y quienes no las tienen, quienes pueden escapar del calor y quienes solo cuentan con ese espacio público para hacerlo. Y juntos, aprenden a nadar.

El calor tampoco afecta a todos por igual. No es lo mismo atravesar una ola de 42 grados desde una vivienda amplia con climatización y espacios exteriores que hacerlo desde un piso pequeño, en un barrio densamente construido y sin posibilidad de escapar durante el verano. Por eso la lucha contra el cambio climático también es una cuestión de justicia social: porque las administraciones tienen la obligación de garantizar que las condiciones de vida dignas no dependan de la renta de cada familia. 

Porque el cambio climático ya no es una advertencia lejana y en el valle del Ebro sabemos perfectamente qué significa. Significa noches sin dormir, calles que acumulan calor, veranos cada vez más largos (desde San Jorge hasta El Pilar) y temperaturas que convierten salir a la calle en una prueba de resistencia. La adaptación climática no puede limitarse a campañas de consejos o mapas de refugios: necesita barrios preparados, sombra, agua y espacios públicos abiertos. 

Al contrario de lo que decía la canción de Amaral “aún quedan días de verano”. Y es imprescindible que el Ayuntamiento se ponga las pilas para reabrir las piscinas de Torrero. Una ciudad no se mide solo por sus grandes proyectos y sus campos de fútbol. Se mide por algo mucho más sencillo: si una niña puede bañarse en su barrio cuando Zaragoza arde a cuarenta grados; si una familia puede encontrar un lugar donde pasar la tarde sin pagar una entrada imposible; si una persona mayor puede refrescarse cerca de casa. Torrero nació alrededor del agua. Su principal fiesta desde 1982 es la Bajada del Canal. Quizá por eso resulta tan simbólico que sus vecinos tengan que reclamar algo tan básico como poder disfrutar de ella.

Hora de terminar con esto

Carlos Hidalgo

Almeida, ese alcalde que intenta poner su firma a Madrid con algún gran proyecto, por lo general ridículo, ejecutado torpemente y causando enormes problemas a sus conciudadanos. Ya sea la construcción de una noria, poner una mascletá a la orilla del río o soterrar la M-30 a la altura de Ventas, causando atascos que afectan a toda la ciudad.

Almeida, ese alcalde que se ufana de que no sólo acusan y expulsan a las personas sin techo en su ciudad, sino que además ahora arrojará a la basura sus pertenencias sin aviso previo. Por supuesto, los servicios sociales del Ayuntamiento están externalizados y bajo mínimos. Y la política de vivienda del alcalde, como él mismo se encargó de propagar por X, el antiguo Twitter, se resume en una sola palabra: nada.

Almeida, que presume de su mayoría absoluta para decir que ha sacado adelante los presupuestos de la ciudad, pero que luego los maquilla, cambiando partidas de sitio o los ejecuta chapuceramente. Por poner un ejemplo. El presupuesto total para equipamientos de los centros culturales del distrito de Moratalaz en este año es de 11,67 euros. Para todo el año, ni siquiera para un mes. Y para los dos centros del distrito, así que estará por ver cómo se los reparten porque, por supuesto, todavía no se han ejecutado.

He ahí al ayuntamiento con más presupuesto de España y cuyo alcalde más veces sale por la tele. Por lo general para bochorno de todos los madrileños y madrileñas.

Igual de chapucera es la recaudación. Sabiendo que el Gobierno de España es quien más contribuye a sus arcas, Almeida presume de bajar tasas municipales, pero es que luego es incapaz de aplicarlas bien. La Agencia Tributaria del Ayuntamiento de Madrid es un monumento al despropósito, pasando recibos dos veces, no domiciliando pagos y luego exigiendo intereses por impago a las personas que habían cumplido puntualmente con sus obligaciones.

Luego está la Policía Municipal de Madrid. Si algo nos han enseñado casos como el del Sheriff de Coslada o la trama de amaño de oposiciones en la Policía Municipal de Lugo, es que, si no se fiscaliza y gestiona adecuadamente a ese cuerpo policial, se corre el riesgo de que se convierta en lo contrario a lo que debe ser una policía: una organización que vela por intereses privados en lugar de los públicos. Todo esto se sabe y a todo esto le ha echado tierra el alcalde, tomando pocas o ninguna medida.

Informática del Ayuntamiento de Madrid es otro pozo de oscurantismo. Una agencia que funciona tan mal y tan a rastras como todas las que dependen del pintoresco alcalde madrileño. Tras haberse demostrado que en ella hay personajes que se han llevado todo lo que no estaba atornillado al suelo, se les mantiene en sus puestos para que tengan tiempo de conseguir un destornillador y terminar de expoliar recursos públicos.

Lo peor es que la prensa que cubre Madrid ya se ha insensibilizado a todas estas tropelías y es más fácil que el alcalde aparezca en ellas despotricando contra el presidente del Gobierno o pegando balonazos a niños pequeños, que rindiendo cuentas por su gestión.

Y por ello, ahora que los partidos que están en la oposición, van a elegir a sus candidatos y candidatas, sorprende la sordina que se pone en los diarios madrileños a estos procesos, mientras que cada vez que Rufián o Bob Pop se hurgan la nariz, son portada en esos mismos medios.

Francamente, ya es hora de que Madrid se libre de la maldición de este alcalde y de su tropa de abúlicos y malhumorados zampabollos.

Las invasiones bárbaras

Carlos Hidalgo

He tenido la suerte de que caiga en mis manos el libro del mismo título escrito por Claudi Pérez, veterano periodista de El País y una de las personas de la profesión a quien más admiro. Claudi, que ha cubierto temas económicos y ha sido corresponsal en Bruselas, aúna dos cualidades poco comunes en ambos papeles: es capaz de explicar de manera sencilla temas muy complicados. Y solo hay que echar un vistazo a las secciones de economía o a las noticias provenientes de Bruselas para notar cómo demasiadas veces están escritas en un lenguaje solo para iniciados, haciendo que el lector, cansado de pelearse con terminología incomprensible y procesos que se dan por sabidos, dedique su valiosa atención a otras secciones de su diario.

El libro de Pérez narra a través de anécdotas, reflexiones, citas y aforismos, cómo la democracia triunfante tras el fin de la Guerra Fría se comienza a tambalear tras el atentado contra las Torres Gemelas y cómo se siembran las semillas para su destrucción con las crueles y contraproducentes recetas de austeridad en la crisis de las hipotecas basura de 2008.

Ahí fue, dice el ex subdirector de El País, cuando los bárbaros, disfrazados de financieros, magnates tecnológicos y populistas, empezaron a colarse dentro de nuestros muros, hasta tal punto que hoy en día vivimos en la era de la revancha, donde iracundos políticos de ultraderecha se quieren cobrar los agravios sufridos por décadas de democracia y de libertad donde se les afeaba ser unos fascistas. Ahora quieren volver a meter a las mujeres en las casas, a esclavizar y a maltratar a los extranjeros, a negar al más pobre la calidad de vecino o de ser humano y a usar la religión, la nación y a las fuerzas de seguridad, no como elementos unificadores y garantes de la igualdad de derechos, sino como fuentes de autoridad que legitimen y ejecuten sus políticas basadas en oprimir y en dañar al otro.

Tan salvajes y nihilistas son estos nuevos bárbaros, que Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, no tuvo mejor idea que celebrar su cumpleaños y el 250 aniversario de su país que usando la Casa Blanca como un escenario para un combate de artes marciales mixtas donde hubo abundancia de sangre, violencia y partieron literalmente la cara a Ilya Topuria, ese luchador nacionalizado español que es para la ultraderecha de aquí la personificación de las cualidades que ha de tener todo hombre.

Este delirio de bárbaros, que magnates psicopáticos como Peter Thiel (el Ernst Stavro Blofeld de nuestro mundo en el que no existen los James Bond) además presumen de controlar mediante sus clubes secretos, sus empresas que devoran todos nuestros datos personales y su dinero, no sometido a una tributación adecuada y, por tanto, tendente a un insostenible e injusto infinito. Este delirio de bárbaros decía, se basa en una visión apocalíptica del mundo en el que ellos quieren ser los nuevos y triunfantes señores de la guerra, proclamando con total tranquilidad que la democracia y el capitalismo son incompatibles y que, en caso de elegir, hemos de elegir al segundo. Y aunque yo eche de menos que exista un Bond que arroje a estos tipos a sus propias piscinas de pirañas en nombre de la democracia parlamentaria, Claudi Pérez apunta a soluciones un poco más realistas. Y parte de una premisa que nos deberíamos de grabar a fuego: el apocalipsis siempre decepciona a sus profetas.

El autor cree que, si bien el pesimismo está justificado, hay razones para el optimismo e instrumentos para frenar a los bárbaros o hacerles retroceder a sus aldeas. Uno de ellos es, por supuesto la Unión Europea; ese mastodonte institucional que ni es Estado, ni es organización internacional, ni todo lo contrario, pero que se las ha apañado para traer a nuestro continente el mayor periodo de paz de nuestra historia y al que envidian y temen por igual Putin, Trump y Xi Jingping, que saben que no tendrían nada que hacer en un entorno como el nuestro y jugando con nuestras reglas.

Por eso es más necesario que nunca que no demos alas a los candidatos a vasallos felices de estos autócratas y que sigamos protegiendo lo que nos hace tan peligrosos para ellos: la democracia, el estado de bienestar y los valores de la ilustración; especialmente ante tanto falso estoico de gimnasio y aspirantes a superhombre de Nietsche sin comprensión lectora.

Lecturas y podcasts de interés en el último mes sobre geopolítica, UE y transición ecológica

Lluís Camprubí

Acuerdo (MoU) entre USA-IRAN:

*De interés el análisis comentado punto a punto realizado por Le Grand Continent

* Valoración siempre afinada y con conocimiento de la gente de Crisis Group.

*Análisis comentado punto a punto del MoU por parte de Phillips OBrien

Gobernanza UE:

*The EU is looking more and more like an EPP-led minority government: Análisis de Russack y Von Ondarza sobre el desplazamiento progresivo en el Parlamento Europeo de la lógica consensual de la gran coalición a una geometría variable promovida por el PPE.

*El problema del servicio exterior de la UE no es Kaja Kallas: Apunte de Keating acerca de los problemas del diseño institucional actual para operar en el nuevo contexto

UE geopolítica y relación transatlántica:

*Mitigate, deter, escalate: Europe’s options against US economic coercion: Informe a varias manos publicado por ECFR sobre las distintas vías y estrategias para responder a las coerciones de la administración Trump

*Rearming Europe for deterrence: Short-term priorities and policy options: Policy brief de Armida van Rij aterrizando y priorizando propuestas

*España no le tiene miedo a China: Posición de Miguel Otero acerca de la necesidad de exportar a la UE la forma española pragmática y firme de relación con China

*Entrevista a Josep Borrell : “la inconcebible ruptura con la OTAN” : Muchos apuntes de interés sobre la construcción de la UE geopolítica

*It is time for a European Security Council: Ben Hall a vueltas con una propuesta que está ganando fuerza

 *Podcast “Mildly alarmed”: 3 sesiones muy útiles. En particular el dedicado a la disuasión nuclear europea . También relevantes el dedicado al empuje de los drones para Ucrania en la guerra y también el centrado en la hybrid warfare de Rusia

Transición energética y ecológica:

*A un país con las renovables de España le saldría a cuenta parecerse a Noruega, Artículo de José Luis Rodríguez e Ismael Morales acerca del Informe de Fundación Renovables e Instituto Meridiano al respecto

*Si la transición es una historia china, ¿dónde queda Europa? Crónica-resumen de las ideas de José Luis Rodríguez expuestas en su ponencia “Energiaren geopolitika”

*Conferencia (video) de Emilio Santiago Muíño acerca de “Solarpunk”. Si bien la denominación/nombre puede generar dudas, ideas muy potentes de/para un movimiento que pretenda convertir en deseable un futuro sostenible. Así mismo, muy recomendable su libro: “Vida de ricos”, acerca del lujo comunal como aproximación a ese futuro que genere ilusión para ser construido.

*Entrevista/podcast a Xan López “Crisis climática, crisis política”

*The Great Clean Energy Acceleration 2.0 Análisis recomendable de Michael Liebreich

*The great oil inflection post muy sugerente de Thecitiespod acerca de “Who pays when petrol stops paying the refinery’s rent”

La billonaria cancamusa de Musk

Carlos Hidalgo

La empresa de cohetes espaciales y comunicación vía satélite Space X ha salido a bolsa dentro de una enorme fanfarria y controversia. Fanfarria porque se sospechaba que la cotización de la empresa podía convertir al empresario sudafricano Elon Musk en el primer billonario de la historia. Y controversia porque la empresa, pese a su disparatada capitalización bursátil pierde dinero, a razón de unos 4800 millones de euros trimestrales. O 1600 millones de euros al mes, si se quiere.

Los clientes de Space X, la empresa de exploración espacial, son bastante limitados: la NASA y quienes paguen por usar sus cohetes para poner en órbita satélites. Si es que no explotan antes. El modelo de “desarrollo rápido” de Musk implica que sus vehículos lanzadores (que usan una muy contaminante mezcla de queroseno y oxígeno líquido) pasen menos controles de seguridad que los de la NASA y por ello, algunas de las explosiones de los cohetes de Musk han llegado a demoler literalmente las rampas de lanzamiento que la NASA prestaba, a romper cristales de domicilios a decenas de kilómetros de distancia y a dañar gravemente los ecosistemas de Cabo Kennedy y Cabo Cañaveral. Y el vehículo lunar que la NASA contrató con el sudafricano se está quedando muy fuera de plazo, retrasando el calendario de las misiones Artemis con los que la NASA y su homóloga europea, la ESA, pretendían volver a la luna.

La única empresa del conglomerado de Space X que da beneficios es Starlink, la empresa de telecomunicaciones satelitales, pero cuyos clientes a nivel global son insignificantes comparados con los de las “telecos” estadounidenses. Pero los cohetes queman, no solo metafóricamente, una gran cantidad de dinero, al igual que la empresa de inteligencia artificial que Musk ha incrustado dentro del conglomerado de la exploración espacial. Del mismo modo, Musk ha usado a Space X para encubrir pérdidas de sus otras empresas, como Tesla o el antiguo Twitter, llegando, por ejemplo, a comprarse a sí mismo el 17% de los infames cybertrucks, su personal proyecto de ranchera blindada eléctrica.

Pero el valor de Space X (y de Tesla desde hace tiempo) se basa en la fe de los inversores en las promesas de Musk y estas son tan bombásticas como los reventones de sus cohetes Falcon Heavy. Musk lleva prometiendo desde hace décadas que dentro de una década conquistaremos Marte con sus cohetes (no parece muy posible hoy por hoy) o que usará centros de datos orbitales, alimentados por energía solar, para sus inteligencias artificiales. Y si bien es teóricamente posible poner en órbita un centro de datos, es increíblemente caro y queda ver cómo se podría refrigerar. Aunque el espacio es muy frío, refrigerar un satélite o una nave espacial es complicado, pues el vacío impide que el calor se transmita a otro elemento más frío, como pasa en entornos atmosféricos. Así que tendrían que implementarse complejos sistemas de radiadores que disiparan el calor al vacío mediante radiación, lo cual es bastante complejo y más en un vehículo orbital, que pasaría varias veces por delante del sol.

Por otro lado, los logros de Musk en el campo de la inteligencia artificial son terriblemente limitados. Grok, la IA que está presente en X (Twitter) ha ido experimentando tantas modificaciones según las pataletas personales del sudafricano, que ahora inventa más datos que las IA generativas de sus competidores y es algo bastante parecido a un esquizofrénico sicofante nazi.

El valor actual de Space X presupone que Musk será capaz de cumplir todas sus promesas.

El New York Times se ha dedicado a contar las promesas de Musk a lo largo de los últimos 20 años y a comprobar cuántas ha cumplido. De las 602 promesas contabilizadas, solo ha cumplido el 19%. Y lo mejor es que su tasa de cumplimiento ha ido bajando a lo largo del tiempo. De cumplir todas sus promesas en 2011 ha pasado a no cumplir ninguna durante este año.

Robert Shiller, premio Nobel de Economía en 2013, sostiene en su libro “Narrativas Económicas” que las narrativas compartidas sobre el futuro de una empresa, incluso aquellas que son falsas, pueden influir más en su valoración que los datos tangibles, especialmente las que tratan acerca del futuro de esta. Pero yo prefiero esta entrada del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:

Cancamusa f. coloq. desus. Dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto.

Atentos a la Bolsa, porque las cotizaciones de Tesla y Space X nos darán el valor de la cancamusa en estos tiempos extraños.